UN TESORITO EN SANTIAGO

Publicado el 17 julio 2019 Por Mariana Martínez @reinaentrecopas

Los invitamos a conocer una de las pocas bodegas que aún quedan atrapadas dentro de Santiago. Es una visita de fácil acceso y precio accesible, obligada para conocer el terruño y los vinos que dieron fama a Chile dos siglos atrás.

Mientras celebramos los 50 años de haber llegado a la luna, aquí abajo en la Tierra visitar un viñedo con su bodega de vinos cerca de la ciudad parece ser una hazaña de otro mundo. Saber que hay al menos tres, produce la misma emoción que ir en busca de un tesoro escondido; aunque el mapa para llegar hasta allí pueda encontrarse re fácil en la Internet. Uno puede imaginarse las preguntas que deben hacerse sus dueños y deben repetirse una y otra vez a sí mismos y a otros: ¿por qué, cómo, hasta cuándo resistir el crecimiento de la ciudad; cómo lidiar con sus nuevos vecinos y alcaldes, cómo proteger su terruño lleno de historia y grandes vinos y no morir en el intento…

Viña Aquitania, una de esas últimas viñas que queda en Santiago con viñedos y bodega propia, es curiosamente nueva en este barrio alto de Peñalolén (en lo que llamamos hoy Maipo Andes). Si es que se le compara con sus vecinas que todavía luchan por sobrevivir atrapadas dentro de la ciudad de Santiago. Sus viñedos más antiguos y pequeña bodega van a cumplir recién sus primeros 30 años de historia el 2020. Viña Domus Aurea, en la misma avenida Consistorial, en dirección al Sur, le lleva 20 años, pues fue fundada en 1970. Viña Cousiño Macul, en el cuadrante Sur de la misma avenida, en tanto, suma varios cientos de años a cuestas.

 

En entrevista con Verónica Cousiño, nos quedamos tranquilos con la idea de que al menos Cousiño Macul seguirá por siempre allí, aunque más chicos, y aunque aún no sabemos qué pasará con las otras dos infantas en los próximos años, la invitación que queremos hacerles a ustedes, es a conocer este sector legendario más pronto que tarde.

La ventaja es que llegar hoy hasta allí es muy fácil, incluso si no tienen auto a mano. El Metro tiene una estación en la cercana plaza de Quillín, y desde ahí pueden tomar el Metrobus, colectivos o taxis; Uber, también, por qué no; es el siglo XXI. Ojo, porque Domus Aurea -con un proyecto inmobiliario a largo plazo en su terreno y nuevas exigencias municipales- no recibe visitas, al menos sin previa reserva. Cousiño Macul sí, ver más información acá.

Viña Aquitania, de la cual les contaremos más detalles hoy, tiene cinco horarios bien definidos para sus tours de lunes a sábado; también dos alternativas diferentes, según los vinos que quieran, o puedan ($) ustedes probar. Aquí les contaremos de todos ellos, para que se tienten y sepan que sea cual sea el tour que tomen, estarán frente a grandes vinos. Además consideren que el recorrido por la bodega, desde su torreón con fantástica vista a la  cordillera, hasta la sala de barrica, es el mismo, de la mano de una Bárbara guía. Los tours valen $12.000 si degustan 4 vinos Reserva,  y $22.000 si van por los 4 premium.

 

UN POCO DE HISTORIA SOBRE VIÑA AQUITANIA

La Viña Aquitania nació en Peñalolén en 1990, cuando los faldeos de los Andes cerca de Santiago aún eran chacras agrícolas. Nació del afán de un par de amigos franceses, que querían tener un viñedo en Chile. De dos, pasaron a cuatro: eran los 4 mosqueteros. Todos grandes personalidades del mundo del vino en sus respectivos ámbitos. Paul Pontallier (fallecido el año 2016), era entonces el enólogo de Chateau Margaux (uno de los grandes Primer Cru Burdeos), Bruno Prats, era su enólogo vecino, en Cos d’Estournel, y Felipe de Solminihac, el enólogo chileno, quien les ayudó a dar con el lugar, y quien hoy es, además, asesor de Viña Cousiño Macul. Más tarde, el año 2002, se les uniría Ghislain de Montgolfier, miembro del equipo de otra casa francesa legendaria, Champagne Bollinger.

