3 NUEVOS PASEOS CON PAPÁ EN CACHAPOAL

Publicado el 13 junio 2018 Por Mariana Martínez @mymentrecopas

Rodrigo Muñóz es el hombre detrás de Mi Luna, una  pequeña bodega hecha a pulso igual que sus vinos.  Está en Requinoa y pueden pasar a conocerla cuando gusten. Pasearse bajo sus ceibos centenarios  ya bien vale una visita.

PARA PAPÁS CON AÑORANZA DEL CAMPO CHILENO

Aquí sí que no puedes pasar de largo la entrada, son dos grande pilates de cemento blancos con sendos carteles que hacen saber que has llegado a la bodega Mi Luna. Por un lado dice eso, Mi Luna. Por el otro: SMP. El primero es el nombre actual de la viña, el otro como le llamaron en sus inicios, pero que ya no corre. Mucho mejor ¿no?

Rodrigo Muñoz, el dueño,  los recibirá literalmente en su casa. En él notarán cierto acento colombiano, y es que su padre, chileno, uno de los Chicago Boys- nos cuenta- se fue a trabajar a Colombia por varios años. Allí se crió Rodrigo junto a sus 4 hermanos. El año 1983, su padre quiso regresar y comprar un campo. Así fue como se hicieron de la ex Hacienda Los Castaños, la que  tenía entonces 200 hectáreas de viñedos.

El año 1998, nos cuenta Rodrigo,  se vendió gran parte del campo, que hoy mantiene  30 hectáreas (12 de Cabernet y 22 de Merlot), de las cuales solo vinifican para ellos una pequeña parte; además de las varias cepas (como Sauvignon Blanc, Moscatel, Pinot Noir, Malbec y Syrah, entre otras) y que tienen en su nada pequeño jardín de variedades.

Muy limitada sí es su propia producción de vinos; se la podrán imaginar si les digo que Rodrigo hace apenas  4.000 botellas en un proceso que es todo, de cabeza a rabo,  a mano.

Rodrigo  es agrónomo, y aunque estudió la especialidad de enología en Chile, nos aclara modestamente que no tiene el cartón. De los cinco hermanos,  es él quien se ha quedado a cargo del campo, y fue quien construyó su bodega para vinificar, guardar  el 2012. Al pequeño edificio, que parece una pequeña iglesia por fuera, lo llamó Mi Viejo (en honor a su padre, Sergio Muñoz Pizarro -SMP-, exactamente, el primer nombre que le puso a la viña con sus iniciales.

Por dentro, la bodega es sencilla, pensada para no usar ni bombas ni filtros. Luego, poco a poco, el lugar ha ido creciendo, y tiene una pequeña mesa de degustación dentro en un espacio muy acogedor; además de otro espacio fuera, con chimenea y cómodos sillones para visitas más largas.

Todo el proceso de vinificación parte, cuenta Muñoz, en la zaranda de colihue, donde no pueden procesar más de 1.000 kilos de uva al día. Y así, asegura, no pretenden crecer ni una pisca más en volumen de producción porque simplemente no podría hacerlo como ahora.

Si se lo habían preguntado, el nombre Mi Luna, surgió por mera casualidad; o divina creatividad. Para hacer la etiqueta de su primer vino cosecha 2005, le pidió a un amigo artista que representara las mil y una botellas que había hecho.  De ahí en adelante, cada vino que hace de mezcla le pone el nombre de una luna en particular: la luna Roja, la Azul, Ganímides y Titán.

Además, Rodrigo, hace  aguardiente (destilado de vino) y lo guarda en barriles viejos de madera para hacer un brandy que guarda por una década. Y, como Rodrigo vive allí mismo, es él quien recibe a las visitas cualquier día del año, sin siquiera previa reserva.

Qué puedo hacer en la viña Mi Luna:

  • Pueden pasar a saludar y degustar en cualquier momento;  la cata de 4 vinos de la casa vale $5.000 p/p.
  • Si quieren recorrer la bodega, la huerta y jardín de variedades,  más degustación de 4 vinos y una rica tabla de quesos,  vale $15.000 p/p
  • Almorzar allí, bajo unos maravillosos ceibos centenarios, un chanchito cocinado en el horno de barro, más todo lo anterior (recorrer la bodega, la huerta y jardín de variedades, con degustación de 4 vinos más tabla de quesos)  vale $25.000 p/p. Imperdible, aunque este último panorama es lógicamente con previa reserva.

 

Su vino más curioso – explica Rodrigo- no se separa del roble nunca, pues tiene una astilla de madera (con mucho sabor a especias y madera tostada) clavada en su corcho, por el interior de la botella. No lo probamos, pero sí su Blend 2017,  mezcla de  Syrah-Malbec-Carmenère 2015 de su viñedo, en  Requinoa. Lo compré y llevé a casa ($12.000) y la verdad no me gustó, aunque entiendo que puede tener su gracias para quienes aprecian los vinos naturales por convicción; lo que no es mi caso. Sin duda tiene un bonito color  violeta de capa media, pero su nariz  me resulta sucia, con intensas notas verdes, que recuerdan si duda al Carmenère sin madurez óptima, y a pimienta negra; su boca es liviana, suave, de acidez justa, con frutas negras sabrosas, aunque un dejo animal que se come el conjunto y que recuerda a establo y campo.

www.Milunavinosartesanales.cl

Contacto: +569 92801022

Mail: [email protected]

Dirección: Fundo Los Castaños, Hijuela 1 Lote B (Camino a Pimpinela),  Requinoa

Nuestro agradecimiento especial al Servicio Nacional de Turismo de la Región de O’Higgins por coordinar las visitas. Para saber más sobre turismo en la Región de O’Higgins sigan las redes sociales  @somos.viveohiggins en Instagram y   @vive.ohiggins en Twitter. 

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