QUÉ HAY DE NUEVO EN LO VIEJO, 2era parte. #SAN FRANCISCO

Publicado el 14 agosto 2018 Por Mariana Martínez @mymentrecopas

En WiP la bautizamos como “la cepa del Papa”. Junto al relato de Alvaro Tello, quien investigó esta antigua  tinta de origen español por un año,  recorremos su larga e ignorada historia en Chile.

Fue Alvaro Tello, historiador autodidacta, empecinado en rescatar el patrimonio de variedades perdidas y los cables perdidos sobre la historia del vino chileno, quien dio la alarma sobre la tinta cepa San Francisco, a través de la redes sociales el 18 de julio. Su escueto mensaje en su cuenta de twitter (@vinocracia) decía:

“Una nueva cepa vinífera para Chile, y la tercera en cuanto a mención histórica y antigüedad: San Francisco. Se presentó mi tesis histórica y bajo la impecable gestión del enólogo José Ignacio Maturana, el SAG ha iniciado su aprobación”.

Pronto la revista El Campo de El Mercurio, publicaría la noticia, explicando que José Ignacio Maturana hizo la gestión en el SAG para aprobar la cepa, apoyado en la tesis de Tello; una semana más tarde Patricio Tapia en el suplemento Wikén del mismo diario, hablaría del vino San Francisco de José Ignacio Maturana; el que saldrá en unos meses más al mercado.

Para saber más sobre la San Francisco, Alvaro Tello explicó a WiP que él llevaba un año investigando sobre la cepa, pero como no había vinos hechos no tenía importancia lo que estaba haciendo. Nos cuenta que encontró registros de la cepa llamada San Francisco de 1646, en el libro “Relación Histórica del Reino de Chile”, del padre jesuita Alonso de Ovalle, donde aparece como cepa para vino; luego la registraría Claudio Gay y también Manuel Rojas. “La San Francisco, cuenta Tello, pasa a lo largo de toda la historia sin que nadie la haya reivindicado”. En todo ese tiempo, según sus hallazgos,  pasó a ser cepa de mérito, lo que significa -según explica-: “Cuando el Estado no tiene claro si es buena para vino o como uva de mesa, entonces deja que el productor decida qué hacer con ella. De ahí, pasó a ser uva de mesa, la denostaron un poco, bajó el rendimiento, bajó la producción”.

Alavro Tello entre los viejos viñedos del secano.

Lo curioso y gracioso a la vez, explica Tello, es que en un catastro de vides del Gobierno del año 1949 (cuando aún el Gobierno era proveedor de variedades) la San Francisco era considerada uva de mesa igual que la Cabernet Sauvignon y el Malbec.  Otro buen ejemplo de enredos, dice, es la Chasselas, la cual como Corinto es permitida como uva de mesa, pero como Chasselas es uva para Pisco.

Tello explica que San Francisco sería la misma que los peruanos llaman Negra Mollar, y ellos sí la han desarrollado pues es una de las variedades permitidas por la Norma  del Pisco Peruano.  Volviendo a Chile, en cambio, nos dice, no encuentras una hectárea completa plantada con ella.

Según el libro chileno “Viticultura Fundamentos para optimizar producción y calidad” de Gonzalo Gil y Philippo Pszczolkowski, se cataloga efectivamente a la San Francisco  como variedad transitoria en el Decreto 521 sobre la reglamentación de la D.O. Pisco y se detalla que existen 0.2 hectáreas  en Chile (2012, 2014). También dice el texto:

“Se le ha denominado a su vez  Mollar Negro y Moscatel de San Francisco… Es una variedad vigorosa, productiva, de maduración tardía, se utiliza en la elaboración de vinos y alcoholes base para pisco y también como uva de mesa”.

Efectivamente, según explicó a WiP.cl Andrés Zurita, investigador del  INIA, ellos realizaron  análisis en colaboración con el Instituto de Ciencias de la Vid y del Vino (ICVV) de la Rioja –  y  pudieron  encontrar coincidencias con un tipo de marcador molecular (SNPlex) a nivel genético entre las San Francisco que tenían en su propia colección con material recolectado desde Arica a Choapa, comparadas con las variedades Rose of Peru / Semis de Goes de la colección del CSIRO (Australia); y también, con material español, portugués, italiano y francés. Lo que se corroboró, agrega Zurita, que el material de San Francisco presente en la colección del INIA coincide con esas variedades / cultivares.

