ELEGIDOS DE LA SEMANA

Publicado el 13 abril 2018 Por Mariana Martínez @mymentrecopas

Elegimos seis vinos para mostrar por qué el Maule está hot desde hace rato. Aquí la lista y por qué hoy son imperdibles.

 

Esta semana me pidieron hacer una cata bien particular, demostrar en qué está el Maule hoy, la región vitivinícola más grande de Chile,  y porque está  tan hot. El reto era fácil, lo difícil elegir qué vinos incluir.  Cada vino tenía que tener un por qué, y lucirse, por supuesto. Aquí les comparto el ejercicio, en el que me hubiera encantado tener un vino de País, pero no fue posible. La cata se llamó El Nuevo Maule, y alguien me hizo la observación, debería haberse llamado El Nuevo Viejo Maule, y sí, toda la razón.

 

  • Garage Old Pale Lot #73 Carignan-Mataró 2017, Maule (Truquilemu Vineyard) $10.990. Este es un vino ligeramente rosado que me gusta servir bien helado, para comenzar cualquier encuentro, pues refresca con gusto el paladar. Entre hombres un rosado no suele ser bien visto, así es que  el reto entre 12 caballeros era mostrar un nuevo rosado, seco, con rica acidez, para el gusto de todos, hecho con Carignan y Mataró. También el reto era mostrar la versatilidad de estas dos cepas, una más desconocida que la otra. Gustó, aunque claramente lo mejor para paladares masculinos, acostumbrados al asado, vendría después.

 

  • Miguel Torres Escaleras de Empedrado Pinot Noir 2013, Maule (Empedrado). $100.000. Ya con cinco años a cuestas esta es la segunda cosecha de Miguel Torres, a partir de su viñedo de Empedrado, en Maule Costa. Un viñedo que  ha costado, sudor y lágrimas. Incluso el año 2017 se vio afectado por los incendios forestales y comunicaron que de este año no habrá vino. La versión 2013, la segunda de Escaleras de Empedrados, muestra hoy una divina elegancia en boca, frágil, de acidez justa; y una nariz que va en juego, con notas a frutas rojas, delicadas. Una buena razón para salir de Curicó y buscar climas fríos y  excepcionales suelos de pizarra,  en la costa del Maule. El precio siempre causará resquemores.

 

  • Morandé Mediterráneo (Vino Hecho a Mano) Grenache – Syrah – Marsanne-Carignan – Roussanne 2013, Maule. $12.000. Esta particular mezcla, la más radical de la noche, fue la gran favorita del grupo. Su base es Garnacha, pero además tiene otras tintas y otras blancas (como son la Marsanne y la Roussanne). El resultado confunde, porque es un vino más potente que delicado, es de hecho, un tinto nervioso, de muy rica acidez, que se deja beber sin aburrir. Un tinto que hoy está en su mejor momento.

 

  • Lapostolle Colección Grenache 2016, Maule. $22.000. Quería que hubiera una mano femenina en los vinos de la cata, y que además viniera por su fruta fuera de un valle vecino (la rivalidad entre asistentes era porque los invitados eran de Colchagua). Así es que los maulinos quedaron fascinados con la idea. La mano de enóloga Andrea León, se siente en el vino, y de hecho debería haberlo servido antes que la Garnacha de Morandé, pero por precio lo puse después. El vino está lleno de frutas negras, maduras, frescas. No es un tinto corpulento, pero sí profundo, y esa es su gracia.

 

  • Miguel Torres Cordillera VIGNO Carignan 2014, Maule. $12.000 Otro favorito de la cata. Tal vez en su mejor momento con cuatro años desde su cosecha. Y claro, no podía dejar de haber un VIGNO aquella noche, siendo éste el primer intento por tener una apelación de origen controlada en Chile. Como todo VIGNO este es 65% al menos de Carignan, de parras con más de 30 años y sin riego. La decisión de  sus viñadores, además, de que ningún VIGNO salga al mercado antes de los dos años de su cosecha, ha permitido que este siga creciendo en la botella. Hoy es un vino que llena la boca con una sensación cremosa, llena de fruta negra, aún muy vivaz.

 

  • Laberinto Wines Merlot-Cabernet/S 2011, Maule. $15.000 Curiosamente es el único proyecto de la cata con bodega propia en el Maule y la intención era mostrar el nuevo lado del Valle, con nuevos viñedos que buscan la frescura y los bajos rendimientos, en la falda de la cordillera de los Andes. Con siete años ya el vino sigue impecable, y muestra ese  lado dulce del vino chileno -como dijo alguno- y  que bebimos durante muchos años.

 

 

 

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