TODOS (LOS FACTORES) CONTRA EL VINO
Emilio Cardoen, gerente general de Viña Santa Cruz, analiza cómo el IPC, los costos, los impuestos y el bajo precio de venta amenazan al vino chileno.
El vino chileno está posicionado y reconocido a nivel mundial. Hoy es uno de los principales embajadores de Chile; el país realiza más de 40 fiestas de la vendimia al año; la actividad genera más de 100.000 empleos directos y, según cifras sectoriales ampliamente difundidas, cerca de 500.000 puestos indirectos; tiene su propio día nacional y representa alrededor del 0,5% del PIB del país. Podría seguir varias líneas describiendo lo que significa este producto tan chileno, tan representativo, tan nuestro.
El problema es un fenómeno silencioso que se acumula año tras año: el IPC y su relación con los precios finales al consumidor.
Al ingresar en la calculadora del IPC el período comprendido entre el 1 de enero de 2000 y el 1 de enero de 2026, aparecen resultados sorprendentes:
$5.000 de 2000 equivalen hoy a $13.210, rango en el que deberían ubicarse los vinos reserva.
$10.000 de 2000 equivalen hoy a $26.420, rango en el que deberían ubicarse los vinos gran reserva o premium.
$20.000 de 2000 equivalen hoy a $52.840, rango en el que debería ubicarse cada vino ícono.
Durante estos 26 años, el IPC acumuló un 164,2%. Esta variación muestra cuánto aumentó el nivel general de precios al consumidor; no equivale, por sí sola, a un índice de costos de producción del vino. Sin embargo, sirve como referencia para dimensionar cuánto se han rezagado algunos precios nominales.
Ahora bien, si revisamos los precios de venta publicados por la revista CAV en enero de 2000, encontraremos cifras que también sorprenden. Para no identificar a las marcas involucradas en este problema, preferí llamarlas A, B y C.
Viña A, de Colchagua
Su línea reserva se vendía en 2000 a $4.988. Hoy, el mismo vino aparece en una plataforma de venta masiva a $3.690.
Viña B, del Maipo
Su línea reserva se vendía en 2000 a $4.586. Hoy, el mismo vino aparece en una plataforma de venta masiva a $4.390.
Viña C, del Maule
Su línea reserva se vendía en 2000 a $3.939. Hoy, el mismo vino aparece en una plataforma de venta masiva a $3.990.
Estos tres ejemplos muestran precios nominales prácticamente inmóviles durante 26 años, mientras el nivel general de precios más que se duplicó. No bastan para describir todo el mercado —y los valores observados en internet pueden corresponder a promociones—, pero sí ilustran la presión que enfrentan algunos productores y la escasa capacidad de ciertas líneas para aumentar sus precios en el mercado nacional. Como referencia adicional, hoy pueden encontrarse vinos gran reserva a $5.990.
Quizás ante este escenario, y considerando que Chile es un mercado pequeño, la industria salió a buscar y conquistar mercados internacionales. Pero también conviene analizar las exportaciones. En 2000, el dólar promedió $539,7 y el vino embotellado se exportó a un promedio de US$29,3 por caja de 12 botellas, es decir, nueve litros en el lenguaje de la industria.
En 2025, el dólar observado promedió cerca de $952, un valor bastante más alto que 25 años antes. Sin embargo, el tipo de cambio nominal no basta para medir competitividad: también influyen la inflación, los costos locales e importados, la productividad y la mezcla de vinos exportados. Ese año, el vino embotellado se exportó a un promedio cercano a US$27,4 por caja de nueve litros, casi US$2 menos que en 2000, en dólares nominales.
Los números juegan claramente en contra de la industria vitivinícola. A esta ecuación se suma que, con la reforma tributaria de 2014, el impuesto adicional a los vinos subió de 15% a 20,5%. Este impuesto y el IVA de 19% se calculan sobre la misma base imponible neta: sus tasas suman 39,5% de esa base. Esto no significa que el 39,5% del precio final pagado por el consumidor corresponda a impuestos; respecto de un precio final que incorpora ambos gravámenes, la proporción es cercana al 28,3%.