Sin embargo, agregó,  “dado que nuestros análisis se compararon con las bases de datos de variedades españolas, argentinas, australianas, francesas disponibles en ICVV,  no hubo coincidencia con la Mollar de Canarias“.  Lo que se recomienda, explicó, es realizar un análisis pareado, y con controles conocidos, a nivel de ADN para poder determinar coincidencias a nivel de genotipos, dado que es posible que su material del INIA con cepas del Norte no sea el mismo que existe en el Sur de Chile. Puesto que se da con frecuencia que los nombres de las variedades presentan sinonimias (nombres diferentes para la misma variedad/genotipo) y homonimias (nombre similar para diferentes variedades/genotipos).

Para Alvaro Tello, la razón por la cual la San Francisco se fue perdiendo, como ocurrió con todas las otras cepas italianas y españolas, fue que los técnicos franceses dijeron que no servía para hacer vino. Lo que se haga con ellas, destaca, depende de la importancia que les den en  cada país.

Lo curioso y fantástico sobre la San Francisco dice Tello, es que justo este año  supo de tres productores vinificándola  (con la cosecha 2018): ellos son José Ignacio Maturana, Cristián Ravelo y Juan Ledesma. De ellos, fue Maturana quien, basado en los datos históricos del trabajo de investigación de Tello solicitó al SAG que se le devolviera su categoría de cepa para hacer vino. Lo que hasta ahora, que sepamos, no ha ocurrido. Habrá que ver si aparece en el próximo catastro. Sin embargo, dice Tello, poder registrar dónde está y quién la tiene  será muy difícil porque está mezclada en los viñedos: en Itata está mezclada con Cinsault y País, en Maule está en parrón, en el norte lo desconozco…

Cosecha de la San Francisco en el campo de Reserva de Caliboro.

Efectivamente, caminando por los viñedos de Reserva de Caliboro en el Maule, fue como Maturana se fue dando cuenta que había varias plantas entremezcladas  con Moscatel; preguntó qué era y le dijeron: “Es la San Francisco, todos tienen por aquí”. Decidió entonces hacer un vino con ella, y vinificó para saber cómo era el vino que podía lograr.  El resultado es puro jugo de fruta, dice, y saldrá al mercado al mismo precio que sus especialidades ($13.000) a finales de año.

Maturana nos confirmó  que según respuesta del SAG a sus incógnitas:  “hasta el año 1998, la San Francisco era considerada una variedad pisquera, lo que no la inhabilita para la producción de vinos, pero que a contar de esa fecha es considerada una “variedad en transición” de acuerdo al Decreto 521. El cual en su artículo 5°, enumera las variedades que son consideradas como “pisqueras”. Aún así, las variedades en transición como San Francisco, País, Huasquina y Albilla, agrega la información, seguían apareciendo como variedades pisquera en la estadística del Catastro Vitícola. Lo cual a contar del año 2017 no ocurrirá y todas ellas pasan a formar parte de la superficie de vides para vinificación en las distintas regiones/ comunas en donde se encuentren declaradas”. Sin embargo, explica respuesta del SAG, hasta que no sea incluída en el Decreto 464 (cuya última actualización fue en mayo del 2018) solo podrá aparecer el nombre de la cepa San Francisco en la etiqueta de los vinos junto a su año de cosecha, no  junto a su D.O. Aún así, quien la posee debe registrarla y hacer el cambio de registro pertinente ante el SAG, ya que a partir del 2017 será contabilizada como uva vinífera en su Catastro.

“El vino de Maturana -nos dice Tello- nos muestra que sí se puede hacer vino. El tema es que si antes se hacía vino, debería haber cero problema para volver a catalogarla como tal”.

Así será la etiqueta del vino hecho con la cepa San Francisco de Maturana Wines.

