VERÓNICA COUSIÑO. ELLAS AL MANDO. 2DA PARTE

Publicado el 12 febrero 2019 Por Mariana Martinez @reinaentrecopas

“Nunca vamos a ser super rupturistas, y no vamos a rajar vestiduras, ni nos vamos a ir a la Antártica, pero sí vamos a tratar de sacar cosas distintas dentro de lo tradicional”.

Verónica Cousiño conoce muy bien el refrán que dice: La primera generación hace la fortuna, la segunda la disfruta y la tercera la pierde. Lo sabe muy bien porque participa activamente de la Asociación de Empresas Familiares. “Nosotros somos una familia chica, nos dice, nos llevamos muy bien entre todos y hemos crecido creo bajo ese concepto: que lo más importante es llevarse bien entre todos. En teoría es fácil, agrega, pero uno lo ve con el ejemplo entre mi papá y mis tíos… Puede que una generación se lo haya farreado más que la otra, pero esperemos a ver qué pasa con esta séptima generación”, dice entre risas.

Ayer publicamos la primera parte de esta entrevista a Verónica Cousiño, llena de detalles sobre una viña con más de 150 años de historia, justamente, en manos de una misma familia. La pregunta que dejamos en el aire fue: No están pensando irse de Macul (hoy D.O. Peñalolén) por ahora…???

Verónica responde: “Yo te puedo decir que podemos estar sentadas acá en 30 años más y ver cómo llegó el desierto a Buin, y me voy a ir a Coihaique. Pero hoy día, en diez años más, no está siquiera el tema de conversación… Yo no lo pasé nada bien el año pasado por las críticas (se refiere a las críticas por la venta de un nuevo lote de viñedos de Cousiño Macul en Macul para un desarrollo inmobiliario). Se dicen tantas cosas… y yo soy parte de; no me contrataron para hablar de esto… Ojalá se entendiera que detrás hay muchas cosas, y duele que se simplifique tanto la situación. Esto revivió lo que pasó la primera vez: para mi abuelo no fue una decisión fácil, ni para mi papá, ni mis tíos. Por eso, si me preguntan si cambiaría por ejemplo al Maule los viñedos de Cousiño Macul, no sé si podría ser tan fácil. Hay que mirar más atrás para ver todo el conjunto.

Pero efectivamente hay un tema, el del agua, y la visión a largo plazo de una empresa inmobiliaria.

Eso lo hicimos hace 20 años, y por eso compramos en Buin. Se compraron 300 hectáreas entonces, y hoy no estamos pensando en comprar nada. Ojalá no me toque a mí, sino a mis hijos. A mí me costaría mucho tomar esa decisión porque estoy muy apegada al Maipo. Sin quitar que me gustan también mucho los vinos de otros valles… Y yo, que por lado de mi mamá soy polaca, soy bastante testaruda. Piensa que cuando todos arrancaban Merlot para hacer Carmenère, nosotros estábamos arrancando Carmenère para hacer Merlot, y no digamos que es la variedad más fácil del mundo. Todo el mundo estaba plantado en Casablanca para producir sus blancos, y nosotros estábamos plantando Chardonnay aquí para nuestros blancos. Somos bien de una idea… es una fortaleza pero también es una debilidad. Pero lo bueno de esa debilidad es que nadie nos quita poder comprar uva de otros valles y vinificarla; que es lo que estamos haciendo. Ahora lanzamos un vino blanco, ya se está vendiendo, es un Sauvignon Blanc de Malleco; lo vinificamos nosotros. Y al final por qué no, si queremos tener un Sauvignon Blanc y queremos que sea nuestro vino de calidad excepcional y todos sabemos que eso no lo vamos a sacar del Maipo. Se llama Gota de Luna, que es todo un concepto detrás de las tierras de araucanas, donde para ellos todo lo blanco viene de la luna, y entonces el vino al ser la gota de la uva y ser blanco, es una gota de la luna.

