LAS MUCHAS CARAS DEL TANNAT

Publicado el 29 abril 2020 Por Leonor Soza de la Carrera @leonorsoza

A propósito de la Semana mundial del Tannat en abril, Leonor Soza, colaboradora WiP, residenciada en Uruguay, nos cuenta qué ha aprendido de esta cepa tinta proveniente de la zona de Madirán en el Suroeste de Francia.

Qué he aprendido del Tannat en el tiempo que llevo viviendo en Uruguay, me ha preguntado nuestra editora WiP. Y la verdad es que si lo pienso bien, mucho. Pero además, que la nueva tierra del Tannat en Sudamérica tiene tanto que ofrecer y no sólo en cuanto a esta cepa, sino a sus vinos en general. Aunque, cierto, ha sido a través de esta variedad originaria de Madirán, Francia, cómo ha tomado una identidad.

Por supuesto que sus 150 años de historia, con experiencias e influencias, no han sido en vano, y no perdamos de vista que es un país que suma unas 7.000 hectáreas de viñedos. De las cuales poco más de 1.600 son de Tannat. Es decir, podríamos considerar que Uruguay es un país “boutique” en producción, pues son pocos litros en comparación a los vecinos de la región. Pero aún así, luchan por distinguirse con un sello único.

Si a lo que he aprendido de ella vuelvo, lo primero que debo decir es que hace algunos años los uruguayos consumían casi 30 litros de vino por persona al año. Hoy esa cifra ha bajado, pero el vino sigue estando presente en las mesas del país, por lo que la tradición de beber vino con las comidas aún existe. Y, considerando que en la mayoría de los casos sus vinos requieren de un buen plato de comida al lado, he descubierto un mundo de estilos que hoy sorprenderían al más incrédulo de los bebedores.

Si sus vinos requieren de un buen plato de comida al lado, se debe a que la cepa tiene muchos taninos, lo cual en parte tiene que ver con su piel gruesa, pero también con su cantidad de semillas, mayor a otras. De color profundo e intenso, es una de las uvas más ricas en antioxidantes, antocianos y resveratrol. Si de características frutales se refiere, hablamos de ciruelas negras, cerezas y frambuesa; y entre la amplia gama de descriptores y especias, sus vinos los sentimos marcados con notas de pimienta y clavos de olor, aportados por la madera.

Más allá de las generalidades, a mi parecer hoy la Tannat en Uruguay se ha transformado en una variedad transversal, porque podemos encontrar a sus seguidores tanto en campañas que promueven su consumo a través de redes sociales, lideradas por jóvenes, los llamados “vinennials”, como en los más mayores, quienes mantienen su fidelidad por los estilos más clásicos.

Creo que la mejor forma de contarles lo aprendido es describiendo algunos de los vinos que más llamaron mi atención hasta este momento y sus formas de producción, desde los muy maduros de las zonas cálidas hasta los de influencia atlántica que mantienen su frescor.

Si tuviese que armar una pauta de etiquetas, partiría con una de las que más despertó mi curiosidad: un ensamblaje Tannat – Viognier. Sí, puede que piensen en la mezcla del Valle del Ródano, Syrah-Viognier, y están en lo cierto, claro es que de ahí nace la idea. Particularmente es este vino de Alto de la Ballena, bodega de la región de Maldonado, en la zona Este del País, que al principio fermenta el Viognier en barrica y el Tannat en acero inoxidable. Una vez hecha la mezcla pasan un tiempo en barrica, lo que ofrece un vino suave, fresco, con una acidez vibrante.

Las vinificaciones diferentes también llevan ya un tiempo de exploración en este país y por supuesto la cepa insigne no escapa de eso. También en una bodega de Maldonado, está Viña Edén, donde se produce el Tannat Cemento, el que primero se fermenta en tanques de hormigón y luego se guarda en vasijas de concreto. Con esto se obtiene un vino de taninos sedosos y amables, un Tannat muy “llevadero”.

La expresión “drinkability” o bebebilidad tan de moda también aparece en estos rincones del mundo. El frescor es requerido y hay que hacer otras apuestas. Y ahí es cuando aparecen los Tannat sin madera, aun cuando la fórmula segura y comprobada es que con el paso por barrica expresan un gran potencial. Entonces nos encontramos con esos juguitos de fruta, del líquido de la ciruela cocida que hay que beber fríos y que no nos piden ni tanta comida, porque se beben solos ya muy rápido. Y si pide comida, ¿porqué no un pescado graso con una costra crocante?. Podría decir que dos que me encantan son el de Cerro del Toro (seguimos en la zona de Maldonado) y el Tannat Clásico de Bracco Bosca, y acá ya estamos en la zona de Canelones, específicamente en Atlántida.

Algo muy entretenido y que sin duda sigue siendo innovador a pesar de ser un vino que se produce hace años, es el Pizzorno Maceración Carbónica de la región de Canelones. Es esta antigua técnica de vinificación la que lo hace ser un vino ligero, claramente para ser bebido a 16°C o un poco menos. Uno de los primeros Tannat que probé en este país y que me dio el pie para explorar el potencial de la cepa.

