RIEGO SERÁ CLAVE FRENTE A CAMBIO CLIMÁTICO
Investigación de la Universidad de Chile concluye que el riesgo climático aumentará en gran parte de las comunas vitivinícolas del país y destaca la gestión del agua como uno de los principales desafíos para el sector.
Estudio sobre comunas vitivinícolas chilenas advierte que el riesgo climático aumentará en gran parte del país y destaca la adaptación como uno de los principales desafíos para el sector.
La discusión sobre el impacto del cambio climático en el vino suele centrarse en qué regiones ganarán o perderán aptitud para producir uvas en el futuro. Sin embargo, una investigación desarrollada por Katherine Cuevas Zárate y Manuel Paneque Corrales propone una mirada distinta: más importante que dónde estarán los viñedos será qué tan preparados están los territorios para adaptarse.
El estudio desarrolló un Índice Local de Riesgo Climático para evaluar la vulnerabilidad de las comunas vitivinícolas ubicadas entre Atacama y Biobío, zona que concentra prácticamente toda la superficie de vides del país. Para ello consideró variables de exposición, sensibilidad, capacidad adaptativa y capacidad de respuesta frente al cambio climático.
Los resultados muestran que el 63% de las comunas analizadas aumentaría su nivel de riesgo climático hacia mediados de siglo, especialmente en las regiones más expuestas a altas temperaturas y restricciones hídricas.
Las mayores vulnerabilidades se concentran en el norte vitivinícola. Atacama y Coquimbo aparecen como las zonas más expuestas al impacto del cambio climático debido a la combinación de temperaturas crecientes y una menor disponibilidad de agua para la agricultura.
En contraste, algunas comunas desde Maule hacia Biobío presentan mejores indicadores de resiliencia y menores niveles de riesgo relativo. Sin embargo, los autores advierten que este escenario no implica un desplazamiento automático de la viticultura chilena ni garantiza nuevas oportunidades productivas por sí solo.
Sin embargo, los autores advierten que el clima por sí solo no explica las diferencias entre territorios. Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es que la capacidad de adaptación está estrechamente vinculada a la eficiencia de los sistemas de riego.
Las comunas con una mayor superficie bajo riego tecnificado presentan mejores indicadores de adaptación. Según la investigación, la adopción de tecnologías como el riego por goteo no solo mejora el uso eficiente del agua, sino que también contribuye a reducir la vulnerabilidad de los viñedos frente a escenarios climáticos cada vez más exigentes.
La investigación también revela una brecha importante. Ninguna de las comunas vitivinícolas analizadas alcanza niveles considerados muy altos de capacidad adaptativa, lo que evidencia que aún existe un amplio margen para fortalecer la resiliencia del sector.
Si bien el estudio identifica una tendencia hacia condiciones más favorables para la vid en zonas del Maule a Biobío, los autores enfatizan que el principal desafío no pasa por trasladar la producción hacia el sur, sino por aumentar la capacidad de adaptación de los territorios ya consolidados.
Para ello plantean la necesidad de avanzar en infraestructura hídrica, sistemas de riego eficientes, gestión sustentable del agua y programas de apoyo que permitan fortalecer las capacidades locales de respuesta.
Más que anunciar un nuevo mapa para el vino chileno, el trabajo entrega una señal clara para productores, autoridades y empresas: frente al cambio climático, la diferencia no estará únicamente en el territorio, sino en la capacidad de adaptarse a tiempo.
La investigación destaca que la disponibilidad de infraestructura hídrica, sistemas de riego tecnificado y herramientas de adaptación serán factores decisivos para aprovechar las condiciones futuras.
En otras palabras, contar con un clima potencialmente favorable no será suficiente si los territorios no desarrollan la capacidad necesaria para gestionar el recurso hídrico de manera eficiente.
Para la industria del vino, las conclusiones refuerzan una realidad que ya se observa en terreno: el cambio climático dejó de ser un riesgo futuro para convertirse en un factor que influye en las decisiones de plantación, manejo de viñedos e inversión.
Sin embargo, en regiones como Ñuble y Biobío el desafío va más allá de la tecnología. Allí conviven viñedos de secano, disputas por la disponibilidad de agua y una larga discusión sobre el impacto de las plantaciones forestales en las cuencas locales. En ese contexto, la adaptación climática no dependerá únicamente de instalar más sistemas de riego, sino también de cómo se gestione un recurso cada vez más escaso y disputado.