Me llama la atención que estos nuevos nombres miran hacia la femineidad y la creatividad…

El mundo entero se ha volcado a descubrir la parte más femenina del vino, sin ir en desmedro de lo masculino. Pero incluso hoy los hombres se permiten tener más emociones…

Y desarrollar su lado femenino…

Claro, cuando chica mis compañeros se molestaban porque no iban a usar factor para protegerse del sol, hoy ves hombres comprando cremas para las arrugas, y uno dice pucha que ha cambiado la cosa. Así mismo las mujeres nos hemos permitido ser más femeninas, porque la mujer que trabajaba era más masculina y de a poco se lo ha permitido en sus lugares de trabajo. Por eso estamos sacando vinos que pueden ser de la misma línea de Cousiño, que son vinos tintos, que son Cabernet Sauvignon. Por ejemplo el año pasado lanzamos en Estados Unidos un vino que se llama Dama de Plata, que es un Cabernet Sauvignon que armamos con el equipo enológico y el concepto era distinto: de Cabernet con Malbec. Nunca habíamos usado esta cepa para una mezcla. Y no creas que fue fácil, costó decirle a mi papá y él se demoró como seis meses en decirme que el vino en verdad es bueno. Pero se entiende que al final hacer algo con Malbec, dentro de lo que siempre hemos hecho, ya era muy rupturista. Hacer un vino de maceración carbónica es bastante rupturista también para nosotros como empresa familiar de 250 mil cajas. Así como el Sauvignon Blanc de Malleco.

¿Qué más se viene?

Vamos a sacar este año un Cabernet Franc de Paine (Buin), con uvas nuestras, y tenemos este par de vinos Jardín de Macul que van a estar a la altura de Lota y más arriba de Finis Terrae, y es de una producción súper limitada. Son apenas 90 cajas de cada uno. Son un Merlot y un Cabernet, pero tampoco podemos decir que son 100% de la misma variedad cada uno, porque vienen de cuarteles viejos, plantados entre los años 30 y 60, y en ellos hemos encontrado un poquito de Cot en el Merlot, y de Franc en el Cabernet.

¿Por qué crees que pasó eso?

Antiguamente las viñas se plantaban todas juntas. Nosotros en los 50 o 60 empezamos recién a plantar cuarteles monovarietales, y me imagino que en esas plantaciones se pueden haber colado otras variedades.

¿Cuáles son vuestros viñedos más viejos hoy?

Es el lote de Cabernet plantado en 1930, que en sus inicios daba vida a Lota, pero en los últimos 20 o 15 años  ha ido reduciendo su rendimiento. Entonces hoy viene una parte de los cuarteles de 1930 y otra parte importante de lo plantado en 1960. Luego, todas las primeras plantaciones de Buin fueron con selección masal de acá, en el año 1997, y de ahí vienen las uvas para el Antiguas Reservas. Sólo un 10% de Antiguas Reservas hoy viene de Macul. Igual que el  Merlot. De Buin también viene Don Matías, que también tiene una parte de selección masal de cuarteles antiguos, y también tiene material clonal de Buin, pero en menor cantidad que el Don Luis.

Es decir: ¿Mientras arriba la calidad y precio, vuestros vinos tienen más selección masal?

Así es.

 

Mito de Cousiño Macul. Cierto o falso: Nunca tuvieron Carmenère en vuestros viñedos de Macul/ Peñalolén.

Tuvimos y lo sacamos. Es un cuento de Felipe de Solminihac, quien fue enólogo acá (y hoy ha vuelto como asesor). Felipe cuenta que se compró Merlot para un cuartel vacío de Macul, y resulta que ese cuartel plantado a finales de los 80, inicios de los 90, no era Merlot, sino Carmenère. Pero no era de las viñas antiguas que se trajeron en el siglo XIX. Hoy tenemos plantado Carmenère en Buin, pero no es el mismo material de Macul; ese se arrancó. Para hacer Don Matías Carmenère compramos la uva, porque la uva propia no da el volumen. Yo podría comprar la uva también para Antiguas Carmenère, pero no, porque de Antiguas hacia arriba el concepto es producir con nuestros propios viñedos. Para Don Matías podemos comprar la uva, no el vino. Creemos en la vinificación nuestra.

