#VINOSDELSUR_CL. 2da PARTE: COTEAUX TRUMAO (Región de los Ríos)

Publicado el 01 marzo 2018 Por Mariana Martínez @mymentrecopas

Camino al extremo sur tomamos aire después de haber dejado atrás al Cacique Maravilla en Yumbel, Bióbío. Estamos ahora a  pocos kilómetros de Osorno, en la ribera del río Bueno, donde los hermanos  franceses Porte quisieron producir vinos para beberlos. Casi diez años después lo lograron. 

Los hermanos Christian y Olivier Porte llegaron desde Francia ya mayores de edad. Su padre tenía tierras y bosques en el Sur de Chile. Y aunque ellos estuvieron en varios negocios antes, actualmente son dueños de un aserradero. Como buenos hijos de franceses les gusta el vino, pero no cualquiera; aquellos vinos livianos que se hacían antes de los 80, con la cepa País. Por eso en cuanto vieron que había un viejo parrón en la propiedad que habían comprado para descanso a la orilla del Río Bueno (en la región de los Ríos) no dudaron en plantar algunas parritas. Con ellas  hoy hacen un par de vinos naturales  bajo el nombre de su Viña Coteaux Trumao.


En el 24 kilómetro del pueblo de  San Pablo hacia la costa, se encuentra el pequeño viñedo,  pequeña bodega y  preciosas casas de los hermanos Porte. El camino es de asfalto primero, entre medio de trigales; después de ripio, en medio de bosques nativos y eucaliptos,  a veces sí y a veces no, junto a la ribera del río Bueno: un río de caudal ancho, sereno, profundo, de color esmeralda, como solo suelen ser en el sur de Chile.  Olivier y su señora Patricia, también francesa, nos esperan para almorzar. Casa llena, hay una pareja con su hija que han venido  desde de Islandia, y  un par más de jóvenes  francesas WWoofers (trabajado a cambio de alojamiento y comida, gracias a la red  mundial de granjas orgánicas). También nos acompaña Quentin Javoy, el enólogo de Coteaux Trumao, francés por supuesto. El almuerzo es frugal, exquisito: pescado al horno con toques de cúrcuma y ensaladas.

Olivier Porte y Quentin Javoy debajo del viejo parrón que les dio la idea de plantar viñedos.

Olivier Porte, nos cuenta que el año 2000 plantaron tres variedades diferentes que eran selección masal de un viñedo de Valdivieso: Cabernet Sauvignon, Merlot y Pinot Noir. Entre ellas, pronto observaron, solo una lograba madurar;  era la que ellos pensaban era Merlot.

“La verdad, asegura Porte, es que al inicio no cachábamos nada”, literal. No se asesoraron para plantar, ni en cuáles variedades, ni en cómo hacer los vinos.  “Los primeros años, dice entre risas, hicimos puro vinagre”.

Hasta que un día se cansaron de no poder beber sus vinos y pidieron ayuda a un amigo francés que hace muebles de madera en el Maule. Éste les habló de Louis Antoine Lyut, otro francés que ya llevaba varios años haciendo vinos en el secano del Maule.  La filosofía de Luyt, en busca de vinos con la menor intervención posible del hombre en viñedo y bodega (vinos naturales), siguiendo la escuela de su mentor Marcel Lapierre (un querido y reconocido productor del Beaujolais), les gustó. Entonces empezaron a hacer los vinos con Luyt, y le llevaban las uvas al Maule.

En verano del año 2009, llegó el mismo Lapierre hasta su campo en las orillas de Río Bueno. Olivier cuenta que estaba de vacaciones con su señora, y se quedó varios días – quien no lo haría en este paraíso-. Disfrutado de su compañía y sus vinos ya hechos por Luyt fue que Lapierre les dijo a los Porte que siguieran haciendo vinos. Los hermanos se lo tomaron en serio, siguieron y plantaron un poco más. Eso sí dice, Olivier, para hacerlo hay que tener mucha paciencia, y  también otra fuente de ingresos.

La variedad que maduraba mejor  no resultó  ser  la Merlot, sino Pinot Noir. Suena lógico, es la tinta por excelencia, sabemos ya que le gusta el frío. De ella ya suman casi 3 hectáreas, la mitad ya en producción.

Hoy muy cerca de los Porte hay otro par de proyectos enfocados en variedades de clima frío, como Ribera de Pellín, sin embargo, y a pesar de que siempre se hizo vino artesanal donde había más que un parrón, hablar de vinos en esta zona sigue siendo toda una novedad; sigue siendo una viticultura extrema, de clima frío, con condiciones adversas: debido a lluvias tempranas de otoño, a temperaturas frías en primavera, a las chaquetas amarrillas que se comen la uva cuando madura, a la falta de mano de obra… Éste último  es el gran problema de hacer vinos en la zona, nos dice Quentin, y la razón por la cual felices reciben a WOOfers de todo el mundo especialmente en época de vendimia.

Los Porte no solo han crecido en  cantidad de viñedos, también tienen ya su bodega, lo que les permite vinificar sus uvas  en el mismo lugar. Y hoy ya tienen dos vinos: el tinto de Pinot Noir  llamado Cruchon (jarra en francés) y el Blanco del Bueno llamado Trumao, el cual que es simplemente la mezcla de todas las variedades blancas que plantaron en busca de conocer cual daría mejores resultados: Sauvignon blanc, Sauvignon Gris, Chardonnay Viognier y Pinot Gris.  Como la mezcla les gustó, van a crecer un poco más en cantidad con todas para seguir repitiendo la mezcla tal cual.