Este cuarteto extraordinario, en un lugar extraordinario, no podía hacer más que hacer vinos extraordinarios. Eso hicieron, y exclusivamente tintos. Hasta que de Solminihac unió al proyecto sus propios viñedos en el Valle de Malleco; 650 km al Sur de Maipo. Una locura para aquel entonces, y que por más de diez años los llevó a demarcar la frontera Sur del vino chileno con su gran Chardonnay Sol de Sol. De Malleco, con el tiempo, nacieron más vinos extraordinarios, todos de clima frío. También los probarán si van de  visita a la viña, pues son parte de la familia.

 

EL TERRUÑO DE PEÑALOLÉN

De las 25 hectáreas originales en los pies de los Andes, en Peñalolén, el proyecto Aquitania cuenta actualmente con 18. En mi visita la semana pasada, junto a Felipe de Solminihac y su hijo Eduardo, supe que sus viñedos más valorados son los que están en la entrada de la viña; son los más viejos, también los que tienen esa combinación perfecta de suelos que le ha dado fama al lugar. Felipe explica que en la superficie tienen una capa de arcilla de al menos unos 50 cm y debajo, las piedras aluviales y coluviales mezcladas en el mismo tipo de suelo. Se trata, explica, de un estrés justo y preciso, que aporta a los vinos concentración pero a la vez estructura, gracias a la arcilla. Más arriba, agrega, hay más piedras y menos arcilla, por eso sus vinos tienen menos estructura. Entendiendo estas diferencias, nos queda claro por qué los vinos Premium de Aquitania vienen de la parte baja, y los Reserva de la parte alta.

Por otro lado, el secreto de la suavidad de los taninos de este terruño, dice Felipe, es ese suelo pobre, que evita que la planta no siga creciendo, y obtenga la madurez de sus fenoles en su momento justo; eso es junto con el nivel de azúcar necesario. “Para que el tanino madure, agrega, el problema serán suelos con excesos de agua. El manejo del agua en suelos mucho más arcillosos que los de Peñalolén, explica, es más complicado. Por eso Maipo es Maipo, y por eso sus taninos son suaves como en ningún otro lado”.

En cuanto a sus aguas para el riego, las que entendemos son ricas en calcio, de Solminihac nos explica: “Las aguas con más calcio y más potasio bajan la acidez de las uvas, eso ayuda a tener menos sensación de acidez, lo que se confunde con sensación de tanino“.

LOS VINOS RESERVA DE AQUITANIA

La línea Reserva de la bodega está formada hoy por dos tintos, los Aquitania Reserva Cabernet Sauvignon y Carmenère. Antes existió un Syrah, pero ya no; sus uvas ahora se suman al Cabernet. Sí, es importante aclarar, su Carmenère no viene de aquí, sino de un viñedo con un suelo muy parecido en el mismo Maipo Andes. Además, hay un blanco, el Reserva Chardonnay de Malleco. Cada uno por $10.900, son una verdadera ganga. De ellos hablaremos más adelante. En la bodega están a la venta por $7.500.

EL ESPUMANTE DE LA CASA

No es casualidad que uno de los socios de Viña Aquitania tenga experiencia en Champaña, y no cualquier bodega, sino Bollinger, la del Agente 007, conocida por sus espumantes de gran estructura gracias a la guarda de sus vinos en barricas de madera. Tampoco es casualidad que de Solminihac haya comenzado en el negocio del vino, al salir de la universidad, en la Viña Valdivieso, la primera bodega de espumantes de América.

El vino con burbujas de Aquitania es Brut Nature (eso es con 2 gramos de azúcar por litro, o sea, nada) y tuvo guarda en barricas de madera. Su mezcla 60% Pinot Noir y 40% Chardonnay pasó 3 años en contacto con sus lías dentro de sus botellas. El vino es una maravilla, poco conocida como los tres vinos Reserva de la viña, y vale la pena probar si dan con alguna de sus pocas botellas que aún pueden quedar por allí.

Lo comenzaron a hacer el año 2012, hasta el 2014. Luego volvieron a hacerlo el 2017 y hasta la fecha sin interrupción. En nuestra visita probamos la cosecha 2014, del que ya no quedan botellas a la venta. Lo que es una lástima, porque por $25.000 es un espumante que no tiene nada que envidiar a un Champaña. Su color es levememte cobrizo, y su fina nariz recuerda notas de bizcocho, miel y membrillo. En boca está su fuerza, la de es un espumante más vinoso que burbujeante, más tenso que goloso, más agridulce que ácido. Hace salivar e invita a beber una y otra copa más. La nueva cosecha 2017 ¡paciencia! saldrá en un par de meses más. ¿Con qué acompañar? Cualquier banquete que se haga con la pura excusa de celebrar.

