LA DIFERENCIA ENTRE HAMBRE DE RONCAR Y QUERER SURGIR

Publicado el 18 julio 2018 Por Mariana Martínez @mymentrecopas

Cuál es el trasfondo de “una penosa participación” de Chile en el Panamericano de Sommeliers o falta de  “hambre por roncar fuerte” en la escena internacional; nuestra editora expone sus puntos junto al VAR.

En la image el canadisense Carl Villenueve Lepage, tercer finalista en el reciente Panamericano de Sommeliers.

En un principio pensé que la reciente entrevista a Andrés Rosberg  publicada en WiP.cl sería suficiente para hacer un llamado de atención con fundamento, a la pesada parte de una editorial que escribiera la editora de vinos de La Cav, en su último número, para llamar la atención de la Asociación Nacional de Sommeliers de Chile y sus profesionales afines. Pero luego dije: no, los jóvenes sommeliers que se esfuerzan cada día por ser mejores y buscan tener una mejor forma de vida, se merecen argumentos de peso para no perder el entusiasmo por su noble profesión.

De hecho, esta columna la gatilló un colega -sí, un colega-. Estábamos, pues este viernes recién pasado previo al feriado largo, con varios  sommeliers evaluando a los alumnos del 2do Nivel de la Escuela de Sommeliers de Chile; todos los evaluadores sommeliers profesionales (como exigen los estatutos); todos en una sala fría desde las 4.30 pm hasta pasadas las 8.30 pm, muy atentos a los movimientos y palabras de cada alumno en su prueba individual de servicio de espumantes; todos allí, sin recibir un peso a cambio, con el único propósito de apoyar a las nuevas generaciones que vienen cargadas de pasión y ganas de hacer las cosas bien.  Ganas de apoyar a la profesión, que es lo que nos mueve, y a fin de cuentas también mueve a la Asociación Nacional de Sommeliers de Chile.

En mitad de esos espacios libres, en que sale y entra un alumno a la sala, uno de esos  colegas,  muy querido, me preguntó qué pensaba yo de la columna antes mencionada y titulada “Somos tontos, no pesados”; y agregó algo más a su pregunta: “dígamelo, pero desde su visión como periodista, no como sommelier profesional”.  Entonces me acordé de mi columna sobre el VAR y las catas a ciegas que escribí días atrás, ¿La recuerdan? En resumen: se trata sobre la inversa posibilidad de ser objetivo ranqueando un vino,  ante la mayor cantidad posible de información que tengamos de éste; a eso podemos sumar los vínculos sentimentales o comerciales.

Entonces, primero: siempre he dicho que soy escritora de vinos antes que sommelier; pero desde que partí estudiando en la Escuela de Sommeliers para formalizar mis conocimientos sobre vinos, hace más de 16 años atrás, he sido activa participante de la Asociación Nacional de Sommeliers de Chile; soy miembro fundador, y profesora hace más de 7 años;  además cubro con el doble de responsabilidad y entusiasmo cada una de sus actividades y soy el doble de dura cuando se equivocan. Y por supuesto, tengo  mis cuotas al día- porque me importa;  como las tengo en el Círculo de Cronistas Gastronómicos y en La Cofradía del Mérito Vitivinícola Vino. Porque como siempre decimos en WiP abogo por la asociatividad. Eso no quiere decir que diga yo amen a todo lo que en cada instancia se discuta; bien ellos lo saben. Porque de eso se trata el asociarse cuando no hay fines de lucro, ni relaciones laborales de por medio. Entonces ¿cómo ser 100% objetivo?  Trataré.

Pasemos a los “personajes del servicio” quienes son tocados  en la mencionada columna de la periodista Anita María Barahona – la segunda periodista más influyente de vinos en Chile según ranking  Capital-.  Ella comenta, que los “personajes del servicio ya no tienen hambre de roncar en el concierto internacional; como sí tuvo – nuestro Master Sommelier Héctor Vergara, título  que logró -explica-  gracias a mucho estudio y apoyo.

Mal acierto, sin duda, hablar de hambre de reconocimiento y apoyo necesario para lograrlo, y poner como ejemplo a nuestro  gran Master Vergara: el gran ejemplo de humildad auténtica que tenemos. El  razonamiento de Anita María, pienso, está muy lejos de la razón detrás de un buen sommelier, y en paralelo  de contribuir a la imagen  de un país. Yo diría que el  joven exiliado Héctor Vergara  trabajó duro, sin apoyo -más que el de su señora-,  en un restaurante de mantel largo, por largos  años, y así un día soñó con obtener el  título de Master Sommelier en Canadá; para luego  -y cuando pudo-   volver a su casa con un importante título bajo el brazo, y así empezar a hacer escuela en Chile, desde abajo.

