LA PARTICULAR FAMILIA MATURANA WINES

Publicado el 27 marzo 2020 Por Mariana Martínez @reinaentrecopas

José Ignacio Maturana es el enólogo detrás de un proyecto que busca ese equilibrio perfecto entre vinos de origen versus vinos de gran relación precio-calidad. Hoy recomendamos nuestros favoritos, entre ellos Pa tel.

La semana pasada les contábamos de Ana Salomó, enóloga de larga trayectoria en viñas chilenas que de un día a otro se vio emprendiendo por obligación. El caso del enólogo José Ignacio Maturana no fue diferente, aunque como ya está siendo costumbre en Chile, si tenía un plan B bajo la manga: un proyecto de vinos para la época de retiro de su padre. Así empezó a plantar 2.000 plantas de Syrah en su propio jardín y construyó una pequeña bodega en casa. Cuando tuvo que reaccionar, ya tenía más herramientas para hacerlo.

Maturana partió con 3.000 botellas el año 2010, al 2020 produce 48.000. Y no sólo tiene una línea de vinos económica que podríamos decir que es su caballito de batalla, porque con ella genera la caja para todo lo demás. Puente Austral es su caballito de batalla ya sea en Chile, donde se ha convertido en la línea de vinos más vendida de varias tiendas especializadas enfocadas en pequeños productores, y dentro de sus exportaciones a China y otros 14 países.

Hoy les quiero hablar de esa otra línea de Maturana que es más difícil de vender y de hacer, porque, claro, todo cuesta más. Cuesta más porque está formada por vinos elaborados a partir de uvas excepcionales, con las cuales se buscan hacer cosas diferentes a lo esperado; y de la manera más natural posible, desde el viñedo hasta en la bodega. Por ello, Maturana no sólo paga más por las uvas que compra a terceros y que suelen ser de pequeños viñedos muy viejos, y frecuentemente del secano (sin riegos); también los vinifica en su pequeña bodega de las maneras más complicadas y que requieren de más tiempo o cuidados.

Con esta línea de vinos Maturana es parte de la asociación de viñateros de Colchagua Singular, y junto a ellos estuvo a inicios de marzo mostrando sus novedades. Allí elegimos nuestros favoritos, producidos por él en Colchagua, porque sí, su espectro de acción va más allá.

Para partir, elegimos su vino de cepa País Pa tel 2019. Que bien podría ser, por su color, definido como un vino rosado o un claret pero en estricto rigor no lo es porque tiene mezcla de País además con la tinta Moscatel Negra, y las blancas Riesling y Semillón (la única que no está en el mismo viñedo). Todas juntas eso sí, se fermentan en lo que se llama una co-fermentación. El resultado sin buscar extraer color es un vino muy jugoso y fresco, liviano, para beber sin pensar el vino demasiado. Refrescará para ahogar cualquier mal pensamiento. Es la segunda versión, la primera fue en 2018, y como toda la línea de vinos Maturana vale $15.000 ($8.000 en ferias y venta directa). José Ignacio nos cuenta que es un vino que crearon junto con el bar de vinos BocaNariz, por ello, hicieron allí su lanzamiento y por supuesto está siempre en su carta de vinos.

Otro lindo vino del grupo en la misma dirección pero más goloso y denso, es su Rosado 100% de Syrah. Elaborado, sí con las 2.000 plantitas que tiene José Ignacio en su jardín. A este, también le agrega algo de Semillón para aportar acidez. Por eso la tiene y además algunas notas herbales que nos alejan de Syrah, pero ¿qué importa? Tal vez, también podríamos decir por su color de rosa intenso, fuerza y volumen, que es más un Claret que un Rosado. Como sea, el objetivo, ser un vino fácil de beber, está.

Y ya que hablamos tanto del Semillón, el comodín para darle frescura a estos dos lindos tintos ligeros, no puedo dejar de recomendar el nuevo Semillón 2018 100% de esta familia Maturana. Como los otros usados como pichintún, se trata de uva que viene de un viñedo plantado en 1928 en cabeza, en la zona fría de Colchagua, en Paredones. De sus uvas un 20% sólo se fermenta con su piel o el hollejo, como un vino naranjo, y el resto sin ellas, como un vino blanco tradicional. Para aclarar confusiones, Maturana tiene otro vino fermentado con pieles, pero esta vez 100% fermentado y guardado con ellas por 9 meses, con uvas de un Torrontés del Maule plantado en 1938. Volvamos al Semillón de Colchagua. Por ser un año más frío, este 2018 tiene además de un gran volumen boca, una acidez muy sabrosa. Es sin duda mi versión favorita de este vino. En nariz, además, tienen intensas notas herbales que de seguro en una cata a ciegas entre Semillones, permitirá identificarlo.

Estos tres vinos (al igual que todas las rarezas de Maturana) valen lo mismo: $15.000 en tiendas especializadas. ¿Por que? En simple: uva cara y mucho trabajo a mano.

Por cosas de la vida la tienda on-line propia, donde pueden comprar todos los vinos de Maturana fue jaqueada ayer y hoy están en arreglos. Mientras, pueden darle una mirada a la tienda www.elbidon.cl donde están casi todas sus etiquetas o sino contactarlos directo a [email protected] +56 9 9015 2901.


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