CARLOS MEZA Y SU APUESTA POR ITATA
Guido Arroyo nos presenta en su sección «Esas raras etiquetas nuevas» al creador de Faraday Wines, quien impulsa mezclas entre valles y lanza un Petit Verdot que desafía el perfil tradicional de la cepa.
Tras dos décadas trabajando en el mundo del vino Carlos Meza, ingeniero Civil Industrial con postítulo en Enología, se decidió a crear su proyecto personal. Ya había acumulado una vasta experiencia trabajando en toda la cadena de valor vitivinícola: producción, exportación, ventas, logística y enología. Con esa mirada 360 se cristalizó su primera idea, que fue innovadora y desafiante. “Un día en una feria de Sao Paulo, viendo un caso de vinos que mezclaban la misma cepa de varios viñedos, se me ocurrió tener un foco en Itata, que sea el principal componente, pero mezclado con los cepajes de los grandes terroirs de Chile. Que Itata se parara de tú a tú con los otros valles”. La línea se llamó «Misculare», término que significa crear algo en base a mezclar en latín, y la compusieron tres etiquetas lanzadas el 2023. Un Moscatel, Cinsault y País del histórico valle, mezclados con un Chardonnay de Casablanca, un Carmenere de Colchagua y un Cabernet Sauvignon del Maipo, respectivamente. El resultado: mezclas alucinantes, vibrantes, que poseían un relato entrañable y a la vez probaban su tesis sobre el Itata.
En esta entrevista nos cuenta cómo realizó su último lanzamiento, un Petit Verdot de producción limitada, sólo setecientas treinta y dos botellas. El vino ha tenido excelente recepción de los consumidores y la crítica, que ha destacado su carácter bebible, pues se desmarca de la astringencia y carga tánica que suele encontrarse en la cepa. Un vino intenso y complejo aromáticamente. Que sorprende por la sedosidad de sus taninos, una sensación táctil redonda, golosa y un final largo que emociona.
-Inevitable primera pegunta. ¿Qué te llevó a vinificar un Petit Verdot? Cepa poco vinificada como monovarietal en Chile, pues suele usarse para rectificar blends.
Por qué no [risas]. He trabajado en la industria del vino hace casi veinte años y, como Faraday es un proyecto propio, procuro de hacer las cosas que a mí me llenan. Es decir, los vinos se hacen a mi gusto. Siempre me guío por el sabor de los vinos. Soy una suerte de cocinero frustrado –pensé en estudiar cocina internacional– y me gusta mucho el sabor que posee la uva del Petit. No me gustaba, eso si, su astringencia y la carga tánica que posee. Entonces cuando se me ofreció la posibilidad de adquirir una fruta de mucha calidad y me decidí a hacer este Petit, en un momento que no tenía muchas lucas, procuré hacer un Verdot ciento por ciento bebible. Bajar su carga tánica y ese perfil duro que suele tener. Es un vino amigable, con una extracción baja y un 5% de C.S y otro 5% de Carmenere que ayudan mucho a la redondez del vino. La añada 2024, que es la que está dando vueltas en el mercado, es un vino que no requiere mayor espera para disfrutarlo. No es extremadamente astringente.
-El nombre de tu proyecto hace referencia a un físico-químico británico, autodidácta, que fijó las bases para el concepto de campo electromagnético ¿A qué se debe esa alusión?
Faraday es un científico que estudié en la Universidad. Particularmente en las clases de magnetismo. Siempre digo que fue una suerte de trauma, porque la pasé muy mal con ese ramo. Pese a ello siempre recuerdo que él visualizó los campos electromagnéticos. Básicamente vio en su cabeza cómo funcionaban los imanes. Y sin poseer una formación tradicional pudo demostrar que estaba en lo correcto. Como mi proyecto nació con la línea Musculare, siempre tuve la certeza de que Itata posee el mismo potencial que cualquier otra parte de Chile. Entonces cuando me lancé, me vi enfrentado a demostrar que mi idea era cierta. Eso era lo que me había propuesto, lo que quería mostrar con mis vinos. Si bien no soy científico, sí había cierta relación entre la capacidad de visualizar algo y comprobarlo. De ahí que cuando tuve que elegir un nombre, recordé a Faraday.
-Arrancaste con una línea llamada Misculare, donde mezclabas dos cepas de valles icónicos en una sola botella. Y ahora iniciaste Unicalia, donde vinificas monovarietales con uvas de alta calidad adquiridas en los valles donde mejor se dan. ¿Te interesa construir tu versión-mapa vitivínicola chileno? ¿Qué lanzamientos se vienen?
