LA GRAN SEÑORITA LUCÍA TORRES

Publicado el 11 enero 2019 Por Mariana Martínez @reinaentrecopas

Volvimos a Cerro Verde, el hogar de la pequeña productora de los vinos y espumantes que llegaron hasta el Celler de Can Roca. Están todos invitados a ir a conocer este tesoro del Valle del Itata, al que podríamos llegar mil veces y siempre quedarnos con ganas de volver.

“Mi nombre es Lucía Torres, del sector Cerro Verde de la Comuna de Ránquil. Este viñedo era de mi papá, él lo plantó. Son 6 hectáreas; somos seis hermanos. Un hermano está en la casa con mi mamá que todavía hace vinos a granel. Dos más están en Coronel y uno en Concepción.  Igual tienen sus tierras acá.  Mi papá falleció el 2003, y el 2012 yo entré a un programa de PRODESAL de la Comuna, que es un programa de INDAP, y ahí empecé a embotellar vino blanco tranquilo;  el 2014 empecé a hacer el espumante”. Así nos cuenta la señorita Lucía sobre su historia y su relación con su viñedo, cuyos vinos hoy salen al mercado bajo el nombre de la Viña Mirador del Valle.

Los vinos elaborados 100% con la cepa  Moscatel de Alejandría de Lucía Torres, no solo le ha merecido importantes premios, como el de Mejor  Productor Campesino en el Concurso Catad’Or Santiago 2017, sino que son reconocidos por sommeliers tan famosos como el mismo  Joseph Roca, del Celler de Can  Roca.

Conversamos con Lucía este fin de semana recién pasado, en el fabuloso mirador con vista a su mar de viñedos enanos, en forma de arbustos (en cabeza) plantados bajo ancestrales  condiciones de secano, en empinadas laderas:  un lugar mágico al que todo apasionado por el vino debe ir al menos una vez en la vida. Conversamos con ella, de la mejor manera, con copa de su espumante Alma Verde Brut del Itata en mano,  elaborado con el  método tradicional:  lleno de aromas sutiles a flores blancas y de chispeante acidez en boca.

¿Lucía, cuándo y  por qué decide hacer vino y embotellarlo?

Mi papá y hermanos vendían vinos y uvas. Yo entré al programa de PRODESAL el 2012 porque yo hacía viveros… También había otros programas, de olivos, árboles, abejas, pero yo entré al programa de viñas.

¿Qué ha pasado con usted en este camino de cambios?

Un orgullo tremendo, porque yo siempre estuve cerca de la viña, pero no hacía yo el vino. Ahora lo hago yo, y me ha ido bien. He ganado premios, y estoy feliz de tenerlos acá, que son expertos en vinos, que saben de lo qué están hablando.

 

¿Qué ha cambiado a partir de estos reconocimientos?

Nosotros vendemos uva a un precio caro… También todavía vendemos uvas a los recolectores que llegan del norte a 120 pesos, pero al mismo tiempo nosotros  vendemos nuestras uvas a $400 pesos a otras viñas que quieren producciones pequeñas y que saben que las uvas tienen la cualidad de calidad.

¿Qué ha podido hacer con ese ingreso extra?

Igual sale caro cultivar, hay que pagar trabajos, todo eso sale caro. No va para el bolsillo. Todavía estamos invirtiendo: yo me he comprado cosas para poder hacer mis vinos, maquinaria, infraestructura, cubitas… He ido invirtiendo. Pero igual estoy contenta.

¿Que es lo que más le entusiasma del proyecto?

Todo lo que pasa alrededor mío es bonito, me gusta…

¿Qué significa cada época? Ahora ya vamos entrando en época vendimia…

Ay si… ahora viene marzo y hay que preocuparse más de la cosecha, de los vinos, es más trabajo,  más preocupación, es más relajado en el invierno pero igual se empieza con la poda.. o se está constantemente dando vuelta al trabajo… Es cansador, pero igual es bonito.

¿Cómo ve las generaciones que vienen?

No sé qué va a pasar en realidad, porque mis sobrinos todos estudiaron una carrera, están trabajando en la ciudad. Se ve como complicado… Les gusta verme en los diarios, pero no los veo con entusiasmo como para venir a trabajar al campo. Me gustaría que alguien se hiciera cargo de la familia para que pueda seguir. No nos quedarán tantos años.

¿Qué le recomendaría a la gente que se queja de los bajos precios de las uvas, y no busca alternativas?

Es que igual es cierto, los precios de las uvas para la gente que no hace vino… Hay años que se pagan 50 pesos, entonces así no vale la pena ni cultivar.

¿Les diría que hagan vino?

Es que no es fácil hacer vino, si yo vendo es porque he tenido suerte po… Y aparecieron ustedes que nos han ayudado mucho. Desde que aparecieron hace unos años, los enólogos, en el 2013,  ¿se acuerda que nos juntamos en el tranque? De ahí partió todo esto. Antes nadie hablaba del Itata, ahí nos llegó la suerte, el despertar, y empezamos a hacer vino. Siempre en la comuna  ha habido gente que hace vino embotellado. Pero ahora ya es embotellado, más refinado… Pero si todos se pusieran a hacer vinos, pasaría lo mismo, no tendríamos a quién vendérselo también.

He escuchado que ha habido varios intentos por resurgir la zona, a inicios de los 90, cuando el precio de la uva también estaba muy malo, no llegaron a buen puerto. ¿Qué cree que ha pasado?

No sé, porque la gente empieza, pero no le va bien y se terminan las cosas. No sigue el entusiasmo.

¿Qué le gustaría que pasara acá, con esta zona y sus vinos?

No sé, que nos fuera bien, que hiciéramos vinos, que lo vendiéramos todo, que vinieran turistas, que nos compraran porque cuando viene gente yo vendo en la bodega.

¿La pueden venir a visitar, cómo se contactan con usted?

Por teléfono, siempre me llaman de Chillán, de Concepción. El número es 9-622 15 99, Lucía Torres. O me escriben al correo [email protected]. Por ahora no cobro, pero más adelante sí, voy a arreglar mi mirador y lo voy a dejar más bonito.

Jurado Catad`Or Ancestral 2019 en el Mirador de Cerro Verde.

 

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