3 BLANCOS MUY PADRES

Publicado el 07 junio 2019 Por Mariana Martínez @reinaentrecopas

El sábado pasado la feria de vinos Chanchos Deslenguados nos presentó novedades del mundo de los pequeños productores de vinos en Chile. Aquí les contamos un trío allí descubierto, que se las trae.

Pasa el tiempo, volando, y así llegamos a la versión número XVIII de la Feria de Vinos de pequeños productores, llamada Chanchos Deslenguados. Esta vez, en el amplio segundo piso del restaurante Castillo Forestal, el espacio quedó chico para tanto ánimo de conocer las novedades de este grupo de viñateros. Los que, en su mayoría, no sólo trabajan a pequeña escala, sino que tratando de hacer sus vinos lo más naturalmente posible. Fueron más de ocho horas de euforia, copas llenas y conversación. Quien escribe quedó afónica y con una larga lista de imperdibles. Aquí tres de ellos, tres blancos que están bien padres, como dirían en México City, y que sus hacedores hasta el 2018 no habían visto venir.

Montsecano La Leonie 2018, Casablanca. Lo sé, Montsecano no tenía vinos blancos, tampoco iba a tener otros vinos que no fueran de la Pinot Noir. Pero las cosas cambian. Y, uno de sus socios, el fotógrafo Julio Donoso, es demasiado intranquilo para hacer un vino a la vez. A sus Pinot Noir Refugio y Montsecano, y la mezcla tinta Migrante Pinot-Malbec, en la cosecha 2018 quiso sumar un blanco hecho con la cepa Chardonnay. ¿Su particularidad? Porque no podía ser cualquier Chardonnay, obviamente, es que fue despalillado y luego se dejaron en contacto las pieles con el jugo por 4 días (algo poco usual) para fermentar después sin ellas en una Dolia (un recipiente en forma de huevo invertido, elaborado con mezclas de arcillas en busca de eliminar los efectos negativos de las antiguas tinajas de greda). El resultado es un Chardonnay que puede parecer más bien un Chenin Blanc, por sus notas aromáticas cítricas y a piña fresca, con una boca igualmente cítrica y fresca, liviana pero de larga persistencia. Un blanco que sin duda le ha dado una nueva dimensión a la cepa Chardonnay en el Valle, y que yo bebería de aperitivo junto a mariscos yodados crudos, como erizos y ostras. Si no, todo lo contrario, por contraste, quesos franceses bien cremosos y bien hediondos. Precio: $11.000. Lo vende Edwards Fine Wines.

Blanco de Rulo Jugo Fermentado de Uvas Moscatel 2018. Biobío. Lo sé, también hasta ahora los chicos detrás de Tintos de Rulo sólo hacían eso, tintos. Pues ahora existe su versión blanca, nacida de los mismos viñedos de su fresco Malbec de San Rosendo. Este blanco se hizo con uva Moscatel de Alejandría de aquellos viejos viñedos de San Rosendo, en el secano y en cabeza, fermentadas en tinajas. El  resultado es un Moscatel único, que te envuelve, y a la vez empalaga, con sus aromas muy intensos a flores blancas y a notas de damasco, melón y papaya. En boca en cambio, te descoloca, porque no tiene lo que esperabas en la misma sintonía; por el contrario es liviano y fresco, de final filoso, y muy seco; floral en su final. La culpa de su boca liviana y tan fresca, la tiene su bajo grado de  alcohol, que apenas llega a los 10,5 ºA. De allí que, nos cuenta su hacedor Jaime Pereira, es que al tener menos de los 11,5ºA reglamentarios de la ley en Chile, no pudo ponerle “Vino” en la etiqueta, sino fermentado de uvas (igual que el delicioso País Verde de Roberto Henríquez). Su etiqueta además, dice Secano Interior, lo que en estricto rigor no debería serlo, ya que esta D.O. chilena es sólo para las cepas País y Cinsault. Pereira, nos confirma además, algo que nos había dicho Claudio Cilveti, sobre vinos con bajo grado días atrás, y es que no tendrá ningún problema en exportarlo, si lo solicita al SAG. Precio: $10.000.

Soberbia Cinsault 2018, Ciénaga Name (Maule). Esta es la versión blanca de Terco, así es, tampoco hasta ahora su hacedor Sebastián Sánchez se había antojado de hacer algo más que su delicioso País tinto. El año pasado estuvimos en su antigua bodega, y probamos lo que estaba haciendo con un Cinsault a partir de viejos viñedos en cabeza, de la Ciénaga de Name (zona costera del Maule, al pie del gran cerro del mismo nombre). Allí tenía guardado en un tanque de acero inoxidable un vino blanco hecho con la tinta Cinsault, el que hoy se ha convertido en este Soberbia 2018. Entonces ya tenía un velo de flor que le cubría, y protegía de la oxidación, pues no había podido llenar la cuba por completo. El resultado es un vino blanco, de color amarillo bien intenso, con notas a manzana roja, propias del velo, y también una boca muy sabrosa, y bien seca. Precio $6.000.

 

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