LLUVIAS EN EL NORTE CHICO: DAÑOS Y ALIVIO HÍDRICO

Publicado el 21 julio 2026 Por Equipo WiP

El temporal ha dañado parrones, caminos e infraestructura en Atacama y Coquimbo, y también elevó embalses y nieve tras años de sequía.

El agua volvió con una intensidad poco usual al Norte Chico. Después de más de una década marcada por la sequía, la Región de Coquimbo y la provincia del Huasco enfrentan ahora las consecuencias de lluvias torrenciales, crecidas de ríos, activación de quebradas y aluviones que han dejado caminos interrumpidos, localidades aisladas y daños todavía difíciles de dimensionar.

En La Serena cayeron más de 150 milímetros en cuatro días, superando el récord de 125 milímetros registrado en julio de 1987. La cantidad equivale aproximadamente al doble de las precipitaciones de un año normal en la ciudad. En Alto del Carmen, uno de los territorios vitivinícolas y pisqueros de su vecina Región de Atacama, las estimaciones locales ya superaban los 200 milímetros, sin considerar la abundante nieve acumulada en los sectores altos.

La magnitud de la emergencia llevó a declarar estado de catástrofe en toda la Región de Coquimbo y en la Provincia del Huasco. El principal problema continúa siendo la conectividad: cortes de caminos, desbordes y barro han impedido llegar a numerosas localidades interiores, precisamente donde se encuentran muchos de los viñedos y pequeños productores de la zona.

Un impacto pisquero todavía en evaluación

La Asociación de Productores de Pisco, Pisco Chile A.G., informó que sus primeros catastros identifican a más de 150 cooperados afectados, con distintos niveles de pérdidas en parrones, daños en infraestructura agrícola y dificultades extremas para acceder a los predios.

La cifra sigue siendo preliminar. La falta de comunicaciones y los caminos cortados en los valles altos todavía impiden establecer cuántas hectáreas fueron afectadas, cuántas plantas se perdieron o cuál será el costo económico de la emergencia.

Varias plantas pisqueras suspendieron temporalmente sus operaciones para resguardar a sus trabajadores. La paralización también puede provocar retrasos en las entregas de productos al mercado nacional, aunque los compromisos de exportación no deberían verse afectados inmediatamente.

El gerente general de Pisco Chile, Manuel Schneider, explicó que el daño dependerá de lo ocurrido en cada campo. Cuando el agua pasa sin desplazar las plantas, las parras podrían continuar siendo productivas; el escenario cambia en aquellos sectores donde los aluviones arrancaron parrones o arrastraron suelo e infraestructura.

A ello se suman daños que pueden resultar menos visibles, pero igualmente importantes: canales cubiertos por sedimentos, bocatomas destruidas, sistemas de riego inutilizados, bombas dañadas y caminos interiores que deberán ser reconstruidos antes del comienzo de la nueva temporada agrícola. Antes del temporal, el Ministerio de Agricultura ya había advertido que las lluvias concentradas podían erosionar suelos y afectar canales, compuertas, tranques e invernaderos.

Viñedos en pleno invierno

El temporal encontró a las parras en receso invernal, sin fruta y antes del comienzo generalizado de la brotación. Esta condición podría limitar los daños directos sobre la próxima cosecha en aquellos viñedos que permanecieron en pie.

Sin embargo, todavía es temprano para sacar conclusiones. Las principales preocupaciones están en los campos alcanzados por bajadas de quebradas, en los parrales cuya estructura cedió y en los viñedos que permanecen aislados. También será necesario evaluar la erosión, la acumulación de barro y piedras, la estabilidad de los suelos y el funcionamiento de los sistemas de riego.

Hasta ahora, los reportes públicos se han concentrado principalmente en la producción de uvas para Pisco. Aún no existe un catastro consolidado que permita diferenciar la afectación entre viñedos pisqueros y los dedicados a la elaboración de vinos en Huasco, Elqui, Limarí y Choapa. Tampoco, tenemos reportes específicos sobre de daños a viñedos de vino, ni sus bodegas. Afortunadamente, tampoco sobre pérdidas humanas relacionadas.

El agua que el norte necesitaba

La otra cara del temporal es el importante aumento de las reservas hídricas. Antes de las lluvias, los embalses de la Región de Coquimbo almacenaban, en promedio, alrededor del 10,5% de su capacidad. Después del evento, el promedio se acercó al 29%.

La recuperación, sin embargo, no ha sido uniforme. Los embalses de Elqui alcanzaban cerca del 15,9% de su capacidad; los de Limarí llegaban al 29%, y los de Choapa se encontraban en torno al 69%. La nieve acumulada en la cordillera también será determinante para la próxima temporada de riego.

Es un alivio considerable para una región golpeada durante años por el déficit hídrico, pero no significa que la sequía esté superada. Los embalses todavía mantienen capacidades desiguales y una parte importante del agua deberá llegar durante los próximos meses a través del deshielo.

El Norte Chico enfrenta así una compleja contradicción: la lluvia que era indispensable para la supervivencia de su agricultura llegó con una violencia capaz de destruir los mismos campos, caminos y canales que necesitaban esa agua.

El balance definitivo solo podrá conocerse cuando se recuperen los accesos y los equipos lleguen a los sectores interiores. Por ahora, la prioridad está en las personas y las comunidades aisladas.

Fuente: Prensa Nacional + Diario Financiero

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