Hay otras zonas, con otros suelos y climas, y para seguir conociendo es que había agendado una visita a una zona que me provoca mucho interés justo cuando partieron las cuarentenas en el mundo, por lo que saliendo de este período de pandemia, espero poder llegar hasta allá. Se trata de Rivera, en el norte de Uruguay, donde se encuentra la bodega Cerro Chapeu. Justo en el límite fronterizo con Brasil, tan cerca que en el día puedes ir a ver otra bodega de ese lado, y que tiene como característica suelos profundos de arena roja. Muchas horas de sol y gran oscilación térmica, le hacen muy bien a la Tannat, y de este viñedo sale una parte del vino Ysern ya que el resto del blend de Tannat de dicha etiqueta proviene de un viñedo de Montevideo. Diría que en este vino se sienten sus aromas a frutas muy maduras además de las especias dulces que podrían hacer pensar que aporta la madera.

Pasando ya a la alta gama, creo que una de las mayores conquistas que me ha producido el Tannat es Chacra 1, de La Concordia, región de Carmelo, en el Suroeste del Uruguay. Este vino de bodega Campotinto, delicado, en boca, de taninos concentrados y redondos; es la definición de elegancia en boca. De él, sólo hay 1000 botellas!

Siguiendo esta categoría, y sin carta de presentación, Bodega Bouza y su Tannat Parcela Única, es de los que quisiera tener varios y mantenerlos en la cava por años, ya que me atrevo a decir que entre 10 y 15 años más es cuando mostrará todo su esplendor.

¿Tannat sin sulfitos? Por supuesto, Anarkia de Viñedo de los Vientos. Y, ya que estamos aquí, hablemos de los Tannat dulces: “Alcyone” es un Tannat con la técnica Barolo Chinato, del Norte de Italia, así es que tenemos un vino aromatizado y encabezado (al que se le ha agregado alcohol vínico). Tan concentrado es que más que ofrecerlo de bajativo (al final de la comida) diría que es un maravilloso postre. Y, lo mejor de todo, es que no es necesaria una copa para servirle. Seamos flexibles y busquemos cómo se puede expresar mejor, por lo que un vaso de shot frío bien frío va a ir perfecto y será agradecido por el consumidor.

Al principio mencioné el blend que se producía con Viognier como una de las peculiaridades que se pueden mezclar con Tannat. Pues bien, en otros “ensamblajes” o “cortes” resulta muy interesante. Personalmente debo mencionar que con Merlot y Cabernet Franc se pueden encontrar ya más alternativas. Mención aparte merece el hecho que estas son otras de las variedades que Uruguay ha sabido elaborar muy bien, por lo que en monovarietales, también son bienvenidas.

Quizás en este mismo momento del año por clima (cuando empieza a sentirse en Punta del Este el otoño), no me apetece beber muchos rosados, pero por precio y para comenzar con la cepa, puede ser un buen punto de partida.

¿Cómo se vende el Tannat en los restaurantes? Trabajando en servicio en Uruguay estos dos últimos años, puedo decir que se vende bien y no se necesita mayor técnica, sólo una buena lectura del cliente y tener una buena oferta de etiquetas. Hay Tannat para prácticamente cubrir todos los gustos. En el restaurante donde trabajo, tenemos 30 etiquetas en carta, ya que en el caso de algunas bodegas, trabajamos con varias de sus líneas. Con precios que fluctúan desde los $590 a los $3.000 pesos uruguayos (eso es entre los $12.000 a $60.000 pesos chilenos).

Diría que el mayor público está en los brasileros, los que se dividen entre los que aman el Tannat y los que no están muy seguros que les vaya a gustar, pero ya que están en Uruguay lo quieren conocer. En el 99% de los casos les gusta mucho si prueban el que va con sus preferencias de gustos, por lo que si hablo de mi experiencia, puedo decir que siempre están dispuestos a escuchar y probar. Por lo que el resultado termina siendo positivo.

El resto del público extranjero, por lo general europeos, ya saben que hay una variedad típica, se las han recomendado, por lo que aceptan mi sugerencia, y en esos casos busco para ellos algo más bien tradicional, pues suelen pedir alguna categoría premium o añadas anteriores. Capítulo aparte es el público argentino, que conoce sus bodegas y siempre encuentra alguna etiqueta propia que les gusta dentro de la carta. Pero sabiendo llevarlos y cuando ya se ha creado una relación con ellos, al tenerlos como público frecuente, aceptan probar el vino local, no siempre Tannat. Puedo decirles que hasta el Malbec uruguayo saca comentarios muy favorables.

¿Qué pasa con los clientes chilenos? También se sorprenden, y no sólo del Tannat, sino de las cepas diferentes que se encuentran plantadas aquí y que aceptan con gusto conocer, aun cuando al inicio crean que un tinto potente no les puede gustar más que su Cabernet Sauvignon favorito. Por lo que es lindo ver que el cliente se sorprende y se retira feliz después de comer.

El caso es que siento que esta nota sería eterna si sigo recomendando diferentes estilos de Tannat, por lo que, como siempre, los invito a que cada uno se haga su propia idea. Tal como voy haciéndomela yo en su nueva casa, el Uruguay. El camino de la Tannat aún es largo, seguro, pero definitivamente muy prometedor.

 


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