RARAS ETIQUETAS NUEVAS: BAWAL WINES
El ingeniero Mauro Ibáñez pasó de una parrilla entre amigos a producir vinos de autor en Colchagua. Nuestro colaborador Guido Arroyo nos cuenta de Bawal Wines.
Corría febrero del 2023 y un grupo de amigos destinó un fin de semana para conocer las viñas pequeñas de Conchagua. El itinerario estaba planificado con antelación, pero tras la primera visita todo cambió. Surgió el diálogo, se prendió una parrilla, y dieciocho meses después nació la primera etiqueta de Bawal Wines, proyecto encabezado por el ingeniero informático Mauricio Íbañez. Lo que partió como una aventura hoy es un proyecto sólido. “Todo ocurrió muy rápido. En menos de un año ya tenía dos vinos etiquetados. Creo que nada es casual, más que fortuito era algo que debía ocurrir”.
En tres años pasó de producir la clásica ecuación una etiqueta-una barrica, a un volumen que asciende las tres mil quinientas botellas para este año y proyectan más de siete mil para el siguiente. Distribuyen en tiendas especializadas, como Vinos La Reina y La Vinoteca Italia, donde han realizado exitosas degustaciones gratuitas a público, y mediante la alianza que realizaron con Vincitore están presentes en exclusivos restaurantes como el Bardot y en los del Hotel Renaissence. Como si fuera poco: “ya enviamos muestras a Brasil, donde hay interés manifiesto por llevar nuestros vinos”.
Su portafolio está compuesto por cuatro etiquetas que poseen llamativas ilustraciones. Todos los nombres provienen de idiomas de pueblos originarios –las tres primeras del mapudungun y la cuarta en quechua–.
Huema (mezcla tinta, 24 meses guarda en barrica) significa primogénito y la llamaron así por ser la primera creación.
Wenu Mew (Garnacha, 8 meses guarda en barrica), significa hija del cielo, y se llamó así porque cuando encontraron las uvas el amor fue a primera vista.
Ñanku (Syrah, 17 meses guarda en barrica), tiene un doble significado, por un lado es un ave sagrada y por otro significa espíritu ido, en honor a una fallecida hija menor del productor.
Y por último Nanai (Sangiovese, 8 meses guarda en barrica), significa abrazo. Y es lo que busca ese vino, abrazar el paladar. De hecho, posee un perfil menos ácido y una carga tánica más baja, algo peculiar para esa cepa.
A inicios de mayo se embotellará su quinto vino, Azümnie (53% de Malbec, 17% de Syrah, 20% de C. Sauvignon y 10% de Carmenere, 24 meses guarda en barrica), que en mapudungun significa “Que encuentra su mejor versión en el tiempo”. Y está en proceso un sexto, una arriesgada cofermentación tinta de la que aún no pueden revelar mucho.
Tuve el placer de acompañar a Mauro a una visita técnica a la bodega de La Pascuala ubicada en Peralillo, donde arriendan espacio para la vinificación de los vinos de Bawal. Pude contemplar in situ las complejidades que atraviesan los productores que por razones de capital deben externalizar la cadena de producción y abocarse a todo: desde mandar a producir las etiquetas hasta lacrar los vinos. También viajar tres horas para ver el estado de viñedos, sostener una diplomática relación con el productor de uva, proyectar de fechas de embotellamiento y hacer todo eso un domingo sabiendo que a la mañana siguiente tocará oficina.
El momento cúlmine de la jornada sucedió cuando catamos las muestras de los vinos para lograr una nueva añada de la mezcla insigne del proyecto: Huema. Fue un instante algo solemne. Riguroso y emocionante al mismo tiempo. Varias pruebas alterando porcentajes, varias cepas apareciendo y desapareciendo, varios ensayos y errores hasta encontrar el momento en que el resultado logra una identidad que habla por sí misma. Tras cumplir el objetivo, hubo tiempo para esta entrevista y, cómo no, para unas carnes a la parrilla.
Un elemento característico de tu primer vino: Huema, es su identidad. Un vino jugoso, calibrado en fruta y alcohol, de final largo y cierto aire de memorable. ¿Cómo llegaste a él y cómo han logrado un método de trabajo para defender la mezcla año a año?
