EL VINO EN EL CERRO: NUESTRA ARMA ES LA COPA LLENA

Publicado el 08 abril 2019 Por Mariana Martínez @reinaentrecopas

¡Somos lo que comemos y también lo que bebemos! ¿Y qué bebimos en la punta del cerro? Gin tonic, y nuestra editora no fue la única. En esta columna nos cuenta por qué la sedujo el vaso con hielo en lugar de la copita de plástico con vino.

Sé que hay mucha gente conocedora del vino que le dá igual en qué  envase beberlo o el cómo.  Incluso, un par de ediciones pasadas vimos la cañita o vaso corto, en la portada de la Guía de Vinos Descorchados, como una señal -imagino- de evangelización. Lo importante parece ser: “beba vino, no importa cómo; subamos el consumo, que está muy bajo” (cerca de los 15 litros por persona al año). Una idea populista y también claro muy democrática, a la cual no digo que no, porque ciertamente todos queremos lo mismo.  Pero para mi y mis amigos, en mi casa, yo al menos digo paso. Tampoco soy mañosa, no pido la copa de cristal. Lo que sí  pido es que no sea una copita de plástico, y que ni  siquiera da espacio para poder girar el vino en su interior. Porque el  vino no se agita por moda,  se agita porque en sus aromas hay placer y ese placer lo quiero disfrutar. Por eso pago por un buen vino.

Recuerdo el lobby que traté de hacer tiempo atrás para la #BarradeVinos de la gran fiesta de gastronomía Echinuco. Se trataba de un evento masivo en Parque Bicentenario, y una  nueva reglamentación para este tipo de encuentros  prohibía  los vasos o copas de vidrio,  porque podían ser armas peligrosas (fusiles o algo asi). No sé que hicimos, como le dimos la vuelta, pero servimos los vinos de Chile, de norte a sur, de cordillera a mar, en copa de vidrio. Yo no lo habría hecho de manera diferente, por respeto al vino, a las viñas que apoyaban la idea,  y al consumidor.  Porque perdón, pero si hay una preocupación por ofrecer vinos de Chile, para educar, promover, difundir y entretener,  hay que beber en copa de verdad. Y este finde, en el Festival  Ñam del Cerro Santa Lucía, eso no pasó. La copita reglamentaria funó cualquier  intento;  cualquiera que haya sido la intención.

Partamos por el hecho de que el slogan “somos lo que bebemos”  se lo llevó el copete, no el vino, la bebida nacional.

Felicitaciones hay que decir por ese lobby hecho (de seguro bien ganado, después de hacer por años el bar de vinos y mil actividades en el Castillo del cerro durante Ñam).  Bien, porque no sólo la cerveza y los cócteles se ganaron el gran slogan “somos lo que bebemos”, también tuvieron presencia en todo punto estratégico del recorrido por el  cerro, desde la entrada por la Av. Alameda hasta el cañón de las 12 en la cima.  Además, los cócteles se servían en vaso largo y con hielo. Lo que quiere decir que el trago cunde más; mucho más.

 

El vino para beber, en tanto, tuvo dos barras: una grande abajo,  junto a las caletas de pescadores, de la mano de Vinos de Chile, y luego otra a mitad de recorrido, más chica, de la mano de Jantoki o Bocas Moradas, con viñas alternativas. En ambas los precios eran escandalosos. “Fijados por la organización”  nos dijeron como excusa ante el descontento de quienes servían efectivamente muy pocos vinos. El precio:  $1.500 la copa normal de 60 ml,  y $3.000 la misma copa pero de vinos más caros (llamados aquí premium).

