ENTRE VIÑEDOS CERCA DE MONTEVIDEO, 1era PARTE

Publicado el 30 abril 2019 Por Leonor Soza de la Carrera @leonorsoza

Nuestra corresponsal en Uruguay, la sommelier Leonor Soza nos cuenta sobre la cosecha 2019 en dos bodegas familiares. A la primera de ellas, Bodega Bouza, llegó atraída por su Albariño, vino blanco estrella del país.

Hace un par de semanas, de visita en Montevideo, tuve la oportunidad de conocer dos bodegas muy diferentes en estilos pero con un punto en común: ambas nacen de proyectos familiares. Bodega Bouza y Casa Grande. La primera, tradicional y reconocida por sus vinos de calidad. La segunda, una bodega garaje que ha sabido abrirse camino a pulso con vinos marcados por su tipicidad varietal.

A Bouza llegué en Uber, a Casa Grande en un trayecto de transporte público combinado con bicicleta. Aquí va un nuevo reporte desde Uruguay.

BODEGA BOUZA

Lo que me llevó a Bodega Bouza fue su Albariño (Alvarinho en Portugal) Si bien conocía algunas de sus etiquetas, vinos elegantes, y directos, fue este blanco el que llamó mi atención.

Me recibió el enólogo de la bodega, Eduardo Boido, del que debo decir: ¡cómo se nota que es “profe”! De hecho, le hace clases a los futuros sommeliers profesionales de Uruguay. Muy didáctico, se dio el tiempo de explicarme todo con detalle y responder a cada una de mis preguntas. Y ya que hace unos días cosecharon las últimas uvas (quincena de marzo) de la cosecha 2019 tenía, curiosidad por saber cómo vendrán los vinos. Me dijo que tendrán un muy buen Tannat 2019, ” aunque por las lluvias, tal vez no sea un buen año para el Merlot; vienen sí muy bien los blancos,  específicamente los vinos de Chardonnay”.

Les puedo contar que llegar hasta Bouza fue muy fácil, ya que la bodega se encuentra en Melilla, a unos 25 minutos de Montevideo. Lo primero que visité fue el viñedo, donde a los pies de las parras se encontraban piedras rojizas, un tipo de granito de canteras de la zona ayudan a reflejar la luz solar a la vid.

 

Trabajan las cepas Albariño, Chardonnay, Riesling, Pinot Noir, Merlot, Tempranillo y Tannat. Se cosecha manual seleccionando en el mismo viñedo. No todas las plantaciones están aquí; además de Melilla tienen un campo en Canelones, otro en el cerro Los Espinos a 3 kms del mar cerca de Piriápolis; un viñedo en Canelón Chico y otro en Pan de Azúcar, de donde provienen el Riesling y Pinot Noir. Aquí gozan de la influencia de la “virazón”, un fenómeno que ocurre cuando en las primeras horas de las tardes del verano, el viento vira desde el mar hacia la tierra. En tiempos de vendimia, en este viñedo cortan la uva de noche y a las 7 am llega a la bodega en Melilla.

Como producto adicional al vino, hacen un destilado de orujo, de Merlot y Tannat, tipo grappa, en un destilador de cobre y que envasan en una botella traída desde Italia.

 

El edificio de la bodega es del año 1950 aproximadamente. La capacidad de las piletas de cemento y estanques permite que se vinifique por separado cada parcela. Hay una cava subterránea en una antigua pileta transformada,  la que se ve desde el piso vidriado de la sala de barricas.

La idea es mantener 40 botellas de cada una de las que producen a modo de biblioteca, lo que les ha permitido comprobar que el Albariño tiene un gran potencial de guarda.

En relación a las barricas, hay en total 450. Todos los vinos tintos de Bouza tienen paso por madera, y de los blancos, algunos Chardonnay. La guarda por lo general es de casi un año para los tintos, pero el Tannat puede permanecer hasta un año y medio. Prácticamente un 70% de las barricas son de origen francés (y por estas pasan Chardonnay, Merlot y también Tannat), y las restantes de Estados Unidos (para el Tempranillo y algo del Tannat).

 

Para degustar los vinos estuve con uno de los sommeliers de la bodega, Lucas, quien me contó los detalles que marcan la diferencia en estos vinos. El Riesling 2017 que como ya mencioné proviene de Pan de Azúcar, a 20 kms del mar, viñedo que por su suelo compuestos por piedra sienita aporta mineralidad al vino, lo que siente en una nariz simple, fresca, con marcada fruta blanca. Muy consecuente, envolvente, con una acidez que no alcanza a ser alta pero suficiente para acompañar el bocado de ceviche de merluza que ofrecen como maridaje en la degustación.

 

Continuamos con otra cepa que considero tiene bastante futuro por estos lados, la Merlot. De la zona de Montevideo, es un vino que con el rojo violáceo que lo caracteriza, es aromáticamente muy expresivo, una explosión de fruta negra, ciruela madura y confitura, algo floral, con especias dulces en nariz, canela, clavo de olor, y aun así resulta sutil en nariz. La madera está en segundo plano, aunque luego aparece en boca, claro que después del frescor y la acidez alta y vibrante. Es un vino muy equilibrado de tanino medio con gran potencial de guarda, seco y con una sensación de alcohol baja que para el común de los vinos uruguayos se agradece.

 

El siguiente vino me lleva al origen –muy discutido– del nombre de la capital de Uruguay: “Monte Vide Eu”. Así se llama este Tannat/Merlot/Tempranillo (50/30/20% respectivamente) ya que así habría dicho Hernando de Magallanes cuando divisó el cerro de la ciudad en el año 1520. Fruta madura en nariz, una buena boca, un tanino secante y no invasivo, acidez alta, un vino bien ensamblado. Le juega a todo su favor el que lo hayan servido a perfecta temperatura, al igual que el 100% Tannat “Parcela Única B26“, maridado con una empanada en una reducción de vino, que, aunque es un recurso que siempre va a funcionar como puente en un maridaje, no le quita mérito alguno a un muy buen Tannat. Perfecto además, como cepa emblema del Uruguay, para cerrar esta visita.

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2 comentarios

  1. Qué hermoso leer entre viñedos de la pluma de una experta y magnificarse con el crecimiento del vino uruguayo.

  2. […] Entre viñedos cerca de Montevideo, 1era Parte […]