EL PLAN DE MAX RAIDE, MUCHO MÁS ALLÁ DE LOS 50 BEST

Publicado el 26 octubre 2026 Por Mariana Martínez @reinaentrecopas

Tras la visita de Ferran Adrià y antes de los 50 Best Vineyards Stgo 2026,  Raide llama a renovar liderazgos, unir vino y gastronomía y fortalecer el mercado chileno.

Abogado de formación, vinculado anteriormente al periodismo y hoy a proyectos gastronómicos como Casa Las Cujas (puesto N.º 14 de Latin America’s 50 Best Restaurants 2025), Max Raide Prunés es presidente de Grupo Liderazgo, organización que participa junto al Gobierno de Santiago y su Corporación Regional en la llegada de los premios  The World’s 50 Best Vineyards al país en noviembre próximo.

También es uno de los impulsores de la Ruta Trasandina, una iniciativa que busca conectar a cocineros, productores y viñas de Chile y Argentina.

The World’s 50 Best Vineyards 2026  se realizará en Santiago durante la semana del 16 de noviembre, con la ceremonia central el miércoles 18 en los jardines de la Casona de Don Melchor, junto al Nuevo Centro del Vino de Concha y Toro, en Pirque. En medio del hermetismo que hasta ahora ha habido sobre el resto del programa, en conversación con WiP.cl, Raide insiste que el encuentro es solo una parte de una estrategia más amplia.

Entrevistamos a Raide por primera vez el 16 de octubre, cuando se encontraba en Biobío preparando una agenda de actividades que llevaría a esa región a los destacados españoles Ferran Adrià y Ferran Centelles. Retomamos la conversación después de la visita, cuando el programa había concluido y Raide ya podía evaluar sus resultados.

 

La visita de Ferran Adrià y el descubrimiento del Biobío

Max Raide, a la izquierda, junto al cocinero Felipe Macera, y la comitiva que visitó Concepción junto al chef Ferran Adrià +  el sommelier Ferran Centelles.

Cuando conversamos por primera vez estabas preparando el viaje a Biobío con Ferran Adrià y Ferran Centelles. ¿Qué balance haces de la visita?

Lo que hicimos en Biobío fue alucinante. Armamos una agenda más gastronómica, pero muy vinculada al vino, para mostrar otro Chile. Recorrimos Concepción, Talcahuano, las caletas, restaurantes y lugares donde se están desarrollando propuestas muy interesantes.

Fuimos a conocer Garaje, el nuevo proyecto de Felipe (Macera), donde preparamos una experiencia con charcutería y platos elaborados con productos del mar. También estuvimos en La Fuente Penquista, donde se presentaron preparaciones vinculadas a la costa y vinos de la región. Participó Roberto Henríquez, que mostró sus vinos y parte del trabajo que lleva años desarrollando con la variedad País.

Probamos muchos vinos de Biobío e Itata. También visitamos Mood, un café de autor de jóvenes emprendedores, y organizamos una charla en el Teatro Biobío para unas 1.500 personas, entre estudiantes y profesionales de distintas disciplinas, especialmente gastronomía y vino.

Fue una visita muy completa. Creo que logramos mostrar una región que tiene un tremendo potencial.

«Me dijo que le habíamos cambiado radicalmente la percepción de Chile. Que ahora veía una propuesta gastronómica mucho más clara, especialmente relacionada con el mar y los productos de nuestra costa».

¿Qué fue lo que más sorprendió a Ferran Adrià?

Nunca había conocido este otro Chile. Había venido antes invitado por Telefónica, pero siempre hacía más o menos lo mismo. Esta vez pudo conocer los productos del mar, la cocina que se está haciendo en regiones y una diversidad de vinos que no tenía tan presente. Me dijo que le habíamos cambiado radicalmente la percepción de Chile. Que ahora veía una propuesta gastronómica mucho más clara, especialmente relacionada con el mar y los productos de nuestra costa. También me dijo algo que me dejó muy contento: que Chile, junto con España y Japón, tiene uno de los mayores potenciales gastronómicos. Y cuando a esa propuesta le sumas nuestros vinos, la combinación es muy potente.

¿Crees que una visita como esta puede generar cambios reales o queda solamente en la repercusión mediática?

