VALLE DEL ITATA AVANZA HACIA SU PROPIO SELLO DE CALIDAD
16 representantes del sector vitivinícola elaboraron las normas de un sello que certificará origen y calidad. Primeras postulaciones están abiertas.
Por primera vez en Chile país de vinos, productores del Valle del Itata avanzan hacia la creación de un Sello de Calidad y un Consejo Regulador propio, con normas de calidad, controles analíticos y evaluaciones sensoriales para los vinos de su D.O.
Paradójicamente, la iniciativa, que busca fortalecer su identidad y entregar nuevas garantías a los consumidores, surge en un momento particular para la vitivinicultura chilena: mientras el país amplía el uso de sus Denominaciones de Origen a vinos NoLow, en Itata se trabaja para establecer exigencias adicionales que permitan distinguir sus vinos.
El proyecto, denominado Transferencia de Certificación y Sello de Calidad para Vinos de la Región de Ñuble, es financiado por el Gobierno Regional de Ñuble y ejecutado por la Universidad del Bío-Bío (UBB). Contempla la implementación de un laboratorio especializado, un sistema de certificación y la constitución de un consejo regulador autónomo, encargado de administrar y dar continuidad al sello.
Aunque todavía no se ha constituido formalmente el consejo, sus bases normativas están terminadas y se prepara una primera experiencia de certificación durante noviembre.
Cómo se construyó el reglamento
El proceso comenzó con una convocatoria abierta a los viñateros del territorio, inicialmente hasta el 09 de noviembre, quienes fueron invitados a participar en la elaboración de las reglas del futuro sello.
Según explicíó a WiP el enólogo Demy Olmos, integrante del Comité Normativo, la respuesta superó las expectativas iniciales. Aunque se pretendía conformar un grupo reducido, finalmente participaron 16 representantes del sector, incluyéndolo a él.
Olmos relata que el trabajo se desarrolló durante cinco jornadas de discusión, principalmente los sábados, con reuniones que se extendían durante varias horas. Entre una sesión y otra, los participantes recibían encuestas para votar las propuestas discutidas.
En total se abordaron 54 puntos, desde las variedades autorizadas y los requisitos de postulación hasta las sanciones, procedimientos de evaluación, costos y mecanismos de control.
El resultado quedó recogido en cuatro instrumentos: el Reglamento, el Manual de Auditoría, el Documento de Gobernanza, Certificación y Sostenibilidad, y las Bases.
La siguiente etapa será constituir un Consejo Regulador autónomo de siete integrantes, cuya responsabilidad será administrar el sistema, supervisar los procedimientos y asegurar su continuidad más allá del financiamiento inicial.
Un sello que aprueba o rechaza, pero no establece rankings
A diferencia de los concursos de vinos, este sistema no busca seleccionar medallas de oro, plata o bronce ni establecer una jerarquía de calidad entre los productos.
Su propósito es determinar si cada vino cumple determinados requisitos técnicos, legales y sensoriales.
El procedimiento comenzará con la inscripción de una muestra en el Laboratorio Tecnológico del Vino de la Universidad del Bío-Bío, donde será sometida a una batería de análisis químicos.
Entre los parámetros considerados figuran el grado alcohólico, pH, azúcares residuales, sulfitos, acidez y presencia de determinados preservantes.
Sí se preguntaban cuanto será grado alcohólico mínimo, Demy Olmos nos responde: «el Sello de calidad contemplaba los vinos de bajo alcohol, pero después que supimos que los vinos bajo alcohol no contemplan el Denominación de Origen, automáticamente quedan fuera del sello de calidad». La misma exclusión ocurrirá, explicó, para los vinos parcial o completamente desalcoholizados (ver detalle al final de la nota).
Cuando el vino cumpla los requisitos analíticos establecidos, avanzará a una segunda etapa: la evaluación sensorial de un panel técnico integrado mayoritariamente por enólogos.
De superar ambas instancias, obtendrá el Sello de Calidad del Vino Valle del Itata.
«Lo que busca el sello no es rankear, no es decir que este vino es mejor que otro, pues eso ya sería un concurso», explica Olmos.
Una de las particularidades del sistema es que no se limita a verificar el cumplimiento de parámetros legales y sanitarios. Según el material oficial del proyecto:
- Exige que las uvas y vinos provengan íntegramente del Valle del Itata
- Incorpora una evaluación sobre la expresión sensorial del territorio y
- Considera buenas prácticas vinculadas con la tradición vitivinícola y la sustentabilidad.
- Su alcance, por tanto, aspira a superar una simple certificación de aptitud para el consumo.
- Los vinos podrán ser elaborados con cualquiera de las 88 variedades incluidas en Decreto 464.
El distintivo será físico, autoadhesivo e inviolable, e incorporará un código QR y un número correlativo individual para cada botella de vino. Al escanearlo, el consumidor podrá consultar antecedentes como la identidad del vino, su añada, volumen y productor, facilitando la trazabilidad.
De esta manera, el sello pretende entregar una garantía adicional, especialmente para consumidores que todavía desconocen muchas de las pequeñas marcas del valle.
Cómo postular y cuánto cuesta
La primera convocatoria se está desarrollando durante noviembre de 2026.
Cada muestra debe inscribirse a través de la Universidad del Bío-Bío y someterse a los análisis correspondientes, cuyo costo será de $60.000 por vino. La evaluación sensorial no tendrá un cobro adicional en esta primera etapa.
Los organizadores esperan recibir las primeras postulaciones durante la primera quincena de noviembre y entregar los primeros sellos hacia fines de mes.
Demy Olmos explica que se está contemplando cierta flexibilidad logística para la recepción de muestras. Sin embargo, la fecha exacta de cierre de esta primera convocatoria todavía requiere confirmación.