Entre los productores artesanales también había vino, pero solo algunos tenían cómo ofrecerlos para degustar. Los más ingeniosos lavaban sus copas de vidrio en el mismo lugar, con la premisa de que alcohol mata todo.  Sus puestos, hay que decir,  estaban llenos, y vendiendo por botella a muy buenos precios (por sobre los $6.000).  ¿Adivinen qué era lo más pedido? Los dulces o  late harvest. Al preguntarle si tenía  algún vino seco, un productor me dijo que no, que los hacían, pero que en las ferias como estas solo vendían dulces porque es lo que la gente pide, “y hay que vender”. Con toda la razón.  Entre los presentes,  vale la pena destacar por su calidad pues, a las chicas de Armidita, promoviendo sus pajaretes, piscos y ginebras (estas últimas bien vendidas a $25.000); los vinos de Mora de Reyes, estrenando su nuevo espumante de País Hipólita; y la agrupación de productores del Biobío, Viñateros El Carretero con su rico Moscatel de Alejandría Rayenantu  y su País Guadalcázar.

La barra de alcoholes entretanto, una #BarraInclusiva por cierto,  ofrecía el buen shop de cerveza importada por $4.000, la chela peruana Cusqueña por $2.5000, el Johnnie Ginger por $3.500, el Johnnie Black por $6.000 y el Tanqueray Tonic por $3.500. La botella de agua importada (San Pellegrino y Acqua Panna, auspiciadores del evento desde sus inicios) de 350 ml, con precio fijado en todos lados  a solo $1.000.

Con esos precios y el calor que siempre hace en el cerro en esta fecha, estaba claro que no serían muchos los que escogieran beber vino, incluso aquel que le da lo mismo el dónde se le sirve. Yo lo hice,  porque me provocó un Chardonnay con un sándwich de pescado frito, y porque hay que probar la experiencia con el dolor del bolsillo para opinar. Y una vez probado, tanto en Vinos de Chile como en Bocas Moradas, donde luego probé una cepa italiana del proyecto Vitavitis, por $3.000, dije:  “mejor bebo otra cosa”. Primero pensé en la cerveza, pero un fanático del vino que encontré en el camino,  me  dijo que estaba feliz con su Gin Tonic. Así es que le hice caso a la idea, y junto a las originales propuestas gastronómicas de La Cava del Sommelier, De Patio y La Salvación,  también quedé muy feliz.

Sé que alguien va a decir, no es el lugar para beber vino porque es un evento masivo, aunque cada vez más pirulo, definitivamente con los precios de todo (entreda, bebidas y comida). Pero saben qué?: cuando hicimos la #BarradeVinos en otra feria gastronómica masiva en Estación Mapocho, ofreciendo cinco tickets de degustación por $6.000, más copa de vidrio de regalo,  la reventamos. La gente  recargaba una y otra vez los cinco tickets por $5.000. Había vinos caros que valían dos y hasta tres tickets, y se terminaron igual. El servicio fue completo: Copa de vidrio y vinos ricos, novedosos y otros no tanto,  servidos a temperatura correcta y por sommeliers profesionales. Es la misma propuesta que ofrece Colchagua en su Fiesta de la Vendimia, aunque sin mucha renovación de etiquetas, desde hace algunos años.

Tal vez fueron otros tiempos, los tiempos en que el  vino era cool. ¿Pero cómo vamos a volver a lograr que lo sea? Tal vez poniéndonos en el lugar del consumidor como punto de partida. Porque no solo somos lo que comemos, también somos los que bebemos. Y Ricardo Grellet lo dijo muy bien en Ñam Innova unos días atrás:  “al chileno en la mesa le gusta lo bueno, barato y ‘bundante”. Yo  no creo que seamos bichos tan raros con respecto al resto del mundo.  Entonces, cuando ya tengamos en la mano al cliente contento, el paso siguiente será educar.  Luego,  y habrá que hacer lobby en serio, porque si queremos vender vino de calidad en eventos masivo, se debe vender en una copa digna.

Deja un comentario

5 comentarios

  1. Mariana:

    Acertado tu comentario en varios puntos, sobre todo en lo que se refiere a La Cava del Sommelier (jajaja), y a la necesidad de educar en cuanto al vino.

