CARIGNAN CHILENO, UNA FANTÁSTICA HISTORIA

Publicado el 30 julio 2019 Por Mariana Martínez @reinaentrecopas

Hoy será el primer seminario sobre la cepa tinta Carignan en Chile. Para quienes no pudieron asistir, compartimos un reportaje sobre ella publicado en el primer número de la revista Chilean Soul, escrito por nuestra editora Mariana Martínez. La publicación en inglés, promete una vez al mes escudriñar en profundidad dentro de los secretos del vino chileno. Pronto les contaremos más. Mientras, a leer esta fascinante historia.

 

Varias décadas tuvieron que pasar para que vinos únicos del secano de Maule brillaran con luz propia bajo la mirada local e internacional. La asociatividad bajo el nombre de VIGNO, con sus viñedos viejos, fue la guinda de la torta.

A 360 km al sur de Santiago, entre mar y cordillera, olvidados entre uno de los parajes más pobres de Chile, nace una de las historias más fantásticas de los vinos de América del Sur. Su protagonista es una variedad tinta traída de Europa, llamada Carignan en Francia y/o Mazuelo en España, donde al ser utilizada para mejorar las mezclas de vinos comunes, no califica para ingresar a la corte de sus cepas nobles.

Contra todo pronóstico, hoy, cerca de 70 años después de su llegada, los vinos de la Carignan de Cauquenes (Valle del Maule), no sólo reciben los más altos puntajes de la crítica internacional, sino que han logrado lo que ninguna otra variedad europea residenciada en Chile. Y eso es que, por primera vez en la historia del vino chileno, permitió hablar de vinos con identidad territorial gracias a una idea brillante y bien ejecutada: una gran idea llamada VIGNO.

Se cree que la cepa Carignan llegó a Maule después del devastador terremoto ocurrido en Chillán, el año 1939. Quien dirigió su plan migratorio fue un francés convencido de que las variedades del Sur de Francia, plantadas en cabeza (sin soporte alguno) podían dar buenos resultados bajo condiciones similares de sequía y calor. Todo con el fin de mejorar la calidad y color de los vinos que entonces se hacían con la cepa tinta País, llegada a Chile varios siglos antes de la mano de misioneros españoles.

Yerko Moreno, director del Centro Tecnológico de la Vid y el Vino de la Universidad de Talca (institución que ha estudiado a la Carignan durante los dos últimos años) cuenta que cuando recién plantaron la Carignan entre los años 1940 y 1950, los viticultores del Maule encontraron que sus vinos provenientes de las zonas bajas y húmedas eran más ácidos, más duros y con menos color incluso que los viejos viñedos de País. Razones por las cuales, estos vinos se empezaron a desechar, y contrario a lo que se esperaba, no tardaron en pagarse aún precios más bajos por sus uvas.

No fue hasta varias décadas después que la Carignan logró ganar valor, para dejar de costar menos de $50 pesos chilenos el kilo y llegar a pagarse a más de $1.000 (eso es cerca de un dólar y medio). “Este gran cambio se debió, explica Yerko Moreno, a que los viñedos que quedaron en las zonas menos húmedas, con más de 40 años, y ya con vigor controlado, dieron vinos de mucho color y más bondades. Los enólogos más inquietos, como Pablo Morandé -dice Moreno-, comenzaron entonces a darse cuenta de ello”.

Pablo Morandé (quien descubrió Casablanca como valle frío a mediados de los 80), efectivamente fue uno de los primeros, junto con Francisco Gillmore de viña Gillmore, en producir vinos 100% Carignan recién en 1997; cuando su kilo de uva no superaba los $100. Entonces, cuenta Morandé, tuvo un Carignan en la línea Aventura de la viña Morandé, la cual sumaba diez etiquetas con cepas hasta entonces desconocidas en Chile. Una“aventura “que duró sólo un par de años, cuenta, porque no tuvo más que un comprador, un excéntrico inglés, enamorado de vinos raros, 20 años adelantado a su época”.

Para Pablo Morandé la Carignan es una variedad hermosa en algunos lugares y que puede dar un vino horrible en otros. “Es una variedad que representa fielmente al vino campesino del Maule, porque es capaz de soportar la inclemencia del sol y de la sequía, como ninguna otra; manteniendo su esqueleto de fuerza ácida, lo que no he visto en otra variedad”, asegura.

En el año 2000 fue el francés Arnaud Hereu, enólogo de Viña Odfjell del Maipo, quien se fijó en ella. “Entonces -cuenta-, teníamos como asesor al norteamericano Paul Hobbs quien nos dijo que fuéramos a buscar cosas nuevas fuera de nuestro campo, donde teníamos Cabernet Sauvignon y Merlot. Cuando llegamos a Cauquenes, el enólogo nos tenía un Carignan muy rico que mezclaba con otros vinos. Cuento corto -recuerda Hereu-, lo compramos, además de Cinsault y varias uvas más, pero el gerente de ese entonces nos pidió elegir uno solo, porque sabía que no se iban a vender. Yo elegí la Carignan porque la veía más interesante, con más color, más potencial para ayudarme en las mezclas”.

