AUMA EN VERTICAL

Publicado el 10 julio 2019 Por Mariana Martínez @reinaentrecopas

6 años podrían ser nada en la historia de una viña, más si quienes la dirigen llevan 6 generaciones haciendo vino. Pero si hablamos de la familia Undurraga, son las bases para un nuevo inicio.

Era la primera vez que se hacía, y se notaba en la emoción de Cristóbal Undurraga. Cuatro copas delante de cada degustador, ubicados todos cómodamente en los diferentes niveles del teatro de Vinolia. Cristóbal, el enólogo, estaba al frente y desde allí contó por qué era tan importante hacer esta vertical del vino más importante de la viña que fundó junto con sus hermanos y su padre el año 2006. Y la verdad es que cuatro años de historia puede parecer ridículo para los Undurraga, quienes llevan seis generaciones haciendo vino. Para ser más precisos desde 1885. Pero el nombre del vino que probaríamos en cuatro añadas (de 2009 a 2015), AUMA ($68.900), es un homenaje al gran padre del clan (Alfonso Undurraga Mackenna) por el valor de haberse atrevido a comenzar un proyecto vitivinícola desde cero, sobre todo después de 50 años dedicado al vino.

Cristóbal (el Toti) curiosamente es el primer enólogo de la familia Undurraga, y su amor por el campo, donde vive y trabaja, se refleja en cada una de las presentaciones que hace de Koyle. Porque de allí, suele decir, viene la calidad del vino; es “la herramienta”. Fue con ese concepto bien claro que el proyecto partió con un reto aún mayor para el jefe del clan, un hombre nacido y criado en la tradicional vitivinicultura de Chile. Ser biodinámicos, lo que quiere decir trabajar siguiendo los ciclos de la luna, y entre otras prácticas, que buscan revitalizar los campos, usar preparados homeopáticos en base a hierbas medicinales, cachos y vejigas de vacas. Todo con un único fin: tener suelos ricos en vida, en terrenos que en realidad son poco fértiles por su gran cantidad de piedras y escasa agua.

Gracias al trabajo con el Doctor en Terroir, Pedro Parra, durante 2008 y 2009 conocieron en profundidad, literalmente, sus suelos y separaron los que podían dar los mejores vinos; los más rocosos. La idea detrás, era tener menos cantidad de uvas por planta, que pudieran madurar antes sin perder acidez y aromas; también, más mineralidad en los vinos. Así fue como en las laderas de su campo, en los pies de la Cordillera de los Andes, en Colchagua (nueva D.O. Los Lingües), se separaron tres terrazas. La primera, más abajo, se destinó a sus vinos de entrada, los Koyle Gran Reserva ($8.990); la segunda para sus Koyle Royal ($14.900) y la tercera, con más roca basáltica, para los vinos de su línea Basalto ($27.900). De sectores especiales en esta tercera terraza (que suman apenas 1,6 hectáreas) han venido desde su primera cosecha, la 2009, las uvas destinadas para hacer AUMA.

Una vez en la bodega las uvas, de seis variedades tintas diferentes, se fermentan a bajas temperaturas y una vez convertidas en vino se guardan por 24 meses en barricas de madera francesa. Pasados esos casi dos primeros años se mezclan y guardan por seis meses más en huevos de cemento, para que -como dice Toti- “se conozcan los vinos entre sí”.

¿Por qué el huevo de cemento para la guarda? Todo comenzó para darle aún más guarda al 2009, pues creían la necesitaba para suavizar su fuerza, pero alejado de la madera. Además, explica Toti, la forma de huevo genera un efecto en constante movimiento de los sólidos del vino (las lías) lo que hace que se integren dándole más cuerpo, y no, por el contrario, se depositen en el fondo.

Si nada hasta acá había sido elegido al azar, tampoco lo es la caja que resguarda las botellas de AUMA: son de madera de lenga de la Patagonia y el papel violeta que las envuelve es del mismo color de la flor de koyle, la que da nombre al proyecto.

Los cuatro vinos que formaron la vertical fueron 2009 (la primera cosecha), 2011, 2013 y 2015. La única cosecha del 2009 al 2019, que no se embotelló fue 2012, por ser un verano demasiado cálido y seco. Y es que AUMA, explica Toti, está en la búsqueda de la frescura y la elegancia. Veamos…

AUMA 2009. De un año cálido, es la primera cosecha, ya con 10 años a cuestas que no se notan. Ni en el color ni en los aromas, ni en la fuerza de sus taninos, ni en su fruta roja en la boca. El vino está armado, impecable, firme como un roble. Poco a poco se va abriendo en la cata, mostrando notas de alcanfor y de caja de cedro. Se siente el tanino intenso del verano cálido, definitivamente. 2009 es el más potente de todos, tal vez el más listo para beber hoy por su complejidad, pero qué va, yo lo guardaría unos cuantos años más. Curiosamente, es el que tiene más Malbec (33%). ¿Por qué? Lo pensé en broma, y era verdad. Toti recién llegaba de hacer vinos en Argentina, y lo quiso usar. Le siguen en la mezcla un 26% de Cabernet Sauvignon, 21% de Carmenère, 13% de Syrah y 7% de Petit Verdot.

AUMA 2011. En un año frío, ideal para Toti porque la fruta tarda en madurar, gana elegancia de taninos y frescura. En este año, dice su enólogo, el Syrah, aunque no es mucho (sólo un 13%) prevalece en la nariz con notas a humo. Yo no las siento, pero en su dulzura de taninos y fruta negra en boca, que hacen de AUMA 2011 un vino más amable, más de fruta negra que roja. 2011 también tiene un final más tostado, con notas de café y chocolate amargo. Su mezcla es 37% Cabernet Sauvignon, 25% de Carmenère, 18% Malbec, 13% de Syrah y 7% de Petit Verdot. Lo guardaría aún más también.

AUMA 2013. De un año templado, es decir no muy frío ni muy cálido, el vino se siente en boca más fresco y elegante, con marcadas notas a vainilla dulce en la nariz. Por eso, vamos viendo como la guarda le hace bien a estos grandes vinos para lograr ser más complejos sus aromas. Aquí hay menos estructura también, y la culpa la tiene un 51% de Carmenère en la mezcla. El resto es 28% de Cabernet Sauvignon, 9% Malbec, 6% Cabernet Franc, 3% Merlot, 3% de Petit Verdot.

AUMA 2015. Su mezcla, que aún no sale al mercado (pues está 2014) es 39% Cabernet Sauvignon, 33% de Carmenère, 13% Cabernet Franc, 8% Malbec, 6% de Merlot y 1% de Petit Verdot. Este es el primer año que todas las uvas de la viña y por lo tanto sus vinos, ya tienen la certificación biodinámica. Además llevan el sello de vino vegano, lo que quiere decir (si se lo preguntaban, como lo hicimos nosotros pensando en los cuernos y tripas), que el vino no tiene nada de origen animal en su contenido. De una cosecha templada como 2013, AUMA sigue el camino iniciado por 2011, aunque con algo más de fuerza que 2013, por el predominio del Cab en la mezcla. Sin embargo queda claro hacia dónde va la marca del mejor vino de la nueva casa de los Undurraga. Es la marca de los tiempos modernos; efectivamente la frescura y elegancia.

Atentos: por esta semana (del 09 al 12 de julio) AUMA ($68.990) estará con un importante descuento. Contacto: [email protected]

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