COLCHAGUA TUVO SU GRAN FIESTA

Publicado el 13 marzo 2020 Por Mariana Martínez @reinaentrecopas

Con menos visitantes en la Plaza de Armas, un día más y nuevos protagonistas, Santa Cruz realizó su celebración número 21. Nuestra editora estuvo allí y nos cuenta detalles.

La fórmula fue perfecta para quienes pudieron disfrutar de un evento masivo organizado para toda la familia, a pesar de temores por la crisis del estallido social. El Coronavirus entonces, aún no era oficialmente declarado como pandemia (ver acá fiestas suspendidas a la fecha).

Tal como se había comunicado, por primera vez la versión 2020 de la Fiesta de la Vendimia de Colchagua, sumaría a los pequeños productores campesinos apoyados por INDAP a la gran plaza de Armas de Santa Cruz. Ello, bajo las mismas condiciones que el resto de las 19 viñas asociadas a la Ruta del Vino de Colchagua, las que desde el 2000 organizan este gran evento popular abierto a todo público. En aquel entonces, valga destacar, muy pocos llegamos aún hasta el valle por su fiesta, y sólo conocíamos la existencia de sus pocas viñas boutique.

A parte, en el restaurante Casa Colchagua, este fin de semana también se reunirían para mostrar sus vinos los productores que conforman la agrupación Colchagua Singular. Así, casi todos los productores del valle estuvieron de una u otra manera reunidos bajo un mismo paraguas, el del Vino de Colchagua, y durante un mismo fin de semana.

Casi todos digo, porque aún faltan más, sí, aunque parezca mentira. Faltan, además, quienes tímidamente, llegados desde otros lados, están haciendo sus vinos en IIVO (Centro de Innovación para el Vino y la Oliva) y muy cerca de allí, en Santa Ana, quienes viven y están haciendo sus propias etiquetas. Definitivamente, podemos decir que Colchagua en 20 años ha crecido de la Cordillera al Mar, entre los más grandes a los más chicos, como ningún otro valle de Chile.

En esta oportunidad, visité además el valle para conocer las nuevas caras y sus vinos; de cada uno de ellos por supuesto les iremos contando poco a poco. Por ahora quiero concentrarme en un par de puntos que considero importante destacar sobre esta gran fiesta del vino de Chile.

Primero, felicitar a la organización Viñas de Colchagua, porque cada año hay más detalles que se van ajustando. Este año, por ejemplo, más allá de tener dispensadores de alcohol en gel en puntos clave, para ordenar el acceso a la Barra de Vinos Premium había filas de entrada y de salida. Así sólo estaba delante del sommelier, sin apretar o empujar, quien tenía su turno. Lo que creo, debería haber ayudado a que el servicio no fuera tan caótico en las horas de más público.

Con su alta afluencia de #winelovers a pesar del precio (desde $15.000, agotándose la copa de $40.000) sin duda la Barra de Vinos Premium demuestra que el público asistente sí está interesado en probar grandes vinos. No sé, sin embargo, si es el mejor lugar para probarlos, a un promedio de 30ºC de temperatura en el ambiente. Más allá de que el 99% de sus etiquetas, encierran vinos de gran cuerpo, madurez y también gran aporte de madera. Sabemos, porque vimos, que los sommeliers hacen el esfuerzo de tenerlos en agua y hielo, pero no da. ¿Algo pues aún que mejorar? Temperatura de servicio. Y, por qué no, sumar vinos que las mismas viñas del valle hacen en otros orígenes para darle a su carta de vinos dominada por tintos más diversidad y frescura natural. Si, al fin y al cabo, además de recaudar fondos para las actividades del año, la idea es educar al consumidor.

