10 GRANDES CAMBIOS DEL VINO CHILENO EN UNA SOLA DÉCADA

Publicado el 03 enero 2020 Por Mariana Martínez @reinaentrecopas

Con un pie en 2020 miramos al pasado reciente en busca de las cosas más importantes que hoy hacen que los vinos de Chile muestren la diversidad y calidad que nunca antes tuvieron.

¿Alguien recuerda cuando Chile era conocido en el mundo por sus vinos buenos, bonitos y baratos? Eran los tiempos cuando sus mejores vinos, los prestigiosos Cabernet Sauvignon del Maipo Alto, se caracterizaban por sus marcadas notas a eucaliptos. Hoy, ya en 2020 sin duda sigue habiendo una gran cantidad de vinos chilenos demasiados baratos, y no tan buenos, y ya sabemos que donde haya eucaliptos sus notas estarán en los vinos, pero quien siga pensando que Chile es sólo fuente segura de las 3 BBB y aburrido, está definitivamente out. Tanto así que aquel famoso crítico inglés que alguna vez dijo que nuestros vinos eran como la marca de autos Volvo, en esta década decidió volver a Chile y ahora lo hace cada fin de año para fascinarse con algún nuevo hallazgo inesperado; mientras otro, el crítico norteamericano, hasta varios 100 puntos nos ha dado. Chile cambió, sin duda, y sus mayores transformaciones se han dado todas juntas, en estos últimos 10 años.

Bodega de Wildmakers.com un proyecto de dos jóvenes enólogos que reúnen prácticamente todos los cambios que ha experimentado de Chile en estos 10 años.

Hoy ya con un pie en 2020 revisamos qué cambios vimos pasar y con qué va a encontrarse una nueva generación de consumidores quienes no tienen prejuicio alguno, entre ellos, el de beber vinos en latas.

La imagen de portada esta nota es una fotografía de la zona de Pularco en Valle del Itata, bañada de viñedos de Cinsault conducidos en cabeza.

1.- Chao madera, extracción y sobre madurez. Las tres en una! Es el fin, al final de la llamada “Era Parker”; de aquellos años en que el abogado norteamericano fundador del Wine Advocate dirigía sin querer los hilos de la industria del vino mundial, en dirección a la sobre extracción de las uvas; las que además se cosechaban sobre maduras y se guardaban luego hechas vino en barricas de madera 200% nuevas; sí, porque para el primer año de guarda, y también el segundo si lo había, las barricas eran salidas de paquete. Pero el consumidor o los expertos, no importa el orden de los factores, dijeron: ¡basta! Poco a poco se vieron los cambios. Hoy podemos hablar de vinos elaborados con uvas de madurez precisa en busca de frescura natural; también de vinos donde prima el reemplazo de las barricas de madera nueva por viejas, y del tamaño chico (de 225 litros) al grande (de más de 400 litros). Incluso hemos visto su reemplazo por otros recipientes como el cemento, el plástico, flex o las tinajas de greda. En busca de expresar el carácter más puro y fresco de la fruta, desde su origen han nacido proyectos en los que la greda o arcilla para sus tinajas viene del mismo campo donde se encuentra el viñedo, o las piedras del suelo forman parte de la mezcla para sus huevos de cemento. Que más veremos en busca de diferenciarse, es parte del I+D que viene en esta nueva década.

2.- El inicio del adiós a lo anti natura. Si la madera antes era la moda, hoy lo es ser verde, sustentable y eficiente en el uso del agua. Con esta última década atrás quedó el uso del riego por tendido, usando la incontrolable fuerza de la gravedad. Tener riego por goteo con uso de bombas, es ya una práctica de responsabilidad social empresarial. Para otros, en zonas donde el agua se acabó, pero donde aún llueve en invierno lo suficiente, manejar viñedos sin riego alguno o dry farming, es en cambio una obligación. A la par, dejar o no de usar pesticidas químicos y venenosos, como el glifosato, ya no es una opción. La agricultura y la vitivinicultura en particular, deberá mutar literalmente al uso de productos que no afectan la vida ni de los seres humanos, ni de su flora o fauna. Junto a ello, se marca la llegada para quedarse de la agricultura orgánica y biodinámica, y de la mano de ellos, el crecimiento de los vinos naturales; otra consecuencia, por cierto, del punto 1. y que busca decir adiós a todo lo que el hombre ha ido inventando hacer en la bodega (entre ello, agregar agua al vino), para solucionar problemas de calidad que el viñedo industrializado no les da, y que, por cierto, nos lleva al punto 3.