Sergio Amigo, dueño de la Viña Cancha Alegre en el Maule,  también tenía algo de San Francisco en sus viejos viñedos, pero el año pasado en el incendio (del verano 2017) las perdió. Como ya tenía interés en la cepa, nos cuenta, le pidió estacas a un vecino, Víctor Yáñez, y este año ya tiene material para plantar unas 2.000 , junto con la misma cantidad de estacas de la cepa Blanca Ovoide, otra rareza que tiene en su campo Yáñez (cruce ésta entre País y Moscatel).

“Los viejos en el campo siempre han sabido que la tienen y la mezclan con el País, dice Amigo. Yo pienso -reflexiona- que deberían hacerla sola para diferenciarse y darle valor a su vino, pero nos les interesa. No valoramos lo propio… ”

“La San Francisco explica Sergio Amigo, es diferente a la País; el grano es más grande, más redondo y el racimo menos compacto; también su piel es más delgada, por eso, agrega, los vinos resultan menos tánicos que los vinos de País. El vino, explica es jugoso y fresco”.

Juan Ledesma, enólogo y dueno de Terroir Sonoro,  es otro de los productores que este año vinificó la cepa San Francisco. Ello, gracias a un proyecto de Innovación financiado por FIA, con el cual está recorriendo viejos viñedos buscando material no identificado; desde Coronel del Maule hasta Biobío.

“De todo el material viejo que hay -nos  dice Ledesma-  hay un 26% identificado y un 30% más que no sabemos qué es. Lo que nosotros hicimos fue identificar con marcadores de ADN una primera muestra que se sacó de los viñedos este año, el próximo se hará otra parte y volverá a hacerse la identificación”.

El material de San Francisco lo obtuvo Ledesma del campo de Héctor Espinoza en San Rosendo, dice. Allí había unas 50 plantas, que nos dieron 800 kilos de uvas con los que hicimos un vino. Fue una microvinifcación sin el objetivo de embotellar, ni comercializar el vino, solo para entender la variedad. Otras variedades que también vinificaron fueron Isabella y Moscatel Negra. “El vino de San Francisco nos cuenta, resultó livianito, juguito de uva, fragante; en San Rosendo antes se mezclaba con el Malbec para bajar el grado alcohólico”.

La idea, explica Ledesma, es identificar el potencial de nuevas variedades que puedan ofrecer un nuevo Chile. Y pone como ejemplo la Feria London Wine de este año, donde los productores chicos tuvieron un espacio, dentro del stand de Wines of Chile. “Éramos los únicos que estaban siempre llenos de gente, dice en enólogo;  tenemos poco vino, es cierto, pero hacemos la oferta de vinos de Chile más interesante. Además sumamos valor al vino por caja exportada. Mi Moscatel está en el D.O.M. en el mejor restaurante de Sao Paulo. No digo que estos vinos sean mejores que los demás, sí que aportan a la diversidad”.

ESPECIAL WiP: ¿QUÉ HAY DE NUEVO EN LO VIEJO?

1ERA PARTE: #TAMARUGAL

 

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8 comentarios

  1. […] Otra novedad muy esperada fue Negra 2018,  el tinto hecho con la cepa, hasta ahora  desconocida, San Francisco. Y tal como lo describiera para la  nota que hicimos de ella, es un vino ligero, muy frutal, […]

  2. […] fin de rescatar sus viejos viñedos, plantados con poco de mucho: entre ellas, que sepan, la cepa San Francisco, Cinsault, Blanca Ovoide, País, Carignan, Torontel…  A su vez, han  vuelto a rescatar […]

  3. […] vino como antes, y para hacerlo se cosechan las uvas de sus antiguos parrones, incluyendo con cepa San Francisco, y de un pequeño viñedo dentro de la propiedad que fue replantado con 1.000 estacas de Cabernet […]

  4. […] sabes de la cepa San Francisco, descubierta hace poco en nuestros […]

  5. Carlos Bustos dijo:

    Un artículo interesante desde varios puntos de vista. Se agradece este tipo de publicaciones. Un saludo afectuoso.-