¡SI QUIERO HACERLO BIEN, NECESITO FOCO!

Publicado el 15 noviembre 2018 Por Mariana Martínez @mymentrecopas

Quien fuera enólogo por más de 26 años en diferentes bodegas de Chile, hoy da el salto al otro lado de la vereda con su nuevo proyecto Clos de Sol. Marco Puyó nos presenta esos dos primeros vinos propios: DAGAZ Cinsault del Itata y la mezcla tinta Tierra de Pumanque.

Marco Puyó, quien fuera cabeza enológica de Viña San Pedro por 12 años, está por primera vez activo en estos días en la redes sociales (@marco.puyo), porque ahora, entre una cosa y otra, para poner a punto su nuevo proyecto personal de vinos, tiene  más tiempo; y ahora, la verdad verdad, es que con ese “tiempo de sobra” también se le ve feliz. Hoy está preocupado de hacer la página web, etiquetas, ver los corchos, las cápsulas,buscar distribuidor…

Marco Puyó junto a sus dos primeros vinos, de la línea Dagaz, los primeros del proyecto llamado Clos de Sol.

Sus dos primeros vinos propios, el Cinsault Itataino y una mezcla tinta de su campo propio en Colchagua, el Tierras de Pumanque, hablan de su experiencia como enólogo y también de las ganas de tener un proyecto comercial exitoso.  Todos los detalles están más que bien cuidados en estos primeros vinos, incluyendo los dos grabados diferentes que sirven de fondo a las etiquetas que llevan el nombre Dagaz. Conversamos con Puyó en Bocanariz para saber más de este su proyecto y contarles todo sobre sus nuevos vinos.

¿Por qué el nombre Dagaz para tu primera línea de vinos? “Porque es el nombre de una runa celta (con forma de humita), le dijo uno de sus socios en otros de sus proyectos, y le gustó porque significa inicio del nuevo camino”.

Dagaz definitivamente no podía ser mejor nombre para este nuevo proyecto de la la Viña Clos de Sol, y  que nació, como el mismo Puyó dice, como un sueño. “Yo lo soñé tal cual, hace años. No es una volada de una semana para otra, por eso planté la viña, y la planté cuando pude. Antes no, porque no tenía la plata.”

El sueño de Clos de Sol  efectivamente puede haber comenzado hace décadas, pero se empozó a convertir en realizar cuando el año 2005 compró un campo de 80 hectáreas en Pumanque, zona que hoy catalogada como  Colchagua Costa, pues solo está 35 km del mar. Pumanque, tiene según nos especifica, una temperatura media en verano promedio por debajo de los 27ºC: un requisito que nos explicó  Marco conoce muy bien, porque él mismo estaba en la comisión que estudió y dio soporte técnico a la separación de las Indicaciones adicionales Andes, Entre  Cordillera y Costa.

La cosa es que el 2006 Marco empezó a plantar este campo en Pumanque, de a poco, compró plantas en viveros y supervisó todo. Hoy suma 40 hectáreas de viñedos plantados, entre Cabernet, Carmenère, Syrah, Petit Verdot.  Cada año, hasta el 2016, cuando recién comenzó a comercializar los vinos entre amigos, fue vinificando nuevos sectores y probando diferentes mezclas en dos barricas.

“Aunque sabía que era un mal negocio, cuenta Marco, si hubiera plantado 40 hectáreas de cerezas créeme que hoy sería rico, rico de verdad. Si lo hubiera sabido, dice riendo, hubiera plantado mitad y mitad, para vivir tranquilo. Y luego agrega un poco más serio: Igual creo que voy a plantar una hectárea de cerezas, porque de puro amor no se vive.  Quiero vivir de esto y por eso tengo que aplicarme, de ser un buen empresario”.

El Tierra de Pumanque que probamos es 2017;  la mezcla es 71% Cabernet, 15 % Petit Verdot, 8 % Carmenère y 6 % Syrah.  Su versión anterior, 2016 tenía menos Cabernet y más Petit. ¿La razón? Marco define la cosecha 2016: fue un año muy bueno, con vinos con muy frescos, pero de menor estructura.  Para contrarrestar esa falta, fue que se apoyó con un  20% el Petit Verdot.

El Tierra de Pumanque 2017 es realmente una delicia de beber: suave, amable, de gran estructura pero elegante a la vez. Es una mezcla tal vez de lo que fuera el último 1865 Cabernet y Cabo de Hornos 2014. Una comparación que puede parecerle odiosa, siendo un ex San Pedro, pero me parece justa para los que gustan de ambos vinos, como yo. Y también, una advertencia para los que por otro lado están buscando identidad con un carácter singular.  Aquí  encontrarán el placer de beber, y esa sensación de que el vino viene de un Colchagua mucho más fresco de lo que estamos acostumbrados a probar; con nervio y fruta roja.

La mezcla tuvo 9% de guarda en barrica nueva y el resto de barricas usadas.  “Nunca pensé que las barricas que usaba para experimentar, me servirían para hacer el vino después; tengo barricas con uso desde el 2009 al 2018″, cuenta Puyó. Para este vino dice Marco, “pensé: quiero que tenga complejidad, vida y energía, que sea fresco pero que sea bebible. Uno pienso cosas y no siempre resulta 100%”. En este caso sí. De seguro su complejidad se la darán los años de guarda en botella.

