VINOS DE PELÍCULA (VERSIÓN 2020)

Publicado el 09 julio 2020 Por Maximiliano Mills www.maxmills.com

No es deya vu, esta columna de Maximiliano Mills, nuestro cronista de películas, ya la publicamos tiempo atrás. Pero faltaba una escena, la gran escena… Y gracias a esas cosas de la Pandemia, ahora esta columna sí está completa.

No hablaré esta vez acerca de una sola película sino de todos esas escenas que he visto en el cine, y seguramente ustedes también, y que por su culpa sentimos ganas de salir corriendo a tomarnos una copa de vino, a comprar una botella de vino o de espumante. Tal vez hasta nos lleve a sentarnos en un restorán para disfrutar un plato que nos hizo salivar de recuerdos frente a la pantalla.

Un año después de haber comprado con un amigo esquiador de Estados Unidos la Viña Valdemadera, vi la película “Entre Copas” (Sideways, 2004). Cuando escuché las palabras de Maya describiéndole a Miles por qué le fascinaba el vino fue una verdadera epifanía que ¡agradecí casi de rodillas! De inmediato pude dimensionar el maravilloso mundo en el que me estaba involucrando.

Quizás la segunda confirmación que tuve de que estaba adentrándome en una maravillosa dimensión de sensaciones fue la película “La Estafa Maestra” (The Italian Job, 2003), cuando después del asalto, los doce miembros de la banda de ladrones de oro están celebrando en un puente, rodeados por los Alpes nevados y tomándose cada uno una botella de Dom Pérignon… ¡De la botella! Quedé tan impactado por esta exhibición de desfachatez que me prometí: cuando encuentre una fecha excepcional en mi vida para celebrar voy a hacer lo mismo ¡Me tomaré un Dom Pérignon yo solo y de la botella!

Es probable que la escena de vino y comida que más impacto me causó –sin tratarse de una película sobre maridajes– fue “El Padrino” (The Godfather, 1972), cuando estando acuartelados, el lugarteniente Clemenza toma el control para cocinar la a los miembros de la familia Corleone. No hay ingredientes excepcionales ni recetas de alcurnia. Solo una olla rebosante de espaguetis con salsa Bolognesa cocinados “como lo hacía mi abuela”. Cada plato fue acompañado de una generosa copa de vino tinto italiano. Nunca antes, ni nunca después he sentido dentro del cine un deseo tan grande e incontrolable por comer de inmediato ¡Todo se veía exquisito!

A veces las imágenes que vemos en la pantalla grande con vino o ingredientes para cocinar no son siempre alegres. También de “Entre Copas” es la conmovedora escena que ocurre en la mesa de un Burger King, cuando un triste y depresivo Miles aparece comiendo un Whopper… y a escondidas llena un vaso plástico con vino de la más preciada botella que tenía en su cava: un “Château Cheval Blanc” añada de 1961.

La otra escena fílmica que impacta, aunque termina mutando a envidia-sana, ocurre en “Bernard y Doris” (Bernard and Doris, 2006). Una vez que su mayordomo es enviado a rehabilitación, Doris Duke baja a su cava para inspeccionar con el Chef lo que éste se había tomado mientras ella viajaba por el mundo:

–”Se tomó todas las botellas de Petrus ’89, ’90 y ’91″ le cuenta el Chef.

“¡Jesucristo!”
Exclama ella sorprendida…

–”Del Château Margaux ’ 86 solo se tomó los Premier Grand Cru” dice el Chef siguiendo con su inventario.

_ “Hay que reconocerle que tiene excelente gusto” dice con ironía la millonaria.

–”Finalmente se tomó todo el Cherry… quizás unas cien botellas.”

_ “¡Diablos!” (Grita con rabia la sofisticada rubia).

Solo el hecho de poder pensar en acceder a semejante cava te hace sentir lástima por el enfermito mayordomo de Bernard Lafferty. O de sus escenas anteriores donde aparece sano y sobrio, solo sirviendo botellas de Champagne Taittinger.

Conmovedora resulta la escena del documental “Somm” (Somm I, 2013) cuando visitan en Alemania, a la que se estima podría ser la bodega más antigua del mundo, ubicada en Staatlicher-Hofkeller. Aquí, permiten ingresar a los productores para filmar la pequeña celda -empotrada en la pared- donde descansa bajo llave un Riesling cosecha 1778.

Una escena de antología, para motivarte a desarrollar tu futura vida de enófilo, es cuando Oskar Schindler (Schindler’s List, 1993) le pregunta al Maitre llamado Martin:

OS: ¿Cuénteme de su cava por favor Martin?

M: Tenemos un excelente Riesling Alemán, cosecha del ’37.

OS: uuuhm… y algo Francés? De Burdeos?  Chateaux Latour  ’28 o del ’21?  O un Margaux del ’29?

M: lo siento, no tenemos…

OS: Y algo de Borgoña? Un Romane Conti cosecha ’37?

M: ya se lo traigo Señor.

Link a la escena

¿Y James Bond? Oh!… el gran James Bond. No solo transita por la vida disfrutando de Martinis “agitados pero no revueltos”. Además es el personaje de novela y película ¡que ha disfrutado de los mejores vinos en la historia del Séptimo Arte! En su debut cinematográfico se dispone a reventar en la cabeza del “Dr. No” (1962) una botella de Champagne cuando este repara en el detalle que es un Dom Pérignom de 1955: Bond le responde que su favorita es la cosecha de 1953 (considerada una de las mejores en la historia). Aquí comenzó la devoción de 007 con este Champagne que llegó a aparecer en otras cinco películas de la saga. La excepción fue “Desde Rusia con Amor” (1963) donde apareció bebiendo Champagne Taittinger, el que a su vez era el preferido del creador de todas las novelas, Ian Fleming. Algo ya establecido en “Casino Royale” (1967), donde Bond aparece disfrutando un Champagne Taittinger Blanc de Blancs de 1943. Sin embargo a partir de la película “Vive y Deja Morir” (1973) el agente 007 comienza a beber de nuevo  Bollinger.

Con los vinos tintos Ian Fleming nunca hizo que su personaje tuviera algún predilecto pero si un terruño: Burdeos. En “Los Diamantes son Eternos” (1971), James Bond muestra su conocimiento por la región -y se salva de ser asesinado- cuando descubre que un falso sommelier está sirviéndole un vino Mouton Rotshchild añada 1955, y no tenía conocimientos profundos de esta zona vinícola.

No se puede ignorar en esta breve antología de “Cine & Vino” al más inclasificable sibarita en la historia de la gran pantalla: Hannibal Lecter. Al comienzo de “El Silencio de los Inocentes” (1991), nos enteramos que se había comido el hígado de un Inspector de Hacienda, acompañado por habas y maridado con un Chianti. En la secuela “Hannibal” (2007), nadie quedó sin sensaciones extrañas y repulsivas cuando Lecter le prepara la cena a la oficial del FBI, Clarice Sterling, cocinándole los sesos de su oficial superior Paul Krendler, acompañando este maridaje con el que para los entendidos es el Riesling más elegante del mundo: el “Trimbach Clos Saint Hune” de Alsacia. Y para terminar, una muestra del eterno antagonismo que se produce al tratar de mantener el espíritu original de una novela pero que el lenguaje de la taquilla se encarga de acomodar. En la película “Hannibal” el doctor Lecter le entrega de regalo de cumpleaños a Clarice un par de zapatos Gucci. Pero en la novela le regala una botella de “Chateau D’Yquem” del mismo año de su nacimiento.


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