Huema nació de un acto de audacia. En su primera versión [50% MA, 30% CA y 20% PV.], cuando los vinos base habían evolucionado de forma distinta a lo esperado, tuvimos el coraje de romper la fórmula inicial y añadir una cuarta cepa (Cabernet Sauvignon). Ese fue un momento muy personal, pedí quedarme solo en la bodega para meditar y conectar con las barricas, sentir qué necesitaba el vino. Esa intuición no es azarosa; es lo que yo llamo experimentación con propósito en base a lo que el Universo dicta. Como ingeniero, entiendo que para que la magia de ese momento sea real, debe existir un método detrás. No basta con encontrar una mezcla rica; el desafío profesional es la consistencia. Por eso, para defender la identidad de Huema cada año, aplicamos un proceso de validación riguroso: recurrimos a nuestra memoria emotiva, comparamos con la cosecha anterior y ajustamos los porcentajes con precisión técnica hasta que el equipo dice esto es Huema. Mi formación me da la estructura para que ese espíritu de atreverme a probar cosas nuevas no sea una improvisación, sino un camino trazado con seriedad. Al final, Huema es nuestro primogénito, y lo cuidamos con esa mezcla de sensibilidad para crearlo y rigor para mantenerlo. Tenemos mucha conexión con el vino, eso hace que este proceso no sólo sea todo lo serio que se merece, sino que a su vez una fiesta que celebramos cada año.
Un aspecto central de Bawal es la complicidad que posees con Sebastián Mora Zenteno, jefe de vinificación y bodega del proyecto La Pascuala. ¿Cómo logran trabajar a distancia y cuántos viajes realizas para poder estar encima del terroir?
Hay una tremenda complicidad con Seba, desde el primer día se dio esa cercanía. Hablamos varias veces en la semana y a veces varias veces al día. Seba tiene una dedicación increíble con los vinos, los cuida como a sus hijos o más [risas]. Yo viajo al menos una vez al mes, a veces un poco más si es necesario. En cada viaje hacemos pruebas formales de los vinos, muchas las grabamos y subimos a las redes. Durante las pruebas conversamos lo que vemos y sentimos, en base a eso tomamos decisiones generalmente consensuadas. Uno de los acuerdos importantes que tenemos es que él sugiere y yo decido, asumiendo la responsabilidad que ello implica. Hasta ahora, hemos acertado en cada decisión relevante que hemos tomado y en cada riesgo que hemos corrido. Si lo llevamos al futbol podemos decir que con Seba jugamos a un toque.
Cuéntanos un poco del crecimiento. A fines de agosto del 2024 presentaste en público tu primera etiqueta. Y, crisis del vino mediante, este año producirás tres mil quinientas unidades.
El crecimiento está basado en tres grandes pilares, por un lado, en tener muy buenos amigos, ellos han sido embajadores de mis vinos, los comparten y promocionan en sus círculos, los suben a las redes, son los mejores vendedores que podría tener [risas], por otro lado, está el trabajo con las etiquetas, representan espacios muy íntimos, acercan a las personas. Eso es un trabajo inmenso de Grace Huerta y Antonella R. Esparza, ellas son las artistas y genias de la creación. Lo tercero y quizá el pilar fundamental, es la calidad, honestidad y originalidad de los mostos, al probarlos notas que son vinos puros (tú los probaste y es lo que sentiste, ¿verdad?), con un sello que nos encanta y enorgullece. Quienes los prueban rápidamente detectan eso, sienten las notas que los hacen diferentes, se sorprenden, es muy motivador ver las caras cuando los prueban, se les abren los ojos y sonríen, eso nos emociona infinito cuando lo vemos. El crecimiento está siendo bien explosivo, pasamos en menos de tres años de hacer una barrica de 225 litros (300 botellas) de un solo vino a hacer sobre siete mil botellas de cara al próximo año, con seis etiquetas proyectadas en el portafolio. Los vinos ya están en 4 tiendas especializadas y en varios restaurantes, lo que viene es auspicioso porque se siguen abriendo espacios y sigue apareciendo gente que nos ayuda con la difusión y posicionamiento.
¿Qué estrategias crees útiles para reactivar el consumo interno y acercar el vino a las nuevas generaciones?