Creo que genera algo muy importante, que es entusiasmo. Cuando viene alguien como Ferran Adrià, conoce lo que estamos haciendo y reconoce el potencial que existe, la gente empieza a pensar en algo más grande.

Me pasó en Biobío y después en Santiago. Vi a los cocineros, a los productores y a mucha gente muy entusiasmada. Se dan cuenta de que pueden hacer cosas distintas.

Ferran me hablaba de lo que ocurrió con Gastón Acurio y la gastronomía peruana. Perú hizo un trabajo durante muchos años para mostrar su cocina al mundo, invitando a las personas a conocer sus restaurantes, sus productos y a sus cocineros… Nosotros tenemos producto, talento y relato. Lo que falta es articular todo eso y mostrarlo mejor.

«La única manera de que la industria del vino funcione, sobre todo en un período de crisis, es que trabaje de manera mucho más colectiva.»

El vino chileno necesita una reflexión profunda

En nuestra primera conversación dijiste que faltaba diálogo entre los viñateros y los gastronómicos. Después de estos encuentros, ¿mantienes esa impresión?

Absolutamente. Yo creo que la industria del vino tiene que hacer una gran reflexión el próximo año respecto de cómo quiere proyectarse hacia el futuro. Personalmente, creo que es necesario un cambio generacional. Lo he conversado con amigos argentinos que son propietarios de viñas. Ellos lograron generar un cambio y hacer que nuevas generaciones asumieran un protagonismo importante, trabajando colectivamente.

La única manera de que la industria del vino funcione, sobre todo en un período de crisis, es que trabaje de manera mucho más colectiva.

¿A qué te refieres específicamente con ese cambio?

Creo que necesitamos que todas las viñas participen y trabajen juntas. Que exista un gremio del que, según entiendo, está fuera una parte muy importante de las viñas es una señal de que algo no está bien. No me interesa entrar en quién tiene la responsabilidad de eso. Lo que me interesa es que la industria pueda proyectarse de otra manera, con nuevos liderazgos, con mayor colaboración y con personas que conecten también con las nuevas generaciones.

Y, al mismo tiempo, lo que estoy tratando de hacer es articular el trabajo conjunto entre gastronomía y vino. Que sean dos industrias trabajando como una sola.

En ese escenario, ¿cómo ha sido tu relación con Vinos de Chile? Hemos sabido que no participa en nada de la organización de los 50 Best Vineyards 2026.

Yo tengo muy buena relación con muchas viñas, tanto de Vinos de Chile como de fuera del gremio. Tengo cercanía con propietarios de distintas bodegas,  y no existe ningún conflicto de mi parte. La llegada de los 50 Best se gestionó a través de Grupo Liderazgo y el Gobierno de Santiago. Pero eso no significa que las viñas de Vinos de Chile no puedan participar. Hay muchas que están involucradas y otras que también participan sin pertenecer al gremio.

A mí lo que me interesa es posicionar a Chile como un país donde el vino y la gastronomía trabajan juntos. Las relaciones internas de la industria son un tema que tienen que resolver ellos.

La oportunidad que Chile está perdiendo en sus restaurantes

También eres muy crítico de la forma en que las viñas chilenas han desarrollado el mercado interno. ¿Qué es lo que está fallando?

Durante treinta años las viñas chilenas estuvieron muy enfocadas en exportar. Eso permitió que el vino chileno saliera al mundo y fue muy importante, pero cuando llegó la crisis se dieron cuenta de que no habían fortalecido suficientemente el mercado interno.

Mira lo que ocurre en Argentina. Tienen una presencia muy fuerte del vino en los restaurantes, además de los supermercados. Ese consumo les ha permitido enfrentar de otra manera la crisis. En Chile hay una oportunidad enorme que no estamos aprovechando.

¿Y qué deberían hacer las viñas para relacionarse mejor con los restaurantes?

Creo que los propietarios de las viñas tienen que sentarse a conversar con los dueños de restaurantes y con los chefs. No puede ser que la relación sea solamente a través de un distribuidor o de un ejecutivo comercial. Muchas veces llega una persona que ni siquiera conoce bien las diferencias entre las viñas cuyos vinos está ofreciendo.

