LAS ESPAÑOLAS DEL SEÑOR

Publicado el 26 junio 2020 Por Mariana Martínez @reinaentrecopas

En Melipilla, un pequeño viñedo de la familia Moure está enfocado en buscar el carácter de cepas autóctonas de España. Entre ellas, la Monastrell también llamada Mourvèdre o Mataró, ya brilla con luz propia.

Juan Luis Moure es descendiente de españoles en Chile y el vino siempre le atrajo. Su primer intento de ser viñatero, fue en el 2001 cuando siendo socio capitalista de un pequeño proyecto, le picó el bichito por tener un proyecto propio. Hoy su viña 100% familiar, La Viña del Señor, ya suma tres vinos, de tres cepas españolas, que nacen en tres hectáreas un poco más de viñedos propios. Esta es su historia.

Juan Luis nos cuenta que la idea plantar las cepas españolas viene de rendir un tributo a sus antepasados, entre ellos su padre, quien llegó a Chile en 1933 con 22 años. Su padre venía, cuenta Moure (quien estudió Economía Agraria en Chile), de una familia que vivía en el campo y producía en éste sus propios alimentos, entre ellos su propio vino. Además de haber heredado la máxima aspiración y cuento de hacer su propio vino, dice Moure, las cepas españolas tienen miles de años de historia.

El campo donde está la Viña del Señor, lo compraron a un gran amigo de la familia en 1995 años, al sur de Melipilla. Eran 15 hectáreas de la Hacienda San Manuel. Estaba en Maipo, donde quería tener el viñedo sí o sí, y además estaba a tan sólo 33 kilómetros del mar; el otro requisito. Este es un lugar, describe Moure, de mañanas frescas y húmedas, con vaguada costera y temperaturas más bajas que en el centro de Maipo; de suelos francos (mezcla de limo-arcilla y arena). El viñedo que empezaron a plantar desde cero, del 2012 al 2015, hoy suma 3 hectáreas: entre ellas 1,5 de Tempranillo (material vegetal que trajeron desde España), además de Garnacha, Monastrell y algo de Cariñena. Con lo que producen 20 mil botellas de vino al año.

Estas tres primeras cepas son las más conocidas de toda España, explica Moure, y están en zonas climáticas parecidas a las de Chile. La Garnacha, agrega, sin embargo le gusta más la frescura, la humedad y estar cerca del mar. Entre las 4 variedades, forman 8 cuarteles, los cuales están distribuidos al pie de una ladera. En este paisaje, en el sector más alto, y que retiene menos agua, está plantada la Monastrell; en la zona más baja y vigorosa está la Garnacha y al medio está la Tempranillo. El viñedo está hoy conducido en espalderas, aunque siguiendo la tradición española intentaron conducir la Garnacha en cabeza o vaso los primeros años, pero no resultó.

Francesca Moure y su padre Juan Luis, las caras detrás de La Viña del Señor.

Con las tres últimas cosechas desde 2015, en la Viña del Señor hacen tres vinos monovarietales, con el objetivo de mostrar precisamente el carácter de cada cepa. El cuarto vino tinto, que se lanzará en septiembre del 2020, es una mezcla de Cariñena con Merlot, en su primera cosecha, la 2019. La elaboración de todos ellos, explica Moure, es muy similar: se fermentan en acero inoxidable y tienen cerca de 10 meses mínimo de guarda posterior en barricas de roble americano y francés. La joven Francesca Noziglia es la enóloga del proyecto y Francesca Moure, hija de Juan Luis, lleva las ventas y marketing.

Laureles Garnacha y Arminda Tempranillo, de la Viña del Señor.

Los tres vinos, más un delicioso fortificado que elaboran junto con Viñateros de Raíz, los degustamos en nuestro live del domingo pasado, aquí están sus notas de cata, las que revelan la supremacía de aquella española que se robó nuestro corazón: la Monastrell. (Ver live aquí)

Vamos a los vinos…

Garnacha Laureles 2o18 ($11.900), es un vino más bien ligero, muy frutal, de precioso color rojo carmesí. En boca además es muy suave y con una acidez justa. Un vino de aperitivo de invierno, servido entre 13 y 15ºC. Ideal, como nos dice Juan Luis acompañando un pulpo a la parrilla. El nombre lo sugirió el nieto mayor, quien pensó en él como un gran triunfo de la familia; además, el vino tiene en nariz una nota de laurel. Es un vino definitivamente con garra pero muy amable. Deliciosa y fresca Garnacha.

Monastrell Miura, la estrella de La Viña del Señor.

El nombre del Tempranillo Arminda ($9.900) tiene que ver con la historia de Galicia, donde la patria se llama Matria, donde la matriarca de sus primeros habitantes, los celtas, se llamaba Arminda. El que está hoy en el mercado es 2018 y nos muestra un color más rojo, y en boca de cuerpo medio, de una acidez y taninos a la vez más marcados; que lo hacen un vino que exige a su lado un plato de comida con sabores intensos, como pasta boloñesa, pero si pensamos en un plato español, hay que ir si o si por una tortilla española con chorizo o tocino, si no lo lleva, dice Juan Luis, no es tortilla española.

El Monastrell se llama Miura ($12.900) la raza del toro bravo, y quiere hacer honor a la fuerza del vino. También es cosecha 2018, y sin duda, aunque está elaborada de la misma manera que las otras dos, se destaca por sobre los demás por su elegancia y complejidad. También, por su gran potencial de guarda, aunque ya es un placer de beber hoy. Pienso que es entre los tres, el que tiene el mayor carácter de cepa española, por lo austero en dulzor y volumen, aunque que nos habla de sol y calor. A la vez tiene mucha fruta roja madura, típica de Chile, de deliciosa acidez y un tanino muy firme que limpia el paladar. De deliciosos aromas a violeta. Es definitivamente un vino muy “gastronómico”, porque va de maravilla tanto con un plato sencillo, como pollo asado, hasta otro mucho más sabroso y complejo como chancho ahumado. Juan Luis piensa para el conejo, liebre, pajaritos, estofados, o comidas cálidas cocinadas en lento para el invierno. Nos habla por demás este Miura Monstarell, del gran potencial de la cepa en solitario en Chile, incluso con viñedos tan jóvenes, y de la cual según Catastro 2018 tenemos apenas 112 hectáreas. Y que muestra un crecimiento importante desde 2o16 cuando apenas sumaba 98. Su botella más pesada e impresionante, dice también de que los dueños de casa así ven también su futuro.

Espíritu Ambar fortificado ($10.000) nace de una amistad con los vecinos Viñateros de Raíz, llevan 6 años haciéndolo, mezcla de Garnacha y Monastrell. Se trata de un vino tipo Oporto, tipo Tawny, al cual se le agrega alcohol vínico para detener la fermentación y dejar el mosto dulce. Luego se guarda en madera por dos años. El que probamos tenía apenas dos semanas embotellado y suma 18ºA. Y cada día que ha pasado desde que lo abrimos se muestra más suave y más complejo. De un color rubí cobrizo de capa ligera, estilo si tipo Tawny, con notas de licor de guinda y madera, y una boca muy ligera pero glicérico, de paso muy largo por la boca. Una delicia junto a tortas dulces, especialmente postres de chocolate.

Atentos a sus promociones de cada semana en Instagram @lavinadelsenor y su re apertura para cuando puedan nuevamente recibirnos. La visita a La Viña del Señor en San Manuel, Melipilla, consiste en recorrer el viñedo en un carruaje antiguo, visitar la bodega y cerrar en un quincho muy acogedor con una gran chimenea, donde se disfrutan de tres tapas españolas junto a sus vinos.


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