Desde hace muchos años me he empeñado en acercar el vino a las personas: familiares, amigos, colegas. He tratado de simplificar el lenguaje, hablar de maridajes simples y de hacer muchas catas en mi casa, invitar a mucha gente interesada o curiosa y mostrarles los vinos que se hacen en Chile y en otros lugares. Eso también es un factor que ha hecho crecer a Bawal Wines, la gente que he conocido en el camino se ha transformado en clientes muy fieles, muchos compraron nuestro primer vino antes que estuviera listo, me decían: No tengo dudas que será un vinazo y si no lo compro antes que salga me quedaré debajo de la mesa. Respecto de acercar el vino a las nuevas generaciones me parece que la estrategia debería ser la misma, generar espacios donde la gente más joven pueda probar vinos, buscar que se sientan identificados, que aprendan a maridarlos, que sepan quiénes somos en el mundo vitivinícola y que cuidemos ese lugar que nos hemos ganado entre los mejores productores del planeta. Acá el apoyo de mi hija (Gabriela, 24 años) es fundamental, ella está tomando la posta que inicié. Hace un par de años empezó a llevar vinos a sus eventos y está abriendo esa conversación con su círculo, sus amistades vienen a casa y preguntan, quieren probar, hay un nuevo espacio ahí que ella está motivando. El vino para mi es patrimonio y me encantaría que a los niños en el colegio les enseñáramos del vino y sus bondades, también de los riesgos de un consumo inadecuado.
Incluiste hace poco a tu portafolio un Sangiovese 100%, cuya uva adquieres del productor La Despensa. ¿Qué potencial visualizas en las cepas no tradicionales?
Matt de La Despensa es quien nos provee el Syrah, la Garnacha y el Sangiovese, tiene uvas de muy buena calidad y somos afortunados por tenerlo con nosotros, se lo agradezco desde este espacio. Pasa que mucha gente, en particular los más tradicionales, piden las cepas de siempre, no obstante, hay harta gente que ya tiene recorrido probando vinos y se está atreviendo a probar cepas distintas, buscando también experiencias diferentes. La gente más joven, desde mi experiencia de productor, quiere probar cosas nuevas, se atreven y buscan innovar. En las ferias me ha pasado que prueban el Sangiovese o la Garnacha y dicen, sabes, este vino le gustaría a tal familiar o tal amigo, se lo voy a llevar. Eso me ha sorprendido mucho, prueban una cepa nueva y hacen match con una persona que conocen, me encanta cuando ocurre. Tanto la Garnacha como el Sangiovese han tenido una aceptación que nos ha sorprendido, muchos no conocen las cepas, pero las prueban, les gustan y las compran, tanto que a veces dejan el Syrah y Huema de lado y se llevan estas que no conocen para compartirlas con sus amigos. En términos de proyección lo que he vivido me hace pensar que habrá cada vez más espacio para nuevas cepas, en particular en la gente más joven que está dispuesta a probar y en gente que “viene de vuelta” y quiere ampliar su experiencia con el vino. El hacer vinos con cepas menos conocidas con foco gastronómico creemos firmemente que es una buena opción, hay mucho terreno por recorrer.
Como ingeniero tu formación se inclina hacia la estructura, pero el vino parece haberte encontrado a través del destino y la intuición. ¿Cómo logras que esa libertad para atreverte a experimentar conviva con el rigor de un método serio?
Creo firmemente que nada es casual y que, aunque los astros se alineen para ponernos en el lugar indicado, la diferencia está en atreverse a actuar considerando esas señales. Mi formación como ingeniero es la que me da el coraje para experimentar con cepas no tradicionales o mezclas audaces; no lo hago al azar, sino a través de un método de ejecución que busca materializar una visión. Si bien hay mucha artesanía y una conexión emocional profunda, donde a veces necesito estar solo en la bodega para sentir lo que una mezcla como Huema pide, ese sentimiento y conexión con los vinos siempre está respaldado por una estructura de trabajo sistemática. Usamos protocolos y mediciones de pH, alcohol y otras variables, no para limitar el vino, sino para asegurar que esa magia inicial se convierta en una realidad técnica total y honesta en cada botella. La ingeniería me enseñó que para que una idea trascienda, debe haber un proceso serio detrás. En las telecomunicaciones conectamos personas a través de redes y sistemas, en Bawal, usamos el método y el rigor para crear un medio donde esas mismas personas celebren la vida y honren sus encuentros a través de nuestros vinos. Es esa combinación de destino y disciplina lo que nos ha permitido crecer con esta fuerza, manteniendo siempre la pureza de lo que hacemos. La tecnología y el vino son, para Bawal Wines, lenguajes para honrar el encuentro entre nosotros.
Guido Arroyo González @arroyoguido actualmente se forma para convertirse en Sommelier profesional en la Escuela de Sommeliers de Chile. Es Licenciado en Literatura (UDP, premio Egresado Destacado 2017), Diplomado en Periodismo Cultural (Uch) y cursó un Doctorado en Filosofía (Uch). Investiga sobre patrimonio e historia del vino desde una óptica revisionista no exenta de humor. Es autor de cinco libros, docente de la U.C y se dedica a la edición de textos hace más de quince años.
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