Tal vez la pregunta que debió haber hecho Anita María como editora de vinos, es por qué la carrera de sommeliers, aquella  que se dedica al servicio de los clientes en restaurantes, o en viñas, empresas o medios especializados, no tiene más peso en Chile. Por qué, cuándo  es el gran  tiraje para vender más vinos (no necesariamente los más caros o con altos puntajes) y además ayuda a crear cultura de vinos en un país donde los empresarios y gerentes prefieren beber Coca-Cola junto a la comida.

Andrés Rosberg en nuestra entrevista nos explica muy bien por qué ha tomado tanto peso en Argentina esta carrera en los últimos diez años y por qué sus sommeliers compiten con tanto entusiasmo en concursos nacionales. También -entre líneas- nos cuenta por qué su hambre de poder para llegar a la cúspide de la ASI, junto a sus países aliados panamericanos. Un hambre que comparte con Ricardo Grellet (presidente de la Asociación Nacional de Sommeliers de Chie) y que se puede interpretar como se guste, pero que tiene, para llegar ahí, mucho de sacrificio personal  y otro tanto de estrategia.

Por otro lado, por qué no mencionar a esos chicos, a los que no les interesa roncar,  sino surgir en la vida,  que han pasado por la Escuela de Sommeliers y sumando mucho esfuerzo propio y de familiares, han dejando atrás los duros horarios de trabajo en los restaurante, para ahora, de vez en cuando, ser embajadores de viñas chilenas en el extranjero.

Tampoco,  se pregunta qué sueldos reciben los pocos sommeliers que hay trabajando en restaurantes. O, cuáles son sus posibilidades para probar vinos extranjeros y viajar a otras zonas vitivinícolas del mundo; la única manera de seguir creciendo en esta profesión.

Anita María sabe muy bien todo ésto, porque trabaja de la mano de tres sommeliers  muy profesionales que no están en el día a día de restaurantes, entre ellos Marcelo Pino, Mejor Sommelier de Chile: quien  ha conseguido por sí sólo todas las ayudas que parecían imposibles para otros, y así pudo saltarse -justamente- muchas barreras para viajar y tomar experiencia, literalmente, en el extranjero.

Pero tampoco no se pregunta, por qué  Pino dejó de participar en concursos. Para dejar que otros tengan la oportunidad, sería una respuesta políticamente correcta, pero si de verdad quieres rugir fuerte eso no importaría. Deberías seguir participando y subiendo el nivel de todos los demás.  Para dar oportunidades está el Concurso Mejor Joven Sommelier recién pasado. En la competencia nacional se miden todos, y allí han participado siempre los que sí trabajan en la sala del restaurante; que no lleguen a la final es otra cosa. y tiene mucho que ver con todo lo anterior. No por la falta de hambre de roncar.

Y todo ello, nos lleva a la difícil pregunta de por qué no ha trabajado Pino en un restaurante como sommelier  durante  largos años, un requisito -según entiendo- indispensable para optar al título de Master Sommelier.

Surge así otra pregunta difícil:  qué beneficios traerá a Chile tener un nuevo Master Sommelier, apoyado por Wines of Chile,  que ronque fuerte, en lugar de trabajar por tener un semillero de jóvenes profesionales dedicados a mejorar el servicio y aumentar el consumo de vinos y su cultura. No deberían apoyar a Pino  económicamente las empresas que hoy ya se benefician de su doble título como Mejor Sommelier de Chile y de su experiencia?

No quiero que Marcelo Pino, un profesional ejemplar y que tiene toda mi  admiración por lo que ha logrado en tampoco tiempo, se convierta en el ojo de este huracán creado en un vaso de agua. Siento que Anita María solo quería manifestarle su apoyo, como parte de su equipo, y  por el cariño que le tiene. Pero, se perdió en argumentos flojos y tibios y empañó el trabajo de superación personal de muchos.

Pienso que el hambre por roncar es algo muy personal, que cada quien se propone  a largo plazo para mejorar la calidad de su vida, o su estatus; y ese camino de esfuerzos, muchas veces,  implica quedarse afónico si hay que usar los propios medios para alcanzarlo.

