ESPECIAL #CAMPOCHILENO. CAUQUENES…

Publicado el 14 septiembre 2018 Por Mariana Martínez @mymentrecopas

Visitamos Viña Doña Aurora, un proyecto de Alexis Abarza con más recursos y tecnología moderna, donde se hacen  vinos con cepas tradicionales francesas muy alejados de lo esperado. Segundo Díaz nos conduce en este camino de sorpresas.

En Santo Toribio, muy cerca del campo de doña Elsa Sánchez,  el empresario Alexis Abarza se tomó en serio aquello de hacer vino siguiendo la tradición de su familia, de origen español.  Alexis no está esta mañana para recibirnos, por eso nos atiende en su lugar Segundo Adán Díaz, su mano derecha en la bodega. Segundo, como todos le dicen, nos cuenta que nunca ha vivido más allá de 20 km a la redonda y su mejor amiga, por mucho tiempo,  es su bicicleta.

Al campo de Abarza, que suma hoy más de 50  hectáreas, llegó Segundo a trabajar en sus cultivos y lo que fuera. Y cuando el jefe empezó a hacer vinos, le ayudó a construir  la bodega, que primero fue mucho más pequeña y precaria de lo que es hoy. Poco a poco se convirtió en el encargado de cuidar el vino. Hoy nos pasea por la bodega con suelo de cemento y cubas de acero inoxidable,  como si fuera su casa.  Segundo, nos dice, aprendió a hacer vino viendo.

Las paredes de la bodega tienen coloridas  pinturas de cada etapa del cultivo de la vid. Segundo  nos va presentando cada una con lujo de detalles,  hasta que llegamos a una imagen con un hombre con una corona de hojas de parras. “A ver qué etapa del cultivo de la uva es ésta, le pregunto para puro molestarlo”. La mira y nos matamos  de la risa. Seguimos camino a la sala de degustación. Aquí, Segundo  nos descorcha las botellas y nos las da a degustar. Nos cuenta que jamás imaginó  que llegaría a hacer algo así y cómo ha cambiado la manera de hacer vinos. Antes,  explica,  usaban la zaranda y  los lagares abiertos, y hacían vinos generosos y fortificados, con uvas asoleadas. Ahora, con la modernidad,  usan despalilladora  y  fermentan en cubas de cemento, también guardan el vino en barricas de madera de roble viejas. También,  tienen un enólogo asesor.

Pienso en voz alta: “qué ganas de probar las diferencias entre unos y otros de cada época”. Segundo se me queda mirando. Se va y vuelve con un par de botellas que no tenía pensado mostrarnos esta mañana.

Resultan ser un par de tesoros:  un País  2005 y un Cabernet 2006 hechos con uvas asoleadas (con su pedicelo cortado y dejadas al sol por 10 días). Los vinos son dulces: el País más claro y cobrizo, también más ligero y más licoroso; una delicia. El Cabernet, además de ser más oscuro y tánico, huele a verde, a piracinas, y es más amargo y secante en su final. Un viaje al pasado, sin duda, donde el País asoleado no tiene rival.

Degustamos luego un  Chardonnay seco,  año 2016, 100% fermentado y guardado en acero, sorpresivamente fresco y sabroso, levemente amargo en su final:  también  un impresionante Chardonnay dulce del mismo año, que nos deja marcando ocupado; pues nadie hace cosechas tardías de Chardonnay, porque no tienen acidez, ni gracia, y  éste sí! Eureka!

Luego, pasamos a un tinto seco 2016, mezcla poco usual,  de Garnacha, País y Syrah; guardado 8 meses en barricas usadas. Luce su medalla de Oro ganada en el  Catad’Or Ancestral 2017. El vino es liviano, con mucho sabor a frutas rojas y negras, algo secante en su final.  Luego, un Cabernet Sauvignon Cerro Name 2016, también con 8 meses de guarda en madera: su fruta es más negra, más intensa, es un vino más corpulento, con un toque levemente animal que le aporta por ahora complejidad.

Para cerrar, otra sorpresa: un Torontel 2012, 100% hecho en  acero. El vino es un ramo de flores blancas en nariz, sin ser empalagoso, y en boca es untuoso, denso, pero muy fresco a la vez,  impresionantemente fresco, inmutable  en su aroma y colores, pareciera, ante el paso del tiempo.

Segundo no sabe los precios de los vinos, hasta allí no llega su expertise. Aquí el de los números es el jefe, dice, quien nos cuenta se dedica a la venta de  pinturas industriales, un negocio que le permitió comprar a sus primos el campo de 25 hectáreas que heredó la  familia y sumar otras 35, donde hoy además de sus viñedos de parra viejas y las cepas francesas (Garnacha, Syrah y  Chardonnay), tiene arándanos, trigo y como no,  bosques de pinos, otro cultivo nuevo llegado  a la zona, en reemplazo del trigo y cereales. Por cierto, quien apuesta por el origen del nombre de la viña?

Contacto: @ViñaDoñaAurora en Instagram.

https://www.facebook.com/WipCl/videos/628598844202304/

 

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7 comentarios

  1. […] El año 2016 llegó Pilar Miranda a ofrecerle asesoría para hacer su propio vino. Elsa dijo que sí, feliz. “Imagínese, me dice, con el precio tan bajo que están pagando por la uva; un año se vendió a 30 pesos el kilo”. Pilar le llevó un bin de plástico y le enseñó a tomar la densidad del mosto y mantener el higiene en la bodega. Este año, 2018 se terminara el proyecto, nos cuenta Elsa, pero ella seguirá haciendo vino con la ayuda de otro  asesor de la zona. Hoy sueña con tener su propio tanque de acero y su corchera, para no tener que pedirla prestada al vecino (Viña Doña Aurora). […]

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  3. Me gusto mucho el artículo. Me hubiese gustado haber estado ese día y comentar de este proyecto que sus 5 puntos importantes, el quinto es hacer vino.

    Alexis Abarza A.
    Viña Doña Aurora
    Grupo Proental

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