CHARDONNAY: EL GRAN EXPLORADOR DEL VINO CHILENO

Publicado el 02 junio 2026 Por Mariana Martínez @reinaentrecopas

Desde Huasco hasta Chile Chico, ocho enólogos mostraron cómo la variedad ha acompañado la expansión del mapa vitivinícola de Chile. Catad’Or y Amorim Chile lo hicieron posible.

Desde el desierto costero del Valle del Huasco hasta los paisajes australes de Chile Chico, ocho enólogos recorrieron Chile a través de excepcionales Chardonnay durante un seminario organizado por Catad’Or. El evento reunió en Vinolia a productores, especialistas y profesionales del vino para analizar el presente y futuro de la variedad en el país.

La actividad fue presentada por Pablo Ugarte, quien destacó la evolución que ha experimentado el Chardonnay chileno durante las últimas décadas. “Si en los años 90 predominaban estilos maduros y marcados por la madera, y posteriormente surgió una corriente de vinos más ligeros y austeros, hoy la búsqueda parece concentrarse en un punto intermedio: equilibrio, textura y expresión del origen”.

En Chile existen cerca de 9.900 hectáreas plantadas de Chardonnay, siendo la tercera variedad más cultivada del país y representando alrededor del 8% del viñedo nacional. Aunque la superficie ha disminuido levemente durante la última década, la calidad y diversidad de sus expresiones continúan creciendo.

Más que una degustación de ocho vinos, el seminario terminó ofreciendo un recorrido por cuatro décadas de exploración territorial. Desde que Pablo Morandé apostó por Casablanca en los años 80, José Guilisasti miró hacia Mulchén, Felipe de Solminihac hacia Traiguén y, más tarde, Mariluz Marín hacia Lo Abarca, el Chardonnay ha acompañado como pocas variedades la expansión del mapa vitivinícola chileno.

Lo que antes parecía una cepa asociada principalmente a Casablanca, hoy encuentra expresiones propias desde el desierto costero del Valle del Huasco hasta la Patagonia chilena. Lejos de converger hacia un único estilo, el Chardonnay chileno parece haber encontrado su mayor fortaleza precisamente en la diversidad de sus orígenes.

Cabe destacar que los vinos seleccionados para el seminario no fueron elegidos al azar. La mayoría forma parte del grupo de Chardonnay chilenos mejor evaluados durante el último año, ya sea en la reciente edición de la Guía de Chardonnay de Alistair Cooper MW o en Catad’Or World Wine Awards.

Un recorrido de norte a sur, Chardonnay de Chile actual

La cata comenzó con De Mai Chardonnay 2024 de JPMartin, presentado por el dueño del proyecto y enólogo José Pablo Martin desde el Valle del Huasco. Elaborado en una de las zonas vitícolas más extremas del país, el vino proviene de viñedos ubicados a apenas 36 kilómetros del océano Pacífico, en pleno desierto de Atacama. Las precipitaciones promedian apenas 46 milímetros anuales durante la última década. Es una zona desértica, efectivamente, pero de clima frío gracias a la fuerte influencia de la corriente de Humboldt. El tranque Santa Juana, explicó Martin, les permite disponer de agua para regar cuando es necesario.

El viñedo fue plantado en 2017 en la terraza tres del río Huasco, sobre suelos aluviales con un profundo perfil calcáreo. Según explicó Martin, la cosecha 2024 fue especialmente desafiante por las altas temperaturas invernales y primaverales, lo que adelantó la madurez de la fruta y obligó a cosechar tempranamente, el 31 de enero. La fermentación se realizó con racimos enteros, fermentación espontánea y crianza durante 12 meses en barricas usadas de Borgoña. La fermentación maloláctica se realiza parcialmente, entre 20% y 30%, para aportar volumen y profundidad, ajustándose según las características de cada cosecha.

Suelo de viñedos Viña Buena Esperanza, origen de De Mai JPMartin, tercera terraza sur del río Huasco.

De Mai 2024 tiene una nariz austera y limpia, con notas de frutas blancas y ese controvertido, o incierto, carácter que muchos asocian a sensaciones salinas. En boca destaca por su deliciosa acidez y gran vibrancia. Con el tiempo aparecen leves notas de calugas de leche o butterscotch, las que prácticamente desaparecen del resto de la degustación. Así es. El Chardonnay chileno cambió.