Un restaurante vende una experiencia. Hay hospitalidad, una historia y una pasión detrás de lo que se presenta al cliente. Las viñas deberían transmitir eso mismo. Hay bodegas que lo hacen muy bien, cuyos propietarios están presentes, van a los restaurantes, conocen a los cocineros y desarrollan proyectos juntos. Pero necesitamos que eso ocurra mucho más.

¿También ves esa oportunidad fuera de Santiago?

Por supuesto. En regiones el potencial es enorme. La gastronomía regional está creciendo y hay muchas oportunidades para trabajar con vinos de sus propios territorios. Pero necesitas personas que generen esas conexiones, que conozcan a los productores y a los restaurantes, y que sean capaces de construir relaciones.

No se trata solamente de vender una botella. Se trata de que el vino sea parte de una experiencia gastronómica que tenga identidad.

«El vino solo no sirve y la gastronomía sola tampoco. Cuando combinas las dos cosas, tienes una fórmula muy potente».

Entiendo que te resulta paradójico que, mientras Chile intenta fortalecer el consumo interno, los vinos argentinos estén aumentando su presencia en nuestros restaurantes…

Es algo que estoy viendo directamente. Las viñas argentinas están entrando con mucha fuerza al mercado chileno. Me han venido a ver familias productoras, distribuidores y asociaciones que quieren desarrollar negocios aquí. Incluso hay viñas francesas interesadas.

Y yo me pregunto qué están haciendo las viñas chilenas para aprovechar ese mismo mercado… Creo que hay que cambiar la manera de abordar al consumidor chileno. No basta con depender de una distribuidora o esperar que los restaurantes compren tus vinos. Hay que construir relaciones y mostrar el valor de lo que estás produciendo…

Hemos llegado a un punto en que los precios de nuestros vinos han bajado tanto que es muy difícil diferenciarnos en algunos mercados internacionales. Entonces tienes que buscar nuevas oportunidades, y quizás una de las mejores está aquí mismo.

No estoy diciendo que dejemos de exportar. Digo que también hay que mirar hacia dentro. Tenemos gastronomía, turismo, restaurantes y una enorme diversidad de productos.

El vino solo no sirve y la gastronomía sola tampoco. Cuando combinas las dos cosas, tienes una fórmula muy potente.

Los 50 Best Vineyards como plataforma para mostrar otro Chile

Volvamos a los 50 Best Vineyards. ¿Cuál ha sido tu papel en la llegada de este encuentro al país?

Nosotros somos los socios locales de la organización. Hicimos una alianza con Claudio Orrego, Gobernador de Santiago, para potenciar el valle del Maipo y logramos traer los premios del vino a Chile.

Pero yo quería ir un poco más allá. Cuando conversamos sobre posicionar a Santiago como capital del vino, planteé que tenía que ser capital del vino y la gastronomía. Si no, sería una ciudad más.

Mi propuesta es mostrar al país desde sus viñedos y sus productos del mar. Tenemos grandes territorios vitivinícolas, pero también una gastronomía ligada a la costa que puede tener mucho más protagonismo internacional.

Cuando conversé con Claudio Orrego sobre posicionar a Santiago como capital del vino, le dije que tenía que ser capital del vino y la gastronomía. Si no, sería una ciudad más. Mi propuesta a 50 Best  fue Vineyards & Seafood, porque creo que tenemos algo extraordinario que mostrar al mundo: grandes territorios productores de vinos y una enorme riqueza de productos del mar.

Chile tiene una costa privilegiada, una diversidad extraordinaria de pescados y mariscos y una gastronomía que está encontrando una identidad propia. Si logramos vincular eso con nuestros vinos, podemos construir un relato mucho más potente para posicionarnos internacionalmente.

Por eso estamos organizando estas experiencias. No queremos que los visitantes conozcan solamente las viñas, sino que descubran nuestros productos, nuestros cocineros y los territorios de donde

Ferran Adrià, junto a Tania Gutiérrez, decana de Universidad San Sebastián, en la enoteca de Don Melchor, éste sábado 24 de octubre.

La ceremonia de premiación, el 18, será en Don Melchor, se están preparando actividades para mostrar otras viñas y otros valles. ¿Cómo funcionará?

