SOCIEDAD NACIONAL DE VITICULTORES, ¿LA 1ERA?
Cuando la Asociación Vinos de Chile presentó el libro sobre la historia Gremial del Vino en nuestro país, al cronista Álvaro Tello le quedó rondando una pregunta. Ratón de bibliotecas y documentos históricos como es, obtuvo la respuesta que titula en este artículo, escrito especialmente para WiP.cl: «La Sociedad Nacional de Viticultores, o la primera y desconocida asociación de vinos de Chile».
A nadie cabe duda que «Historia del vino chileno», escrito por el académico José del Pozo, ha sido por años el texto definitivo para comprender cómo un territorio de acceso a la conquista, se convirtió en un país cuya enoculturalidad no entra en discusión.
Como todo buen libro de historia contiene aciertos, errores, marcos teóricos y puntos de vista, pero estos se mantienen en equilibrio, distinto a la sobrestima del libro histórico por encargo, muy de moda en otros países vitivinícolas, abocados más que nada a la épica triunfal de personas y territorios donde se hace vino por la gloria de la gloria de los años. «Historia del vino chileno» en cambio, no destaca los acontecimientos o territorios por longitud o extremidad, simplemente narra y concentra datos para que sean destinados a revisión perpetua. Pero en tal ejercicio, asoma la mayor contradicción: es el libro peor leído dentro del círculo vitivinícola chileno.
Del Pozo por ejemplo, habría señalado en la primera edición impresa en 1998 que viña Ochagavía no fue la primera en establecer viñedos con variedades francesas en Chile (P. 70). Algo que va en contra de lo señalado por notas de prensa y el acuerdo colectivo inmediato. El historiador descubre entre páginas del registro colonial francés (M. Vega; E. Chouteau, 1904, P. 205) a un desconocido migrante francés, M. Nourrichet, quien ya en 1845 habría plantado vides francesas en viña La Luisa, perteneciente a la chacra Vigouroux, cercana a Chuchunco (hoy Estación Central, según los datos entregados por Pedro Calandra, bibliotecario del Campus Antumapu) y que los viñedos fueron más tarde incorporados a la Quinta Normal de Agricultura.
Dirigiéndonos al texto fuente del historiador, se descubre que el deducido pionerismo francés no queda sólo en la mención a Nourrichet, ya que suma en 1848 «el señor Pierre Poutays, [quien] creó el viñedo de «La Aguada», que abandonó en 1856 para organizar el de Santa Teresa», apunta el registro.
Silvestre Ochagavía Errázuriz, con la ayuda de otro técnico francés, Joseph Bertrand, iniciaron la actividad vitícola con uva francesa seis años después de Nourrichet, y tres años después de Poutays. Fue el tercero, y su mitologización se ve acelerada a medida que subliman su imagen de oligarca chileno, que sería un símil a la de un aristócrata europeo dedicado al vino. De esta forma, Ochagavía se posicionó en la cima del transculturalismo vitícola francés, hasta llegar a considerarse un padre; el primero. En tanto las indicaciones de José del Pozo –por los hechos mencionados y al parecer por escasa conciencia lectora, que es lo mismo a falta de detención y cuestionamiento– se relegaron a anécdotas de menor importancia.
El 20 de febrero de 2024 en entrevista a WIP.cl, el presidente de Vinos de Chile, Alfonso Undurraga, anunciaba el lanzamiento del libro «Historia Gremial del Vino en Chile» (2024), señalando que habrían descubierto los estatutos impresos de la Liga de Defensa Vitivinícola, que circuló durante 1919 (Imp. La Ilustración), y que la creación de esta liga, es la primera asociación de productores industriales. Que por consecuencia, darían origen a la Fundación Vitivinícola de Chile (1947), luego a la Asociación Gremial de Embotelladores de Vinos de Chile (1949) y así intercalando por otras agrupaciones, concluiría en 2007 con la creación de la A.G. Vinos de Chile, prevalente a nuestros días.
En aquella entrevista Alfonso Undurruga dejó abierta la posibilidad de que «alguien más adelante pueda decir, no, antes de esto, había algo más…» Y que ellos no habrían encontrado esfuerzos asociativos anteriores a la Liga, finalizó.