Desde Limarí, Marcelo Papa presentó Concha y Toro Amelia Chardonnay 2025, elaborado en Quebrada Seca. El vino proviene de una zona costera caracterizada por suelos arcillosos rojos sobre una base calcárea. La plantación original data de 1998 y está marcada por la influencia marítima diaria, con neblinas y vientos costeros que favorecen una maduración lenta. La zona también enfrenta desafíos como las heladas, que afectan el vigor de las plantas con el paso del tiempo.

En bodega, la fermentación se realiza en barricas francesas nuevas, de segundo y tercer uso. La crianza se divide entre barricas y huevos de concreto buscando equilibrio entre textura y fineza. El clon utilizado es el 76, conocido por aportar aromas perfumados y cítricos. El vino presenta 13,5% de alcohol y una fermentación maloláctica controlada para conservar frescura y tensión.

Papa destacó la búsqueda constante de balance y la evolución del estilo, alejándose de vinos demasiado pesados hacia una expresión más refinada del Chardonnay. Amelia proviene de tres cuarteles específicos dentro del viñedo, los tres con mayor porcentaje de cal, y se cría un 53% en barrica y el resto en concreto. Al igual que José Pablo Martin, Papa resaltó la importancia de la luminosidad en una zona donde la camanchaca juega un rol fundamental en la maduración de la fruta.

Viñedo Chardonnay Amelia, en Quebrada Seca. Limarí Costa.

Si De Mai mostró un filo y una tensión poco habituales en los Chardonnay chilenos, Amelia logró integrar un notable volumen en boca con una acidez igualmente afilada. Probablemente, la mejor versión de Amelia producida hasta ahora en Limarí.

Casablanca y Leyda mantienen su protagonismo

La representación de Casablanca estuvo a cargo de Matías Ríos con Cono Sur 20 Barrels Chardonnay 2024. El vino nace del viñedo Centinela, plantado en 1998 en el sector de Orrego Bajo, cerca de Algarrobo, a 17 kilómetros del mar, sobre lomajes de arcillas rojas asentadas sobre granito. Ríos destacó que la influencia marítima, las nieblas matinales y el cuidadoso momento de cosecha son determinantes para alcanzar el equilibrio buscado.

La vinificación combina barricas francesas y huevos de concreto, manteniendo bloqueada la fermentación maloláctica para preservar definición y frescura. Su estilo muestra cómo Casablanca, primer valle de clima frío de Chile y cuna de numerosos viñedos de selección masal, ha modernizado los perfiles que dominaron los primeros años del siglo XXI hacia vinos más equilibrados en el uso de la madera. El resultado es un Chardonnay centrado en la fruta y la jugosidad, con un final cálidamente dulce; precisamente el tipo de perfil que muchos de los nuevos terruños calcáreos buscan evitar.

Viñedo Chardonnay Lot 5 de Viña Leyda, a 4 km del mar.

Desde el Valle de Leyda, Viviana Navarrete presentó Lot 5 Chardonnay 2024, elaborado a partir de un pequeño cuartel ubicado a sólo cuatro kilómetros del océano Pacífico. La cercanía al mar, la influencia de los vientos costeros y las bajas temperaturas permiten, explicó, obtener vinos de marcada precisión.

El clima de Leyda se caracteriza por máximas promedio de 23 °C y mínimas relativamente altas, con muy pocas heladas, condiciones que favorecen la producción de vinos frescos y elegantes. Para nuestro registro, Navarrete recordó que se trata de una zona Winkler I, con años cálidos como 2017, 2019 y 2020, y años fríos como 2018. Entre las mejores añadas mencionó 2014 y 2015. La cosecha 2024, explicó, fue un año promedio.

El viñedo fue plantado en 2010 sobre las terrazas dos y tres de la Formación Navidad, una unidad geológica originada hace entre tres y cinco millones de años en un ambiente marino anaeróbico producto del hundimiento de la placa de Nazca bajo la Sudamericana. Con el tiempo, los movimientos tectónicos elevaron estos antiguos sedimentos hasta los 200 a 250 metros sobre el nivel del mar que hoy ocupa el viñedo. Los suelos contienen fósiles marinos y sedimentos que, según explicó Navarrete, refuerzan la identidad costera del vino.