Hablando de vinificación, vuestra enóloga es mujer: Rosario Palma. Te es más fácil trabajar con ella?

Me acomoda mucho trabajar con Rosario Palma porque he trabajado toda mi vida laboral en la viña con la Rosario en el equipo enológico. Independiente que haya sido la enóloga uno o dos a cargo. Incluso se fue un año y medio a vivir a Alemania y nunca perdimos el contacto. Y a mí, su manera de trabajar me gusta mucho. Ahora ¿hace más fácil que sea mujer? Creo que sí. Yo estudié en colegio mixto, por lo que no es un tema, pero capaz se entienden otras cosas más fáciles; pero no te lo puedo dar por sentado. Pero para mí Rosario es una mega enóloga, es franca, directa y creo que las enólogas mujeres tienen eso. No te pasan gato por liebre, no digo que los hombres no lo tengan, pero me fascina eso. Capaz que sea porque la parte comercial no tiene mucho eso. Y lo encuentro increíble. Lo tiene la Andrea León de Lapostolle, Emily de Viña Carmen. Ellas tienen esa capacidad de decir hasta aquí llego; encuentro que son gallas choras. Me fascinan las enólogas mujeres.

Volvamos a Isidora Goyenechea, ¿cómo la van a incorporar en la viña?

Este año es lo más entretenido creo que viene en toda mi vida en Cousiño… Queremos remover el concepto antiguo de Cousiño Macul. Y sí, queremos, número uno: presentarle al público a Isidora Goyenechea. Se conoce que es una calle maravillosa de Santiago pero ya, por qué. Uno va a Lota, a Copiapó, y escucha su nombre y todos saben quién es. Pero nadie entiende bien este personaje tan histórico. Ella es la mamá de los Cousiño. Es la nuera de Matías Cousiño, la señora de Luis Cousiño, la mamá de los seis Cousiño. Es la mamá de la viña, y es la que siguió con el proyecto tras la muerte de su marido. Entonces, para nosotros, y para mí, especialmente, es muy reconfortante empezar a presentarla a la sociedad… Personalmente lo digo porque fue un tema importante también al empezar a trabajar. De repente verme en el punto en que yo decía: qué hago ahora, empiezo a viajar a vender vino, y trabajar todo el día aquí, o bajo las revoluciones y sigo más en la casa y trato de hacer algunas cosas. Tomé una decisión, que capaz no es la que han tomado la mayoría de mis amigas. En el fondo, es tirar para adelante con toda la pega teniendo tres niños, entre los 6 a 10 años, en la casa. Esta decisión la tomé cuando la Tere, la más chica, recién había nacido. Y la decisión fue entrar con todo. Tengo una personalidad macabra en ese sentido: o es todo, o nada. Pero es lo que siempre he admirado de Isidora. Es una mujer como las viudas de Champagne; ella quedó viuda con seis niños y tomó una decisión que pocas mujeres deben haber tomado en su época. En el fondo es decir: voy a seguir con las Minas de Carbón, y voy a traer a Thomas Alva Edison para que haga la primera Central Hidroeléctrica de Chile y Sudamérica; y cuando Chile entre a la guerra con Perú voy a prestar toda mi flota de barcos para que les apoyen; el carbón se los voy a pasar gratis para apoyar al ejército; y voy a seguir con la viña…

Espera, ella siguió al mando de la viña de todas las empresas…

Sí, siguió con la Mina de Lota, y con la Viña Cousiño Macul. Ella era de la familia dueña de Chañarcillo, una mina de plata del Norte, pero de este patrimonio ya no quedaba nada. Ella se queda con todo el imperio de su marido. Un amigo de mi hermano encontró un artículo en el diario francés Le Figaró que decía que la señora Cousiño iba a ir a Nueva York por primera vez en su vida. Es como divertido, tenía renombre mundial. Era una mujer muy muy potente. Yo crecí con la historia de que el comedor del Palacio Cousiño (en Barrio Dieciocho en Santiago) se lo ganó a Catalina la Grande en un remate. Imagínate, Isidora se atrevió a enfrentarse con la Emperatriz de Rusia… Yo crecí con esta mujer que me contaban que era tan maravillosa, entonces cuando entré a trabajar se me fue dando de a poco esta idea de mostrarle al mundo quién era ella.