LOS VINOS TRANQUILOS DE AQUITANIA

En esta casa, se prueban los vinos tintos antes que los blancos, una vieja costumbre de Borgoña que me encanta. Sobre todo, sabiendo que el broche de la cata será el Sol de Sol Chardonnay, un clásico.

Partimos pues por el Aquitania Pinot Noir Sol de Sol 2012, Malleco ($17.900); éste es el segundo vino que nació de Malleco y que en su primera cosecha tuvo un hermano menor, un Reserva, que ya no existe. Sus pequeños racimos, llegan perfectos a Peñalolén, después de haber sido cosechados a mano y transportadas por 800 km en gamelas de 24 kilos, al igual que el resto de las uvas que llega cada año desde Malleco. El viaje en camión hasta la ciudad, dice Felipe, no les hace ningún daño. Además viajan de noche, pasando frío en la carretera. Cuando la uva viene con algo de botrytis, dice el enólogo, se seleccionan a mano; el problema mayor puede ser cuando tienen oídio.

Ya el hijo de Felipe, Eduardo, nos había contado que su padre estaba fascinado con la elegancia de esta cepa (ver nota Día del Padre 2019 acá). Y este Pinot 2012 tiene esa delicadeza que fascina e intriga. Es liviano, con sabor y aromas a frutas rojas frescas, y una rica acidez final. Su guarda fue en barricas usadas, y algo de nuevas,  por un año. Sabemos que 2012 es un año cálido en el Sur pero el vino no lo delata, por el contrario, con siete años a cuestas sigue siendo un delicado jugo de guindas ácidas, y el color sigue vivaz. Sus aromas recuerdan a un bosque húmedo del Sur y a grafito; en boca es liviano pero con fuerza. Un 2012 que ha resistido impecable el paso del tiempo. Es el que está hoy en el mercado.

Seguimos con Aquitania Reserva Cabernet Sauvignon 2016, Maipo ($10.900). De delicado color rubí; aunque más intenso que el del Pinot; me llama la atención su palidez. De Solminihac me explica que los vinos tintos no tienen tanto color aquí, debido a la intensidad de la radiación del sol. Golpe a la cátedra; yo siempre había escuchado la teoría opuesta, pero debido a la gran amplitud térmica.“No podemos tener color intenso a 750 m.s.n.m. por la alta radiación solar, porque taiman el color de la pieles”. Luego, nos llamará la atención las notas del vino a guayaba fresca, y lo suave de los taninos en la boca; también su ligereza. Es un Cabernet que no lo parece, y la culpa no es del Syrah, que forma parte de su mezcla en un 15%. Toda un sorpresa, una buena sorpresa para quienes no gustan de Cabernet corpulentos y tánicos. Un 59% de guarda en barricas usadas y el resto en acero respeta la frescura de su fruta. Pensado en su compañía al descorcharlo buscaría un buen amigo/amiga, con el que quiera conversar a solas por largo rato; ahora, si prefiero no hablar, buscaría para su compañía una chimenea encendida.

El Aquitania Reserva Carmenère 2018, Maipo ($10.900), pareciera tener más cuerpo y tanino más firme que el Cabernet, es más joven, claro, aunque  suele ser al revés. Ello no le resta, sino que suma. En conjunto es un vino especiado, con las notas herbales del Carmenère bien marcadas, y en boca con rica acidez final, con fruta negra muy sabrosa. Otro elegido para seguir la conversa junto a la chimenea.

Seguimos con Lazuli ($42.500). Un ícono de Maipo Andes, a mitad del precio que sus pares más afamados (como Don Melchor, Domus, o Chadwick) se adelanta a decir Felipe. Como ya lo comentamos, sus uvas vienen del viñedo en la parte baja del campo, con más arcilla, de allí, la razón de que tenga más cuerpo y estructura, si lo comparamos con el Cab Reserva 2016. El vino también tuvo más madera en su guarda: un tercio en barricas nuevas de 400 litros, otro tercio en barricas de un año, y otro tercio en barricas de dos años de uso. Para quienes estén buscando aquí a Paul Bruno, el primer gran tinto de Aquitania, debo decirle que ya no existe. De él, nacieron el Reserva Cabernet y Lázuli.

