MENDOZA PREMIUM TASTING, DONDE TODO NACIÓ

Publicado el 01 diciembre 2025 Por Guido Arroyo González @arroyoguido

La edición mendocina de Premium Tasting confirmó el carácter único del evento que nació allí en 2011. Guido Arroyo, nuevo colaborador de WiP.cl nos cuenta de una experiencia que une degustación, seminarios, gastronomía y territorio. Mostrando por qué la capital vitivinícola argentina respira vino en cada esquina.

Un poco de historia

Es indiscutible: Premium Tasting se ha consolidado como un hito para la escena vitivinícola. Nacido el año dos mil once, este evento exhibe año a año una selección de los mejores vinos producidos en el cono sur. Más que una degustación, es una experiencia sensorial, gastronómica y cultural. Las catas son acompañadas de precisos maridajes, las etiquetas se agrupan en vuelos temáticos –todo un relato en sí mismos–, y cada vino es presentado directamente por sus enólogos y/o viticultores. Un lujo, en resumen. Como si fuera poco, el evento es moderado desde un escenario por reconocidos críticos, sommeliers o mediadores del vino, poniendo énfasis en el costado educativo, incluyendo además una jornada de seminarios temáticos reveladores sobre nuevas tendencias de la industria.

El creador detrás del concepto es el publicista Nicolás Alemán. Quien tras trabajar durante cinco años con la familia Zuccardi, y luego asesorar otras bodegas como Ernesto Catena, se abocó al Premium Tasting. Reflexionando en torno a este año que se diluye, donde realizaron fechas en Sao Pablo, Buenos Aires, Santiago, Lima y Mendoza, Alemán comenta que “ha sido bárbaro para nosotros. La coyuntura no ayuda mucho en términos globales, pero aquí estamos, para seguir poniéndole para adelante”. Y qué mejor, dice, cerrar un buen año en el lugar donde todo empezó: en Mendoza. Ciudad que en su aeropuerto posee un viñedo y sendos carteles, de entrada y salida, con el lema: “El vino es cultura, alimento y trabajo”. Y luego el sello: “Vino: bebida nacional Argentina”. Sí. Imagino lo que las y los lectores chilenos están pensando. Envidia. De que de ese lado de la cordillera se celebre el vino y que, de este, las políticas públicas obliguen a poner contraetiquetas que alejan a los consumidores.

En Mendoza se respira vino

Una diferencia entre el Premium Tasting mendocino del resto, es la escala humana que lo atraviesa. Cierta familiaridad impera en el ambiente. Una relación cómplice entre enólogos, proveedores de insumos y empresarios culinarios. Y esto se debe a que viven y recorren las mismas calles, campos y barrios. Según las últimas estadísticas gubernamentales publicadas en marzo, existen actualmente 876 bodegas (209 de ellas con oferta enoturística), concentrando el 71,8% de todas las existentes en el país, casi idéntica cifra de hectáreas plantadas y alcanzado un 80% de la producción de vino argentino. Y todos estos caudales, todos esos pallets de botellas, se generan en una región donde habitan sólo el 5% de los argentinos. Las cifras no mienten y la canción se canta sola: en Mendoza se respira vino. De ahí que el año 2023 fue nombrada una de las capitales mundiales, ingresando formalmente a la Red Global Great Wine Capitals.

Pero también podemos humanizar los números. El mismo fin de semana en que el Premium Tasting reunió a cerca de trescientos asistentes, en paralelo se realizó la icónica fiesta La peatonal del vino, un evento al aire libre cuya propuesta es mezclar una clásica feria de degustación junto a carros de comida y música en vivo. Cerca de 110.000 mil personas asistieron, bailaron al ritmo de Miranda y probaron más de trescientas etiquetas. Con estos mismos ojos pude ver a familias enteras disfrutando una botella, innúmeros miembros de generación Z bailando con una copa y un ambiente de relajo donde imperaba el orden cívico. El vino, para la cultura mendocina, es un pan que atraviesa las capas sociales. No es azaroso, entonces, que un evento de la envergadura del Premium Tasting haya nacido allí, en Mendoza, destino imperdible para todo amante del vino –si aún no ha ido, hágase el favor–.

