ROMANO O CESAR NOIR

Publicado el 18 enero 2018 Por Alvaro Tello y Mariana Martínez

El investigador Álvaro Tello descifra cómo fue que el Romano  apareció de la nada mezclado en los viñedos de Chile, mientras nuestra editora presenta la segunda añada sus vinos que llegan al mercado de la mano de Casa Donoso. 

ROMANO O CESAR NOIR DE BORGOÑA AL MAULE (Por Álvaro Tello)

En 1998 el ampelógrafo Jean-Michael Boursiquot, junto con iniciar el viaje exploratorio que finalmente lo llevó a descubrir que en Chile algunos ejemplares de Merlot, eran realmente la desaparecida Carmenère. Un hecho que de cierta forma opacó otro inusual descubrimiento, pues en plena labor de reconocimiento de viñedos y además separando el Merlot del Carmenère, Bourisquot visitó el fundo La Oriental, propiedad de Casa Donoso, en Talca, donde en compañía del enólogo Felipe Ortiz descubre que en algunos cuarteles entre medio de Cabernet Sauvignon, Malbec y País, se encontraba la variedad Romano.

Romano, cuyo sinónimo reconocible en Francia es César Noir, se ha desarrollado principalmente en el noreste de la Borgoña, en el departamento del Yonne, cultivándose en los alrededores de la ciudad de Auxerre, y especialmente en las comunas de Saint-Bris le Vineux, Irancy y en una pequeña franja en Chablis.

A pesar de la escasa referencia bibliográfica existente en Europa y Sudamérica, su poca documentación logra dar cuenta de que esta cepa ha pasado por un sinnúmero de complicaciones, como fue el ataque de la filoxera en Borgoña a partir de 1878; luego, la plaga de moho e infecciones tras las lluvias de 1910; y más tarde, la Primera Guerra Mundial, época durante la cual muchos productores de Irancy perdieron la vida.

Tras estos pormenores, el número de hectáreas de Cesar Noir se redujo a tan solo 20, las que comenzaron gradualmente a injertarse en porta injertos de vides americanas, quedando su restitución completa solo a finales de la Segunda Guerra Mundial. A pesar de esta restitución, décadas más tarde César Noir continúa su baja tras las regulaciones y reconocimiento de la AOC Bourgogne-côte-d’Auxerre (1993), AOC Irancy (1998) y AOC Saint-Bris (2003), las cuales permitieron que sólo un 10% de César Noir pudiese incorporarse a una mezcla con Pinot Noir.

Dado esto, los monovarietales son realmente de Romano o Cesar Noir actualmente son muy escasos, siendo en la actualidad Julien Esclavy, de Cave de La Tourelle y Pascal Sorin, de Domaine Sorin Coquard, pocos de los viñateros que cuentan con un cien por cien César Noir dentro de su portafolio.

Alvaro Tello en la presentación del Romano de Casa Donoso.

EL ROMANO EN CHILE

En Chile la historia se arma con más altos que bajos. Manuel Rojas en su libro “Manual de Viticultura y Vinificación” (1901 hasta la última reedición de 1950) da cuenta de que en Chile existieron más de 573.000 plantas de Romano, la mayoría en San Felipe, en la Viña Panquehue de Andrés Franceschini (en 1901 la más grande Chile), y en Coelemu, en la Viña Majuelo, propiedad de Eduardo Délano.

La documentación concreta acerca de su existencia la encontramos en el inventario de la Quinta Normal de Agricultura, donde el técnico francés René Le Feuvre da cuenta de un cuadro “A”, donde el “Romain” (el sinónimo de César Noir en Auxerre) se encontraría plantado junto a muestras de Pinot Noir. Este es el cultivo clásico del Yonne. Nueve años más tarde, en 1919, la Viña Santa Carolina imprime su mapeo correspondiente a la chacra Santa Elena, ubicada en lo que hoy es avenida Maratón, Quilín y Rodrigo de Araya, dando cuenta de tres bloques de cepa Romano.

El último descubrimiento realizado de la cepa deja una nueva constancia y un interesante alcance. En 1916 sale a remate público la Chacra Benítez, ubicada en Puente Alto, a un costado de la bodega de Concha y Toro, inventariándose en ella cepas como Cabernet Sauvignon, Cot y Romano. El vino resultante era un blend de cepas, o un “field blend”, un patrón económico y práctico de plantación que se ejecutó bajo la mirada de los técnicos franceses que llegaron a Chile posterior a 1850. Sus vinos no se mezclaban en bodega, sino que en el viñedo, y luego se cofermentaban para hacer “vinos tipo”, motivo por el cual aparecen numerosos rastros de un supuesto desorden de cepas al interior de los cuarteles.