De Lázuli probamos cosechas 2016 y 2006, el segundo impacta su fuerza mayor, y las notas en nariz de frutas negras, como cassis y arándanos, junto con notas herbales, a mentol, alcanfor y pimienta negra, las que siempre se han asociado con Maipo Andes. Felipe precisa que el descriptor en su conjunto se conoce como  vitispirano. ¡Siempre se aprende algo nuevo! Se trata de un descriptor aromático característico de los Cabernet de zonas frías, agrega.

El enólogo también destaca además que sus Cabernet de esta zona, suelen ganar fuerza con los años, otra curiosidad sin duda, pues suele ser al revés. Aunque tiene lógica: la de la polimerización en sus primeros años. “Los taninos se van uniendo, polimerizando, dice Felipe, hasta que ya no ganan más, y el vino se vuelve decrépito”. Con 13 años éste, de decrépito, nada. Todo lo contrario, larga vida.

VAMOS POR LOS BLANCOS

El Aquitania Reserva Chardonnay 2016 de Malleco ($10.000), es tal vez el tesoro mejor guardado de esta viña. Probamos la cosecha 2016, como siempre, fermentado y guardado 100% en acero inoxidable. Esta es la primera gran diferencia si lo comparamos con Sol de Sol Chardonnay, 100% con paso por madera. La otra, es que sus uvas vienen de los viñedos más jóvenes de Malleco (plantados el año 1998, en el viñedo Esperanza). Sin madera y por su clima frío, el vino tiene un color amarillo muy pálido y sus aromas recuerdan a duraznos blanquillos. En boca es jugoso, como ese mismo durazno bien maduro y tierno, cuyo jugo se chorrea por la mano al darle un bocado.

El Chardonnay Sol de Sol 2016 (de los primeros viñedos plantados en 1993, en Malalco) es otro mundo. Uno opuesto. Fue guardado 15% en madera nueva de 600 litros, el resto de varios usos (hasta 5 años) y posee sólo 10% de maloláctica. Felipe recuerda que el primero de todos, cosecha 2000, tenía 50% de maloláctica. Además, me comenta que no llovió para la cosecha 2016 en el Sur, pero que sí fue un año frío, aunque nunca tanto como el 2011. Compararlo con el Reserva Chardonnay es inevitable, Sol de Sol es más todo: en aromas más maduros, es más cuerpo, más largo en su paso por la boca y más dulzón. Todo sus “más” de complejidad y juventud, nos piden más guarda, y mientras lo esperamos descorchar hoy el Reserva Chardonnay junto al marisco que se les ocurra, y cómo se les ocurra, en su preparación.

Seguimos con el Chardonnay Sol de Sol 2011, el año más frío en la historia de Malleco. Su color amarillo dorado intenso delata su edad, 8 años, su nariz tiene notas a puerro y espárragos, y luego, la boca… qué boca, qué filo, qué ganas de beber y beber… Otra joyita, tal vez la más excéntrica de todo este tesorito del Maipo.

 

El siguiente vino, que se hace desde la cosecha 2010, es el Aquitania Sol de Sol Sauvignon Blanc 2015 de Malleco ($17.000). De un año frío en el Sur es un Sauvignon con cuatro años a cuestas que saca aplausos. Va en la misma línea que Aquitania Chardonnay pero con más filo y acidez en boca, y más austero incluso en la nariz, con notas a ají verde, hojas de tomate y daphne. Su elaboración es mitad en acero y mitad en barricas de madera.

 

Antes de despedirnos probamos los vinos bases de lo que será el Brut Nature 2019  y como no, volvimos a la copa del Brut Nature 2014, y allí estaba, más vivo que nunca, con su burbuja seductora, y sus notas bizcocho y miel…  para celebrar que estas joyitas siguen vivas y que en cualquier momento podemos ir a visitarlos. Incluso, sólo para ir a comprar a precios de bodega. ¿Por cuánto tiempo más no lo sabemos? Felipe confiesa que pronto deberán conversar entre sus socios para tal vez desprenderse de la parte superior del viñedo, pero por ahora es solo una conversación pendiente.

