ERASE UNA VEZ ARGENTINA

Publicado el 09 noviembre 2016 Por Eleonora Jezzi Riglo (*)

La sommelier Eleonora Jezzi Riglos, nuestra corresponsal WiP en Buenos Aires, nos cuenta la historia del vino argentino a través de cinco etiquetas que ya son leyenda.

En toda gran historia conviven al menos tres elementos: una situación determinada, sus personajes y el probable hecho de que al final, algo habrá de cambiar. Si nada ha cambiado, entonces no tendremos una buena historia.

Estas palabras se instalan definitivamente al intentar relatar la Historia del Vino Argentino; hablaremos de vinos, sí, pero también y sobre todo, de aquellas personas  que le dieron vida y forma a lo que hoy conocemos y disfrutamos. Habrá momentos, lugares y personas entrelazadas de manera determinante y única.

Repasaremos esta historia a través de 5 etiquetas que consideramos representativas, y en tributo a aquellos pioneros que proyectaron, soñaron e hicieron de nuestra vitivinicultura lo que hoy es.

Los primeros especímenes de Vitis Vinífera fueron traídos a América por los colonizadores españoles a comienzos del siglo XVI, cuando Argentina todavía no era Argentina. Del Perú pasaron a Chile, llegando a nuestro actual territorio en 1551.

Cuentan que los sacerdotes jesuítas  establecieron viñedos cerca de sus monasterios, para poder así contar con el vino necesario para celebrar la Santa Misa. Ya en 1860 encontramos datos sobre la uva Torrontés, que resulta del cruce de la Moscatel de Alejandría y la criolla chica y se ha convertido en nuestro emblema blanco, bien característico del norte argentino, donde esta variedad aromática encuentra el mejor sitio para expresarse.

En la actual Región de Cuyo se implantaron vides hacia fines del siglo V, lo que dio lugar, con el transcurso del tiempo, al desarrollo de una gran industria que transformó desiertos en Oasis. Sin embargo el gran salto se dio allá por el siglo XIX. La expansión de superficies aptas para la actividad agropecuaria y la inmigración fueron condiciones para que la industria vitivinícola se asentara como industria nacional y Mendoza se convirtiera, con toda justeza, en la Capital del Vino Argentino.

Durante este período se creó la Quinta Normal de Agricultura, primera escuela de Agricultura del país. Michel Aimé Pouget, fue el primero en introducir las “tintas francesas” en  Mendoza, propagar su cultivo y enseñar métodos científicos en el aprovechamiento de los frutos. A él le debemos la llegada del Cot francés, y en su honor, cada 17 de Abril se celebra el Día Internacional del Malbec.

Hacia el siglo XX, Argentina era uno de los países más ricos del planeta, y su industria, en constante expansión comenzaba a exportar frente a la situación de carencia causada por las Guerras Mundiales.

Ya por el año 1960 el circuito de producción y elaboración de vino se completaba en los grandes establecimientos vitivinícolas, con plantas de fraccionamiento y una sólida red de comercialización distribuida en los principales centros de consumo del país, cuyo consumo interno era infinitamente mayor al actual. Se calculan 77 litros anuales per cápita entre los 60’s y 70’s.

Justamente hacia 1970 se produjo un cambio paradigmático en la industria de producción de grandes volúmenes de vino, enfocada a la cantidad y a la demanda interna.  Entre 1980 y 1990 se erradicaron casi 40% de los viñedos hasta entonces existentes. Se iniciaba una nueva etapa para la Vitivinicultura argentina. Es allí donde la figura del Dr. Nicolás Catena cobra la fuerza que todavía ostenta, al decidir plantar bandera en terruños inexplorados con la expectativa de dar un gran salto cualitativo. Sin ir más lejos, de su viñedo Adrianna implantado a 1450 msnm en Gualtallary, Valle de Uco llegan los vinos más reputados de la bodega, como el “Fortuna Terrae 2012” a quien James Suckling calificó nada menos que con 100 puntos.

Vayamos entonces a lo que nos convoca! Tal vez alguno de ustedes decida concretar la cata y descorchar esta gran historia plasmada en botellas. La invitación queda hecha, lo mejor del vino se aprende bebiendo!quara-sv-torrontes_

  • Félix Lavaque Quara Single Vineyard Torrontés 2014, Cafayate, Salta (US$16): hablar de torrontés es hablar de Cafayate, Salta; y también de José Luis Mounier, mendocino de nacimiento pero salteño por adopción y el gran experto en la cepa. Proveniente de “Finca La Esperanza”, un viñedo en parral centenario a 1.700 metros de altura. Un gran vino blanco que habiendo fermentado en barricas de roble francés no escatima en tipicidad. Lichi, pomelo rosado, cáscara de naranja, miel y el inconfundible amargor amable del torrentés en su final. Franco y voluminoso. Un torrontés de Alta Gama a un precio más que razonable.

