EL VERDEJO QUE NACIÓ DE UN ERROR EN CURACAVÍ
Plantado como semillón y descubierto años después, este blanco encontró en López Pangue, en el Valle El Pangue, una identidad propia y una inesperada historia de éxito.
En un país dominado por sauvignon blanc y chardonnay, el verdejo continúa siendo una verdadera rareza. En Chile existen apenas unas siete hectáreas de esta variedad, y una parte de ellas se encuentra en López Pangue, viña ubicada en el Valle El Pangue, comuna de Curacaví, en un sector donde el Maipo comienza a mirar hacia Casablanca.
Su llegada al campo no fue el resultado de una búsqueda deliberada ni de un proyecto comercial. Todo comenzó con un error.
Félix López, fundador de la viña, quería recuperar el semillón que recordaba de la antigua vinícola de su abuelo. Encargó las plantas a Emilio, un primo mayor que trabajaba con la familia, y durante años todos creyeron que eso era lo que habían plantado.
La duda apareció cuando el asesor vitícola de López Pangue observó que las hojas no correspondían a semillón. El material fue analizado y el resultado fue inesperado: las plantas eran de verdejo. Para entonces, quien las había comprado ya no recordaba con precisión de dónde provenían.
Lo que pudo haber sido simplemente una equivocación terminó transformándose en una oportunidad.
Un blanco entre Maipo y Casablanca
El viñedo de López Pangue se encuentra a unos 700 metros de altitud y a cerca de 40 kilómetros del océano. Su ubicación combina influencias continentales y costeras, distintas exposiciones y una amplitud térmica que se refleja en la maduración de las uvas.
Aunque administrativamente se vincula al Maipo, su posición geográfica y climática se acerca también a Casablanca. Esa condición fronteriza ayuda a explicar el perfil del verdejo elaborado en el lugar.
Antón López, hijo de Félix y responsable del proyecto, lo describe como un vino fresco, pero sin una acidez filosa. El clima permite conservar tensión y vivacidad, aunque sin entregar la expresión estricta de una zona completamente fría. El resultado es un blanco de boca amplia, textura marcada y buen equilibrio.
La buena recepción del vino impulsó a la familia a aumentar su apuesta por la variedad. López Pangue realizó nuevos injertos, estableció una plantación en secano y adquirió una prensa para mejorar los rendimientos y trabajar la fruta con mayor precisión.
Acero, cemento y una pequeña dosis de madera
La elaboración está a cargo de la enóloga Paula Cárdenas. El verdejo comienza su fermentación en acero inoxidable y luego pasa a huevos de cemento, recipientes que permiten desarrollar textura sin ocultar la expresión de la fruta.
Una pequeña proporción se trabaja en barricas usadas.
Paula explica esa presencia de la madera con una comparación culinaria: debe funcionar como la pimienta blanca en la cocina. Su papel es aportar textura y complejidad, pero sin hacerse evidente ni dominar el vino.
La fórmula busca conservar el frescor del verdejo, sumar volumen en boca y evitar que la barrica se transforme en el elemento principal.
Una rareza que encontró su lugar
En López Pangue, el verdejo forma parte de un proyecto que trabaja únicamente con uvas propias y elabora todos sus vinos junto al viñedo. El lema de la viña, “Vinos de acá”, resume esa decisión y alcanza no solo a las uvas, sino también al barro y las piedras incorporados a la construcción de la bodega, además de los naranjos, olivos, nueces y miel producidos en el campo.
El verdejo llegó por equivocación, pero terminó encontrando un lugar coherente dentro de esa filosofía.
Hoy representa una de las expresiones más particulares de López Pangue y una de las pocas oportunidades de conocer cómo se comporta esta variedad española bajo las condiciones de Curacaví.
Una planta que debía ser semillón, una identidad descubierta años después y un vino que ayudó a diferenciar a una viña todavía joven. A veces, los errores también saben encontrar el territorio correcto.