    Si hay un par de cosas que no son tan acertadas:

    1) La copa de vinos era en todas partes de 120 cc, la misma en términos de forma y del mismo proveedor (aplanando la cancha)

    2) Los precios eran efectivamente de $1.500 y $3.000, logrando que la oferta de grandes y pequeños se igualara sin preferencias

    3) Se ofreció vino en cinco stands ademas de algunas barras Ñam. Los números están en proceso de cierre, pero me parece que son bastante agradables para todos los que participaron. Quizás no viste todas las copas que se bebieron, pero el vino por primera vez tuvo un lugar y desempeño importante en Ñam

    3) El vaso largo como mencionas de los cocteles, era igualmente de plástico como todas las copas del festival. Esto ya que como Parque Nacional está prohibido el uso de vidrio, nos guste o no. Incluso se retiraron copas de vidrio a personas que llevaron su propio cristal al cerro.
    Yo personalmente estoy de acuerdo con esto: hay niños, sandalias y adoquines. En un evento masivo como este, hay riesgos que que no se pueden correr. En una feria pequeña son bastante mas manejables, con 40 mil personas ese riesgo es gigante.

    Es más, incluso las cevezas se sirvieron en vaso plástico también.

    Importante: todos estos plásticos fueron recuperados para su reciclaje, como tambien la totalidad de botellas de vidrio utilizadas en el festival.

    Sé que siempre se puede mejorar, y en un mundo ideal con consumidores conocedores y educados seguramente se puede obviar el uso de plástico en una copa o incluso el cobro por una copa de vino, pero en eso estamos: educando para mejorar el consumo en Chile, en sus habitantes y en sus visitas.

    Ñam cumplió con eso y te aseguro que el coctel no se llevo para nada la preferencia de este año.

    • Mariana Martinez dijo:

      Gracias Ricardo por tus comentarios, todo suma. Entonces solo falta que el año viene también el vino también sea lo que bebamos!
      ¿Te parece?! así avanzamos mucho más. Se entiende que por norma en eventos masivos nadie (ni cócteles, ni cerveza, ni agua, ni bebidas) puede servirse en vaso de vidrio, es la idea; todos justos por pecadores una vez más. Sabes en cuánta cantidad de público se corta el tema del vidrio?
      La verdad es que los bares de vinos estaban vacíos cuando yo estuve, me alegro haya cambiado después, aunque lo dudo. Con esa copita no había mucho qué hacer, dicho por quienes estaban a cargo de los stands.

    • Mariana Martinez dijo:

      En cuanto a la copa, me traje una a mi casa para reciclar acá. y la medí recién. Efectivamente, mis disculpas pues no tiene los 6o ml que me dijeron eran, tiene capacidad total para un poquito más de 120 ml, pero se servía menos, solo un poco más de la mitad. La mía se ve más llena porque le puse hielo, siempre lo hago cuando el vino no está fresco como me gusta y no hay nada más que hacer. Digamos que la copita es un tema visual. Mala copa para aplanar la cancha. Sé que “es lo que hay” en el mercado hoy, yo también hice esa pega de buscar que poder usar. Entonces… Importar una mejor para eventos masivos alguien… por ahí???

    • Mariana Martinez dijo:

      Por último Ricardo sabes que mirar desde fuera siempre es mucho más fácil que trabajar desde dentro. Así es que felicitaciones por todo lo logrado como parte del equipo Ñam, yo no sabía cuál era tu rol más allá de estar con La Cava del Sommelier. Así es que, si aún hay ganas el 2020 vamos: ¡somos lo que bebemos!

  2. […] otro lado, lo que más festejo, especialmente después de que hace una semana, en WiP hiciera mis descargos contra la copa plástica (exigida por el Estado para celebrar el gran festival de gastronomía Ñam en el Cerró Santa Lucí), […]