Con todo lo que cuentas, no es injusto que Doña Isidora sea el nombre del Riesling más barato de la viña?

No, no es injusto, porque yo tengo una teoría que no es que se haya pensando así, sino pensando en una variedad poco tradicional, y esta mujer es muy poco tradicional. Para mí de verdad fue una mujer demasiado única para su momento histórico. Ella sería la tatarabuela de mi papá… ¿Qué tenemos este año distinto? Vamos a tener este renacer. La gente va a conocer a Isidora por quién es, y este es su sello; su guagua, que es la viña. Y vamos abrir el Parque para hacer tours privados.

Otro de los mitos de Cousiño Macul: su parque ni se mira, ni se toca.

Hasta ahora… No va a ser batato, pero desde marzo habrá un tour por el parque en bicicleta. El parque es de Isidora, la casa no, la construyó mi bisabuelo. Ella hizo el Palacio Cousiño, del centro. Dentro de las cosas que entendemos, es que Luis e Isidora tenían una conexión con la naturaleza muy bonita. Entonces en Lota, donde tenían una casa, pero nunca vivieron, tuvieron un parque maravilloso. Aquí en Macul tenían 1.000 hectáreas donde había ganado, frutales… Después, por herencia, mi bisabuelo quedó con las 350 hectáreas; 50 eran de este parque botánico, donde no se ven muchas especies chilenas porque la idea era ver cómo se aclimataban las foráneas. Después está el Parque O’Higgins que fue un regalo de Luis Cousiño a la ciudad de Santiago cuando su amigo Vicuña Mackenna fue Intendente de la ciudad. Corre un poco por la sangre, porque el primo de Luis, Enrique Cousiño, también regaló el Parque Forestal…

¿Qué te pasa cuando cuentas todo esto; son tus tatarabuelos, bisabuelos?

Me da un poco de vergüenza. (Verónica lanza una gran carcajada y toma aire)… Me fascina, pero siento que cuando uno cuenta estas cosas la gente dice: se está sobrando. Y no es así. Para mí es como un orgullo estúpido. He venido 1.800 veces a la bodega subterránea y cada vez que estoy abajo no puedo creer que esto lo haya hecho un pariente mío. No sé si es necesidad, pero sí preguntarse qué se tiene que hacer ahora para sentirse orgulloso de toda esta gente que no conocí. Es un poco de responsabilidad: de yo estoy porque se los debo a ellos. Yo le digo siempre a la gente: yo no siento que ni mi papá, ni yo, somos dueños de la viña, es un concepto errado; ni Arturo ni Emilio, ni mi generación. Para mí los dueños de la viña son mis niños y los hijos de mis primos. Y yo trabajo aquí por eso, porque quiero dejarles a mis niños algo, y la quiero, y les traspaso este amor por este lugar porque quiero que ellos tengan lo mismo… Hoy admiro a la gente emprendedora porque  yo tengo cero capacidad de emprendimiento, pero hace siete generaciones, eran todos emprendedores. Decidieron que se podían plantar viñas acá; decidieron que en el sur había carbón y que debían explotarlo; vieron que Chile se conectaba mejor con ferrocarriles y trajeron ferrocarriles. Eran gallos con una visión impresionante. Siento entre orgullo y admiración.

¿No te da la sensación de que ya está todo hecho, y lo único que queda hacer es cuidarlo?

