FERIA CHANCHOS DESLENGUADOS EN EL MUT
Este finde la primera feria de vinos naturales de Chile vuelve con 30 viñas. Conversamos con su gestor y despertamos tentaciones para no perdérsela.
Sebastián Alvear está como chancho en barro a las 11:30 de la mañana en el tercer piso del nuevo Mercado Urbano de Tobalaba (MUT). La luz entra por las enormes ventadas abiertas de par en par, mientras, el grupo Clásico No convencional (CnC) acaba de contarle a los presentes, en una mini rueda de prensa, que estarán tocando este domingo 25 de mayo en este mismo lugar, unos pisos más abajo. Alvear entre tanto, estará acá mismo, tanto sábado 24, como domingo 25, junto con 30 viñateros, para una nueva versión de la feria de vinos que creó junto a Alvaro Tello. La que marcó un antes y después en la forma de organizar este tipo de eventos en Chile.
Alvear está contento porque se han sumado pequeños viñateros desde Colchagua, Maule y un buen grupo desde Itata. “Con Chanchos, nos dice rodeado de cuatro de los viñateros del grupo que nunca fallan, hemos logrado muchas cosas. Primero, cambiar la percepción del vino. Antes de Chanchos todas las ferias se llamaban vinos de lujos… El nombre Chanchos Deslenguados, porque era justo todo lo contrario a lo que se estaba haciendo en esa época. ¿Que hice? saqué a las promotoras del medio, puse a los viñateros al frente. Busco vinos con la menor intervención posible”.
Alvear lo explica mejor: “el corte de los vinos que forman parte de la selección de la feria Chanchos Deslenguados es, para empezar, que en sus fermentaciones usen levaduras nativas y no sulfiten o lo hagan muy poco, aunque es de lo menos importante al final.
También me quiero meter en el tema de lo que es el suelo. Me preocupa que el glifosato, el Roundup, usado como herbicida está muy presente en todos lados, y es algo que es mucho peor que el sulfito, pero la gente no lo tiene en el radar. Trato de hacer activaciones en el sentido de que el vino es un fermento, pero esta idea no llega lejos. No se entiende… De hecho, el concepto de vino natural tampoco ha llegado tan lejos en Chile… Le he dado muchas vueltas y estoy pensando si es que yo soy el problema, porque no he logrado hacerlo demasiado popular. Somos un porcentaje menor, pero sí sé que le estamos dando mucho contenido al mundo del vino en sí. Ahí radica nuestra riqueza y creo que tenemos que seguir en esa línea. Hoy en día la verdadera rebeldía, ser punk, es vivir en el campo».
Los cuatro viñateros que le acompañan han llevado, por supuesto vinos, algunos de los que se podrán degustar, sin limites por $20.000, este fin de semana. Los probamos, elegimos los más interesantes como un abreboca para lo que se viene, y lo que será conversar con sus hacedores para saber todo lo que quieran detrás de cada etiqueta.
Montsecano Quebradilla Pinot Blanc – Chardonnay 2022, Casablanca. El dueño y viñador de esta pequeña viña de Casablanca, Julio Donoso, nos contó que encontró unas pocas plantas de Pinot Blanc; sacó estacas, las plantó y llegado el momento vinificó sus uvas. Como no tenía suficientes uvas para completar la cuba de cemento, le puso un poco de Chardonnay. Le gustó mucho el resultado, y a ¡nosotros también! “Cada vez tiene más Pinot Blanc y cada vez menos Chardonnay. El vino (que comenzó a elaborar en 2020) se llama Quebradilla en honor al campo en Casablanca que era de mi abuelo, y es de donde obtuvo las plantas. La idea es que vamos a tener en Las Dichas sólo el viñedo de Pinot Noir, Pinot Blanc y Gamay, la que estoy plantando. Van a ser 800 litros, de 600 litros de cada uno. Es decir, económicamente absolutamente inviable». El vino 2022, con 11.9 °A es turbio, naranjo, no lo es en el sentido estricto de vinificar con pieles. Tuvo sí maceración con pieles, de ahí el color más intenso. Luego se fermentó en huevos de cemento. En nariz tiene notas a mango y en boca muy buen volumen que deja un final con muy rica acidez y leve amargor. Comestible dice Julio. Sí, para acompañar con algo muy sabroso.
Macatho Tinajacura Cinsault-Carignan 2020, Itata. “Esta viña la trabajamos desde el 2015, el primer año que vinificamos fue el 2016″, nos cuenta su enóloga Macarena del Río con su marcado acento francés. «Estamos mostrando ahora el 2020 porque como el Carignan tiene más acidez con respecto a las otras variedades de secano interior, necesita más tiempo en botella. El viñedo es un jardín de variedades, está todo mezclado. Es un 30% de Carignan injertado sobre viejo país, y 70 Cinsault. La mezcla puede variar en los años dependiendo de las condiciones climáticas. Las dos se cosechan al mismo tiempo, pero las podamos en tiempos distintos. Antes la carignan, porque es un cepaje que necesita acumular más horas calor para poder madurar al mismo tiempo. Es un trabajo más minucioso porque fisiológicamente las plantas son completamente distintas». El vino de lindo color rojo-violeta, encanta con mucha fruta negra, jugosa y con garra.
Villalobos Silvestre Carignan 2023, Colchagua. Nacido de vides salvajes, las que volvieron a trepar los árboles en un viñedo abandonado. Martín Villalobos, nos cuenta que estaba haciendo un descubre y le sobraron mil litros de vinos que no sabía dónde meterlos. “Dije, sabes qué, embotellémoslo. Lo tiré de la cuba directo a la botella y me quedó muy bien. Si no hubiera tenido el problema, seguiría en la cuba». ¡Eureka! El vino es delicado en color y fuerza, con aromas a miel y frambuesa, para quedarse a vivir en esa copa. Hermoso, al fin no más encubierto por las notas animales del Brett. Deben probar y llevar! El otro vino que mostrará Villalobos será un Carmenere 2014. “El jefe de bodega me dice un día, hay dos barriquitas ahí al fondo; que va a hacer con ellas, las tenemos desde 2014. Las mantenía rellenando para evitar oxidación. Le dije probémoslo. Imagínate tiene 120 meses en barricas. Lo llevé a una fiesta de vino hace poco y se vendió en media hora”. Con esa intro, ¡hay que probar!
Viña Maitia Rouge cien % chileno. Cabernet Sauvignon 2020. Cabernet sí! Hace años nos dice David Marcel que viene vinificando esta variedad, que es la reina de Chile. Aunque, su fuerte, la razón por la que lo conocimos y se ha hecho su fama, es por Aupa, esa mezcla de País y Carignan que se bebe demasiado fácil. Bueno, así mismo es este Cabernet ya con 4 años de guarda. Liviano, amable, jugosa fruta roja. “Hace mucho tiempo que tenía ganas de hacer vinos que pudiera presentar con tiempo de guarda, que ya hubieran desarrollado ya sus aromas terciarios, pero no tenía los recursos. Porque no es llegar y guardar. Entonces fui guardando, y ahora ya es el momento de poder mostrarlos». Ya lo saben, no lo dejen pasar si divisan Viña Maitía, su Aupa o Weón.
Atentos porque podrán comprar cajas para llevar hasta el espacio en el 3er piso, con surtido de quesos en Stgo Cheesemongers, y charcutería de La fiambrería.
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