DOS CEPAS CRIOLLAS SE SUMAN AL MAPA DEL VINO CHILENO

Publicado el 21 octubre 2025 Por Mariana Martínez @reinaentrecopas

Itata vuelve a sorprender: el SAG aprobó el registro oficial de dos nuevas variedades criollas, Castellón Noir y Castellón Blanc. El  meticuloso estudio liderado por Víctor Castellón con apoyo de la Universidad Mayor, marca un hito inédito para la vitivinicultura nacional.

 

El Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) aprobó recientemente el primer registro oficial de dos nuevas variedades criollas chilenas procedentes del  Valle del Itata. Se trata de Castellón Noir (NN330) y Castellón Blanc (NN320). El hecho sin precedentes las convierte en las dos primeras criollas chilenas oficialmente inscritas en el catálogo de variedades vitis vinifera para vino del Servicio Agrícola Ganadero.

El lento proceso fue impulsado por Víctor Castellón, viticultor del Itata, y dueño de Viña Castellón. El trabajo de identificación y validación, destacó el viñatero, fue junto a enólogos, agrónomos y alumnos de la Universidad Mayor, e incluyó análisis genéticos con marcadores microsatélites, revisión de bancos internacionales de material genético, y vinificaciones experimentales.

Las muestras fueron procesadas para su análisis de ADN por el genetista Patricio Hinrichsen del INIA La Platina. Luego, fueron respaldadas en sendas tesis universitarias de los alumnos de la Universidad Mayor, Alberto José Ríos (Castellón Noir-NN330) y Nicolás Andrés Villaseca (Castellón Blanc- NN320). Ambos acreditaron su distinción, homogeneidad y estabilidad, requisitos exigidos por el Decreto 104 del SAG.

Los estudios ampelográficos y genéticos con marcadores microsatélites, ahora ampliados de 7 a 15 marcadores; y la comparación con bancos internacionales de material genético, confirmaron que las dos primeras variedades que se encuentran en el viñedo de Víctor Castellón, y que  no existían previamente en otras bases de datos nacionales e internacionales. Permitiendo así su registro oficial en el Catálogo vitis vinifera para vino de Chile, responsabilidad del SAG.

Las cepas Castellón Noir y Castellón Blanc se convierten así, explicó el viñatero como el único hasta ahora para vides destinadas a vinificación de los 192 que suma el SAG.

“Este trabajo, explicó a WiP Castellón,  lo comenzamos desde el año 2018, con agrónomos, enólogos, doctores en ciencias y alumnos que hicieron su tesis en agronomía de la Universidad Mayor. Yo dije: tengo esto, quiero saber qué es”, cuenta Castellón. “Encontramos también otras variedades, como Folle Blanche y San Juanina, que ya están registradas, y aún quedan seis variedades más  NN sin registrar aún… Quise saber qué eran estas plantas antiguas que tenía en mi campo; el objetivo nunca fue apropiármelas, sino reconocerlas y dejarlas de uso libre”, explica Castellón.

Lo que pide el SAG para el registro

Lo que pide el SAG para el registro de nuevas variedades implica llenar los formularios que  describen las variedades según UPOV, más allá del sistema OIV de descripción ampelográfica,  para determinar cuáles son los características distintivas y similitudes en comparación  con una cantidad mínima de plantas. Todo ello, para poder acreditar su distinción, homogeneidad y estabilidad.

Además hay que tener demarcado el lugar por  geo-referencias. “Todo eso lo tengo y se respaldó con tesis de la Universidad Mayor y exámenes de laboratorio.  Lo que yo entiendo es que con la Tamarugal (la primera registrada hoy sin validez)  explicó Castellón, no se siguieron los protocolos establecidos. Se saltaron partes, porque hay que saber dónde están las plantas madres del material reproducido”.   En el caso de sus variedades inscritas, Castellón destacó que casi la gran mayoría tiene a la cepa País como progenitoras. Aunque hay una que es hija de Moscatel. “Esta vez quisimos hacerlo bien, paso a paso, y demostrar que desde regiones también se puede generar conocimiento serio y validado”.

Segundo, declaró Castellón, al compararse con el caso Tamarugal,  «quisimos dejarlas de uso libre, yo no podría haberlas protegido para mi uso exclusivo por 18 años, algo que se paga anual. No creo que es lo correcto, porque fue un descubrimiento, yo no las hice.”

Castellón detalló que todo el proceso que impulsó con propios recursos, es costoso, por lo que aún quedan las otras cuatro NN sin registrar. Éstas otras, agregó, llevarán los nombres de Philippo y Hinrichsen, como una forma de homenajear sus respectivos trabajos.

En cuanto a la decisión de usar su propio apellido para nombrarlas las dos primeras, explicó Castellón  que fue algo más práctico que personal: “Ponerles otro nombre implicaba permisos y declaraciones juradas. Para evitar más trabas, opté por Castellón.

En relación a los tipos de registros Castellón destacó, que existen dos tipos. Uno registra variedades protegidas, el cual implica que hay un obtentor que tiene restringido el uso de la variedad por 18 años. El otro es un registro de variedades oficiales descritas y registra para libre uso, como es el caso de las Castellón Blanc y Noir .