Terraza de Formación Navidad, Lot 5

Lot 5 está plantado en un cuartel de apenas 2,5 hectáreas, cuidadosamente seleccionado desde el corazón del viñedo. El clon utilizado es el 76, conocido por aportar aromas perfumados y cítricos. La fermentación se realiza en un 53% en barricas —sólo un 5% nuevas— y el resto en concreto. El vino alcanza 13,5% de alcohol y no realiza fermentación maloláctica para preservar la acidez natural.

Navarrete destacó que la búsqueda de equilibrio ha llevado a reducir progresivamente el uso de barricas nuevas para evitar vinos pesados y avanzar hacia una expresión más delicada y precisa del Chardonnay. Si bien Lot 5 no posee el filo extremo de los vinos del Norte Verde, sí logra combinar un atractivo dulzor envolvente con la tensión y energía que caracterizan a la nueva generación de Chardonnay chilenos.

Nuevos territorios para la variedad

Uno de los aspectos más interesantes del seminario fue comprobar cómo la variedad continúa expandiendo sus fronteras en Chile mucho más allá de la costa.

Así, Grand Chardonnay 2024 de Viña Calyptra, presentado por el enólogo Emiliano Domínguez, reflejó la combinación de clima y suelos que se encuentra a 130 kilómetros del océano y apenas 50 kilómetros de la frontera con Argentina. Domínguez recordó que las plantaciones comenzaron en 1993 sobre las terrazas del río Cachapoal y que la primera cosecha de este Chardonnay fue elaborada en 2001, con un perfil mucho más marcado por la madera que el actual.

Proveniente de viñedos de altura en la cordillera, el vino demostró cómo zonas tradicionalmente asociadas a variedades tintas también pueden entregar expresiones atractivas de Chardonnay. En una degustación dominada por territorios costeros, Calyptra recordó que la altura también puede ser una herramienta para preservar equilibrio, estructura y tensión en la variedad.

El vino se mostró envolvente, tenso y cálido, con una acidez justa. Interesante para comparar estilos muy diferentes a los presentados anteriormente y, en cierto sentido, cercano al siguiente Chardonnay de Mulchén.

La cata continuó con Chardonnay 700 2024 de Andes Plateau, proyecto del enólogo Felipe Uribe, quien busca interpretar las condiciones particulares de su origen a través de una viticultura de baja intervención y una elaboración enfocada en la expresión del lugar. Aunque este vino en particular no proviene de altura, nace de vides plantadas hace dos décadas con material clonal.

El resultado es un Chardonnay de perfil más clásico, goloso, marcado por notas a caramelo y lactona de whisky provenientes de la crianza en barrica; aromas prácticamente ausentes en el resto de los vinos degustados, aunque todavía muy apreciados por muchos consumidores. También muestra el evidente trabajo con sus lías, responsable de una sensación de mayor volumen y amplitud en boca.

Desde la Patagonia hasta La Araucanía. Sí, al revés

El recorrido prosiguió hasta la región más austral de la viticultura chilena con Ventisquero Kosten Chardonnay 2023, presentado por Felipe Toso. Nacido cerca del Lago General Carrera, el proyecto se desarrolla bajo condiciones extremas: alta luminosidad estival, con hasta 16 horas de luz en diciembre, temperaturas bajas durante la maduración y fuertes vientos patagónicos.

Las plantaciones fueron establecidas en 2018 sobre suelos volcánicos y arcillosos, ricos en materia orgánica y con buen drenaje. Las principales amenazas son las heladas de verano y los pájaros, razón por la cual cada planta permanece protegida bajo mallas.

La distancia también forma parte del desafío. Llegar por carretera toma cerca de cuatro días, explicó Toso. Por esa razón las uvas viajan en avión hasta Maipo, donde se encuentra la bodega de Ventisquero.

Kosten Chardonnay fermenta con levaduras nativas y sin adición de sulfitos. Se trabaja en acero inoxidable, cemento sin epoxi y barricas francesas de distintas edades. No realiza fermentación maloláctica y permanece 20 meses entre barricas y concreto. Su graduación natural ronda los 12,5% y la producción apenas alcanza unas 533 botellas por cosecha. Para el seminario se descorcharon cuatro. Agradecidos.

