PATRIMONIO & UN BUEN CUENTO

Publicado el 09 septiembre 2019 Por Mariana Martínez @reinaentrecopas

Lo que comenzó por una asesoría buena onda a viejos viñedos en el secano del Maule, terminó con tres OVNIS en el la mesa de la cocina. Esta es su historia.

Gonzalo Castro, actual enólogo de Viña Baron Philippe de Rothschild Chile, cuenta que ya estaban consiguiendo algunas mejoras en el manejo de un viñedo en el secano del Maule, cuando su dueño –el papá de unos amigos- le dio la sorpresa de que pagarle su desinteresada ayuda con uvas. La alegría fue máxima: “Voy a hacer mi vino”, se lo dijo a sí mismo y a su señora.

Así fue como de la cosecha 2016 la pareja hizo dos vinos. Un Carignan 100% y una mezcla de Carignan y País; sin levaduras, sin sulfuroso, nada que no fuera uva; en busca de un vino bien natural. No importaba el resultado. Los nombres de los dos hijos hechos vino, en una bodega prestada, llegaron después. La propuesta de su señora (quien también trabaja en una viña en marketing, pero no tiene permiso como Gonzalo para tener un proyecto propio) fue hacer algo entretenido con las marcas. Como ella siempre le decía a Gonzalo desde que eran pololos, que durante los meses de vendimia, él desaparecía como si hubiera sido abducido, surgió la idea de relacionar el proyecto con los OVNIS. De ahí a que las siglas que se refirieran a vinos de Orígenes Vitivinícolas No Imaginarios, hubo sólo un poco más de creatividad.

OVNI Encuentro Secano Merlot
OVNI Encuentro Secano Merlot 2017, Valle de Itata

Gonzalo sí, fue el responsable de crear el nombre del vino Octavo Pasajero ($14.000), el Carignan 100% porque como era fanático de la película del mismo nombre, se le ocurrió el link con el origen del vino, la VIII Región. El otro nombre, de la co-fermentación de Carignan y País ($12.000), sería responsabilidad de ella. Y apareció igual de fácil. Probando los vinos dijo en voz alta “¡está divino!”. Enseguida pensó que sería un buen nombre. Y lo es; en realidad, todos lo son.

El diseño de las también geniales etiquetas recayó en un viejo amigo de la casa, un maestro de las caricaturas mendocino. Como buen ilustrador echó a correr su imaginación entre planetas desconocidos.

Viñedo de Merlot Encuentro Secano en Itata.

Un año más tarde nacería un tercer OVNI, de otro viñedo del mismo dueño, también en el secano; pero esta vez en las laderas del Valle del Itata. Y vaya viñedo. Se trataba de algo que se creía era Merlot, y que revisando los registros de plantación de los años 50, resultó serlo. Lo que es realmente curioso, porque si hay algo que esta variedad de Burdeos acusa, es la falta de agua en sus raíces.

Gonzalo Castro en la bodega que comparte con Roberto Henríquez en el Itata.

De ahí a llamar este Merlot 2017 Encuentro Secano ($12.000) fue un solo paso. Su etiqueta es digna de premio. La historia del vino que querían contar, dice Gonzalo, era la de este personaje rústico, que vive en el secano del Itata, y que es como un bicho raro, pero que al mirarse al espejo se ve reflejado como un noble francés. Además en la misma escena participan las otras dos etiquetas como parte de la decoración de esa habitación que bien podría ser  en un planeta lejano.

OVNI Divino 2016

Con los vinos listos, la pareja los empezó a mostrar a los amigos, y así llegaron al sommelier Samuel Shachermayer @samuelvinosymas y su señora, quienes les ofrecieron venderlos en restaurantes. Hoy ya están de los restaurantes De Patio, Vinolia y en La Vinocracia (donde partieron en su Barra Brava de los lunes, donde todas las copas valen $2.000, y ya están en la carta).

Los tres vinos seguirán haciéndose, aunque hay cambios. De la cosecha 2017 no habrá Divino ni Octavo Pasajero, y desde 2019 serán todos Itata. Además tendrán guarda en fudres italianos, la última adquisición de la casa. Gonzalo destaca que su idea es que el proyecto siga siendo algo bien familiar, sin distribuidores, ni grandes aspiraciones comerciales más que el seguir pagando bien el precio de las uvas.

Cuando -por cierto- le preguntamos qué solución ve a los bajos precios de las uvas especialmente en la zona del Itata, Gonzalo nos dijo: “Mi invitación es a que productores de vino chicos y medianos se den una vuelta por el Sur, compren uvas a buen precio y se atrevan a hacer vino con ellas. “La invitación, agrega, es a que se den cuenta de dónde están, que no sean giles, y que dejen de basurear el lugar y su gente”. A la vez, agrega Gonzalo, el llamado es a que sean solidarios: “Debemos ayudar a los viñateros a mejorar la calidad de sus uvas, porque ellos saben qué hacer con sus viñedos en un año normal, pero no en un año difícil; con lluvias la final de la cosecha o con sequía, o ante las heladas. Ellos no saben del manejo más sofisticado”.

A la vez, dice Gonzalo, hay que ayudarlos a mostrarles los productos que deben usar, llevárselos, y descontarlos luego en el precio de las uvas… no antes. Es lo mismo que harían con cualquier otro productor, no dejarlos botados durante el año… Quien quiere celeste, que le cueste, concluye Gonzalo. Yo creo que sí hay solución, dice, no todos lo van a hacer bien, pero sí hay potencial”.

Esta semana probamos la mezcla Divino 2016, de un cuerpo más ligero que medio, con una suavidad de taninos que resulta demasiado fácil y amable de beber. A la vez, el vino tiene muchas frutas negras y una acidez justa, junto a un dejo animal preciso, que le aporta complejidad y un toque de gracia interesante. No hubo en la mesa quien se resistiera a sus encantos.

Además, probamos el Merlot Encuentro Secano 2018, de un estilo muy diferente. Con más cuerpo y más fuerza en su tanino, también más cálido y limpio en sus aromas a frutas negras. En resumen: un tinto bien maduro, con mucha fuerza. Cada uno de los dos, bien podrían ser OVNIS de dos planetas diferentes.

Para comprar los vinos de OVNI deben escribir a [email protected] o a través del WhatApp +569-8819 1629.

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