Van de la mano. Para cuidarlo, hay que estar siempre renovando. Sí sigo haciendo siempre el mismo vino con la misma tierra, aquí en Macul, no hubiera podido seguir. Si mi papá, Arturo y Emilio, no hubieran decidido en el 90 y tanto que debían cambiarse, lo más probable es que hoy estuviéramos hasta el cuello. Porque número uno: producir aquí es cada vez más caro, porque debemos regar de una manera distinta, y como tú dices, hay que fumigar distinto, cosechar distinto. La mano de obra es más cara que en otros lados. Y a mi me va a tocar hacer algo parecido en algún minuto. No sé si comprar un nuevo campo, o sacar una nueva línea de vinos; o tener algo nuevo. Creo que eso es la respuesta de lo que estamos haciendo con estos vinos nuevos. Que si bien son en menor cantidad, es un poco para hablarle a la gente que nos critica esa parte tradicional de Cousiño. Hay todo un público cautivo de Cousiño que le gusta el Cousiño como ha sido hasta ahora, y quieren que siga igual. Pero luego debemos escuchar a la gente que quería que Cousiño mostrara algo nuevo, y para ello tenemos que decirle lo que quiere escuchar. Para ello, debemos sacar cosas distintas, que muchas veces no van a ser de sus gustos, pero hay que atreverse. El año pasado, hicimos el Claret, un Cabernet que viene de la sangría de Lota, es una pequeña parte, y lo hicimos con maceración carbónica. Fue un vino que hicimos buena onda, divertido, si resulta bien, sino no. Y resulta que hicimos este año el doble de lo que hicimos la primera vez, por la aceptación que tuvo en un público mucho más joven, distinto. Lo he mostrado en lugares que me han dicho: me quedo con Finis Terrae porque este vino nada qué ver. Pero hay gente que me ha dicho no puedo creer que estén haciendo algo así de nuevo. Uno tiene que aprender a escuchar a los dos lados. Y hacer las dos cosas.

Y que alguien te rete porque diga que la variedad Claret no existe

Sí claro, pero eso lo entendemos como educación. Es como cuando alguien te dice que le gusta variedad late harvest, a mi se me paran los pelos. No no es una variedad obvio, fue un error e impresión, pero hay que tener las dos miradas. Y la verdad yo nunca, hija de mi papá y sobrina de mis tíos, nunca los he escuchado hablar mal de una viña por lo que están haciendo. Y recojo eso de ellos, porque así uno se atreve a hacer más cosas. Me acuerdo que crecí con un mito: que Arturo, mi tío, quería plantar viñedos en Coihaique, y en verdad tuvo el plan. Pero fue prematuro para la época. A la gente que se le ocurra eso, no es lógico que diga que no se puede hacer vino de uva País o Carignan. Te guste o no te guste, hay gente a la que sí le gusta. Cuando sacamos el Cabernet Franc, obviamente mi papá me dice no es ni va a ser mi favorito, pero bakán si a ti te gusta y a otros también… Insisto, nunca vamos a ser super rupturistas, y no vamos a rajar vestiduras, ni nos vamos a ir a la Antártica, pero sí vamos a tratar de sacar cosas distintas dentro de lo tradicional.

En cuanto al turismo en la viña Cousiño Macul, nos dice Verónica: Estamos recibiendo más de 1.700 personas al año, principalmente brasileros y norteamericanos. Acabamos de contratar una gerente de turismo porque queremos ser un wao! sin perder la esencia. Hemos descubierto que el vino es compartir y mucho de experiencias. Qué forma más fácil de vender vino, no? Es imposible que quien venga acá y vuelva a su país, no compre nuestro vino. Yo creo que el venir acá, respirar este aire, va a ser que la gente se enamore de la marca. Ese es el desafío de este año. Hay tanto cuento que también nos perdemos entre los cuentos. Pero también hay que saber contarlos y estamos en eso.

El Tour en bicicleta desde marzo al Jardín de Macul tendrá un valor de US$100 por persona. Las puertas de la viña para grandes y chicos, eso sí, están abiertas para todos con tours para todos los bolsillos. También pueden ir, dice Verónica, solamente a conocerla o a comprar vinos con precios de bodega. Pueden llegar también a hacer el tour sin haber reservado; sólo se suman al horario que corresponda cuando suena la campana. Hay una garita en la entrada de acceso, como las hay en un museo en su entrada, dice Verónica. El acceso es libre.

Mañana en la tercera parte de nuestro especial sobre Viña Cousiño Macul les contaremos todo lo que deben saber sobre los vinos más importantes de la casa, también sus nuevas etiquetas, para entender el origen de sus nombres y hacia dónde van.

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