VIGNO: 15 AÑOS VALORIZANDO EL CARIGNAN DEL MAULE
El aniversario reunió a productores, investigadores y críticos internacionales para evaluar los avances de VIGNO, sus hallazgos científicos y los desafíos que enfrenta el patrimonio vitivinícola del secano maulino.
Quince años después de su creación, VIGNO, Vignadores de Carignan, tiene razones para celebrar: consiguió dar identidad y reconocimiento internacional a una variedad que permanecía relegada en los antiguos viñedos del secano del Maule, construyó una marca colectiva y contribuyó a mejorar el valor de las uvas de pequeños productores.
Sin embargo, su futuro plantea desafíos que van más allá de elaborar grandes vinos: conservar los viñedos, generar conocimiento, conquistar consumidores y asegurar que el valor de ese patrimonio llegue a quienes lo trabajan.
Estas fueron algunas de las reflexiones del Seminario Internacional del Carignan 2026, realizado el 29 de octubre en Viña Gillmore, San Javier, con motivo del decimoquinto aniversario de la asociación. La jornada reunió a los productores de VIGNO con investigadores, enólogos, sommeliers y críticos internacionales, entre ellos Luis Gutiérrez, de The Wine Advocate, y Joaquín Hidalgo, de Vinous.
De un grupo de productores a una identidad compartida
Pilar Miranda (socia y enóloga de Garage Wine Co.) una de las fundadoras de VIGNO, repasó los principales hitos desde aquel 2011, cuando un pequeño grupo de viñateros junto al escritor de vinos Eduardo Brethauer, decidieron establecer reglas comunes para los vinos elaborados con Carignan de viñedos antiguos del secano maulino.
Inspirados en las Denominaciones de Origen europeas, delimitaron un territorio, establecieron porcentajes mínimos de la variedad, exigencias sobre la edad de los viñedos y condiciones para los componentes de los ensamblajes. Posteriormente incorporaron mecanismos de verificación externa.
La propuesta introdujo una particularidad en la industria nacional: una marca colectiva donde el nombre VIGNO adquiere mayor protagonismo que la bodega productora.
Miranda recordó el trabajo de difusión desarrollado entre 2012 y 2015 para presentar estos vinos a medios y críticos internacionales, en una época en que el Carignan chileno era prácticamente desconocido fuera de sus círculos especializados.
Según explicó, aquel esfuerzo permitió mostrar «un nuevo color del vino chileno», despertando el interés por un territorio y unos vinos diferentes de los que tradicionalmente identificaban al país.
La asociación también ha impulsado investigaciones, encuentros técnicos y vínculos internacionales, como su participación en actividades de la Old Vine Conference, organización dedicada a promover la conservación de viñedos antiguos.
El impacto económico: vinos que cuadruplican el precio promedio
Uno de los resultados destacados por Miranda fue la valorización económica del Carignan del Maule.
La asociación contribuyó a recuperar y conservar viñedos antiguos, pero también a mejorar las condiciones para quienes producen la uva. Los proyectos asociados han buscado fruta de calidad, pagando precios superiores a los habituales y reconociendo el conocimiento acumulado por generaciones de viñadores.
En el caso de los vinos terminados, Miranda indicó que, de acuerdo con estadísticas anteriores de la asociación, los VIGNO alcanzaban precios aproximadamente cuatro veces superiores al promedio del vino chileno.
La cifra requiere una actualización, al igual que los volúmenes de producción mencionados durante su presentación, pero ilustra el cambio de posicionamiento de estos vinos.
La asociatividad aparece como una de las principales fortalezas. Lejos de uniformar estilos, VIGNO ha promovido vinos con personalidades diferentes, vinculados a las parcelas de donde provienen.
«El trabajo conjunto crea una categoría», sostuvo Miranda, aludiendo a una colaboración que se expresa no solo en la promoción, sino también en el intercambio cotidiano de conocimientos y experiencias entre productores.
La ciencia confirma la diversidad del Carignan del Maule
A continuacion Yerko Moreno, académico de la Universidad de Talca, repasó los resultados de un proyecto iniciado en 2014, destinado a comprender las características del territorio donde crecen los antiguos viñedos de Carignan del Maule y establecer relaciones entre suelo, clima, composición de la uva y características de los vinos.
El equipo entonces seleccionó 24 sitios representativos, realizó 96 calicatas, instaló sensores meteorológicos y elaboró información cartográfica para caracterizar las condiciones vitícolas de la zona.
Los resultados revelaron que estos viñedos prosperan en suelos extremadamente pobres en materia orgánica y nutrientes. Sin embargo, las diferencias químicas no permiten distinguir claramente los distintos sectores.
Las propiedades físicas de los suelos, especialmente su profundidad y capacidad de retener agua, resultaron mucho más relevantes para explicar diferencias en el vigor de las plantas y la composición de la fruta.
El clima también mostró una variabilidad significativa. Durante el último mes de maduración, las temperaturas nocturnas pueden situarse alrededor de los 8 °C en algunos sectores y alcanzar los 13 °C en otros, diferencias capaces de modificar los perfiles aromáticos y la evolución de las uvas.
En los análisis de composición, los investigadores encontraron niveles de antocianos superiores a los descritos en la literatura para muestras europeas de Carignan, mientras que los taninos se mantuvieron dentro de rangos habituales. También identificaron bajos niveles de nitrógeno asimilable, condición que puede dificultar las fermentaciones.
Las evaluaciones sensoriales y químicas permitieron reconocer cinco agrupaciones de sitios con características diferenciadas, aunque sin límites absolutamente definidos.
«No necesitamos que los vinos sean iguales, al contrario», sostuvo Moreno, destacando que el verdadero valor de la zonificación consiste en comprender qué hace particular a cada lugar y cómo esas diferencias se expresan en los vinos.
A partir de esta investigación, los vinos de VIGNO suelen mostrarse separados por estas diferencias climáticas entre territorios.