A partir de 2027, se proyecta abrir nuevas instancias de inscripción cada dos meses.
El programa también considera la participación de 25 productores en una feria de promoción en Santiago durante diciembre, con gastos cubiertos por el proyecto. La selección priorizará a quienes obtengan más vinos certificados.
Un laboratorio para respaldar la calidad
La certificación forma parte de un proyecto más amplio que contempla fortalecer las capacidades técnicas de la Universidad del Bío-Bío.
Según explicó a WiP, Gipsy Tabilo (directora alterna Proyecto y del Departamento de Ingeniería en Alimentos de la UBB), el rol de la Universidad del Bio-Bio es ser un colaborador y facilitador estratégico en la región de Ñuble para implementar el Sello de Calidad de vinos del valle del Itata. El Laboratorio Tecnlógico del Vino UBB apoyará a través de sus capacidades instaladas el logro de este objetivo. También, agregó, que el Proyecto FNDR fue finaciado por el Gobierno regional regional del Ñuble.
Tabilo, también destacó que el proyecto » pretende dar en la región la oportunidad de que pequeños productores vitivinicolas puedan ampliar su horizontes de comercialización a través de vinos certificados con este Sello de Calidad».
Su Laboratorio Tecnológico del Vino se encuentra desarrollando el proceso de autorización ante el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG), con el objetivo de emitir boletines de análisis para exportación.
Según los antecedentes entregados por Olmos, se espera avanzar en esa habilitación durante los primeros meses de 2027.
Contar con estas capacidades en el territorio podría facilitar el acceso de pequeños productores a servicios especializados y reducir su dependencia de laboratorios ubicados en otras regiones.
El desafío de mantenerlo en el tiempo
Aunque la puesta en marcha del sello ya cuenta con su financiamiento público, a través del Gobierno del Ñuble, su permanencia dependerá de la capacidad del futuro Consejo Regulador para sostener el sistema.
Olmos explica que el financiamiento original contempla la ejecución del proyecto durante 2026 y que será necesario asegurar nuevos recursos para las etapas siguientes.
Por su parte, el Gobernador regional de Ñuble, Óscar Crisóstomo, ya ha manifestado el compromiso del Gobierno Regional de apoyar los primeros años de funcionamiento, con miras a que el sistema alcance autonomía y sostenibilidad.
Dos maneras de entender una Denominación de Origen
La creación de este sistema de certificación coincide con una modificación significativa de la normativa vitivinícola chilena.
El Decreto N.º 4 del Ministerio de Agricultura, publicado en el Diario Oficial el 14 de julio de 2026, modificó el Decreto 464, permitiendo que los vinos desalcoholizados y parcialmente desalcoholizados puedan acogerse al régimen de Denominaciones de Origen, cumpliendo las condiciones legales correspondientes.
La medida amplía las posibilidades comerciales de estas categorías, pero también reabre una discusión de fondo: ¿qué debe garantizar una Denominación de Origen?
En Chile, la normativa vigente se concentra principalmente en establecer 75% de procedencia geográfica, 75% de la variedad autorizadas para ir junto al nombre de la D.O. y requisitos de producción, como grado mínimo de 11.5 (de allí la contradicción con el artículo 40). Por lo tanto, hasta ahora, una D.O. no constituye, por sí sola, una garantía de calidad sensorial ni de expresión de una identidad territorial específica.
Así, el proyecto del Itata propone avanzar en otra dirección, complementando la Denominación de Origen legal con controles analíticos, evaluaciones sensoriales y mecanismos de trazabilidad propios. Incluyendo la exigencia del alcohol mínimo de 11.5 tal cual lo especifica la ley de 1984.
No se trata de sistemas incompatibles. Una Denominación de Origen puede establecer la procedencia de un vino, mientras que un sello adicional puede incorporar otras exigencias.
Sin embargo, la coincidencia de ambos procesos plantea una pregunta pertinente para toda la vitivinicultura chilena: ¿queremos Denominaciones de Origen que simplemente indiquen de dónde viene un vino o sistemas capaces de proteger y comunicar también aquello que hace diferente a cada territorio?
Pendiente tenemos aún, desde WiP.cl, revisar las 56 páginas del reglamento. En particular, sobre las variedades admitidas, el porcentaje de uva originaria del territorio, las reglas de elaboración, los límites analíticos y las exigencias de prácticas productivas. Esto permitiría distinguir entre un sello que acredita calidad mínima y uno que realmente protege una identidad vitivinícola.
Reflexiones finales
La iniciativa del Itata demuestra una seria preocupación por lo que precisamente la industria que hace parches a la la ley, parece ignorar. Bienvenida! Todavía sí, deberá demostrar que la certificación será independiente y, muy importante, que los productores podrán sostener sus costos.
También abre una discusión que va más allá del valle: el potencial de las Denominaciones de Origen no depende únicamente de contar con un nombre geográfico reconocido, sino también de la capacidad de sus productores para organizarse, establecer acuerdos y construir confianza alrededor. Algo que bien sabía el director de la magistral película chilena Denominación de Origen (sobre las Longanizas de San Carlos); un documento obligatorio de ver.
La misión principal de un Consejo Regulador de una Denominación de Origen es la defender la propia Denominación de Origen y sus intereses, aplicar los preceptos reglamentarios que se determinen para controlar la calidad y garantizar el origen de los productos amparados, así como la de fomentar los productos amparados por la denominación de origen. Hasta ahora en Chile, existe un solo Consejo Regulador para una D.O., se trata del Consejo para el Aceite de Oliva Extra Virgen del Huasco.
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