EL FENÓMENO DEL NIÑO YA ES OFICIAL
La NOAA confirmó el inicio del fenómeno climático y advierte que podría convertirse en uno de los más intensos registrados. Expertos anticipan efectos en lluvias, temperaturas y gestión hídrica.
La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) confirmó oficialmente el inicio de un nuevo episodio de El Niño, fenómeno climático que podría transformarse en uno de los más intensos observados desde que existen registros modernos. Las proyecciones indican una alta probabilidad de que alcance una intensidad fuerte durante los próximos meses, con efectos que podrían extenderse hasta 2027.
El anuncio vuelve a poner atención sobre la capacidad de adaptación de la agricultura frente a eventos climáticos extremos. Aunque los efectos específicos varían según cada región del planeta, los organismos internacionales coinciden en que El Niño suele alterar los patrones de precipitación y temperatura, aumentando la probabilidad de lluvias intensas en algunas zonas y sequías prolongadas en otras.
Según NOAA, existe un 63% de probabilidad de que este evento alcance niveles considerados muy fuertes, comparable con algunos de los episodios más relevantes registrados desde 1950.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) ya había advertido a comienzos de junio sobre la inminente llegada del fenómeno, estimando una probabilidad cercana al 80% de desarrollo durante el invierno del hemisferio sur. El organismo alertó además que El Niño podría amplificar los efectos del calentamiento global, favoreciendo olas de calor, precipitaciones extremas e incendios forestales en distintas regiones del mundo.
¿Qué puede significar para Chile?
Históricamente, los eventos de El Niño han estado asociados a un aumento de las precipitaciones en la zona centro y centro-sur del país, aunque la intensidad y distribución de esas lluvias depende de múltiples factores atmosféricos. Para la agricultura, esto representa tanto oportunidades como riesgos.
Por una parte, mayores precipitaciones pueden contribuir a la recuperación de embalses, acuíferos y reservas de nieve, elementos clave para la seguridad hídrica de las próximas temporadas. Sin embargo, lluvias concentradas o eventos extremos también pueden afectar caminos rurales, infraestructura de riego, cultivos y labores agrícolas estacionales.
En Chile, El Niño pensando en vitivinicultura, puede ser igualmente muy positivo para recuperar reservas de agua después de años secos, pero si las precipitaciones llegan cerca de vendimia, pueden transformarse rápidamente en un problema de calidad y sanidad de la fruta.
En Chile se vio reflejado en los temporales de Chile central en 1997, concentrándose sus efectos entre noviembre de 1997 y abril de 1998; igualmente se recuerda el gran impacto en la calidad del vino, las abundantes lluvias de abril durante la cosecha 2016. 2024 tiene otra lectura: Fue una de las más complejas de los últimos años debido a las históricas inundaciones de invierno y primavera (2023) que afectaron fuertemente a valles como Maule, Colchagua y Curicó; lo que, después de más de una década de sequía, varios productores recibieron las lluvias como una bendición y terminaron destacando la frescura de los vinos.
La declaración oficial de El Niño coincide con un momento en que distintas regiones agrícolas ya están fortaleciendo sus planes preventivos. En Ñuble, por ejemplo, el Gabinete del Agro acaba de priorizar proyectos relacionados con seguridad hídrica, prevención de incendios, fortalecimiento sanitario y diversificación productiva, precisamente para mejorar la resiliencia del sector frente a contingencias climáticas.
Preparación antes que alarma
Los especialistas insisten en que aún es prematuro proyectar impactos específicos para cada territorio. No obstante, el consenso internacional apunta a que la anticipación será clave. La experiencia de eventos anteriores demuestra que la preparación temprana permite reducir pérdidas productivas y aprovechar mejor los recursos disponibles.
Para el sector agrícola, el desafío no será únicamente enfrentar un invierno potencialmente más lluvioso, sino continuar avanzando en adaptación climática, infraestructura hídrica y sistemas productivos capaces de responder a escenarios cada vez más variables.
Con El Niño oficialmente instalado en el Pacífico, la pregunta ya no es si habrá cambios en el clima, sino cuán preparados estarán los territorios para enfrentarlos.
¿Qué es El Niño y por qué ocurre?
El Niño o Oscilación del Sur (ENSO) es el principal fenómeno climático natural del planeta. Se origina en el océano Pacífico ecuatorial y consiste en cambios periódicos de la temperatura superficial del mar que modifican la circulación atmosférica global. Estos cambios influyen en las temperaturas, las precipitaciones, los incendios forestales, la agricultura y las pesquerías en distintas regiones del mundo.
El Niño corresponde a la fase cálida de este ciclo. Ocurre, en promedio, cada dos a siete años y suele durar entre nueve y doce meses. Su contraparte es La Niña, la fase fría, mientras que los períodos intermedios presentan temperaturas oceánicas cercanas a lo normal.
Para que se declare oficialmente un episodio de El Niño, la temperatura superficial del mar en una zona específica del Pacífico tropical debe mantenerse al menos 0,5 °C por sobre el promedio durante varios meses consecutivos. Además, la atmósfera debe responder a ese calentamiento, debilitando los vientos alisios y desplazando hacia el este las zonas de lluvias tropicales.
Esta interacción entre océano y atmósfera altera la posición de las corrientes de aire de gran escala y modifica los patrones climáticos en todo el planeta.

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