VITIVINICULTURA CRIOLLA Y PATRIMONIAL EN 7 VOCES
La periodista María Estela Girardin, comienza sus colaboraciones en WiP.cl con un gran resumen de lo expuesto en el Seminario Vitivinicultura Criolla y Patrimonial del Maule en San Javier.
Nos encontramos el pasado 13 de noviembre en San Javier, pleno valle del Maule, convocados por el INIA Raihuén para conocer el estado de avance sobre el conocimiento de las cepas criollas y patrimoniales de América del Sur. El seminario fue organizado en el marco de un proyecto del Gobierno Regional del Maule financiado a través de FIA. El conocimiento, relativamente nuevo desde la investigación genética, fue compartido con los avances del INTA de Argentina. Una divulgación necesaria de estos descubrimientos, sus oportunidades y aportes a la diversidad en las copas del mundo.
Fue mucha información, a veces muy analítica; otras, con escasez de tiempo para entender y conectar cada avance y postura. Entonces, he aquí un intento por compartirles algo comprensible, aplicable, conversable y, por cierto, abierto al debate. Son 7 voces con fuerza que marcan el comienzo de la discusión, no el final.
Nilo Mejía, investigador INIA La Platina, Chile. Una hipótesis: el origen intencional, no espontáneo en el viñedo, de las cepas criollas.
Cualquier hipótesis sobre el origen natural de las cepas criollas (nacidas en Sudamérica, cuyos padres son vides llegadas de Europa), sin intervención humana, tiene que considerar que éstas deberían haber sido principalmente autopolinizaciones. La razón: Las flores de los principales padres detectados por análisis de ADN – Listán Prieto y Moscatel de Alejandría – son hermafroditas (a diferencia de las monoicas o con un solo sexo). Pero lo que muestra el análisis genético de su descendencia, es lo contrario: hay muy pocas autopolinizaciones y la mayoría son polinizaciones cruzadas. Esto último lo podría haber hecho la naturaleza solo si alguno de los parentales fuera un macho estéril, por ejemplo, y no es el caso. La otra explicación posible es que alguien haya realizado los cruzamientos que dieron origen a esas variedades criollas, con intención. Y en ese caso, considerando que la vitivinicultura fue bajando desde Perú y Bolivia, quizás fue la necesidad de adaptarse a las nuevas condiciones de desierto, altura y salinidad lo que motivó este desarrollo. Luego, a medida que fue creciendo la expansión de la colonización, se habrían ido adaptando a las condiciones del secano y otros ambientes.
Jorge Prieto, investigador INTA EEA Mendoza, Argentina. Unidos por proteger un germoplasma sudamericano único.
Venimos trabajando hace tiempo para formar una Asociación de Elaboradores de Vinos de Variedades Criollas de Argentina, que esté en colaboración con el INTA. Sus objetivos serían resguardar los viñedos patrimoniales y poner en valor las variedades criollas. La colaboración con el INTA permitiría identificar estas variedades para que los productores puedan incluir esa identificación en sus etiquetas y tener una marca colectiva que agregue valor a esos vinos. En línea con ese mismo espíritu colaborativo, también vendría a cerrar un círculo virtuoso en el trabajo que hemos venido haciendo con el INIA chileno. Hemos intercambiado bastantes datos moleculares y ampelográficos para llegar a un germoplasma sudamericano que es único. La puesta en valor de ese patrimonio debería encararse a nivel sudamericano para que estas variedades se valoren a nivel comercial también.
Gustavo Aliquó – investigador INTA EEA Mendoza, Argentina. Los pioneros.
La descripción ampelográfica de variedades criollas en Argentina se viene desarrollando desde principios del siglo pasado, con el primer trabajo publicado en 1911. Esto nos ha llevado a usarla como una herramienta práctica a la hora de rescatar criollas. En particular, hay otro trabajo de hace 50 años que nos ha sido muy útil a la hora de hacer nuestras prospecciones a campo y saber qué plantas elegir, para luego hacer un análisis molecular. Es el estudio realizado por el ingeniero Vega sobre cómo identificar las criollas a partir de sus principales caracteres morfológicos. Dado el alto costo de estos estudios, nosotros tomamos muestras de lo que ya creemos que tiene alta probabilidad de ser un cepaje criollo. Si arroja positivo, se rescata y se ingresa a los bancos de germoplasma para su posterior estudio y caracterización agronómica y enológica. Este viaje a Chile nos ha permitido estar en contacto con los productores, conocer criollas presentes en Chile y recorrer viñedos de secano que nos interesaban mucho porque en Mendoza no tenemos viñedos de secano. La viticultura en Argentina es toda de regadío. De esta visita, nos ha parecido destacable el trabajo que está haciendo sobre todo la agrupación ALMAULE con la Listán Prieto, que si bien no es una variedad criolla, es el padre de la mayoría de ellas.