Otro punto. Me resultó confuso y generé incluso polémica (por un twitter que compartí) con respecto al precio de los vinos a la venta en la feria. Pasó después de haber recorrido los stands de las viñas de la asociación y comprar un rosado por $5.000 luego dos por $10.000, y al llegar al sector de los pequeños productores de INDAP, saber que no podían vender la botella a menos de $10.000. Mi desilusión fue grande, porque la gran gracia de los pequeños de INDAP, a quienes les he seguido la pista, en su gran precio/calidad. A mi alrededor, la gente los degustaba y quería comprar, pero las lukas no le alcanzaban: igual que a mi. La cosa es que después supe que las reglas eran iguales para todas las viñas en la plaza, pero que no todas las cumplieron. Así fue como, las vueltas de la vida: los pequeños que habían visto como una amenaza vender sus vinos tan caros, lo vieron finalmente como una ventaja, porque terminaron ganando obviamente más por cada botella.

Conversando con la organización supe que la medida de vender sobre los $10.000 la botella (y luego jugar con promociones de 2 o 3 x $15.000, por ejemplo), responde a la necesidad de limitar el consumo por botella en la misma plaza. Lo que sin duda ha sido siempre el gran problema de los eventos de vino. Lo que no me parece justo, es que haya un consumidor que se llevó la idea a casa de que los vinos de los pequeños productores no tienen la gran relación precio/calidad que sí tienen. Les otorga valor, como no, pero si no vale los $10.000, no los vuelve a comprar. Por otro lado, es en estas fiestas donde tienen la oportunidad de vender sin intermediarios. Les paso el dato a propósito: este finde en las fiestas de la vendimia de Marchigüe e incluso de Rengo, muchos de ellos estarán presentes con sus precios de siempre. A menos que le hayan ya agarrado el gusto de vender sobre $10.000.

¿Mi recomendación para ustedes amantes del vino y sus fiestas? Prueben cosas nuevas viendo bien sus precios y establezcan el contacto para comprar de a varios otros días. Por otro lado, no dejen de estar atentos a la próxima fiesta de Colchagua Singular, donde tampoco han logrado dominar las temperaturas de los vinos, hay que decir, pero el grupo de sus #winelovers es más reducido, y podrán compartir su gran diversidad de estilos con sus mismos productores (aunque tienen menos etiquetas). El precio de cada botella en su feria, además, lo definen ellos mismos.

Entre tanto panorama, tuve además la suerte de ir a la vendimia familiar que cada año realiza la familia Ortiz-Rojas, dueños de @VinaKuriman, en el sector de El Cóndor de Apalta; cuyo gran vino es el Cabernet Sauvignon Catalejo. El sábado cosecharon sus 31 hileras de Cabernet entre temporeros e invitados, para finalizar la actividad con un rico almuerzo campestre. Esta era la quinta vendimia del proyecto, pero la primera vez que la cosecha coincidía con la fiesta de la vendimia, debido como ya les hemos contado, a la sequía y olas de calor. Atentos a esta actividad para 2021 ya que pueden participar grandes y chicos, previa reserva a un precio más que justo (incluye desayuno, set de cosecha, degustación de los vinos, visita a la bodega, donde pueden ayudar en las tareas de selección de las uvas, y almuerzo).

Si me preguntan, mi fiesta de la vendimia ideal sería: partir por la Plaza de Santa Cruz al final del día, ojalá el viernes, cuando baje el sol, y el sábado lo más temprano posible (12:00 horas) ir a Colchagua Singular y luego almorzar tarde bajo la sombra. Luego de una buena siesta, ir a conocer alguna viña de Santa Ana o otras viñas que pertenecen a la Ruta del Vino u otra agrupación (como Estampa, Ravanal, Cóndor de Apalta, Las Niñas, Sutil…) porque estarán habrá alguien en sus casas  esperando su visita. ¿Tiempo libre en horarios de calor extremo? Los Museos de Colchagua (a pasos de la Plaza Santa Cruz) y los Museos del Vino y del Automóvil de la Fundación Cardoen en Lolol, pues son visita obligada. Lo mejor de todo, como sea, de estas fiestas en plazas publicas es sentarse con copa de vino en mano, ya sea sobre el pasto o en un banco, y ver con calma el día pasar.


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