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  • Establecimiento Humberto Canale Old Vineyards Pinot Noir 2014, Alto Valle del Río Negro (US$22): emblema de aquellos italianos inmigrantes que a fuerza de tenacidad se forjaron un futuro en la Patagonia. El ingeniero Canale arriba a la Patagonia tras la llegada del ferrocarril con la tarea de implementar allí un eficiente sistema de riego. Fiel representante de su región, este pinot es delicado en color y aroma y a la vez complejo en la boca. Un vino bienvenido, ligero, de gran fineza y muy bebible.

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  • Benegas Lynch Finca Libertad blend, Maipú, Mendoza (US$36): esta selección no estaría completa sin la Bodega de Don Tiburcio Benegas, fundador de “El Trapiche” en 1883. Este corte 33% de Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc y Merlot proviene de uno de los más añosos viñedos de Maipú, plantado a pie franco a fines del siglo XIX. Lo interesante es sobre todo la presencia del Cabernet Franc más antiguo del país. Un vino elegante y redondo en el que se destacan las frutas negras y las notas balsámicas, acompañadas por un fondo especiado y profundo. Un vino de varias capas que aconsejamos beber muy lentamente.

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  • Catena DV Vineyard Designated Adrianna Malbec 2011, Gualtallary, Mendoza (US$63): la gran apuesta de Nicolás Catena quien en 1973 decide prácticamente abandonar el vino a granel para enfocarse en viñedos de calidad. Comenzados los 90’s se implanta Adrianna Vineyard a 1450 msnm, con el acento puesto en la calidad por sobre el volumen. Lo que destaca a este gran Malbec por sobre otros es su textura, su fineza y complejidad. Es mucho más de lo que conocemos de un Malbec, y vale muchísimo más que su precio. Una celebración de frutas y flores; de fondo salino y una textura inigualable. Vale mucho más de lo que cuesta.

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  • Doña Ascensión Blend 2014, Bodega Tacuil, Salta (US$32): uno de los primeros establecimientos del país fue La Bodega Colomé (Salta), fundada en el año 1831, a cargo del gobernador español de Salta, Nicolás Severo de Isasmendi y Echalar. En el año 1854, su hija Ascensión, quien contrajo matrimonio con José Benjamín Dávalos, introdujo las vides francesas Malbec y Cabernet Sauvignon pre-filoxera, que la Bodega (tras vender en 2001 gran parte del territorio a Hess Family) aún sigue cultivando para sus vinos. Corte salteño de pura raza, intenso, carnoso y extremo. Expresa notablemente la fuerza de su terruño.  Se aconseja abrir dos horas antes y/o decantar .

 

Dónde encontrar los vinos:

  • Vinoteca Autre Monde, Jorge Luis Borges 1985, Buenos Aires
  • Malambo Almacén Criollo, Thames 2098, Buenos Aires
  • Ozono Drinks, La Rioja 1823, Buenos Aires
  • Wine O’ClockEspejo 533, Mendoza Capital

(*) Eleonora Jezzi Riglos es sommelier y ha trabajado en el servicio y comercialización en restaurantes, vinotecas y bodegas. Actualmente es dueña de Pain et Vin, un imperdible bar de Vinos y Panadería de masas madre de Palermo, en Buenos Aires. Eleonora fue primero profesora de Educación Física por lo que se auto define como una docente de por vida.

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6 comentarios

  1. A propósito de este artículo visitamos la tienda de Wine O’Clock en Mendoza. El local es muy lindo, y atendido por sus dueños que son muy aficionados al vino, y muy conocedores de lo que tienen en la tienda. Tiene una cava preciosa en el subterráneo, con una mesa grande increíble para hacer catas guiadas. No encontré todo lo de la lista de más arriba, pero bien valió la pena la experiencia de la visita. Me llevé también un espumante Alma 4 de Bonarda, un Torrontés de Salta y un Rosé de Marco Zunino (cosas que no se encuentran en todos lados).

    • Jorge entiendo entonces que fuiste en estos días. Que bien que te inspiró la nota.
      Encuentro envidiable el cariño y conocimiento que hay por el vino en Mendoza. Interesante el espumante bonarda!

    • Eleanora Jezzi Riglos dijo:

      Misión cumplida entonces Jorge! El nexo entre los buenos vinos y los consumidores. Una verdadera alegría

  2. Gracias al articulo, me acerque a Wine O’Clock, un concepto genial, que sus vinos ingresan por cata a ciegas, Gustavo Attaguille gran anfitrión me introdujo en lo que esta pasando en Argentina. Deberíamos tener free pass para pasar por aduana de ambos lados :). Extrañe productos orgánicos y bio , pero lo demas genial ¡!
    Saludos

  3. Eleanora Jezzi Riglos dijo:

    Salud Diego, deberíamos!!!

  4. […] “Erase una vez Argentina”, 09 noviembre 2016 […]