MASINTÍN, MÁS VINOS RICOS LLEGADOS DEL SECANO

Publicado el 25 septiembre 2020 Por Mariana Martínez @reinaentrecopas

Recién aparecen en el mercado nacional con tres etiquetas de Cinsault y Cariñena. Aquí les contamos quiénes están detrás.

Muy bien recordamos el relato de lo que pasó en Bélgica hace un par de años, cuando Cristián Lagos, hacedor del premiado Cinsault Trifulca, y un grupo de pequeños productores de vino apoyados por ProChile estuvieron de gira mostrando sus vinos a posibles compradores. Entonces, al presentar su vinos Lagos lloró de la emoción, pues jamás soñó, él ni su padre, que un día estaría dando a conocer el legado de su familia en otro continente tan lejano. Tampoco, jamás imaginó de seguro que uno de quienes estaban en la degustación quedaría tan impactado con su relato y sus vinos, que en el momento de querer hacer su propio proyecto, Masintín, con un grupo de amigos dispersos por el mundo, quería trabajar con él.

Masintín Cariñena 2019 proviene de Truquilemu, secano del Maule costero. El campo es de Waldo Orellana y así lo identifica su etiqueta.

La otra historia detrás de Masintín que quiero contarles es la de Diego Urra, su winemaker. Fue mi alumno en la Escuela de Sommeliers, el primero que tuve con formación Técnica en Enología y Viticultura. Para los profesores es un lujo tener alumnos así, mateos, motivados, que levantan el nivel de las clases y contagian interés al resto. Diego trabajaba entonces en Casa Lapostolle, en turismo, y un buen día, cuando estaba de visita en la bodega me contó que había pasado al área enológica, donde estaba feliz aprendiendo muchísimo. Fueron 12 años en Lapostolle, donde además tuvo la oportunidad de ir a vender los vinos de la viña en Asia. Me emocionó cuando me lo contó. A fines del año pasado le llegó otra oportunidad a Diego para aprender sobre poda de la mano de los capos italianos Simont & Sirch. Así fue como dejó Chile, Lapostolle, y se fue a Europa. Allá se reencontró con viejos amigos belgas, aprendió un montón pero no resultó, así es que pronto volvió para hacer sus propios vinos en su casa de siempre: Colchagua. Volvió  claro, a hacer Masintín. ¿El nombre? En quechua significa lo que se realiza.

Los primeros vinos que está haciendo Diego Urra junto a sus socios (los belgas Jacques Appelmans, Gilles Lagast y Michael Komen) se elaboran en IIVO, el Centro de Innovación de la Vid y el Olivo, pero sus uvas de la cepa Cinsault son de Cristián Lagos de Itata. Mientras tanto, la Cariñena es de un pequeño productor en Truquilemu, secano del Maule.

La primera vez que probé los vinos de Masintín fue en marzo, fue mi última degustación fuera de casa. Entonces los vinos aún no tenían etiquetas, y todavía quedaba de lo poco que hicieron de un vino Rosado de Cinsault 2019. Se entiende por qué se acabó, era una delicia; liviano, fresco, frutal. Hoy están ya con etiqueta y disponibles sus tres tintos (a $15.000 c/u).

Mi favorito de los tres es el Cinsault 2019, fermentado con levaduras nativas y elaborado en tanques de concreto, cocciopesto y barricas de madera viejas, todo ello con la idea de preservar el carácter fresco de la fruta. Es así como el vino es justamente eso, un Cinsault frutal, desnudo, fresco, con cuerpo y lindo color, pero sin excesos. Para beber solo o junto a comidas livianas, nada demasiado pesado, especiado o graso. Mantén su compañía simple, diría yo, tal como es el vino.

Más radical es la Cariñera, llena de nervio y a la vez cálida, de cuerpo ligero para ser Cariñera o Carignan, pero con garra. Un Carignan de perfil fresco y frutal si hay que clasificarlo, pero que aún necesita un poco de botella para armarse. No por nada, VIGNO apuesta a los dos años de guarda antes de salir al mercado.

Masintín mezcla de Cinsault y Cariñena cosecha 2018, es una edición limitada con uvas de Itata y Maule.

El tercer vino de Masintín es la mezcla de los dos vinos anteriores de la cosecha 2018. Curiosamente, siendo 2018 una cosecha más fresca en términos generales, el vino se siente más cálido en boca que los 2019; a la vez más maduro y listo para beber. Me gusta porque une las cualidades de los otros dos: por un lado fruta jugosa y por otro, el nervio. Y sí, con todo el sentido de las mezclas, el vino es el más complejo de los tres.

Y cómo todo es circular… ¿Adivinen quién puso su granito de arena cuando fue el momento de podar este invierno en los campos donde compra uva Masintín?

Los vinos Masintín viajan en su mayoría a Bélgica para su venta, pero algo queda en Chile, y ya pueden conseguirlos a través de Edwards Fine Wines por facebook y @vinos.natural en Instagram.


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