Hay que distinguir el programa oficial de The 50 Best Vineyards, que se desarrollará los días 16, 17 y 18 de noviembre, de las actividades paralelas que estamos preparando.

Con Grupo Liderazgo, la Ruta Trasandina y el Gobierno de Santiago estamos articulando distintas experiencias para que las personas que lleguen puedan conocer más de Chile.

Vamos a realizar encuentros con productores, visitas a viñas, almuerzos, experiencias gastronómicas y actividades culturales. Algunas estarán relacionadas con viñas del Maipo y otras permitirán conocer distintos territorios.

También estamos trabajando para que periodistas e invitados internacionales puedan viajar a Colchagua y Biobío, conocer a los viñateros y probar vinos que normalmente no aparecen en estos grandes encuentros.

¿Qué oportunidades habrá para las viñas que no serán visitadas por falta de inversión, especialmente las pequeñas?

Lo importante es que los visitantes prueben sus vinos, conozcan sus historias y quieran visitar esos lugares. Una experiencia enoturística no depende solamente del vino. También importa la hospitalidad, el paisaje, la historia y el relato. Una viña pequeña puede ofrecer algo extraordinario sin tener los recursos de un proyecto grande.

Por eso estoy tratando de generar espacios para que puedan presentar sus vinos, conversar con periodistas y relacionarse con personas que vienen de otros países.

Max Raide en Garaje Macera, Concepción, la semana pasada junto a Ferran Adríá y comitiva.

A propósito de los 50 Best, la semana pasada un par de cocineros anunciaron que no asistirían a la premiación de los Latin America’s 50 Best Restaurants en Lima, cuestionando la inversión que implica participar de estas instancias. ¿Qué opinas de esa polémica y cómo se diferencia de lo que están organizando en Chile?

Eso pasa mucho cuando alguien queda fuera de un ranking. Lo conversaba con Ferran Adrià y me decía que hay restaurantes que durante diez años han estado en estas listas, y cuando salen, naturalmente aparecen los cuestionamientos…

Lo que hay que entender es que la competencia hoy es muchísimo mayor, tanto en gastronomía como en vino. Antes participaban muchos menos establecimientos y hoy todos quieren estar. Por lo tanto, no basta con tener un gran restaurante o elaborar un excelente vino. También importan la hospitalidad, la experiencia que ofreces, el lugar y muchos otros factores.

Pero en Chile hay una diferencia importante: nosotros no estamos haciendo una inversión para que determinadas viñas suban o bajen en el ranking… Lo que buscamos es posicionar un destino y mostrar lo que Chile puede ofrecer al mundo.

Por supuesto que estas instancias generan visibilidad, pero para mí lo más importante es que los visitantes puedan conocer nuevas viñas, probar sus vinos y escuchar a los propios enólogos explicar qué hay detrás de cada proyecto.

Estamos intentando abrir una nueva oportunidad para que Chile tenga más protagonismo internacional en gastronomía y vino. Y para eso necesitamos trabajar mucho más, tener gremios fuertes y que las viñas también inviertan en promoción y en el mercado interno.

¿Qué actividades complementarias se están preparando en Santiago?

Estamos organizando encuentros que vinculan a viñas con productores gastronómicos, instancias de conversación y una muestra en el entorno del Club de la Unión y la calle La Bolsa.

Queremos incorporar también a productores de quesos y otros alimentos de la Región Metropolitana, además de distintas viñas. Y habrá actividades gastronómicas en restaurantes donde cocinarán chefs chilenos junto con chefs extranjeros, y donde participarán vinos de Chile y de otros países.

La idea es que las personas que lleguen puedan conocer distintas expresiones de la gastronomía chilena, particularmente esta nueva cocina que estamos trabajando con productos del mar.

¿Habrá actividades abiertas al público?

La mayoría funciona mediante invitaciones, porque hay distintas delegaciones y programas. Llegan, calculamos, unas 5000 mil personas. Algunas actividades complementarias tendrán espacios accesibles al público, pero no todas.

Lo que hemos querido es ampliar la cantidad de experiencias disponibles. Los invitados no tienen todos la misma agenda y pueden optar por distintas actividades. Estamos preparando muchas alternativas para mostrar lo que está pasando en Chile.

El sommelier Ferran Centelles junto a viñateros de Itata y Biobío.

