LO NUEVO EN COLOR ÁMBAR

Publicado el 13 julio 2020 Por Mariana Martínez @reinaentrecopas

Cárabe del Itata y Cárabe de Casablanca, dos grandes vinos a precios accesibles que llegan a enriquecer la oferta de cepas blancas vinificadas con sus pieles y en ánforas italianas.

Cárabe es en términos geológicos un tono de color Ámbar y con buena razón es el nombre del nuevo proyecto de vinos elaborados a pequeña escala, por un nuevo dúo de grandes amigos unidos por el vino: el actual enólogo en jefe de Viña Morandé, Ricardo Baettig, y quien fuera por 13 años export manager de la misma bodega, Carlos Spoerer.

Ricardo Baettig.

La amistad y la inquietud por hacer vinos de color ámbar, gracias al contacto de cepas blancas con sus pieles durante la fermentación y su posterior guarda (conocidos hoy como vinos naranjos), comenzó durante aquellos años en que hacían viajes de negocios juntos y al final de largas jornadas de degustaciones, todavía quedaban ganas de beber en serio. Entonces, con buenos datos, se iban a los bares conocidos por tener etiquetas de los más raros y famosos vinos naturales del viejo mundo; bien podía ser en Hong Kong o en Nueva York.

Allí se fascinaron con la calidad que se podía lograr con las cepas blancas italianas, como el Pinot Grigio o Pinot Gris, fermentadas con sus pieles en ánforas y decidieron emprender el mismo camino en Chile.

Carlos Spoerer.

Las ánforas italianas se las compraron a Rodolfo Zorich y las uvas a productores en dos valles que cada uno a su manera conocía bien. Partamos por el Cárabe de Casablanca. Este es el vino más ámbar de los dos, incluso con tonos cobrizos; muy brillante y atractivo. Este color se debe al tono violeta claro de las pieles de sus uvas, la Pinot Grigio o Pinot Gris, del campo de la familia Villard, en el Valle de Casablanca. Un campo en los lomajes de sus valles interiores manejado por el viticultor José Miguel Arnaiz. Esta es una cepa de la cual, por cierto, hay bastante más en Chile de lo que pareciera (494 hectáreas según Catastro 2018) pues poco o prácticamente nada la veamos en nuestras etiquetas. Lo que explica Baettig, se debe a que sus vinos blancos simple, fáciles de beber, se venden como pan caliente en el mercado norteamericano.

Racimo de Pinot Gris.

Eso sí, ni fácil, ni sin carácter es el Pinot Gris de Cárabe. Ello, sin duda debido a aquella fermentación y guarda en tinajas por unos 6 meses. Y aunque si bien es cierto que las notas aromáticas no son el punto fuerte de ese carácter, aunque hay notas a dulce de guayaba muy sutiles, hay que decir que su gran fuerza está en su paso por la boca. Allí hay acidez y sabor, semejante a una jalea de membrillo, pero además tiene la garra del contacto de las pieles con el jugo. De guarda en madera, si se lo preguntan, aquí no hay nada. Los poros de las ánforas hacen el trabajo de permitir la microoxigencaión y polimerización de los taninos aportados por las pieles, sin aportar aromas a vainilla o caramelo de leche de la madera. Ahora, si aquí hay un blanco-ámbar con carácter, hay que decir que en el Cárabe del Itata hay mucho más. Veamos…

Cárabe del Itata es del sector llamado Cerro Verde, uno de los lugares más lindos del Itata: en las alturas del cerro más alto de este secano llamado interior, y que efectivamente es muy verde todo el año. El productor de sus uvas, que son naturalmente en el viñedo mezcla 85% Semillón y el resto Moscatel, es Agustín Peñailillo, nombre que han querido destacar en la etiqueta del vino, al igual que lo hicieron con José Miguel Arnaiz en la etiqueta del Cárabe de Casablanca. Gracias a la Moscatel los aromas del vino son más intensos y atractivos, hay notas a flores sí, sin excesos, y además notas a hierbas con tonos herbales; los que recuerdan a un bitter de vino blanco. En la boca es una explosión de frutas blancas de muy rica acidez, como piña y limón confitados, pero además tiene un gran volumen. Y, de nuevo, esa garra al final de boca que da el contacto con las pieles de dos cepas de pieles gruesas (fenólicas), y que sin duda dejan a su paso una sensación más secante que el Pinot Gris.

Ambos Cárabe son cosecha 2018 y si se los preguntaban se vinifican en la Viña Santa Blanca, en Cachapoal. Donde también se vinifica el proyecto Tringario. Cuando escribimos de ellos tiempo atrás, les habíamos contado del impresionante techo de madera que cubre toda la bodega.

Si pienso en su compañía en la mesa, no puedo más que inclinarme por preparaciones en base a pescados y mariscos sin yodo y sin condimentos más que sal, y sí, olviden el limón junto a ellos. Bien los acompañarían además, los grandes quesos: me refiero a aquellos en los que la maduración ya ha hecho de las suyas, y les ha dado fuerza en sabor y aromas. Porque si en Chile no solíamos tener vinos blancos con suficiente carácter como para que les hicieran de sabroso contrapunto, gracias a este par de Cárabes nuestra pequeña familia de grandes blancos ya va creciendo. Y buena noticia, no cuestan nada extremo.

Cárabe de Itata y Cárabe de Casablanca valen $13.500 y están a la venta a través Edwards Fines Wines y www.vinosnatural.cl. En instagram encuéntralos como @carabewines 


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