LAURENCE REAL, LA ENTROMETIDA BIEN RECIBIDA

Publicado el 14 marzo 2019 Por Mariana Martínez @reinaentrecopas

Junto a su marido Pablo Bastias, la enóloga francesa Laurence Real ha apostado por darle valor a los vinos de Colchagua y la categoría Chile. Su proyecto L’Entremetteuse está enfocado en lo que hacen  pocos: consolidar lo que se puede hacer dentro de un mismo valle, rescatando viejos viñedos y en una cadena de precios justa para todos…

Laurence Real (@lentremetteusand_co) llegó a Chile  desde la Dordoña (Dordogne, al sur oeste de Francia) el año 1993,  para ser  la primera enóloga de la entonces recién creada Viña Aquitania. Y aunque solo estuvo seis meses, volvió al año siguiente para ser parte del equipo de Viña Santa Rita.  Después de trabajar en varias otras viñas chilenas grandes y no tanto, hoy vive en Colchagua junto a su esposo chileno y dos hijas. Juntos impulsan el proyecto de vinos singulares L’Entremetteuse. Por supuesto que son parte de la nueva agrupación  Colchagua Singular y sus vinos, separados en líneas clásica,  sin sulfitos y Pet-Nat (o método ancestral para elaborar espumantes, a través de una  fermentación única dentro de la botella), son sin duda los más singulares del grupo. Este fin de semana en Colchagua, durante el encuentro de la agrupación en Hotel Colchagua Camp, conversamos con Laurence. Póngale a la lectura de sus respuestas acento francés y  mucha chispa chilena.

¿Estás contenta con todo lo que estás haciendo?

Muy, feliz, la idea es defender el lugar… Colchagua, porque falta.

¿Por qué dices que falta, no crees que Colchagua ha defendido bien su D.O?

No, yo  creo que Chile siempre va descubriendo nuevos lugares por un efecto de moda, y voy a ser cruel, por la necesidad de vender. Pero le falta consolidar lo que se puede hacer dentro de un mismo valle muchas cosas. Ir trabajando más fino, los terroir, los micro sectores, los estilos… Hay un mundo entero. Imagínate hay un valle con mucho espacio y mucho por investigar. A mi me duele que se arranquen viñas viejas para plantar cerezos, que no se cuide el valle. Yo quiero defender acá y hacer trabajar la gente de acá, a sus productores, pagándoles bien; dándole una plusvalía a su uva, para demostrar que son capaces de hacer otras cosas. Y  trabajar con los jóvenes de acá, no puedo comprar los insumos secos, pero sí todo lo que es diseño, marketing, imprimir. Hemos hecho librillos de historia, y todo eso lo hacemos en Colchagua. Entonces esa es la idea, porque dando pega acá vamos a hacer venir gente, y vamos a crecer como valle y  ser más entretenidos.

¿Fue una elección Colchagua?

No, fue una corazonada. Cuando yo estaba en Santa Rita, hace mucho tiempo, la primera vez en 1994 me mandaron a ver los productores de Apalta y para mi, francesa, vi esas  viñas viejas, y  sentía que había algo, que había alma. Son  viñedos viejos que ya existían hace 25 años atrás,  de pequeñas familias, y no se les daba el cuidado necesario para crecer.  Me mandaron en esta onda, para ver qué podíamos  hacer para darle mejor valor a esta uva.

Fue lo mismo que vio, cuenta Alexandra Marnier, cuando buscaba un lugar para su viñedo Lapostolle en Chile…

Claro, vio que había a corazón, alma. Entonces fue hace 25 año atrás y Colchagua lo olvidó. Tenemos viñas antiguas, todo para seguir creciendo y no esta onda moderna de no cuidar el patrimonio.

Pero los viñedos de Apalta sí siguen teniendo gran valor?  

Si, pero también hay viñedos viejos en otros lados, como en Nancagua que igual se arrancan.

Pero tiene Nancagua, por ejemplo, el mismo potencial de Apalta?

Yo creo que no hay un esfuerzo por cuidarlos, no se le da el chance. No sé,  cómo una viña vieja no te va a dar… De eso se trata: de defender lugares y poder demostrar que se puede hacer vinos con cepas diferentes, viñedos salvajes como los de Villalobos, que pueden dar una imagen de calidad al valle y trabajar en ese sentido. Me vine para acá porque lo conocía, y no me voy en esa onda de que hay que ir a plantar en la Antártica para ser novedad. Yo creo está bien ser novedoso, buscar terroirs, es muy entretenido, me encantaría por esa noción de ser pioneros; para el ego humano te vas sentir feliz, pero también puedes demostrar que algo que tu tienes puede perdurar en el tiempo. Y ahí me sale mi lado francés, el de defender las tradiciones. De repente sueño que mis hijas sigan con eso, aunque no les interesa por el momento. Pero en el fondo es construir una historia. Muchas veces dicen este es un país joven, pero 25 años igual es  tiempo y yo creo que falta aún por escribir historia y darle más énfasis. Es genial lo que está haciendo Itata defiendo sus viñedos viejos, pero nosotros en Colchagua también los tenemos, no nos olvidemos eso.