Viña Aquitania se encuentra en Av. El Consistorial 5090. Peñalolén. Stgo.

Teléfono: (56) 22 791 4500

Contacto e-mail: [email protected]

Sitio Web: https://aquitania.cl/

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5 comentarios

  1. Luis Rafael Jofré dijo:

    Magnífico reportaje, Mariana, muchas gracias.
    Como escritor viajero y editor, tengo el privilegio de poner como dirección nacional e internacional: Terroir de Peñalolén, Alto Valle del Maipo en Santiago de Chile o High Maipo Andean Wine Valley at Santiago de Chile, según corresponde; nuestro cartero, por supuesto, lo sabe, para que no se pierda ningún envío desde más allá de nuestras fronteras, de ultramar.
    Desde que Peñalolén fuera fundada como comuna, nuestra alcaldesa fundadora María Angélica Cristi puso mucho énfasis en la ruta vitivinícola de Peñalolén, desafío que ha sido retomado por nuestra actual alcaldesa Carolina Leitao, como nuestra querida Maqueca, tan hiper activa como regia.
    Mis mejores deseos de éxito (en orden histórico) a Cousiño-Macul y Peñalolén por este entorno de creación feraz que que nos regalan en medio de nuestra ciudad —posiblemente, sólo Viena comparta semejante privilegio—.
    Hay una anécdota muy poco conocida respecto del notable parque y casona de la Viña Cousiño-Macul, que su presidente anterior —Don Arturo Cousiño Lyon— ya fallecido, quiso donar como casa de los presidentes de Chile. Desde su posición de hombre de derecha, ni siquiera le importó que Salvador Allende hubiera sido elegido mandatario por una diferencia mínima sobre su contendor, Don Jorge Alessandri Rodríguez. Como descendiente directo de una familia que tanto aportara a Chile durante la Guerra del Pacífico y luego a nuestro Valparaíso —el actual centro de convenciones del Duoc fue HQ corporativo de sus operaciones navieras y comercio exterior durante largos años—, simplemente no pudo tolerar que se le cambiara el nombre al Parque Cousiño por Parque O`Higgins, cuya venta (o cesión, no lo se) a la Municipalidad de Santiago, fue por un valor referencial que de hecho constituía un singular aporte ciudadano, tal como más tarde fuera la venta del Palacio Cousiño, también por un monto muy inferior a su valor de mercado. Semejante muestra de desagradecimiento, que hasta el día de hoy no ha sido reparada, sólo ha permitido que practicamente nadie quiera donar nada al Estado de Chile, salvo Douglas Tompkins en nuestro austro patagónico. Por desgracia, el Estado de Chile no siempre es administrado por quienes debieran hacerlo en todo mmomento desde la máxima buena fe y no desde la sobreideologización o con la mano en la calculadora de la mayor o menor adhesión de la opinión pública.
    Afortunadamente, desde los albores del período de la Conquista, el vino es un elemento permanente de unión de la familia chilena. En la primera oleada con la vigorosa cepa país, hoy crecientemente revalorizada —tal vez queden por allí algunos parronales de la que fuera Chacra Valparaíso, cuyas tierras son hoy parte de las actuales comunas de Ñuñoa, Macul y Peñalolén— y en la segunda gran oleda de nuestra industria vitivinícola, con la notable iniciativa de Don Silvestre Ochagavía Errázuriz, pionero en traer cepas francesas de gran clase que constituyen, hoy, la base de las exportaciones de excelencia de nuestro vino del Nuevo Mundo y más tarde regresaran a Francia y Europa, luego que la filoxera destruyera la mayor parte de los parronales del vino del Viejo Mundo.
    Maternidad y paternidad solemne de nuestra riqueza vitivinícola de la que el Terroir de Peñalolén, Alto Valle del Maipo en Santiago de Chile, es protagonista de excelencia, Luis Rafael Jofré

    • Mariana Martinez dijo:

      Luis Rafael podrás compartir más detalles sobre el regreso de cepas a Francia y Europa desde Chile. Muchos lo comentan pero no se de registro alguno sobre este hecho. Lo que hay es una estatua en La Universidad de MOntpellier que agradece la salvación de las viejas cepas europeas, de la filoxera, a las jóvenes cepas americanas. Lo que sin duda es una ironía, pues fueron ellas mismas quienes le llevaron in saberlo a Europa.