Irina Díaz, investigadora INIA Raihuén, Chile. La urgencia de colaborar con otras disciplinas.
Hay mucho por investigar, descubrir y valorar de las mal llamadas “cepas corrientes”, que son nuestras cepas patrimoniales, muchas de las cuales aún no tienen relevancia. Entonces, ni siquiera están en el registro del SAG. El desafío es fortalecer la base de datos de su genética y estudiarlas en condiciones de cultivo. Tenemos mucha historia, pero nos falta sentarnos a conversar con otros profesionales de otras áreas: sociología, historia, arqueología, por mencionar algunas.
Pilar Miranda y Eduardo Jordán, enólogos miembros de VIGNO. El caso de éxito.
Visualizamos desde el inicio que teníamos que producir vinos de calidad y eso se ve como resultado en los precios, 4 y 5 veces el precio promedio de venta del vino chileno de exportación. Si en general un vino chileno está en el orden de US$28 (la caja de 9L), VIGNO está en US$100 y US$120 la caja. Posicionamos a VIGNO como sinónimo de calidad y eso también tiene que ver con lo que se paga hoy en día por la uva Carignan, su protagonista como marca colectiva. Que no tiene nada que ver con los precios de hace 15 años. El 2005 – 2007 la Carignan se pagaba entre 120 y 200 pesos el kilo, hoy se paga sobre 900 pesos. De hecho, ya es significativo que actualmente hablemos de su transacción en dólares.
Gonzalo Rojas, historiador chileno Agencia Vinífera. “El Cono Sur vitivinícola, como gran polo de producción mundial”.
Desde la perspectiva histórica, me interesa vincular el desarrollo de la vitivinicultura en Chile con el proceso de autodeterminación que nace en la Conquista. Está ligado con que el sistema monopólico español y su afán por defender a los productores de vinos sevillanos y andaluces, dictaminó la prohibición de plantar nuevos viñedos que no estuvieran exclusivamente dedicados a la evangelización o al consumo de los colonos. Esta autodeterminación, la interpreto como la reafirmación de la voluntad de los colonos españoles en América del Sur de producir vinos, aún transgrediendo las prohibiciones. Eso generó como consecuencia que, ya para el siglo XVI, existiera en Perú una producción importante de vinos. El siglo XVII esa producción pasa a Chile y hasta el siglo XVII, éste es el principal productor de vinos del Cono Sur. Un sitial que va a ceder a fines del XIX frente a Mendoza. Este polo vitivinícola del Cono Sur, como un gran todo, se transforma en el principal centro de producción de vinos de América. Ese es el origen de nuestra tradición vitivinícola.
Amanda Barnes, periodista británica (Tesista del Master of Wine con temática sobre cepas criollas y patrimoniales). La necesidad de aclarar conceptos.
¿Qué lugar pueden ocupar las cepas criollas y patrimoniales? Si analizamos el mercado internacional en general, los pequeños productores no pueden competir por precio, pero sí pueden hacerlo por calidad. Entonces hay que ir adelante con calidad, y con las criollas también. Creo que las criollas siempre van a ser de un nicho, uno que tiene gran potencial a partir de su versatilidad. El desafío es la comunicación – hay que ponerse en el lugar del consumidor porque ¿10 nombres para una misma cepa?: Misionera, Mission, Criolla Chica, País, Negra Criolla, Listán Prieto, AlMaule, Pipeño… no se ve viable. No dudo que, con tiempo y trabajo, las criollas y patrimoniales, pueden producir uno de los más distintivos y mejores vinos del Nuevo Mundo, pero hay que enfocarlas en calidad y mejorar su comunicación en el mercado.
Expositores Seminario Vitivinicultura Criolla y Patrimonial del Maule – noviembre 2024.
Nilo Mejías – investigador INIA La Platina.
Gonzalo Rojas – historiador Agencia Vinífera.
Gustavo Aliquó – investigador INTA EEA Mendoza, Argentina.
Jorge Prieto – investigador INTA EEA Mendoza, Argentina.
Irina Díaz – investigadora INIA Raihuén.
Pilar Miranda y Eduardo Jordán – enólogos vinos VIGNO.
Amanda Barnes – periodista británica, autora de la Guía de Vinos de América del Sur. Prieto – investigador INTA EEA Mendoza, Argentina.
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Un comentario
SEBASTIÁN LOBOS GONZÁLEZ: “LO IMPORTANTE ES QUE LA GENTE TOME VINO” - WIP.cl WIP.cl dijo:
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