También aumentaron los costos laborales: el ingreso mínimo mensual pasó de $100.000 en junio de 2000 a $553.553 en mayo de 2026, más de cinco veces su valor nominal de entonces. ¿Y algunos vinos siguen prácticamente al precio de hace 25 años? Esto puede parecer bueno para los consumidores, pero no debemos perder el foco: el margen del productor y la sostenibilidad económica de la industria se vuelven cada vez más estrechos. Para demostrar la rentabilidad exacta del rubro, eso sí, sería necesario comparar también productividad, rendimientos, costos financieros y mezcla de productos.

En Chile hablamos desde hace mucho tiempo de la necesidad de exportar productos terminados y no materias primas. El vino es precisamente eso, pero el Estado no lo valora como debiera. El vino está castigado, olvidado por los políticos y apartado de la conversación diaria, pese a ser un fiel y noble exponente de la calidad y de lo que somos capaces de elaborar en Chile. Nuestra historia vitivinícola comenzó en el siglo XVI y, desde fines del siglo XIX, el vino se consolidó como industria. Su gran expansión exportadora moderna, en cambio, se ha desarrollado principalmente durante las últimas décadas, compitiendo con países de tradiciones milenarias.
Sí, esa es la dura realidad y la razón por la que hoy los viñateros —pequeños, medianos o grandes— enfrentamos pérdidas, especialmente quienes solo producen y venden vino.
Aun así, el vino continúa aquí. Somos menos actores y hay menos viñedos plantados, pero seguimos y seguiremos perseverando en la calidad, diversificando el negocio mediante el enoturismo y otros cultivos dentro del mismo campo. Plantamos otras especies para poder seguir haciendo vino. Suena ridículo, pero esa es la realidad.
Como ejercicio anecdótico, comparé el precio de una botella de una de las bebidas azucaradas más conocidas: costaba menos de $500 en Chile en 2000 y hoy puede encontrarse entre $1.800 y $2.500, dependiendo del formato y el punto de venta. No son productos comparables y esta observación requeriría una serie homogénea para convertirse en evidencia, pero ayuda a mostrar que otros productos de consumo masivo sí han conseguido trasladar parte del aumento de costos a sus precios.
Una luz de esperanza
El 2 de septiembre de 2025 se presentó la Bancada del Vino en el Congreso, iniciativa promovida por el presidente de Vinos de Chile, Alfonso Undurraga. Entre las aspiraciones que ha impulsado el sector están rebajar o eliminar el ILA —el impuesto adicional de 20,5% aplicado a los vinos—, reconocer al vino como bebida nacional y conseguir que el Estado destine mayores recursos a promover la imagen del país en torno al vino.
Creo que todos los productores vemos estos esfuerzos como luces de esperanza, alivio, apoyo y sobrevivencia. Sin estas medidas, sin poner los problemas sobre la mesa y sin buscar soluciones, al vino no le quedan muchos años más de supervivencia. Esperemos que la luz al final del túnel no sea un tren que nos chocará, sino un gran paso para salvar una bebida nacional y un producto de exportación que encontramos en casi cada rincón del mundo al que viajamos y que nos hace sentir orgullosos de ser chilenos.
Recomendaciones para consumidores de vino chileno
Regala vino en cada cumpleaños. Elige uno diferente cada vez y destina a él el presupuesto que tengas. Se vende en todas partes y es fácil de encontrar.
Ten siempre vino en casa. Cuando compres, lleva al menos 12 botellas: hoy están a muy buen precio.
Ofrece vino a tus invitados. Cuéntales de dónde viene y enséñales algo sobre él; eso siempre te hará ver como una persona más encantadora.
Visita a tus amigos productores. Cómprales vino, diles que todo va a estar bien o, después de ver estos números, quizás no. Ese cambio depende en parte de ti.
Participa en las fiestas del vino. Cuando sepas que habrá una en alguna ciudad o pueblo de Chile, asiste. Hazlo al menos dos veces al año y avisa a tus amigos para que también vayan.
Vuelve a los valles vitivinícolas. Aunque hayas ido el año pasado o hace poco, regresa. Visita al menos uno cada año para descubrir un vino y una experiencia nuevos.
Si este texto llegara a manos de alguien con poder de decisión para poner al vino chileno en el lugar que merece, ya habría cumplido su objetivo: contribuir a revertir de forma contundente las tendencias que mantienen a tan noble producto en estado grave. Mientras tanto, seguiré aportando mis granos de arena, día a día y copa a copa.
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