HOUSE OF MORANDÉ 2014 VALLE DEL MAIPO

Publicado el 10 junio 2019 Por Mariana Martínez @reinaentrecopas

Repasamos la historia del ícono de Viña Morandé, una gran mezcla de CABS que descorchamos pensando en auto-regalarnos o para regalar al mejor papá.

La historia del House of Morandé, el gran vino tinto de la Viña Morandé, comenzó el año 1997 de la mano del enólogo fundador de la bodega, Pablo Morandé (en la foto superior). Normalmente desde entonces esta impresionante mezcla tinta, ha sido mezcla de las cepas Cabernet Sauvignon y Cabernet Franc, ambas provenientes de los viñedos de la bodega en el campo El Romeral. Ubicado en Maipo Andes, ambas cepas están plantados sobre suelos muy pobres de origen aluvial, los que antes fueron lecho del mismo río Maipo.

Pero, a veces, según sea necesario para mantener su estirpe y tensión, Pablo Morandé también sumaba a su mezcla, uvas de Carignan y Carmenère, como lo hizo al menos del  2007 al 2010; y también algo de Syrah, que sumó el 2009 y 2010. O, por el contrario, le resta, y deja al Rey Cabernet Sauvignon sólo, como lo hizo para el cálido año 1999.

Si vamos al pasado en busca de un poco más de su historia, ayudados por su enólogo responsable desde 2014, Ricardo Baettig (en foto inferior), sabremos que en sólo tres cosechas no ha habido House of  Morandé. Ellas son 1998, 2000 y 2016. ¿Qué tienen  en común? Han sido años más bien fríos y lluviosos a fin de la cosecha, y a esta gran mezcla tinta, de cepas más tardías que tempraneras, la lluvia no les hace bien.

Baettig, llevaba haciendo el House junto a Morandé desde que llegó a la bodega el año 2011 como director de enología; hasta el 2013. Nos cuenta Baettig, que Pablo era quien tomaba las decisiones relevantes, de momentos de cosecha y la elección de las barricas de maderas para su guarda, entre otros. Pero “desde 2014 -agrega- para bien o mal, las decisiones son mías.”

Mirando al futuro, Baettig, nos cuenta que el Carignan del Maule (el que le da la tensión), también será parte de los House of Morandé en las cosechas 2015, 2017 y 2018, aunque ojo, ninguno de los tres aún salen al mercado. Su guarda en barricas francesas por más de 18 meses primero; y un año más en botellas después, están esperando.

Descorchamos el House que está hoy en el mercado, cosecha 2014 ($39.900) mezcla de Cabernet Sauvignon y Cabernet Franc. Lo abrimos la semana pasada a propósito de que acaba de ganar una de las cinco Medallas de Platino que recibió Chile en la Competencia Internacional Decanter 2019. También, porque viene la celebración del Día del Padre (el 16 de junio), y nos encanta la idea de compartir un vino para esta fecha, que nació pensado para durar en el tiempo, cosas con esa filosofía de las que ya hay pocas. Además porque Pablo Morandé es uno de los pocos padres del mundo del vino en Chile, que ha podido compartir con su hijo Pablo Jr. (en Bodegas RE, su nuevo proyecto familiar) el arte de hacer vinos y experimentar todo lo que quieren en el intento.

¿Cómo sé si perdurará en el tiempo House 2014? Siempre me lo preguntan. No siempre puedo justificarlo tan fácil como esta vez. Primero, porque tiene esa fuerza y concentración que lo hace ser el vino ícono, más importante de la bodega, pero además, porque lo abrí y al dejar pasar los días, a medida que se fue oxigenando y abriendo, cambió para mucho mejor. Es algo que suelo hacer cuando los grandes vinos que descorcho, llena de expectativas, no me fascinan a la primera copa, ni a la segunda. En este caso, lo probé en el primer intento junto con un lomo liso, luego con una hamburguesa con queso azul. Ninguno pudo con su fuerza, ni con su madurez, ni la presencia tan importante de la madera.

Anoche, casi una semana después de descorchar, volví a el para darle una última oportunidad. Y…  sorpresa! La madera ya no estaba de protagonista, y apareció brillando su fruta roja, de divina acidez. Eso es lo mismo que le pasará de aquí a diez años a sus botellas cerradas, por puesto, y eso es lo que quiero que les pase a ustedes cuando lo abran si tienen paciencia. No se van a arrepentir, y ¿saben qué? No se van a dar ni cuenta, el tiempo pasa cada vez más rápido, y no lo digo yo. Si tienen la alegría de tener a sus padres vivos, este es un vino para regalarle pensando en que lo abra en una ocasión especial. No les digo que pensando en un matrimonio, porque capaz que les pase como a un amigo, que el vino elegido por su padre para tal ocasión no aguantó, y se volvió vinagre esperando que pidiera el “sí”.

Bueno, y si no tienen paciencia, descorchen, tal como recomienda su ficha de cata, junto a una cola de buey o un osobuco, costillas grilladas de Wagyu. Los veganos, como verán, mejor abstenerse. Ahora, si alguien se atreve, se aceptan ideas.

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Un comentario

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