Los seminarios educativos: Argentina más allá del Malbec

Un elemento diferenciador de este evento es su enfoque educativo. El día destinado a los seminarios son el backstage del Premium. En él se suele poner énfasis en las tendencias actuales, tanto de estilos de vinificación, cepas, o territorios en ascenso. En ese sentido Nicolás Alemán subraya que “lo que a nosotros más nos gusta es ver lo que está pasando outside the box. Fuera de lo que es el maisntream: Maipo, Maule o.k. Pero hay muchas cosas más que están pasando en zonas y productores pequeños”. Bajo ese dictum el primer seminario de la jornada fue: “Córdoba y el Atlántico”, que de inmediato nos llevó a mirar las sierras cordobesas y la influencia marítima de los extramuros de Buenos Aires.

Los estilos de vinos exhibidos abrían matices a lo que solemos asociar como vino argentino. En los producidos en Córdoba, zona atravesada por dos sierras con una altura máxima de 1.400 metros s.n.m, encontramos vinos de exquisita acidez, donde los suelos de predominancia calcárea aportaban complejidad e interesantes perfiles gastronómicos, sobre todo en las cepas blancas y algunos Pinot Noir. Cosa similar ocurría en los que se situaban en la zona costera del gran Buenos Aires, cercanos o en Mar del Plata, donde zonas como Chapatmanal, San Javier o Balcarce, están dinamizando la producción de vinos aportando un perfil marítimo (mineral, salino) a los vinos. Un dato interesante del seminario fue la comparación del mapa de climas con otras latitudes productoras de vino. La mayor similitud que tenía esa zona de la provincia de Buenos Aires era con Nueva Zelandia.

El segundo seminario, “El retorno del rey: Cabernet Sauvignon”, fue una clara muestra del interés que esta cepa (la más plantada y premiada de Chile), está adquiriendo en Argentina. Si a inicios del dos mil su consumo era marginal y algo denostado, desde el 2004 tanto el interés del consumidor como su producción va en curva ascendente. El enólogo Aurelio Montes, invitado a la jornada y quien “consideró muy entretenido ser el infiltrado, el espía”, dijo que cuando vivió “en Argentina vi una suerte de rechazo con el Cabernet. Me dolía cuando iba a una tienda y lo tenían al fondo, porque delante siempre el Malbec, que le quita todo protagonismo”. Indica que hay que esforzarse para encontrar un lugar en Argentina donde se de bien, a diferencia del Malbec que brilla en todas partes, una cepa para enólogos “flojos”, bromeó. También comentó que le da algo de risa los distintos perfiles. “Acá todos hablan de la pirazina, que es maravillosa, en Chile nos arrancamos de la pirazina”.

Efectivamente la muestra compuesta por doce notables etiquetas (donde como “infiltrado” estuvo un ícono de la viña Montes, el Alpha M), fueron un ejemplo preciso de las diferencias que existen entre los perfiles de la cepa de cada lado de la cordillera. Más fruta, menos astringencia / más flores, menos especies; fueron algunos de los contrapuntos evidentes que se pudieron establecer. Un aspecto interesante fue el interés por las etiquetas argentinas en marcar las notas pirazínicas, y que más que vinos pensados para maridar carnes de cargadas a la grasa (seguro piensan: para eso está el Malbec), poseen otro perfil, más aromático y frutal, más ligero quizá.