Tu modelo de negocio consiste en comprar uva y vinificarla. ¿Qué piensas en este minuto de los bajos precios de las uvas?

Yo soy extraterrestre en ese sentido porque pago caro por la uva.

¿Cuánto pagas?

 Laurent lanza una gran carcajada y dice:  van a venirme a ofrecerme uvas  todos…. Ya más seria, explica: estoy fuera del tema, no sé a qué precio están comprando (le decimos que cerca de 70 pesos por cepa País). Yo hablo de 500 pesos, dice. Son uvas  que sé que voy a poder trabajar bien con su productor, dándole la tranquilidad, porque yo puedo ser un cacho, porque no compro todas las producciones… Y no me interesa comprar la uva una vez, sino comprar a quien quiera trabajar conmigo, y tener una relación a largo plazo. Muchos están interesados en saber qué vino se puede hacer con sus uvas, porque se la venden a una bodega industrial y no tienen idea qué pasa con sus uvas,  porque se van a mezclas. Le compro a productores que están interesados y que ven que estoy defendiendo sus colores. La idea mía es poder retribuirles. Yo no intervengo en lo que hacen en realidad, no son necesariamente orgánicos y biodinámicos, algunos son convencionales. Hay de todo, por eso no puedo decir que mis vinos son naturales 100%, pero en el  momento en que ves que hay potencial, un alma, voy a hacer sinergia con ellos y voy a llorar un precio, porque debe ser justo para que yo viva también. Pero la idea es que sea una cadena justa para todos. Por eso es que los vinos no son tan baratos, y la gente olvida que hay 40% de impuestos al vino, y eso nadie lo dice. (19% IVA + 20.5% al Alcohol). Eso la gente no lo cacha, pero casi la mitad del precio va al  Estado. Por eso es que el precio de los vinos en Chile es tan alto. Si nosotros, que pagamos bien al productor, que le ponemos pino en la bodega, hacemos  desgrane a mano… No gano fortuna, solo lo necesario, aunque  el vino vale 13 lucas.

Será que se trata de vivir sin necesidad de  tener una gran bodega propia, con equipos de marketing y exportaciones… sino producir a pequeña escala y vivir dignamente…

Mira la vida que tuve… tuve gerentes, gané bien, ahora quiero hacer lo que me gusta y tiene un costo. El proyecto de nosotros son 18-20 mil botellas, en vino y 20 en sidra. La verdad es que con eso nos tenemos que manejar porque es lo que podemos manejar nosotros. Con Pablo estamos todos los días, en todas. Viste como llegué hoy a la degustación (con ropa de trabajo) porque ayer no puede prensar y lo hice hoy sábado en la mañana. Pero es lo apasionado, lo que me llena. Lo podemos hacer ahora porque nuestras hijas son más grandes. Es un concepto de vida diferente. Podemos viajar presentando nuestros productos y es un estilo de vida también. Vives mucho en sinergia con tu producto, porque lo haces y lo vendes, y además te encuentras con  gente, lo que me gusta mucho. Porque recibes gente en la bodega, y ahora me fui de vacaciones a Chiloé, a casa de gente que nos vino a visitar. Se crea una red.

Recibes visitas en tu bodega  entonces?

Sí recibo gente, en Puquillay, bodega San Damián, donde estamos varios vinificando, no me dedico 100% al turismo pero sí  los recibo si puedo. No hay mucho que mostrar; es puro vino y corazón. Pueden probar los vinos y comprar.

¿Con cuántos vinos estás hoy?

Hay mucho vino que ya se nos acabó,  algunos vamos a repetir, pero otros no. En blancos estoy haciendo algunas cosas, por curiosidad. Pero no todo termina en vino; sino es lo que me gusta, o no cuadra, no lo vendo. También hay descartes, y eso es de repente lo que nos falta: unir lotes y poder venderlos a terceros. Luego hay que ir adaptándose: hay mercados donde los blancos están bajando, y los tintos están  repuntando, y los tintos con más alcohol están repuntando de nuevo. Con la línea  clásica no voy a cambiar, pero con los vinos sin filtro, que son más de nicho, y que me van bien en Asia, y tal vez debo repensar los tintos. Luego están  los innovadores Pet-Nat, que son más vinos por descubrimiento y la novedad. Ahora estoy repitiendo un Carmenère puro porque los franceses me pidieron de nuevo. Eso sí, para mí los vinos de mezcla (tal como es su mezcla tinta L’Entremetteuse) son los mejores, y aunque cueste venderlos si son de Chile, los voy a seguir haciendo.

¿Dónde estás hoy con tus vinos?

Estoy en China, Hong Kong, Taiwán, Beijíng, y en Europa en Francia y Bélgica.

¿Tu fuiste parte de la historia del Carmenère en Chile, cuando eras parte de equipo de viña Carmen, estás consciente de ello?