Etiqueta de la nueva Garnacha de Viña Attilio & Mochi, pequeños productores del Valle de Casablanca, miembros de MOVI, innovadores en viñedos, enología y cuidado del medio ambiente.

3.- Los vinos naturales, de tendencia a herramienta de marketing. El amor u odio a los vinos naturales, ya no es tema. El amor ganó y la gente de marketing de las grandes empresas vio que era un nicho que crecía; había que atacarlo. Y eso hicieron. Así, en esta década, lo vimos todo: vimos como los vinos naturales pasaron de ser el bicho raro, con tendencia a tener una cantidad de defectos, al producto codiciado de las nuevas generaciones preocupadas por el medio ambiente. Y claro, en esa codicia, esta década deberá resolver qué pasará con ellos. Acaso veremos un nuevo término en nuestro glosario del vino para separar unos de otros. La definición de vinos campesinos, o de pequeños productores, o los nuevos vinos naranjos, renacidos también en estos últimos 10 años, no les es incluyente.

 

Viñedos de familia Puca en el Valle de Puques, San Pedro de Atacama. Un proyecto de innovación patrocinado de SQM.

4.- De Norte a Sur, sí, pero también de Cordillera al Mar. Si Maipo, Colchagua, Casablanca y San Antonio, eran el centro de la acción en la década del 2000 al 2010, los ejes se movieron. En la década recién pasada miramos más al Sur y nos enamoramos del secano del Maule, de Itata, Biobío, Malleco y se creó la nueva región Austral (decretada en 2011). De hecho, las fronteras se extendieron hasta donde las condiciones lo permitan, y eso actualmente es en Chile Chico. También subimos a las alturas, con viñedos que nunca habíamos visto por sobre los 1.000 msnm en Elqui, Limarí, Maipo y también en Colchagua. Y, como no, recién desde 2012 por Decreto Ley, empezamos a hablar de las diferencias entre las indicaciones adicionales Andes, Entre Cordillera y Costa. Así, comenzamos a decir Maipo Andes en lugar de Maipo Alto, y en lugar de Maipo Costa (por que en la ley no existe) tenemos los valles costeros de Casablanca y el gran San Antonio. Y al fin, sí, Lo Abarca (junto a Los Lingues y Apalta) pudo ser D.O. (por Decreto del 2018). También re-descubrimos una zona olivada muy cerca de Santiago, Marga Marga y en el desierto más árido del mundo, el de San Pedro de Atacama. Y cómo no, el Norte Chico (con la trilogía de los Valles del Huasco, Limarí y Elqui) se consagró con sus Chardonnay y  grandes tintos de altura.

 

5.- Descubrimos tesoros olvidados, e identificamos nuevos. Mirando al Sur descubrimos nuevos lugares con potencial para variedades de clima frío y en especial espumantes y se plantaron nuevos viñedos, mirando al Sur también encontramos diversidad de variedades olvidadas. En esta década pasada, sumamos así al rescate del País gracias a Louis Antoine Luyt y el Carignan gracias a VIGNO, la Cinsault, Semillón (incluso desde 2016 con su #SemillónDay) y Moscatel de Alejandría, pero también la Chasselas, la San Francisco, Romano y Verdot o Grosse Mérille, o más recientemente las Trosseau, Aramon e Iona. También descubrimos las llamadas cepas criollas chilenas, como la Blanca Ovoide o en el Norte Grande la Tamarugal. En esa búsqueda seguimos sumando las sin identificar, llamadas NN. El futuro estará en aprender cada vez más de todas ellas, para llevarlas a un nivel que jamás imaginamos, tal como pasó en esta última década lo hicimos con la Carmenère (recién descubierta en 1994); para además llegar a diferenciar sus orígenes, tal como ya lo estamos haciendo muy bien con la Carignan y la País. Ni qué decir con las primeras en llegar, y otras más nuevas, pero de renombre internacional, como Pinot Noir y Syrah. Y si hablamos de nuevos tesoros, no podemos dejar de mencionar las nuevas mediterráneas que han llegado en esta última década a sumar aún más diversidad, hablamos de las cepas que les gusta de verdad el sol, en blancas la Roussanne y Marssanne, y en tintas las Garnacha, Mourvèdre e incluso la Tempranillo; y las cada vez más queridas Petit Verdot y Petite Sirah.

Viñedos de Coteaux Trumao en Río Bueno, muy cerca de Osorno.