Viñedo de socios Viña Venstiquero en ChileChico, donde nace línea Kosten.

El vino deja una sensación larga, precisa y extremadamente seca. Su bajo alcohol contribuye a una percepción de gran ligereza. Filoso como pocos, parece capturar el carácter de su origen. Kosten, como su nombre bien lo dice en idioma patagón, sabe a viento.

El cierre estuvo a cargo de Aquitania Sol de Sol Chardonnay 2025, uno de los pioneros del sur de Chile. Felipe de Solminihac, enólogo y socio de Aquitania, recordó que las primeras plantaciones realizadas en 1990 no prosperaron. Recién a partir de 1993 lograron establecerse gracias a la instalación de riego, una decisión impulsada por su suegro pese a que la zona recibe cerca de 1.100 milímetros de lluvia al año.

La explicación es simple: los veranos son secos y ventosos, provocando una fuerte deshidratación de las plantas. De Solminihac recordó además que la primera cosecha se obtuvo en el año 2000 y que, mientras gran parte de Chile se encuentra cerca de vendimia en febrero, en Traiguén las plantas recién están entrando en pinta. La maduración final ocurre durante el otoño bajo temperaturas bajas, razón por la cual el vino conserva altos niveles de ácido málico.

En los últimos años, explicó, las heladas primaverales se han convertido en el principal desafío, obligando a instalar sistemas de protección.

Sol de Sol destaca por sus notas cítricas, especialmente lima y limón, acompañadas por una boca filosa, de gran volumen y muy rica acidez.

Suelo en viñedo Sol de Sol, Traiguén, región del Sur.

Los pioneros que ampliaron el mapa

Más allá del vino, la presencia de Felipe de Solminihac permitió recordar una generación de profesionales que transformó la geografía vitivinícola chilena. Una generación que viajó a formarse a Burdeos cuando internet todavía no existía y que no tenía las oportunidades de intercambio internacional que poseen hoy los jóvenes enólogos.

Fueron ellos quienes comenzaron a mirar más allá de los territorios tradicionales. En los años 80, Pablo Morandé buscó clima frío en Casablanca mientras José Guilisasti apostaba por Mulchén. En los 90, Felipe de Solminihac llevó la viticultura hacia Traiguén. Ya en los 2000, Mariluz Marín consolidó el potencial de Lo Abarca.

Ninguno de ellos debió imaginar hasta dónde podía llegar aquella exploración territorial.

La identidad como eje común

Más allá de las diferencias geográficas, climáticas y enológicas, el seminario dejó una conclusión compartida: el Chardonnay chileno atraviesa una etapa de madurez en la que el origen adquiere cada vez más relevancia.

Lo que antes podía explicarse principalmente por decisiones de bodega, hoy parece construirse cada vez más desde el viñedo. Huasco, Limarí, Casablanca, Leyda, Cachapoal, Mulchén, Chile Chico o Traiguén no sólo producen Chardonnay; producen Chardonnay distintos.

Curiosamente, esta creciente diversidad territorial también comienza a reflejarse en la investigación académica. Estudio reciente sobre Chardonnay chilenos,  sugieren que las mayores diferencias entre vinos no necesariamente aparecen en parámetros tradicionales como alcohol o acidez, sino en compuestos relacionados con la textura, el color y la evolución del vino, reforzando la idea de que el origen se expresa de formas mucho más complejas de lo que tradicionalmente se pensaba.

Por eso, desde el desierto costero del Norte Verde hasta los paisajes australes de la Patagonia, el Chardonnay se consolida hoy como una de las mejores herramientas para mostrar la diversidad vitivinícola de Chile. Más importante aún, demuestra que el país ya no tiene un único centro para esta variedad, sino múltiples territorios capaces de interpretarla con identidad propia.

La actividad, auspiciada por Amorim Chile y su tapón libre de TCA Xpür, culminó con la degustación de un refrescante Chardonnay de Viña Matetic sellado con tres tapones diferentes, mostrando tres vinos distintos en las copas. Un ejercicio revelador para comprender la importancia de la elección del cierre, esa que muchos consideran ser «la última decisión enológica».

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Fuente: Seminario Chardonnay Actual

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