El Dagaz Cinsualt Itataino 2018 sigue la misma senda, es un tinto por supuesto más ligero, más Cinsault, pero fresco, jugoso, de cuerpo medio a ligero, con mucha fruta negra, muy suave  y fácil de beber. Nada de ese tanino secante que decimos caracteriza al Cinsault. Sí, tal vez uno de los mejores Cinsault que he probado.  Para tener esa frescura el vino solo tiene 75% de guarda en acero y el resto en barricas viejas.

¿Qué más tienen en común sus dos  primeros vinos: suelos de granito, “que dan tensión y fruta fresca”, dice Marco. Sin embargo, para acentuar ese carácter, confiesa, aún no tiene recipientes de concreto, pero ya vendrán.

¿Por qué Itata  y por qué Cinsautl? “Itata, nos dice Marco, porque me encanta, me encanta su sencillez, lo simple. Estoy yendo desde el 2013 cuando hicimos Los Despedidos en Viña San Pedro. Un año incluso fuimos con todo el equipo, guiados por Eduardo Brethauer, a hacer una visita técnica. Me quedé a dormir en casa de Consuelo (Villa Taly) y me dije quiero hacer algo acá, quiero aportar. Yo tuve la oportunidad de estudiar, de tener acceso a cosas… ahora siento que quiero devolver la mano. Por eso el Cinsault de Itata,  y además soy director de la Fundación Cultural del Patrimonio del Itata. Y Cinsault porque el tinto del Itata es el Cinsault.

¿Y por que no un blanco del Itata? “Podría ser, y podrían ser muchas cosas más, pero parte de lo que aprendí en Viña San Pedro es que hay que tener foco en lo comercial para te vaya bien”.

¿Que más aprendiste de San Pedro y de todos los otros trabajos que has tenido como enólogo?

“Aprendí todo en las empresas que he trabajo; siempre fui empelado, hasta ahora. En todas las que trabajé, partí en Errázuriz un par de años, en Casa Lapostolle, en Manquehue, en Los Vascos 6 años, luego en San Pedro 12 años, y en cada una aprendí algo más, distinto. Lo primero que aprendí es que el vino tenía que ser un negocio, sustentable en el tiempo y que tiene que ser capaz de financiarse por sí solo, y no ser financiado por otras empresas, dedicadas a otras cosas. Porque es un hobby caro… Lo que aprendí fue que el negocio debe apoyarse por sí mismo, porque sino, no es verdad lo que tienes. Y la clave de cualquier negocio es el foco, el foco, sino tienes foco difícilmente te puede ir bien. Podría hacer 10 vinos distintos, y si pierdo el foco esto se va convertir en una colección y no en el negocio que me gustaría vivir yo y mi familia por los próximos años… En las otras viñas donde primero trabajé aprendí a hacer vino, porque no sabía absolutamente nada. Con los franceses en Los Vascos aprendí que el foco es lo importante. Me aburría  hacer solo Cabernet Sauvignon en Los Vascos, porque todos los vinos eran de Cabernet, pero hoy lo veo así: tenían toda la razón y por eso les va bien.  Lafite en Burdeos que es una mezcla específica, basada en Cabernet, Los Vascos en Chile es Cabernet;  el Cabernet es por lejos el vino que más se vende en el mundo , y su proyecto en Argentina, Caro, es Malbec. Pero yo necesitaba algo más y me fui a San Pedro, un proyecto que en 2006 le estaba yendo mal, y todos me decían que era un loco. Trabajas en la creme de la creme y te vas a San Pedro a hacer vinos varietales…  Y por eso me fui, tenía todo por hacer. El desafío era máximo, total, podía hacerla o fracasar, en Los Vascos no iba a hacer la diferencia”.

Pero dejaste un Carmenère en Los Vascos…

“Si, no llegué a hacerlo  pero aporté con mi tozudez, insistencia,  que lo plantaran e injertaran sobre Cabernet. No llegué a hacer el gran reserva que hay. Y en San pedro aprendí el negocio, a gestionar, operar, administrar, a mantener costos en línea, a hacer equipo, a confiar, delegar, y me metí en todas las etapas del negocio, y me di cuenta que en 26 años, entré en todas las áreas,  unas me gustaron más o menos,  pero siento que entiendo desde viticultura hasta ventas. No soy experto en todas, pero me siento lo suficientemente conocedor de cada área para emprender este negocio, esta pasión y manejarlo bien… Y ahora estoy poniéndome a prueba, haciendo lo que quise hacer toda la vida, y ser libre. Ya no seré una persona amargada. Mi papá siempre me dijo que aprendiera y que hiciera luego mi propio proyecto… Y yo le dijo hoy a mi hijo incluso, que no parta trabajando con otro, que parta solo, porque es super capaz”.

Tienes ya distribuidor o lugar de venta  hoy en Chile?

No, pero si  estaré en la feria del Hyatt..

¿Y podrá ser en el aniversario de WiP próximo 4 de diciembre?

Claro que sí! En este momento estoy en conversación con potenciales distribuidores, pero no podía hacerlo sin tener el vino etiquetado, sin estar listo, no sería serio. Hoy pueden pedirlo directo a mi correo o al de mi señora.

¿Precios? $26.000 Tierras de Pumanque y  $13.000 Itataino. Pueden comprar ambos Dagaz directo antes de concretar  distribuidor a precio de productor,  a través del mail [email protected] o el de su señora [email protected] “No solo quiero hacer vinos en Chile sino ir a Argentina, y  en otra etapa más ambiciosa, hacer vinos en el Barolo, Italia, por eso le puse punto com, nos explica el nuevo @marco.puyo.

 

 

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