“NO PODEMOS SEGUIR TOCANDO COMO MÚSICOS DEL TITANIC”
Las palabras son de Yerko Moreno, académico de la Universidad de Talca en XII Jornada de Reflexión del Vino.
Al abrir la actividad organizada por Cofradía del Mérito Vitivinícola, llamó a enfrentar con realismo el momento más complejo del vino chileno en las últimas décadas.
“Hay que innovar, colaborar y crear una nueva narrativa para volver a conectar con las personas”, advirtió.
En su presentación durante la última XII Jornada de Reflexión del Vino, Yerko Moreno, director del Centro Tecnológico de la Vid y el Vino de la Universidad de Talca, dejó en claro que el vino chileno atraviesa una etapa de cambio profundo.
Moreno advirtió que el consumo mundial de vino sigue cayendo y que Chile no escapa a esa tendencia. Entre las causas mencionó la pérdida de poder adquisitivo, la competencia de otras bebidas alcohólicas y un cambio cultural que asocia el consumo de vino al alcoholismo o lo ve como algo “difícil” o “elitista”.
“El movimiento social anti-alcohol ha puesto al vino en la misma categoría que otras bebidas, y eso es un error. La industria ha sido pasiva frente a este cambio. Debemos recuperar la idea del vino como alimento y parte de nuestra identidad cultural”, afirmó.
“El mundo está tomando menos vino, y nosotros seguimos haciendo lo mismo”, dijo. Su frase más recordada —“no podemos seguir tocando como los músicos del Titanic”— resumió el tono de su exposición: una invitación a dejar la inercia y asumir que la industria deberá achicarse, adaptarse y reinventarse.
Un diagnóstico incómodo, pero necesario
Moreno partió mostrando cifras que hablan por sí solas:
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En 2024 Chile exportó 780 millones de litros por US$ 1.600 millones, lejos de los US$ 2.900 millones soñados hace una década.
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El país pasó de tener 140 mil hectáreas plantadas de vides para vino, según catastro SAG 2024, a 116 mil. Aunque él cree que la cifra real es menor, por la existencia de viñedos abandonados o “congelados”.
- El consumo interno también disminuye, y la estructura exportadora se mantiene estancada: un 80 % de los vinos chilenos sigue vendiéndose en rangos bajos o medios.
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La demanda global se inclina hacia vinos blancos, pero Chile sigue con un 72 % de tintos.

A esto se suma un cambio cultural y generacional: los jóvenes no se sienten convocados por el vino, y el discurso sanitario dominante ha pasado de promover “una copa al día” a considerar el vino como un riesgo.
“Incluso hay médicos que me califican de alcohólico por beber una copa diaria”, ironizó.
Entre el arranque y la reinvención
La encuesta aplicada de primera fuente y a 22 viñas del país, con el propósito de entregar información actualizada en esta XII Jornada, reveló a Moreno que la mayoría de las viñas están reduciendo costos y equipos comerciales, enfocándose en vinos de mayor valor y fortaleciendo relaciones con importadores. Además, de racionalizar operaciones y mecanizar.
En el campo, la palabra clave es “arranque”: eliminar viñedos no rentables, aun cuando estén bien plantados. Otros optan por mantenerlos dormidos, con el mínimo manejo, hasta que los precios mejoren. Sino, están con viñedos esperando mejores precios, o cambiar hacia otros cultivos como cerezas o paltos.
“Hoy el problema no es solo económico, también moral. Cada vez que se arranca un viñedo, se pierde trabajo y se desanima una comunidad”, señaló.
Si las tendencias actuales siguen, Chile podría quedar con unas 100 mil hectáreas útiles en 2026, apenas lo necesario para sostener su nivel de ventas. Las plantaciones nuevas son muy pocas: solo unas 1.500 ha al año, muy por debajo del 5 % que requeriría una renovación saludable del parque vitícola.
Esto implica que el viñedo chileno envejece y pierde productividad.
Lo que hay que hacer
Moreno propuso actuar con sentido de urgencia, sin repetir fórmulas pasadas.
Entre sus prioridades, mencionó:
- Realizar un catastro físico real del viñedo nacional. No lo que ofrece el SAG actualmente, desactualizado e improbable.
- Continuar con el arranque de parras no rentables, pero acompañarlo con replantación eficiente.
- Adoptar tecnología e inteligencia artificial tanto en campo como en bodega.
- Innovar en formatos y experiencias (por ejemplo, vinos por copa o en envases más prácticos). Porque los consumidores buscan flexibilidad y sentido, no solo una botella”, dijo.
- Unir al sector y comunicar con una nueva narrativa, defendiendo el valor cultural y alimentario del vino frente al discurso anti-alcohol.
- Es prioritario mejorar productividad y mecanización, junto con la incorporación de tecnología, inteligencia artificial y biotecnología.
- Innovar en formatos y experiencias, para que el vino vuelva a ser cercano.
Pidió además reconstruir el relato del vino: “No podemos aceptar que nos digan que el vino es solo una bebida alcohólica. Es un alimento, parte de nuestra historia y de la dieta mediterránea que heredamos”.
“El vino no es una bebida alcohólica común y corriente. Es un alimento, parte de nuestra dieta y de nuestra identidad.”
Y cerró citando a Viktor Frankl:
“La resiliencia no es solo soportar, sino transformar las dificultades en oportunidades para crecer.” Eso es exactamente lo que tenemos que hacer concluyó Moreno.