Como detallamos anteriormente, Felipe Ortiz, enólogo de casa Donoso, da cuenta que en el fundo de la viña llamado La Oriental, existe esta mezcla o entre comillas, un desorden de cepas. Sin embargo, lo que obedece a la lógica del field blend. Una prueba de esto es que la plantación de aquel fundo fue ejecutada en 1937 por René y José Cetty, padre e hijo respectivamente, los cuales duplicaron ese cuartel basándose en uno que ya había sido plantado por la familia Dusaillant, de donde extraen el material y patrón de plantación.

Alexander Dusaillant fue uno de los técnicos franceses que profileró en la XVII región, y quien fue conocido a comienzos del siglo pasado por sus vinos “tipo borgoñes” o “tipo bordolés”, bajo la etiqueta de Viña Casablanca. Donde por supuesto, se incluyó Romano.

DEL VIÑEDO A LA COPA, 1ER ROMANO CHILENO (Por Mariana Martínez)

Felipe Ortíz, enólogo de Casa Donoso.

La semana pasada en Santiago, el enólogo Felipe Ortíz presentó el segundo Romano que ha hecho para Casa Donoso, a partir de aquel mezclado viñedo de La Oriental en Maule, del cual nos cuenta Álvaro Tello. Aunque en realidad Ortíz presentó esta vez dos Romanos diferentes, de la misma cosecha 2017: un rosado (primogénito en su estilo) y un tinto, el antecesor del ahora histórico Sucesor Romano 2015, el primero de la cepa que vi la luz en Chile el año pasado. ¿Qué pasó con 2016 se preguntarán? En las lluvias tardías, de aquel abril está la respuesta. La calidad no dio para hacerlo.

Hoy el viñedo de Romano en La Oriental está todo marcado para ser cosechado por separado, y no solo eso, también se han multiplicado sus estacas para hacer un cuartel puro, 100% Romano.

Mientras Ortiz explicó que con el rosado que tuvo  3 meses de guarda en barricas francesas usadas,  buscó hacer una versión  más  fresca del Romano, para beber en verano, y así de esta forma obtuvo el único rosado que tal vez haya en el mundo hecho con esta cepa. Con el tinto Sucesor El Romano 2017 en tanto buscó encontrar el carácter de esta  cepa de la que poco o nada conocemos en Chile. Por ello, en lugar de agregarle un 15% de Carignan como lo hizo el 2015 entonces para de darle más fuerza y  un final más largo,  a la versión 2017 le puso solo un 10% de Carmenère; además bajó la guarda en madera de un 100% a  60% y el resto lo vinificó en ánforas españolas nuevas.

Del rosado ($12.900) solo podemos decir que es original en su concepción, pero común y sin mayor  frescura dentro  su estilo. En el Romano tinto 2017 en cambio ($18.900)   hay un vino mucho más interesante, más frutal y fresco que su antecesor. Y es que si 2015 es cálido en nariz y boca, con notas a licor de frutas negras, el Sucesor 2017 es más rico en aromas a frutas negras y violetas frescas; con una boca  suave y equilibrada; diríamos que de estilo opuesto al 2015.

Según Ortíz el tanino de la cepa es salvaje, difícil de domar, lo que nos deja pensando que con este 21017  parece haberlo domado, también si es acaso por esto que viña  Santa Carolina se ha tardado tanto en sacar al mercado su 1er Romano.  “Paciencia” -nos dijo Andrés Caballero, enólogo de Santa Carolina,  alguna vez- ” No queremos ser los primeros, queremos hacerlo bien”. Otras dos bodegas más Terranoble y TerraMater se supone están prontas a lanzar los suyos. La verdad es que los esperamos a todos y con ansias para poder hacer grupo y  entender cómo es que es este Romano  de Chile que ya comienza a dar sus primeros pasos. Tal vez así además logren la fuerza suficiente para poder ser incluida dentro del listado de las cepas nobles de Chile  (Decreto Nº 464) y poder lucir sus respectivas Denominaciones de Origen en las etiquetas, algo imposible hasta ahora.

 

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