WINE REFLECTIONS DEVUELVE LA FE EN EL CINE
Cuatro historias atravesadas por el vino, la herencia y las decisiones vitales componen una película de poderosa belleza visual que reencantó a nuestro cronista de cine Maximiliano Mills.
“Aún tenemos patria ciudadanos” gritó Manuel Rodríguez en marzo de 1818 en la batalla de Cancha Rayada. Yo después de ver la película Wine Reflections gritaría… “¡Aún TENEMOS CINE habitantes del Planeta Tierra!”
La primera lección que saco después de haber visto esta película basada en cuatro historias no interconectadas, es que nunca más voy a volver a ver cine en una pantalla de Celular. Tampoco en una pantalla de Tableta y mucho menos en una pantalla de un Computador. Por lo menos tendrá que ser en una pantalla de televisión de 50 pulgadas hacia arriba.
Esta película me devolvió-la-fe-en-el-cine-como-lenguaje, como expresión, como vibración y emoción. Esperanza que había perdido con casi todas las películas que he visto durante la última década (de cualquier género y en cualquier tipo de pantalla). Todas pasaron de manera insípida e insulsa sin estimular mis cinco sentidos. Es tanto que a veces no recuerdo si las vi o no y la trama la percibo difusa.
Llegué a Wine reflections por una consecuencia fortuita o porque el algoritmo de Instagram me identifico como el único comentarista de cine en este planeta —especializado en películas y documentales de vino— y me conecto con este cineasta ruso y sommelier Vitaliy Muzichenka. Película estrenada el año 2019, al acercarme a su ficha técnica me doy cuenta que está estructurada en base a cuatro historias lo cual de inmediato me hizo que la relacionara con la película «Pulp Fiction» pero no, estas son cuatro historias independientes con un inicio y un final autónomo. Tampoco se fusionan en el epílogo.
Lo primero que impresiona de Wine Reflections (Reflexiones del Vino) es su paleta de colores y ocasionales filtros. Obviamente en posproducción tuvo paso por corrección de color, pero lo que deleita en pantalla es que parece que uno estuviera mirando una pintura del Renacimiento, con todos los colores sutilmente acentuados pero sin saturar: una delicia visual. Lo otro que se puede percibir como una segunda capa subliminal es que las tres historias donde se realizan viajes en un automóvil, este se coloca en una esquina inferior o superior del encuadre, con la intención de ponerlo en un tamaño diminuto, casi imperceptible, lo cual acertadamente coloca a los protagonistas y el ser humano habitando este planeta en el lugar que le corresponde: somos ínfimos dentro de este paisaje
«¿Puede el vino rediseñar la vida de una persona al instante? Esto es altamente probable que ocurra, como lo muestra la primera película rusa sobre el vino. El texto original hace referencia a «Wine Reflections» (Отражения вина), un proyecto cinematográfico impulsado por la empresa rusa Simple Group, encargo que se le entregó al sumiller y cineasta Vitaliy Muzichenka.
La primera historia se trata de un pequeño restaurante en un pueblito de Francia conocido por su impresionante cava de vinos, donde el dueño se ve obligado a llamar al jefe de policía porque su último cliente en el almuerzo se niega a pagar una botella de €2.000 que descorchó. Lo que no sabe es que este cliente es… ¡Un «Master of Wine«! Imagínense: el dilema y la confrontación entre un conocedor francés de vinos que heredó el restaurante de su padre y lleva más de 40 años catando los mejores vinos de Francia, cuando se enfrenta a un «Master of Wine» que le replica «este no es el vino que yo conozco y no pienso pagar por esta botella».
La segunda historia nos traslada a Georgia y se habla toda en esa lengua. Plantea el hoy tan frecuente dilema de una viña familiar en donde el hijo ya se fue del pueblo —vive en Estados Unidos— y el nieto está por ingresar a la universidad en California donde debe viajar para comenzar su primer año, justo antes de la vendimia ¿Le suena conocido? ¿Hay alguna viña aquí en Chile o Argentina que esté pasando por esto? ¿Preservar la tradición o salir a recibir la mejor educación que el mundo?
La tercera historia se traslada a Londres bajo el título de lo que sería hoy un farsante. Comienza con un casting donde se conoce una pareja; el de Inglaterra, ella de Austria. Al salir, se dirigen al mejor restaurante de la ciudad, ella invitada por él. Ya en la mesa, el tipo pide las mejores cosechas de champán «Cristal». El sumiller del restaurante se sorprende por la juventud del comensal y duda si lo está pidiendo con conocimiento o por impresionar a su acompañante. Todo se torna un poco más complicado cuando la primera tarjeta de crédito que pasa por la máquina sale rechazada.
Y el cuarto pilar de esta película «Reflexiones del Vino» nos traslada todavía dentro de Europa a Italia, donde un joven sacerdote también se debe hacer cargo de la bodega heredada de su padre y recibe la oferta de un millonario inversionista para adquirirla: la bodega, la cava y todas las hectáreas del viñedo. Nuevamente se plantea un dilema de vida, existencial y familiar como en la segunda historia.
Con actividades en muchas áreas de la vida y sobre todo en estos tiempos del siglo XXI donde vivimos en una “sociedad líquida”, debo admitir que como comentarista de cine había puesto en pausa esta columna pensando en cerrar esta etapa y no continuar. Pero afortunadamente esta película “Reflexiones del Vino” me llegó como un nuevo impulso y un acto de fe, donde el cine de excelencia, delicado, el cine prolijo, el cine hecho por el gusto de hacer un cine que maravilla para que sea un regocijo visual está vivo y latiendo fuerte… respirando en países muy lejanos como Rusia.
Habrá que buscar más, indagar profundo, investigar, pero esta película me dejó el espíritu y el alma henchidos de felicidad. Cuando terminó partí a descorchar un interesante vino con más de 10 años de guarda en mi cava ¡Salud!
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