Si, pero Jean Michel lo hubiera visto igual! Yo salía recién de la escuela en el 1994, y el venía a Chile a hacer su simposio, y me dijo que venía, yo le dije “venga, les interesa; le voy a mostrar”. (Laurance hace el gesto de poner el teléfono en el oido, cierto, entonces la gente hablaba por teléfono). En ese entonces yo dependía del gerente general, y tenían un gran desorden por ser viña grande: enología estaba acá y el área comercial por allá, y más allá el agricultor.  El quería que ayudara a ordenar. Y por eso me mandaron a ver todos los productos que tenía en cartera: en Apalta, en Curicó,  para ver qué valía la pena y  que no…  Entonces cuando vino Jean Michel Boursiquot estábamos en el campo de Alto Jahuel, en el auto, y le muestro a lo lejos  nuestro Merlot y dice “para”. Y se baja y me dice esto no es Merlot, se parece a una cepa antigua, que se llama Carmenère. Y le quedó dando vueltas la idea, y empezó a mirar y mirar. Yo no sabía cómo decírselo a los de la parte agrícola, que de hecho fueron muy buena onda, porque podrían haber dicho este francés no cacha nada. Pero le creyeron, y se asustaron. Y cuando pasó a su seminario,  empezó a ver todos los viñedos de Merlot. Y de ahí, durante el viaje fue sembrando la duda. Luego hubo una pega en la viña de mirar, separar… de decir la verdad.

Ahora hubo otro grupo que no querían que se supiera..

Pero dentro de Santa Rita no fue, y bueno estaba Álvaro Espinoza  que es muy inteligente y que vio una oportunidad comercial, de ver que un error nos puede servir…

Te gustan los vinos de Carmenère?

Sí, me encantan.

¿Crees que Colchagua es lugar para Carmenère?

Yo creo que es un gran terroir para Carmenère y para Syrah. Es difícil manejar el Syrah, es muy productiva porque lo que es difícil tenerlos potentes; mi sueño es tener acá un Syrah como los australianos. Creo que se puede hacer pero hay que cambiar el manejo. Cabernet también… En realidad  yo creo que todo se puede dar en Colchagua, buscando los lugares más hacia la costa para los blancos, en Apalta para Semillón, Chardonnay… no se sabe pero el 2016 yo gané con Viña Las Niñas en el  concurso de Wines of Chile el Mejor Chardonnay de Chile,  de Apalta. Tenía mucha madera, el jurado era gringo y le encantó. Y eso es lo que hay que defender. Podemos hacer de todo bien con nuestras uvas.

Y no te genera ruido, viniendo de Francia, donde las apelaciones son tan estrictas con las cepas… Borgoña es Chardonnay o Burdeos mezclas tintas con cepas de Burdeos…

Ahí hay una gran discusión, los franceses se fueron al extremo, y a Chile le falta mucho. Necesitamos un punto medio. Creo que debemos defender primero  la D.O. de embotellación en origen, ahí va a cambiar mucho el panorama,  porque los grandes ya no van a poder ir a comprar uva para acá  o para allá según la moda,  mandando  todo al centro, abaratando costos, embotello en un centro de embotellación, el concepto de Estate Bottle, o de mise en bouteille a la propriete, es crucial, es un sello de calidad y de cierto trabajo atrás para defender tu sector.

Y de generar riqueza en el sector…

Y sí,  además, porque se cerraron todos los centros de embotellación de acá, el de Concha y Toro ya no está. Yo no soy financiera, por eso no gano lucas, pero es verdad que los costos son superiores, y que no somos tan competitivos. La gente te va a decir que Chile no es capaz de vender caro, y es verdad. Chile está posicionado fuera con precios baratos, con las tres B,  y cuando quieres llegar con algo más caro te cuesta mucho venderlo. Y hay mucho distribuidor afuera diciendo  no puedo vender vino chileno, no puedo estar a más de cinco dólares la botella. Por eso hay que poner valor de otra manera…

Te han invitado a ser parte de la Asociación de Viñas de Colchagua?

A mi personalmente no, pero sí como Colchagua Singular.

Y qué  han dicho?

Yo creo que por el momento nosotros estamos en pañales, estamos recién partiendo, y es la respuesta  que les hemos dado.

¿Y en cuanto a la sidra, en que están?

Seguimos full, aunque con Andrea León (socia original del proyecto) solo en el papel, porque está al 100% con su nuevo puesto  en Lapostolle (como enóloga en jefe de la bodega). Le estamos poniendo pino para llegar a cosas muy entretenidas. Lo que hicimos el año pasado está recién saliendo ahora. Hicimos mezclas, tenemos una  con vino, la WineCider, y una mezcla de manzana, pera y membrillo con burbujas y un método tradicional también con peras. Eso va a salir ahora. Estar con los dos proyectos juntos es muy entretenido y diverso.

L’Enttremetteuse: [email protected]

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