Según detalla Castellón, el Castellón Blanc (320) se caracteriza por racimos grandes, desuniformes y con alta concentración de taninos, mientras que el Castellón Noir (330) presenta racimos más pequeños y mayor contenido de azúcar. Ambos fueron vinificados en pequeñas cantidades durante la pandemia, con resultados prometedores: “De la blanca tengo 150 litros, de la tinta unos 20”, comenta.

El respaldo de los estudios

Desde la Universidad Mayor, el académico Philippo Pszczólkowski, responsable técnico del proceso, destacó a WiP.cl  la relevancia de este paso para el conocimiento del patrimonio vitícola chileno: “Estas inscripciones confirman que aún hay material genético valioso por descubrir en nuestros viñedos antiguos. Es una muestra concreta de la diversidad que guarda el Itata y de la necesidad de seguir investigando antes de que desaparezcan».

Pszczólkowski destacó que “se documentó la ampelografía completa, las características distintivas y la trazabilidad de las plantas madres, tal como lo requiere el formulario UPOV (International Union for the Protection of New Varieties of Plants)”. Además, destacó el rol de los dos alumnos que desarrollaron sendas tesis sobre las distintas variedades, cuyos análisis de laboratorio y observaciones de campo respaldaron la solicitud. “Este caso demuestra que, con metodología y colaboración, es posible reconocer el valor científico y patrimonial del viñedo chileno”, agregó Pszczólkowski.

El formulario de solicitud del SAG se indica que debe usarse la “Descripción de la Variedad según formulario oficial entregado por la División o en formulario UPOV vigente”.  El proceso exige que la variedad sea nueva, distinta, homogénea y estable—criterios similares a los de la Unión Internacional para la Protección de las Obtenciones Vegetales (UPOV).

Por su parte, el viñatero de la innovación Juan Ledesma, quien habría realizado los primeros análisis de estas variedades en 2017, para su trabajo de investigación de cepas patrimoniales en distintos puntos del centro sur de Chile, valora el avance, aunque planteó a WiP sus reparos en el registro prematuro de las cepas, y el uso del apellido Castellón para nombrarlas.

Según Ledesma del 2017 al 2019 en su trabajo sobre búsqueda de nuevas NN y cepas patrimoniales,  descubrieron 26 variedades, entre ellas 14 variedades NN.  “Las NN 330 y NN 320 se encontraron siempre acompañadas de variedades francesas… La 320 en particular la encontramos varias veces en alrededores de Biobío y San Rosendo y también apareció en Itata.  Perfectamente pueden ser francesas o criollas de Sudamérica, pero nadie ha logrado todavía hacer el pareo o el match con las bases de datos disponibles; tal vez que porque no se han registrado todavía”. Lo importante, concluyó, es mantener abierto el estudio y la colaboración entre laboratorios y productores para que las investigaciones no se cierren.

Por otro lado, destacó Ledesma: “Siempre he dicho que tenemos que ponerles nombre a las variedades, las que deberían tener nombres que reflejen su origen o su uso vernáculo. Ponerle un nombre propio corta la posibilidad de seguir investigando, y si te pones a bautizar de repente te vas a pisar los callos y te va a pasar lo que pasó con la Tamarugal”.

 

Más allá de las diferencias, el registro de Castellón Noir y Castellón Blanc marca un precedente histórico. Por primera vez, dos variedades criollas chilenas descubiertas en el Itata completan al fin el proceso formal de inscripción en el registro nacional de vides, abriendo así una nueva etapa para el conocimiento, tanto como para la valorización del patrimonio vitícola del país.  Hoy Castellón Noir y Castellón Blanc son mucho más que dos nombres nuevos: son el reconocimiento oficial de un patrimonio vivo del Itata, donde la historia del vino chileno sigue escribiéndose entre cepas antiguas, ciencia y convicción.

Para Castellón, este resultado resume años de esfuerzo, inversión personal y perseverancia. “Nadie termina los estudios, nadie publica. Yo soy porfiado, y lo saqué adelante. Me dicen que tengo un carácter de mierda, pero estoy haciendo bien la pega”, dice entre risas.

Lo que sigue a continuación para ambas criollas chilenas es la reproducción del material en el campo de Castellón, donde las cepas están geo-referenciadas, para poder elaborar vino con sus nombres en las etiquetas. Por lo que una próxima etapa, en la que ya sueña Castellón,  implica poder incluirlas como vitis viníferas que son en el Listado de Variedades del Decreto 464.

 

Castellón Blanc y Castellón Noir, según tesis de grado de la Universidad Mayor.

Sobre el caso Tamarugal

El hallazgo y registro de estas dos nuevas variedades saca a relucir una vez más el caso de la Tamarugal (actualmente sinonimia de Huevo de Gallo). Pszczólkowsk por su parte destacó la importancia de realizar un trabajo metodológico cuidadoso y cuando sea necesario reconocer los errores. Cosa que hasta el momento no ha realizado el equipo  de la Universidad Arturo Prat, a cargo del hallazgo y posterior registro fallido.

 

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