MATURANA SUNSET: UNA LECCIÓN PARA EL VINO CHILENO

Publicado el 09 marzo 2026 Por Mariana Martínez @reinaentrecopas

Fiesta con 3.100 personas en Colchagua dejó algo claro: el consumidor del vino sigue ahí. Quizás el problema ha sido cómo la industria hemos querido encontrarlo.

Confieso que no puedo ir a todos los sunsets que organizan las viñas, aunque quisiera. Por eso puede que ya haya alguno parecido al de Maturana, realizado este sábado, justo cuando el valle celebraba la Fiesta de la Vendimia de Colchagua, y simplemente no lo sepa. Aunque, la verdad, no lo creo.

Pero lo que vi allí, en ese rincón precioso de El Tambo, en el recién creado polo Colchagua Andes,  y que es la bodega y jardines de Viña Maturana, fue algo que nunca había visto junto al vino chileno.

Más impresionante todavía si pensamos que lo organizó una viña pequeña —de las más grandes entre las pequeñas, cierto— sin grandes recursos ni un poder de marca descomunal. Pero sí con muchas habilidades blandas, y especialmente la de su gestor, el chef Sebastián Maturana, quien entendió algo que a veces escasea en esta industria: intuición sobre cómo reunir gente.

Hoy sacando cuentas alegres, Sebastián me dijo por WhatsApp: «Es un evento que tiene integrado el vino y es un concepto que queremos posicionar para aumentar el consumo, queremos acercar a la gente que no toma vino… Recibimos tres mil cien personas, mil  más que el año pasado.  Ya entendí , ya entendimos, cómo se hace este tipo de eventos, tenemos cosas que mejorar obviamente, pero ya no son 100, sino 20… Vamos avanzando».

José Ignacio Maturana, hermano mayor de Sebastián y enólogo de la viña, también había entendido mucho antes otro mensaje de sus compradores. Recuerdo que en su momento para 7canibales.com me había dicho:

“Partimos al revés de cómo suele ser… Encantaba lo que estábamos haciendo: la mínima intervención, la ayuda a productores, lo patrimonial. Pero nos decían: necesitamos vinos más baratos, un reserva o varietal para poder hacer la punta de flecha y entrar con las marcas. Les respondíamos que no los teníamos, y nos decían: bueno, trabajen en ellos. Y trabajamos en ellos. Nos abrimos a hacer vinos de mayor rotación y así nació la marca Puente Austral”. Así pudieron llenar un contenedor con un 40 % de vino reserva, un 30 % de gran reserva y el 30 % restante de vinos premium, además del ícono MW.

Eso sí, este sábado en Maturana Sunset solo se ofrecieron y bebieron sus vinos premium de la viña. Mientras afuera Sebastián organizaba una fiesta para más de tres mil personas, José Ignacio hacía en la bodega, a sala llena, una cata vertical de su gran Carmenère Maturana. El mismo vino que veríamos luego en las mesas durante toda la noche.

El sunset, debo decir, me voló la cabeza. Por todo y cada uno de los elementos que se dieron en perfecto engranaje.

Primero, la logística. Recibir a 3.100 personas dentro de la propiedad, con seguridad, control de acceso y funcionamiento fluido, no es menor. Copa de plástico obligatoria —reglamento para eventos masivos—, pero bien resuelta: linda, grande.

Segundo, las bebidas. Dentro de la copa de bienvenida una lata cerrada de vino naranjo low alcohol (0,5) o sin alcohol de Maturana fue una osadía. Más todavía para una viña de prestigio en vinos naturales. Pero funcionó. No era el famoso Naranjo de Maturana, es cierto, pero sí la base, y cumplía perfectamente como anfitrión. “Si ha tenido tanto éxito —me dijo José Ignacio— hacemos más naranjo”. Y eso hicieron. Esta versión sin o con bajo alcohol la llamaron Gabe.

Luego, la barra con esos vinos premium de la casa, Panchita, Lucas, Trophe, Etereo, Pa-tel... siempre llena de sedientos consumidores. Al lado, mocktails con Gabe en sus dos versiones. Confieso que no suelen gustarme los cócteles con vino, pero sorprendentemente estaban muy bien logrados. Precio de la lata sola: $2.000. La mitad de lo que cuesta en un supermercado. Genialidad, para acaso acabar el stock porque ya no  harán más los Gabe en lata.  Sí seguirán con el envase en botella de espumante con 750 ml.

Y sí, también estaba el “diablo” dentro de la casa. No el que creen. En la barra de piscolas, con un letrero de neón que decía: “No hay piscocola sin Coca-Cola”. Una frase que en otras viñas podría sonar a sacrilegio. Aquí era simplemente parte de la fiesta.

Porque eso era lo que estaba pasando: una fiesta.

También hubo marcas importantes presentes al ritmo de DJs, LaPozzeLatina y Prófugos, como Changan y BCI apostando desde hace tiempo por eventos masivos ligados al vino. Y detalles inteligentes, como un pequeño papel junto a cada copa con las cuentas de Instagram del evento para etiquetar en redes sociales. Simple, pero eficaz!

El espacio también ayudaba. Parrones con hojas rojas de tintoreras, que generan ambientes íntimos, escaleras amplias, una gran explanada de pasto frente al escenario y un fondo de agua cayendo iluminado junto a música electrónica que nunca se detuvo. Todo, diseñado para quedarse.

Pero lo más interesante no estaba en el escenario ni en las barras. Estaba en el público entre 25 y 60 años. Influencers, sí. Entre las mujeres mucho escote, pantalones cortos, producción casual-fiesta, muchas en grupos,  y grupos de hombres, madres con hijas, pandillas diversas… Y mucho young olds, los +50 que siguen consumiendo experiencias con energía de veinteañeros. Ese segmento en el que ya me incluyo, y que crece cada año. Y que, definitivamente, también bebe buen vino.

Mientras buena parte de la industria sigue preguntándose dónde está el consumidor y qué quiere, Maturana Sunset hizo algo más simple: abrió el abanico.

Tal vez el problema nunca fue el cambio del consumidor, sino la forma en cómo la industria ha querido encontrarlo. Y en ese grupo, también yo me incluyo.

Los invitamos a ver aquí uno de los momentos álgido de la jornada. 


Artículos relacionados:

LA PARTICULAR FAMILIA MATURANA WINES

«PRODUCTORES PEQUEÑOS DEBEN CRECER PARA SOBREVIVIR»

 

Deja un comentario