Un buen ejemplo: Patricio Tapia, el periodista más influyente de vinos de Chile,   vio difícil y caro llegar a ser  Master of Wine varios años atrás, y pienso que no por eso decidió que no llegaría donde quería -donde está hoy- pero  sí, que lo haría de otra manera. El título de Master era simplemente imposible desde Chile con un sueldo de periodista. Merecidamente, los premios de hoy y del mañana son para él: para un periodista chileno, pero no para Chile.

Pienso -y no soy la única-  que no debería ser el afán de un país o una Asociación tener Master Sommeliers. Tener Masters Sommeliers y Master of Wines, debería ser una consecuencia. Como lo es el alto desempeño  de los deportes callejeros en las Olimpíadas. O como las empresas globales son patrocinadoras de sus empleados estelares.

Pero, ojo, y aquí está el embrollo  de todo este asunto, y es que la sommelería parte por el servicio en  los restaurantes, como un deporte popular, pero sin duda funciona en sus más altas esferas más como un deporte de la élite; que exige como punto de partida hablar perfectamente dos idiomas y hablar con los clientes más exigentes de corrido (como se dice vulgarmente).

Nadie jamás, por ejemplo, cuestionó que al golfista  Joaquin Niemann lo debería auspiciar en su carrera el Gobierno de Chile; el esfuerzo fue de su padre; porque creyó en su potencial para llegar lejos. Hoy, ya comienza a ver los frutos en billetes verdes. Muchos otros no llegarán a verlos  nunca.

Conversábamos el mismo viernes, con otro colega que está forjando en silencio -como otros tantos- su carrera al Master Sommelier, sobre la importancia de los sueldos que adquieren estos admirados profesionales por sus servicios de asesoría en países donde la carrera sí tiene peso. Son sueldos que cualquiera podría tener hambre de disfrutar y que cuando te propones obtener debes preguntarte sí o sí: “Cuánto sacrificarías para tenerlo”. Esa es una pregunta que todos quienes creen tener algo de éxito, por más pequeño que parezca, deben hacerse. Yo me la hice después de haber creado WiP, auspiciado por ustedes, no por las bodegas; y soy muy consciente de la respuesta: no habrá  para mi Master of Wine, al menos, en este camino, y a corto plazo. A la vez, ya me he ganado algunos enemigos.

También tengo claro hoy, que como nunca antes se ha dado la asociatividad en el rubro del vino Chileno, y para consolidarla, todos los que tengamos en nuestras manos algo que hacer en esa dirección -con más o menos aspiraciones personales- solo nos queda ponernos a trabajar.  Y bueno, el que quiera roncar o rugir (que suena más bonito), que luche por ello; desde esta vereda lo apoyaremos en lo que se pueda, y festejaremos el triunfo, el triunfo personal, que además por chorreo suma a la imagen país.

 

 

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Un comentario

  1. Luis Rafael Jofré dijo:

    Felicitaciones por este valiente artículo, Mariana. Aunque Chile ha cambiado muchísimo —mi vecino sanjuanino en SCL me dice que muchos chilenos se parecen cada día más a los porteños—, no cabe duda que estrategia es uno de los puntos fundamentales que, desde hace ya mucho, caracterizan a los argentinos … en la OIV, Organización Internacional de La Viña y El Vino, hace poco en Georgia, Comunidad de Estados Independientes en torno a la Santa Rusia, luciéndose en un encuentro internacional del vino patrocinado por la OMT, Org. Mundial del Turismo de Naciones Unidas, por cierto trayéndose la sede de ese próximo evento al Valle de Mendoza al que, sin duda, otorgarán un gran nivel, incluso clase mundial … Mientras nosotros tenemos un valle tan excepcional como Colchagua con un tren claramente superior a Napa que no podemos mover ya que nadie ha sido capaz de representar al Estado de Chile el singular multiplicador que el vino representa como cima de valor agregado de nuestras exportaciones agropecuarias y, desde el punto de vista de la imagen país, el valor del eno turismo y el notable valor de embajada de excelencia que tienen botellas de vino chileno que hace ya rato superaron los 90 puntos. Que incluso alcanzan la excelencia suma de 100 puntos. Gracias por enviarme WIP, Wine Independent Press, Mariana, Luis Rafael Jofré