LABERINTO SAUVIGNON BLANC 2018

Publicado el 14 septiembre 2018 Por Mariana Martínez @mymentrecopas

Con la primavera  llegan los primeros vinos blancos del año, como esta maravilla que nace de viñedos en la precordillera del Maule,  y ya se muestra insuperable dentro de su nada corta historia.

La primera cosecha que llegó al mercado de aquel  Sauvignon Blanc que Rafael Tirado plantó en el campo de su suegro, en las orillas del lago Colbún, fue el año 2007; aunque parezca mentira. Sin embargo, la primera cosecha que se vendió de este vino,  fue el año 2000. Entonces, si sacamos cuentas, no tan difíciles, este blanco que ya tiene un club de fans -yo entre ellos-  suma casi la mayoría de edad. Tiempo más que suficiente para entender de dónde viene y hasta dónde puede llegar. Justamente lo que ha venido haciendo Tirado, en todo ese tiempo.

Si damos una mirada más profunda a su historia, sabremos que esa primera cosecha 2007 del Sauvignon Laberinto llegó al mercado recién el año 2010, con casi tres años en botella. Lo que era, según dice su mismo hacedor, algo muy extraño para aquella época. Un dato no menor, y que nos muestra un contraste si se le compara con este 2018, el que ya bebimos y compramos ( $12.000) en El Mundo del Vino durante las fiestas del Día del Vino, recién pasadas.

A pesar de sus tres años a cuestas, explica, Tirado, ese 2007 empezó a gustar y ayudó a cambiar la idea sobre los Sauvignon Blanc y su potencial de guarda. ¿Cómo lo logró?

No hay que dejar a un lado la experiencia que Tirado tenía con la cepa, al mando de los vinos de Viña Veramonte, en Casablanca; donde, por cierto,  produjo los mejores  Sauvignon Blanc que se hayan hecho en su momento. Pero él mismo reconoce que el lugar, super especial, fue el culpable:  ayer y hoy.

La acidez del Sauvignon Blanc en la precordillera del Maule es alta (sobre 10 durante la cosecha) y el pH  bajo (cercano a los 3), dice Tirado. La planta además, agrega,  produce pocas uvas, lo que ayuda a concentrar sabor,  y  le da fuerza en boca. A su vez da  racimos chicos. Imagínense racimos de apenas 100 gramos.

Las noches  frías, dice Tirado, incluso en verano,  ayudan a esa frescura natural  de las uvas, pero también ayudan sus suelos, fríos, de cenizas volcánicas, el llamado trumao.

Con el tiempo  lo que ha ido ajustando Tirado, son los porcentajes de origen. En cosechas más frías, explica, es más alto el porcentaje de uvas que provienen de los viñedos plantados sobre suelos de arcilla. Sin embargo, los años más cálidos es al revés: suma más las uvas que provienen de suelos volcánicos más fríos.

La pregunta que nos hacemos hoy (cuando es mucho más amable hoy sin guarda, a que cuando tenía incluso tres  años de botella)  creo que  tiene aquí gran parte de  la respuesta.

Pero, además, este año 2018 Laberinto sumó otro factor para acercarse a la perfección: una nueva bodega de vinificación, ya no enterrada en la montaña, sino con vista al lago. Donde, cuenta Tirado,  las cubas pueden revisarse desde arriba, y ya no solo por abajo. Lo que permitió, dice,  sentir mucho más el vino; más que seguirle el pulso a sus análisis químicos. Además,  el poder sentir mejor el vino,  agrega, hizo que todo el proceso fuera mucho más entretenido.

Puede sonar extraño, pero sí, después de saber este último dato, relajo es lo que se siente en este Sauvignon Blanc 2018. Su nariz como siempre es austera, más mineral que frutal , y su boca es jugosa, muy jugosa; se escurre entre la lengua despertando los sentidos. Acidez intensa pero jugosa, solo comparable, pienso, con esos blancos de Cordillera que probamos hace muy poco en Mendoza.  Y entonces todo me hace click. Este Sauvignon es Cordillera, no Costa…. Aún así,  acompañen con mariscos frescos, crudos,  idealmente. Pero si insisten con algo a la parrilla, prefieran morcillas y chunchules, lonzanillas, criadillas e incluso arrollados y  malayas.  Ya verán que se los puede.

Contacto: https://www.facebook.com/vinoslaberinto/

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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