Al igual que el caso de Ochagavía y como era de esperarse, José del Pozo en la primera edición ya habría dado pistas de los primeros intentos asociativos integrados en su mayoría, por productores que dieron origen a la industria del vino chileno. Y ocurrió 24 años antes de fundarse la Liga de Defensa.
En la página 174 de «Historia del Vino», un primer contexto y situación. La Sociedad Nacional de Agricultura fija para 1888 una reunión que en palabras de Del Pozo, tuvo como fin crear una comisión permanente de viñateros dentro de la SNA, con el propósito de dar «impulso a la producción» y combatir la filoxera. Finaliza la explicación aduciendo que dicha comisión, no dio frutos.
Esto último puede cuestionarse, ya que al revisar la memoria del Ministerio de Industria y Obras Publicas, impreso en 1889 (Imp. Cervantes) la comisión citada tuvo más bien como objetivo hacer llamados a consideración (P. 35). Entre los cuales contaba un posible ataque a la filoxera dada la supuesta detección en Argentina. El Ingeniero Agrónomo Eliodoro González, residente en el país trasandino, fue encomendado a verificar su existencia. A fin de investigar, se comisionó al director de la Quinta Normal de Agricultura encargase estudios a Europa. La tabla de misiones concreta con una serie de procedimientos para el desarrollo de Vitis Americana en viveros. Otro punto de interés, fueron las medidas que podrían arbitrarse para la exportación de vinos. La reunión no constituyó un esfuerzo asociativo sino más bien, fue un llamado a congregarse y resolver inquietudes. Situación, bien explicada en la memoria del ministerio. Pero ésta marcó un precedente para una segunda instancia.
Otro contexto citado por José del Pozo nos lleva a 1895, cuando se crea la «primera asociación del gremio», la Asociación Nacional de Viticultores. El historiador brinda un resumen breve de la agrupación, motivo por el cual debe complementarse con documentos de búsqueda reciente, con el fin de recalcular su importancia y no quedar en apenas una mención.
En la colección de artículos chilenos recopilados por la biblioteca de la Universidad de Stanford, y en documento único (Cod. 980.F667), se encuentra el Decreto Supremo número 1.368, con fecha 10 de Septiembre de 1895, ciudad de Santiago, firmado por el Presidente de la República Jorge Montt y bajo certificación del Ministro de Industria y Obras Públicas, Juan Miguel Dávila. El decreto –que mas bien cumple el efecto de compromiso obligatorio– invita a las directivas de la Sociedad Nacional de Agricultura, Quinta Normal de Agricultura, Sociedad de Fomento Fabril, y Escuelas Agrícolas, a reunirse con los viticultores y representantes y actividades relacionados en todo el país.
El encuentro queda agendado para el 23 de Septiembre a las 13:00 horas, en los salones del Conservatorio Nacional de Música. A fin de hacer extensiva la invitación a las partes interesadas, se enviaron circulares a los intendentes y gobernadores regionales del país.
En forma clara y sin reveses, el Presidente y Ministro explican que la reunión tendrá por objetivo, sentar las bases para la creación de la Asociación Nacional de Viticultures, presidida por el ministro del ramo y que el mismo día, se elegirá un directorio provisional a cargo de los estatutos y establecer los pasos necesarios para su constitución definitiva.
Los argumentos de las autoridades se explican en cuatro puntos esenciales:
1.- Que la vitivinicultura es una de las actividades más prosperas del país, de la cual dependen no menos de cuarenta mil personas.
2.- Que la industria atraviesa por una situación difícil, a causa del aumento de la producción, internación de vinos extranjeros, y falta de exportación.
3.- Que el medio más eficaz para conseguir estabilidad, es constituir una asociación para defender los intereses comunes.
4.- Que es deber del Gobierno velar por el fomento de tan importante industria.
Y por último, se agrega al Decreto un cuarto artículo, que en uno de los incisos, precisa en un asunto que aflige tanto a la industria vitivinícola como al gobierno: la falsificación de vinos.
Llegado el 23 de Septiembre, se contabilizaron 84 medianos y grandes productores, entre ellos, viticultores, y políticos y empresarios a fines con la viticultura. Sumaron 8 representantes de Talca, 4 de Cauquenes, 5 de Itata, 3 de Constitución, y más de cien del norte y sur cuyos nombres no pudieron obtenerse debido al escaso tiempo.