El 2001 Odfjell decidió sacar su Carignan solo, en la línea Orzada (US$25 aprox.). Luego, el año 2006, compraron su campo de 60 hectáreas porque, cuenta Hereu, el dueño les dijo que una forestal estaba interesada. “Lo pensamos y compramos todo. Luego desarrollamos las plantaciones de Petite Sirah y Tannat, pero al principio fue sólo para salvar sus parras viejas de Carignan”, recuerda Hereu. Para suerte de la Carignan, Odfjell y su equipo ya no estaban solos en la cruzada por salvar sus viejos viñedos bajo la presión de empresas forestales.

Andrés Sánchez (enólogo y propietario de Viña Gillmore) cuenta que el año 2009 le llamó el periodista santiaguino Eduardo Brethauer para saber qué opinaba sobre la nueva Denominación de Origen Cauquenes, creada junto a otras por decreto presidencial. Sánchez le dijo que le parecía una estupidez poner D.O. Cauquenes a un vino, porque no era más que una Indicación Geográfica. “Para mi -dice el enólogo que hoy vinifica aquel viejo Carignan que hizo por primera vez su suegro Francisco Gillmore en 1995- una D.O. debe formarse a partir de los productores, unidos por ciertas características en común, y deben tener una serie de restricciones para darle particularidad a sus vinos… Entonces le dije a Brethauer que se podría hacer algo así con la Carignan de Cauquenes, la única zona de Chile donde están sus parras viejas”.

Entusiasmados con la idea, Brethauer y Sánchez conversaron con los otros enólogos que ya producían vinos de Carignan, entre ellos Odfjell, Miguel Torres y Morandé, quien había vuelto a usarla en las mezclas de sus vinos de alta gama. Les explicaron la idea, aunque sin tener muy en claro qué iban hacer, y todos se sumaron. El grupo postuló a fondos del Estado para crear una especie Club del Carignan con el fin de rescatar sus viejas parras. Así fue como el 18 de octubre del 2010 fundaron la asociación gremial Vignadores del Carignan, formada por las viñas García Schwaderer, De Martino, Garage Wine Co, Gillmore, Miguel Torres, Morandé, Odfjell, Undurraga, Valdivieso y Viña Roja; después se les sumaron Meli, Lapostolle, Concha y Toro, Renán Cancino y Bouchon.

La marca común por la cual velan desde entonces se llama VIGNO y funciona como una D.O., pero sin registro legal. Quiere decir, explica Sánchez, que por primera vez para producir un vino en Chile, se definieron las condiciones más allá del lugar.

Es así como todo vino llamado VIGNO en su etiqueta, debe ser producido en el secano del Maule (donde se encuentran hectáreas de Carignan que hay en todo Chile): área que comienza al sur del río Maule. Además, sus viñedos deben tener más de 30 años; no se pueden regar y deben estar conducidos en cabeza. El vino tiene que tener un mínimo de 65% de Carignan (85%  desde diciembre del 2018), y al menos dos años de guarda antes de que salga a la venta. Todos los VIGNO además comparten una imagen en común y hay reglas para su uso en la etiqueta.

Alvin Miranda es uno de los enólogos que encontró su camino en el vino chileno gracias a la cepa Carignan, aunque Medina cuenta que cuando regresó a Chile el 2012 con la idea de hacer un proyecto propio, y después de vivir 15 años en Europa, sintió que estaba probando lo mismo que había dejado 15 años atrás. En ese deambular, llamó a Andrés Sánchez quien le invitó a una cata de Carignan. “Fui, los caté y me dije esto es lo que quiero hacer”, cuenta Miranda, ya con tres Carignan diferentes bajo su marca BoWines.

EL FUTURO DEL CARIGNAN

Luis Gutiérrez, el español que degusta para Wine Advocate en nombre de Robert Parker, tuvo la oportunidad de probar todos los VIGNO cuando visitó Chile el año 2018. De ellos destacó los más frescos, de viña Lapostolle y Garage Wine Co, elaborados con Carignan provenientes de zonas más cercanas a la costa del Maule. “En el futuro seguramente tendremos Carignan más transparentes, y comenzaran a hacer subdivisiones territoriales dentro del Maule”, dijo en su informe el español. Gutiérrez no se equivoca. Así lo confirma el estudio de la Universidad de Talca, el cual vinificó por dos años 22 viñedos diferentes en busca de pruebas para hacer una sub-división sectorial. Mientras, también hay una tendencia generalizada por bajar la influencia de la madera en los vinos de Carignan. Los VIGNO de los últimos años, dice Andrés Sánchez, reflejan un cambio en la vinificación (menos extractivo, más acorde con las cepas del mediterráneo, de piel más gruesa y más azúcar que las de Burdeos). Pero también significa primero, haber logrado entender su punto de madurez óptimo, para no sobremadurar y mantener así la frescura de su fruta. Hoy, dice Sánchez, vemos Carignan con menos extracto y un uso generalizado de maderas más neutras, más grandes en capacidad; donde el carácter floral y acidez vibrante de la Carignan explota aún más.

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Fuente: Chilean Soul

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