 

Asociatividad ha sido palabra clave en esta década pasada y lo seguirá siendo en la que viene. Aquí los miembros de las viñas que se reúnen para promover el Semillón.

6.- Los proyectos independientes y asociativos se hicieron costumbre. Poco a poco los vimos llegar y consolidarse con la creación de MOVI, grupo que justo hace un mes celebró sus primeros 10 años. Hoy, cuando la palabra clave es asociatividad, conocer de un nuevo proyecto dirigido por un enólogo, un comercial de vino o un fanático ya no es curioso, se volvió costumbre. Lo que aún no vemos es que las bodegas les den permiso a sus enólogos para hacer sus propios vinos, algo en lo que Argentina, por ejemplo, nos lleva la delantera. Tal vez esta nueva década nos traiga esta apertura de mente, pues sólo puede traer ganancia a todos los pescadores.

 

7.- Costumbre también se volvió el espumante. Hoy se descorchan en todo encuentro social, no sólo en las fiestas importantes; destronando al fin, al rey del aperitivo por décadas, el Pisco Sour. Los viñateros se atrevieron a hacerlos con cepas no tradicionales, como País y Cinsault, también con Sauvignon Blanc. Con el método tradicional se convirtieron además en una alternativa para darle valor a las uvas y vinos de pequeños productores campesinos, llegando incluso uno de ellos a ser descorchado y servido por el equipo del Celler de Can Roca; algo que jamás nadie soñó. Si al inicio de la década había un puñado de bodegas con ellas, hoy es raro que una bodega hecha y derecha no los tenga.

Viejas parras de País en el sector de Porongo, en el secano del Maule.

 

8.- Viejas parras son lo nuevo. En busca de lo nuevo, nos encontramos también con los viejos. Los viejos viñedos de País, de Carignan, pero también de Malbec y de Cabernet Sauvignon. La década pasada al fin supimos reconocer ese valor y salimos a buscarlos. El sello #viejasparras ya es una marca registrada que aporta valor, lo importante ahora es cómo protegerlas: de los precios bajos de las uvas, de la mecanización, de la juventud que no quiere quedarse trabajando en el campo… de los incendios forestales que son pan de cada nueva vendimia.

 

9.- Chao medios en papel; bienvenida la era digital y el mundo sin fronteras. A mediados de la década llegaron a haber al menos ocho medios especializados en vinos en papel, fue la época dorada. Poco a poco, fueron desapareciendo. ¿Lo bueno? Que como nunca antes se habla de vinos. Sus fans e influencers están en las redes sociales, en Twitter, Instagram, Facebook. Nunca antes, al final de la década en Chile, hubo tantas catas o actividades relacionadas con vino y gastronomía. Nunca antes tampoco tuvimos acceso a tantos vinos extranjeros en Chile, ni a viajar para probarlos en sus más diversos orígenes. ¿Qué nos depara el futuro con precisión en esta aldea cada vez más global? No sabemos, pero de seguro será digital y on-line.

 

10.- Los primeros 100 puntos. No podemos olvidar que esta fue la década en que conseguimos como país vitivinícola nuestros primeros 100 puntos. El primero fue para un Cabernet del Maipo Andes, era de esperarse, nada de riesgos; el segundo y tercero, para sus vecinos y mezclas clásicas de Burdeos. El reto ahora no es tener más números 100 sino convencer al mundo que todo lo que hemos avanzado con cepas clásicas o las nuevas en aparecer, no son el límite, porque si bien hoy tenemos la diversidad y calidad que nunca antes, lo mejor aún está por venir.

 

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4 comentarios

  1. Luis Rafael Jofré dijo:

    Notable artículo, Mariana, que precisa avances excepcionales de la vitivinicultura chilena. Muy feliz año para ti, los tuyos y quienes contribuyen a que WIP sea una magnífica realidad cada Viernes. Un gran abrazo, Reina entre Copas, Luis Rafael Jofré

    • Mariana Martinez dijo:

      Muchas gracias Luis Rafael por tus buenos deseos y siempre motivarnos. La verdad es que no nos detenemos no vemos cuánto avanzamos.

  2. Me gusto mucho el artículo, preciso, detallado a la vez y con avances que de verdad son muy importantes en la década que está quedando atrás.
    saludos!!
    Andi Jure
    @mujerandinawines

  3. Mariana Martinez dijo:

    Gracias Andrea, pequeña productora. ¡Vamos por más!