Una bodega que sobresalió fue Achala Wines. Encabezado por el productor Walter Sinay, el proyecto nació el año 2009 bajo la asesoría de Pedro Parra. El especialista en Terroir visitó la zona ubicada en el Valle de Traslasierra, en Córdoba, con un suelo de pasado geológico de 450.000 millones de años, de alta predominancia calcárea y mil cien m.s.n.m. Walter cuenta, emocionado, que al ver el lugar Parra le dijo que se trataba de un terroir único en Latinoamérica. Que se asemejaba a la Borgoña o el Norte del Ródano. Y Walter, tras oírlo, le preguntó: “si plantamos este año ¿vamos a ser los primeros en Argentina en plantar con tus métodos de microterroir’”. Sí, respondió, ¡pero quedan siete meses! A lo que Walter respondió: “te prometo que lograremos plantar”. El quince de diciembre de ese año había logrado el desafío. Tras ello, Walter tuvo la infinita paciencia y espalda financiera para sostener el proyecto de baja producción, cuatro mil kilos por hectárea. Su filosofía fue no darlo a conocer públicamente hasta que todos sus vinos obtuvieron arriba de noventa puntos, lo que logró diez años más tarde. Y no sólo eso, su Malbec Clos de Molle Ingrato, 2021, obtuvo la medalla de oro en la London Wine Competition 2025.  Y su Syrah ha sido elegido dos años consecutivos como el mejor de Argentina por el crítico Tim Atkins. Pronto se sumarán a su cartera un Cabernet Franc, Viogner y GSM. Si ven alguna botella de Achala, no lo duden.

El Tasting Central: en búsqueda de lo memorable

Montar una cena donde se combinan treinta y seis copas y quince platos para doscientas cincuenta comensales parece una tarea imposible. Pero la ejecución del evento central abrazó la perfección. Maridajes exquisitos, vuelos interesantes, y decisiones arriesgadas como cerrar la degustación con un espumante, o agregar una intervención que mezclaba magia e humor, hicieron que la jornada sea memorable. Algunos highlights: los Conchinglioni de osobuco con emulsión de hongos y un Kebab con salsa tzatziki, elaborados por Martín Chacón, chef ejecutivo del Sheraton Mendoza. La frase rotulante y polémica de un viticultor: “No existen grandes enólogos, existen las grandes uvas”. Entre las etiquetas destacó un Riesling de la bodega Otronia 2023, proveniente de Sarmiento, en plena Patagonia argentina. Y dos ejemplares mendocinos: el blend tinto Última Hoja 2020, de la bodega Bressia, del Valle de Uco, y un elegantísimo Malbec La Violeta, añada 2015, de Lujan de Cuyo.

La presentadora que se “robó” la jornada con su carisma y asertivos comentarios, fue la Master of Wine Amanda Barnes, corresponsal para América Latina de Decanter y Jancis Robinson. Desde el escenario reveló que su desayuno predilecto era espumante rosé con salmón gravlax, y al cierre de jornada, consultada sobre cuál era el mejor maridaje para un completo chileno, respondió sin dudar: un País (y valoró, de paso, el uso de la palta versus el Hot-Dog argentino).

Una mejora que no estuvo presente en la edición de Santiago, fue el cronometro para las intervenciones de productores, que logró que el tiempo destinado para la cena calzara perfecto. Y bueno. Si hay que realizar alguna crítica, lo único que podríamos consignar es la ausencia total de vinos disruptivos o funkys. Todas las etiquetas filtradas y correctas. Quizá arriesgarse con un par de botellas habría dado un buen contrapunto a la jornada de degustación.

Cuesta atisbar las magnitudes del crecimiento que seguirá teniendo este crucial evento. Si uno ingresa a Youtube y pone en el buscador: Premium Tasting 2011, aparece un vídeo de treinta y nueve segundos que muestra el origen de todo: una cata algo más convencional, un salón iluminado y tímidas sonrisas. La comparación con lo que hoy es, en un trayecto de quince años, resulta alucinante. De ahí que sólo queda estar pendiente a las nuevas versiones de este evento y, en momentos de crisis, insistir en lo que hay detrás del vino, como sugiere Alemán: “La cultura que se genera alrededor de él, no es solamente un negocio. Entendemos al vino como cultura, familia y educación. Que el vino es parte de tu identidad”.


Guido Arroyo González @arroyoguido actualmente se forma para convertirse en Sommelier profesional en la Escuela de Sommeliers de Chile. Es Licenciado en Literatura (UDP, premio Egresado Destacado 2017), Diplomado en Periodismo Cultural (Uch) y cursó un Doctorado en Filosofía (Uch). Investiga sobre patrimonio e historia del vino desde una óptica revisionista no exenta de humor. Es autor de cinco libros, docente de la U.C y se dedica a la edición de textos hace más de quince años.


 

Deja un comentario