Biobío, el vino patrimonial y una nueva identidad territorial

¿Por qué has puesto tanto esfuerzo en mostrar Biobío?

Porque creo que Biobío tiene un potencial extraordinario. Mi familia tiene una relación de unos doscientos años con esa región y personalmente me interesa mucho ayudar a posicionarla. La zona tiene viñedos antiguos, productores con historias increíbles y una gastronomía muy vinculada al mar. Creo que puede transformarse en una gran región del vino y los productos del mar.

Por eso quise llevar a Ferran Adrià y por eso también estamos organizando actividades para que lleguen periodistas y personas del mundo del vino durante noviembre.

Incluso has hablado de Biobío como parte de una posible Patagonia Norte. ¿Qué buscas con esa idea?

Es una propuesta de posicionamiento territorial que me parece interesante. En Argentina, la Patagonia vitivinícola comienza mucho más al norte de lo que normalmente asociamos con la Patagonia en Chile.

Creo que vale la pena explorar una identidad que permita conectar estos territorios y proyectarlos internacionalmente.

No es algo que esté definido, pero me parece una conversación que deberíamos tener. A veces nos preocupamos demasiado de cómo llamamos a las cosas y no de cómo vamos a lograr que el mundo conozca lo que tenemos.

Si queremos que las personas vengan a Chile, necesitamos pensar también globalmente.

Patagónico Vigil: un nuevo proyecto entre Chile y Argentina

Además de los encuentros internacionales, estás desarrollando un nuevo proyecto con Alejandro Vigil. ¿Cuéntanos más?

Nos asociamos con Ale Vigil para crear Patagónico Vigil, un proyecto gastronómico que vamos a desarrollar inicialmente en la costa de la Región de Valparaíso y en Santiago. Queremos trabajar un concepto de cocina trasandina, que reúna productos de Chile y Argentina en una misma propuesta.

Nosotros aportamos mucho del mundo del mar, y Argentina tiene una tradición extraordinaria con las carnes. La idea es trabajar una cocina a las brasas y acompañarla con vinos de los dos países.

¿Dónde estarán estos restaurantes?

El primero estará en el sector de Cachagua, junto a Casa Las Cujas, donde ya tenemos otros proyectos gastronómicos. Después queremos abrir otro en Santiago. La propuesta contempla también una selección de vinos chilenos y argentinos, con la posibilidad de comprar botellas y conocer etiquetas que no necesariamente están disponibles en todas partes.

La idea es comenzar con estos dos locales y después estudiar la posibilidad de crecer hacia regiones y también hacia Argentina. Somos dos familias trabajando juntas, con productos de ambos países y con una propuesta común. Creo mucho en ese concepto de cocina trasandina. Chile y Argentina tienen un potencial enorme si trabajan juntos, y la gastronomía y el vino pueden ser una manera extraordinaria de mostrarlo.

Max junto a Ferran Centelles y Ferran Adría, y equipo de Casa Las Cujas.

Más allá de los premios: el legado que quiere construir

Finalmente, ¿qué tendría que ocurrir para que consideres que todos estos eventos dejaron un verdadero legado para el vino chileno?

Que logremos un cambio de mentalidad… La industria del vino tiene que preguntarse dónde quiere estar en los próximos años. Necesita trabajar más unida, incorporar nuevas generaciones, relacionarse con la gastronomía y fortalecer el mercado interno.

Tenemos que conseguir que los dueños de viñas se conozcan mejor con los restauradores, con los chefs y con los productores. Que trabajen juntos, que se sienten a una misma mesa.

Y también tenemos que lograr que la gente venga a Chile a conocer lo que estamos haciendo. No basta con ir a ferias internacionales y mostrar una botella o hablar de un valle. Hay que traer a las personas, hacer que recorran los territorios, prueben nuestros productos y conozcan a quienes están detrás.

Lo que estoy intentando con estos encuentros es ayudar a posicionar a Chile de una manera distinta. No me interesa que esto termine con una ceremonia o con una fotografía. Creo que tenemos una oportunidad extraordinaria, pero para aprovecharla tenemos que dejar de trabajar cada uno por su lado.

El vino y la gastronomía tienen que ir juntos. Ese es el cambio que me gustaría ayudar a construir.

 

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