De los 84 principales se destaca a Ramón Subercaseaux (Concha y Toro), Silvestre Ochagavía (Viña Ochagavía), Luis Pereira (Bodega Santa Carolina), Francisco Undurraga (Viña Undurraga), Macario Ossa (Santa Teresa), Ismael Tocornal (Viña Tocornal), Máximo Jeria (primer Ingeniero Agrónomo de Chile), Leonidas Vial (Viña Vial), F. G. Correa Albano (Correa Albano, Curicó), Bonifacio Correa Albano (Viña San Pedro), René Le-Feuvre (Director de la Quinta Normal), y Nicolás Valdivieso, de Bodega Valdivieso.
El encuentro comienza a las 13:30. Y ya apuntado en tablas anteriores, se fijaron los primeros objetivos que serían en resumen:
- La búsqueda de mercados dentro y fuera del país para el consumo de vinos nacionales;
- Introducir los mejores sistemas de cultivo;
- Vigilar todo los que refiere a enfermedades de la vid;
- Procurar elementos de trabajo de la mejor clase;
- Formar periódicamente concursos y premios para las mejores conducciones, instalaciones, bodegas, vinos corrientes y envejecidos;
- Llevar una estadística de hectáreas plantadas;
- Instaurar sindicatos departamentales para vigilar y atacar con éxito enfermedades (darles urgencia) y por último,
- Abocarse a la creación de un laboratorio microscópico, así como establecer una caja de crédito mutuo.
Según el acta (P. 10), los viticultores se comprometieron a crear la asociación bajo auspicio del Gobierno. Rápidamente, se compone un directorio provisional de 42 personas, más una comisión ejecutiva a cargo de los estatutos entre los cuales figuran Ramón Subercaseaux, Leonidas Vial, René Le-Feuvre, Luis Pereira, Carlos Aldunate, y Ernesto Ducaud, entre otros. Quedó designado como presidente de la asociación Luis Pereira; Ramón Subercaseaux en vice-presidencia, y Jorge Rodríguez Cerda a cargo de secretaría.
El Ministro cierra la sesión constitutiva destacando la gran cantidad de asistentes del norte y sur del país, dando fin con una ovación general que procede a discursos e intervenciones (P. 14). Entre ellas, el Ministro destaca que Chile, se suma al asociativismo de las naciones modernas, cuyo modelo ha sido visto en Inglaterra, Francia e Italia. En tanto Máximo Jeria, primer Ingeniero Agrónomo de Chile, se acerca al mismo ideal de modernidad asociativa, y promueve la idea de que esta creación, es el primer paso a normas generales de industrialización.
En un apartado del texto, se encuentran discursos transcritos así como los de la primera asamblea general y subsiguientes ya no dependientes del gobierno. Lamentablemente, el documento de Stanford no sigue un orden correlativo en la numeración de páginas. Por lo tanto, una sugerida página 104, abre con el Decreto que para el 26 de Octubre de 1895, le concede personalidad jurídica a la Sociedad Nacional de Viticultores (la idea original de ‘asociación’, cambia a la de ‘sociedad’) , previa aprobación de estatutos internos.
Gracias a las gestiones de su presidente, Luis Pereira, la Sociedad tuvo un rol activo en la cámara de diputados, como destaca el Boletín de Sesiones Ordinarias de 1897 (Imp. Moneda) sumando intervenciones en aras de perseguir la falsificación de vinos e incluso, asumiendo un rol de consejería en la cámara por asuntos de exportación de ésta y otras sociedades. Aportó con la modificación de la ley de producción y expendio de alcoholes (1902), y sería una de las obras finales de la sociedad, la creación de la «Chilian Wine Co.» (El Agricultor, 1902), una agencia de exportación proyectando oficinas en Santiago, Londres y Nueva York.
Retomando a José del Pozo, este señalaría en su libro que la Sociedad ya no existía para 1907, y quizá sea motivo para un siguiente artículo.
En resumen, la industria vitivinícola chilena cumplió el 10 de septiembre pasado, 130 años desde la emisión del Decreto Supremo emitido por el Presidente Jorge Montt y el Ministro Dávila, que instó a los principales productores de la industria, a dar pasos definitivos, conformando la primera asociación de vinos con impulso y reconocimiento legal del gobierno, y cuyo espíritu, serviría de ejemplo a asociaciones posteriores.
Feliz aniversario, felices 130 años, aunque sea tarde o nadie se haya percatado.
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