Del relato patrimonial al conocimiento y el valor
Para Moreno, el desafío no termina en caracterizar el territorio. La información debe convertirse en herramientas útiles para los productores y sus comunidades.
«Si la identidad no se transforma en valor», advirtió, la diferenciación pierde gran parte de su sentido económico.
La reflexión cobra especial relevancia en una actividad donde la conservación de viñedos antiguos depende de que las nuevas generaciones encuentren razones para continuar cultivándolos.
Miranda también planteó la necesidad de profundizar las alianzas con universidades, generar nuevos proyectos de investigación y trabajar con otros colectivos interesados en defender vinos de origen y viñedos patrimoniales.
VIGNO podría convertirse, además, en un modelo replicable para otros territorios chilenos, a partir de tres elementos centrales: una variedad, un lugar y el trabajo conjunto de sus productores.
El desafío pendiente: llegar al consumidor
La incorporación de Viña Carmen a VIGNO fue otro de los ejemplos presentados durante el encuentro.
Su enóloga, Ana maría Cumsille, reconoció que durante años observó con admiración el trabajo colectivo de la asociación, hasta conseguir que Carmen se integrara al proyecto.
Desde su experiencia en una bodega de mayor tamaño, subrayó las dificultades comerciales que enfrentan los vinos de nicho, incluso cuando poseen calidad, identidad y reconocimiento.
«Tenemos que ser capaces de pelear por este tipo de vinos, por este tipo de proyectos, aunque sean producciones pequeñas, aunque comercialmente no sean tan atractivas a veces», afirmó.
En esa tarea, sostuvo, los enólogos deben involucrarse también en la difusión y comercialización de sus vinos, convenciendo a los equipos comerciales y comunicando el valor de cada botella.

El conversatorio internacional, moderado por Joaquín Hidalgo, amplió esta reflexión hacia los mercados de Brasil, México y Perú, con la participación de Suzana Barelli, Eduardo Milan, Joanna Vallejo, Joseph Ruiz y Luis Gutiérrez.
Entre las propuestas surgieron las catas comparativas, la formación de sommeliers, la búsqueda de importadores comprometidos y la presentación de los vinos a partir de sus territorios de origen.
También se insistió en la importancia de que los visitantes conozcan los viñedos y a sus productores. Viajar al Maule permite comprender una historia que resulta difícil transmitir exclusivamente desde una etiqueta.
En México, por ejemplo, Joanna Vallejo propuso realizar actividades específicas de VIGNO, en lugar de diluir su mensaje dentro de grandes presentaciones genéricas del vino chileno. También sugirió organizar degustaciones a ciegas para que la calidad de los vinos fuera la primera en hablar.
Los próximos quince años
VIGNO ha demostrado que una asociación de productores puede modificar la percepción de una variedad, construir identidad territorial y generar reconocimiento internacional. También ha contribuido a conservar antiguos viñedos y a dar nuevas oportunidades a quienes los cultivan.
Pero el aniversario dejó una reflexión que atraviesa el futuro de todo el patrimonio vitivinícola chileno: el reconocimiento cultural y la calidad no bastan si no se traducen en oportunidades económicas que permitan mantener los viñedos y atraer a nuevas generaciones.
Después de quince años, la pregunta ya no es solamente qué representa VIGNO para el vino chileno, sino cómo conseguir que sus próximos quince años sean posibles. ¿Es acaso crear una D.O. por sí misma, dentro de la legislación chilena, más allá de ser una marca colectiva, el siguiente paso?
La asociación ha demostrado que el origen puede convertirse en identidad. El desafío ahora es asegurar que esa identidad siga generando valor para el territorio y su gente.
Sobre la presentación de Luis Gutiérrez, plato fuerte de la mañana, conoce más aquí.

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