Claro. Comencé con «Misculare». Luego «Unicalia». En el medio algunas etiquetas excepcionales, como el espumante Sparkling Extra Brut y este Petit Verdot. No sé si me interesa construir mi versión del mapa vitivinícola chileno, o copiarle un poco el portafolio que tiene Reta, donde hay trece vinos de trece lugares distintos. Es complejo. Si uno lo analiza desde el costado romántico que posee el vino, me digo: me encantaría agregar nuevas etiquetas. Hay muchas variedades que me gustaría incorporar a Faraday. Un Chardonnay de Limarí, o un Pinot Noir de Osorno. Cosas raras, más extremas. Luego está el otro costado, el de ventas. Y ahí uno dice: chuta, toda la inversión que puedo hacer debo ser capaz de recuperarla. Entonces lo sano es ir avanzando de a poco. Ya tengo siete etiquetas, y pronto vendrá una octava, que será un monovarietal de Itata. Es una paradoja compleja. Las ganas e ideas están, pero la comercialización es un freno. Todos sabemos que la industria no la está pasando bien. Hay sobre stock debido a la baja en el consumo en general. A nosotros, los proyectos más pequeños, nos afecta mucho porque si las ventas caen, debemos estar luchando para recuperar año a año la inversión antes de la próxima vendimia. Por mí yo crecería mucho, me gustaría agregar dos o tres etiquetas por temporada, pero es complejo, hay que mantener el balance entre los nuevos lanzamientos y la sanidad comercial.
-Nos podrías contar un poco del proceso enólogico de este Petit Verdot.
Yo siempre destaco a un amigo mío, Felipe Gutiérrez, que conocí cuando trabajaba en Bisquertt. En una feria probé un Carignan de él, una uva cuyo sabor me gusta mucho, pero una cepa que también posee el problema que tiene el Petit, la acidez o los taninos suelen dispararse. Recuerdo que su Carignan era joven, a lo sumo dos añadas de antigüedad. Pese a su juventud era muy bebible. Tenía buen sabor, buen calor, taninos pulidos, no tenía acidez disparada ni estaba duro. Algo sorprendido le pregunté: ¿Felipe, cómo hiciste esto? –Fácil, me respondió. No lo toqué mucho. Y luego me dijo no hacer muchos remontajes, contener el proceso de extracción. Porque como el Carignan tiene tanto de todo, con lo poco que uno haga, puede obtener lo que uno desea obtener de un Carignan. Ese mismo modelo lo recreé con este Petit Verdot. La analogía precisa es la del té. Cuando uno deja la bolsita mucho tiempo, se vuelve tánico y astringente, porque hace mucha extracción. En cambio, si uno se hace un té suave, te queda un brebaje muy bebible. Yo seguí la idea de hacer un Petit suave. No quería hacer un vino que sirviera para rectificar otros vinos, como suele hacerse el Verdot. Lo quería hacer para poder tomarlo lo más puro que se pueda, sin que tuviera tanto tanino. Al final le agregué un 5% del Carmenere y 5% del Cabernet Sauvignon, sencillamente porque con esa composición el vino me gustaba mucho más. El Petit también tiene un paso por barrica de primer y segundo uso, casi dieciséis meses, donde el tostado es muy leve, para otorgarlo un suave aroma a madera evitando aromas a vainilla, cacao o moka. El objetivo era que el resultado fuera lo más delicado posible.
-Tengo el honor de tener una botella de tu Petit Verdot 2024, sin etiqueta, escrito a mano, en mi cava ¿Te podrías jugar con un año idóneo para abrirla?
Uy. Para esa botella que tienes tú. Le doy fácil diez a quince años, sin ningún problema. Todos los indicadores analíticos, el alcohol, tanino y antocianos, me hacen pensar que puede durar un montón. Pero hay que ir viendo. De esta primera producción, de la que quedan menos de cincuenta cajas, trataré de guardar al menos cincuenta botellas para ir viendo cómo evoluciona en el tiempo. Una botella por año [risas]. Creo que lo puedo estirar para ver cuánto aguanta.
Guido Arroyo González @arroyoguido actualmente se forma para convertirse en Sommelier profesional en la Escuela de Sommeliers de Chile. Es Licenciado en Literatura (UDP, premio Egresado Destacado 2017), Diplomado en Periodismo Cultural (Uch) y cursó un Doctorado en Filosofía (Uch). Investiga sobre patrimonio e historia del vino desde una óptica revisionista no exenta de humor. Es autor de cinco libros, docente de la U.C y se dedica a la edición de textos hace más de quince años.
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