MAIPO, CLAVE PARA EL DEBUT DE 50 BEST EN CHILE
La llegada de The World’s 50 Best Vineyards a Santiago pone al valle frente a una oportunidad decisiva: convertir cercanía, vino y gastronomía en un destino internacional.
Santiago será, por primera vez, sede de The World’s 50 Best Vineyards, la celebración que reconoce las mejores experiencias enoturísticas del planeta. Entre el 16 y el 20 de noviembre de 2026, la capital chilena recibirá a propietarios de viñas, especialistas en turismo, sommeliers, periodistas y representantes de la industria internacional.
El anuncio no solo instala a Chile en el centro de la conversación mundial sobre enoturismo. También dirige la atención hacia el Valle del Maipo, un territorio vitivinícola integrado a la Región Metropolitana y con una ventaja difícil de replicar: algunas de sus viñas históricas se encuentran a menos de una hora del centro de Santiago.
Esa condición fue uno de los temas abordados en el séptimo episodio de Voces de la RM, podcast del Gobierno de Santiago. En la conversación participaron Felipe Vásquez, gerente de Turismo de la Corporación Regional de Desarrollo; Isabel Guilisasti, vicepresidenta de Vinos Finos e Imagen Corporativa de Viña Concha y Toro, y Max Raide, empresario gastronómico de Casa Las Cujas y socio fundador de Grupo Liderazgo.
Una capital dentro de un valle vitivinícola
A diferencia de otras grandes ciudades, Santiago no necesita recurrir a extensos desplazamientos para ofrecer una experiencia en torno al vino. Pirque, Puente Alto, Isla de Maipo, Buin y Talagante forman parte de un territorio donde conviven viñedos, bodegas históricas, restaurantes, parques, antiguas casonas y propuestas turísticas contemporáneas.
“Santiago tiene una posición muy diferenciadora”, sostuvo Isabel Guilisasti. En su opinión, el vino debe entenderse como mucho más que un producto: “En cada una de las botellas encierra la cultura, el trabajo de la gente, patrimonio, experiencia y gastronomía”.
El Maipo reúne precisamente esos componentes. Es uno de los valles de mayor trayectoria de Chile, origen de algunos de sus Cabernet Sauvignon más reconocidos, pero también un espacio donde la historia del vino se relaciona estrechamente con el crecimiento de Santiago.
A ello se suma la ubicación geográfica de la capital, entre la cordillera de los Andes y el océano Pacífico, además de su oferta cultural, hotelera y gastronómica. La oportunidad consiste en presentar estos atributos como partes de una misma experiencia, capaz de motivar estadías más largas.
Lograr que el turista permanezca en Santiago
Para Max Raide, uno de los principales desafíos es evitar que Santiago sea considerada únicamente una puerta de entrada hacia otros destinos del país. “Nosotros necesitamos que esa gente esté por lo menos dos días”, afirmó. Para conseguirlo, considera fundamental fortalecer la relación entre vino, gastronomía, cultura y hospitalidad.
“Lo más importante de la experiencia es la hospitalidad, porque cuando uno va a una viña, a un restaurante o a un evento cultural, la primera impresión tiene que ver con la llegada, con cómo te reciben”, explicó.
Esta mirada resulta especialmente pertinente para The World’s 50 Best Vineyards. El listado no califica solamente los vinos, sino la experiencia completa que ofrecen viñas y bodegas: el paisaje, la arquitectura, las visitas, la gastronomía, el alojamiento, el servicio y la capacidad de conectar al visitante con el lugar.
La edición 2026 reuniría en Santiago a más de mil participantes internacionales y culmina con la presentación del ranking de las 50 mejores experiencias vitivinícolas del mundo. Será organizada por el Gobierno de Santiago, su Corporación Regional de Desarrollo y Grupo Liderazgo, en asociación con 50 Best. El programa se desarrollará durante la semana del 16 de noviembre y contempla actividades vinculadas con viñas, gastronomía y patrimonio.
Del discurso técnico a una experiencia cercana
Durante la conversación, Isabel Guilisasti también planteó la necesidad de acercar el vino a públicos más amplios, evitando que la visita a una viña quede limitada a un discurso excesivamente técnico.
Como ejemplo mencionó el Centro del Vino de Concha y Toro, en Pirque, concebido para presentar la geografía y los valles vitivinícolas de Chile de una manera didáctica. La propuesta incorpora contenidos sobre variedades y aromas, la historia de Casillero del Diablo, la casona y el parque patrimonial, además de espacios de degustación y gastronomía.
La viña también prepara un anfiteatro para actividades al atardecer, sumando nuevas experiencias a uno de los principales atractivos enoturísticos del Maipo.
“Nuestra inspiración siempre ha sido cómo acercar el vino al visitante o al consumidor final de una manera atractiva”, señaló Guilisasti. El propósito es que las personas no sientan que necesitan conocimientos especializados para disfrutar y comprender el vino.
Ese cambio de mirada —desde la visita técnica hacia una experiencia cultural, gastronómica y recreativa— será determinante para aprovechar la exposición que traerá 50 Best Vineyards.
Una vitrina y también una prueba
La elección de Santiago representa un reconocimiento, pero también una prueba para el destino. Durante varios días, una comunidad internacional especializada observará la calidad de sus viñas, restaurantes, hoteles, servicios turísticos, traslados y espacios patrimoniales.
El Gobierno de Santiago ya definió el turismo vitivinícola como uno de los ejes de su primera Política Regional de Turismo, una hoja de ruta con proyección hacia 2035. Entre sus objetivos se encuentra posicionar a la ciudad como capital del vino, el turismo y la montaña, mediante promoción internacional y colaboración público-privada.
Santiago cuenta actualmente con más de 40 viñas abiertas al turismo, de acuerdo con la información entregada por la organización. Sin embargo, el desafío no está solamente en disponer de una oferta numerosa, sino en conectarla, comunicarla y facilitar su acceso.
Para el Valle del Maipo, la llegada de The World’s 50 Best Vineyards puede ser el impulso que permita avanzar desde una suma de atractivos individuales hacia un destino reconocible. Un lugar donde la ciudad, las viñas, la cordillera, la cocina, el patrimonio y la hospitalidad formen parte de un mismo relato.
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