      • Luis Rafael Jofré dijo:

        Lamentablemente, Mariana, no tengo mayores antecedentes sobre el regreso de las cepas francesas no sólo a Francia sino a todo el Viejo Mundo vitivinícola. Hay autores que lo niegan rotundamente —Rodrigo Alvarado Moore: El vino en la historia de Chile y el mundo, Ediciones Origó, 2003—, otros tantos (por lo general libros internacionales) que ni siquiera hacen referencia a este hecho, sin embargo, la tradición oral de viñateros de la época así como sus descendientes, insiste en que desde Chile se reexportaron vides. Es muy posible que no se conserven evidencias ciertas de esta re-exportación ya que en 1870/1880 —apenas se conoció la magnitud del daño que estaba causando la filoxera en el mundo— el Gobierno de Chile prohibió la importación de todo tipo de cepas y elementos orgánicos que pudieren traer este contagio a nuestro país, determinando una fuerte barrera sanitaria que, como tú bien sabes, tiene defensas naturales formidables: El Desierto de Atacama por el Norte, los hielos eternos de fin de mundo por el sur, la Cordillera de Los Andes por el este y la inmensidad del Pacífico Austral por el oeste. Es muy posible que esta prohibición de importar cepas y elementos orgánicos también haya sido entendida como prohibición de exportar y estas exportaciones de cepas hayan sido realizadas entre amigos —sin que quedar evidencia formal— o, tal vez, por contrabandistas en forma ilegal. Tal como hoy, a fines del siglo XIX Chile tenía un intercambio comercial de exportación e importación vía marítima sumamente activo.
        En relación a la ironía que representa la estatua de la Universidad de Montpellier, donde han estudiado y enseñado tantos de nuestros enólogos, la filoxera habría sido llevada por cepas importadas por Europa desde América del Norte, desarrollándose muy fuertemente en Europa que no tenía las defensas naturales de entorno que si tenía en América del Norte.
        Regresando a Chile, por desgracia los propietarios de la marca Ochagavía no han honrado a Don Silvestre Ochagavía al nivel al que lo debieran haber hecho, ya que fue el pionero que trajo las cepas que protagonizaran la segunda gran oleada de nuestro desarrollo vitivinícola, al extremo que ese magnífico punto de partida de Don Silvestre da origen, hace algunos años, al descubrimiento casi simultáneo, en medio de parronales cabernet sauvignon, en dos de nuestras viñas tradicionales de la cepa carménère que se creía completamente extinguida —entiendo que por la destrucción causada por la filoxera en Francia y en casi todo el mundo—.
        Como es habitual en Chile, Mariana, producimos vinos de excelencia pero no hemos sido capaces de generar el relato y la leyenda que debe acompañar siempre al vino: ¿Qué diferencia hay entre un 100 puntos nuestro del Terroir de Puente Alto en el Alto Valle del Maipo o del Valle de Apalta en el Valle de Colchagua con un Château Mouton Rotchild o un Cháteau Lafite Rotchild? Sino el relato y la leyenda que los franceses han sido capaces de construir.

        Adendum: En la nota inicial que te envié sobre tu magnífico reportaje al Terroir de Peñalolén cometí un error por haber escrito esa nota muy por sobre la marcha. Consigné: Viña Cousiño-Macul y Peñalolén en vez de Viña Cousiño-Macul y Viña Aquitania. Mis excusas a ti, a tus lectores y por cierto a Viña Aquitania. Hacer corrección de estilo con estas letras tan pequeñas suele ser muy complejo, LRJ

  2. […] La Asociación de Empresarios Vitivinícolas del Valle de Casablanca (AEVC) anunció la… Enoturismo […]

  3. […] La primera cosecha la obtuvieron el año 2017,  y con ella hicieron dos vinos, elegidos por WiP.cl como proyecto innovador del año 2018.  Ambos vinos, de gran color y estructura y rica acidez, se fermentaron y guardaron en barricas viejas, para que la madera no fuera protagonista; tal como suelen hacerse en Italia (aunque allí la tradición manda fudres de más de 3.000 litros). Maurizio explica que el resultado fue  completamente diferente, porque aquí hay suelos ácidos,  y allá calcáreos. El  suelo calcáreo, agrega da un vino de pH más alto, eso es baja la acidez, por lo que sus taninos son más suaves. Lo mismo que nos diría justamente la semana pasada Felipe de Solminihac. […]