Como hablamos de vinos naturales, los de los Porte no son vinos filtrados, así es que el Blanco del Bueno 2016  (que probamos, fermentado y post macerado con sus pieles por un mes, es amarillo pálido turbio, su nariz un festín de cosas que cuesta identificar. A primera nariz aparece el toque herbal del Sauvginon Blanc, sus notas a goosberries, también algo de miel, papaya y levaduras. En boca es ligero, pero con garra, y rica acidez, más vale que así fuera si estamos en la latitud 40º Sur y tantos.

El Pinot también es sin filtrar y se ven sus borras en la botella y en la copa. Probamos en el almuerzo dos versiones: uno cosecha 2015 y otro cosecha 2016. El primero mucho más maduro, más goloso y con toques animales (sí brett); el segundo, 2016, más ligero y a la vez con más carácter frutal. Me descolocan, no los reconozco al compararlos con sus primeras versiones, tienen mucho más volumen  y fuerza, que aquel que debutó en la 1era feria de vinos Chanchos Deslenguados, eso debe haber sido el año 2012. Porte me aclara que su primera cosecha real, bebible, fue 2008. Y explica que las plantas estaban muy jóvenes entonces; no tenían la fuerza que tienen hoy.  “El viñedo necesita sus años, dice Porte, no se puede hacer vino al tercer año”.

Miramos a lo lejos y vemos el campo, el paisaje, rodeado de pinos, y no podemos dejar de preguntar por el  tema que saca chispas a cualquier productor de vinos en la zona centro sur de Chile. Los Porte, como dijimos antes, tienen un aserradero; el vino es su hobby, al menos por ahora. Olivier argumenta su actividad con una frase corta y con filo: “Si no existieran las forestales se hubieran piteado todo el bosque nativo de Chile. Eso sí, dice,  los eucaliptos nunca me han hecho sentido; la madera no sirve más que para celulosa, y no tienen buen precio”. Punto final.

Nos sorprende que los viñedos plantados en la ladera del campo, especialmente los de más arriba, no se rieguen. Nada, nada de agua, nos dice Quentin, el joven enólogo que tiene la toalla al cuello, ya que apenas nos vayamos tomará un buen baño en el río.  La explicación del dry farming tiene que estar en el suelo de arena volcánica, el fino trumao, y los más de 800 msnm de lluvia que reciben al año. Para tener una referencia en la ciudad de Valdivia llueven 2.000 y en Osorno 1.200 mm; en el lejano valle del Maipo ( a mas de 900 km, en latitud  34º Sur)  el promedio es 300 mm. La explicación de no regar también está en la capa de vegetación o mulch orgánico, que buscan tener entre las hileras y sobre el camellón para evitar la evaporación del agua. Eso sí, Quentin, comenta que hace 4 años que llueve menos. La lluvia y en especial la humedad, en todo caso, no dejan de ser un problema. Quentin nos comenta que en la primavera usan para prevenir enfermedades fungosas en el viñedo el caldo bordelés. Me llama la atención, lo había escuchado en libros, y clases, nunca de la boca de un enólogo. La explicación está en que permite que el efecto de la mezcla con agua, azufre y un poco de cobre dure el doble del tiempo.

Esta temporada 2018 explican las condiciones de humedad han sido mucho más adversas, hay más humedad dicen y también brotes de oídeo que hay que observar.

En la pequeña y práctica bodega, donde el gran valor es la mesa de selección, y las viejas barricas  grandes de madera, probamos tres Pinot de diferentes sectores del viñedo, las diferencias son claras: con más cuerpo y garra en las zonas altas. La mezcla final reúne todo lo que el viñedo es capaz de producir. Para el Pinot Noir son apenas 2.000 botellas.

Al final de la visita bajamos hasta el río, allí bajo los altos árboles que dan fresca sombra, hay un kayak, tablas de windsurf y oculto entere los matorrales la inspiración de la etiqueta de Coteaux Trumao. Un antiguo vapor que los hermanos Porte rescataron y trajeron por el río hasta acá con el fin de un día volver a verlo surcando los mares; tal como llegó a Chile desde Europa a inicios del siglo XX. Suena a una locura, y pedirá paciencia seguro, algo en lo que ya demostraron tienen experiencia los hermanos Porte.

Coteaux de Trumao recibe  visitas los sábados de 11 a 13 horas. Reservas https://www.airbnb.cl/experiences/372496

Los vinos de Coteaux Trumao (cada uno a $28.000)  los vende Diego Edwards Fine Wines, contacto: [email protected] 

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6 comentarios

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  2. […] dueño del Lodge Mítico Puelo y la viña Villaseñor,  cuando visitó el parque, y al igual que los hermanos Porte  (en su campo de Río Bueno), debe haber dicho algo así al verla:  “sí produzco vino en el […]

  3. […] Para ponernos al día, durante el  verano supimos que hubo un gran enroque  de enólogos debido … Artículos […]

  4. […] Coteau Trumao Blanco del Bueno 2017, Valle del Bueno ($28.000). Este complejo blanco vinificado con sus pieles, mezcla de todas las variedades blancas que plantaron los hermanos Porte a la orilla del río Bueno:  Sauvignon blanc, Sauvignon Gris, Chardonnay Viognier y Pinot Gris.  La mezcla les gustó, y a nosotros también, es una gran compañera de pescados grasos cocinados en sal  al horno o con especias orientales. […]

  5. […] Si bien Gutiérrez enfocó su informe con los vinos chilenos de las últimas tres cosechas  – y explicó que es muy difícil generalizar en términos de calidad en un país con más de 1.200 km de extensión en viñedos de Norte a Sur, y de mar a cordillera-  destacó la calidad y cantidad de la reciente 2018. Del Sur, en Osorno, destacó particularmente el proyecto Ribera del Pellín y su filoso espumante mezcla de Chardonnay y Pinot, elegido ya como el mejor de Chile por Tim Atkins y el proyecto Coteau Trumao en Río Bueno. […]

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