Publicación: 31 enero 2018

EL SALTO DE ROBERTO HENRÍQUEZ

Nuestra editora da la bienvenida a las ligas mayores del vino chileno, al joven enólogo de Concepción con su cosecha 2017, llena de calidad y carácter, también con buena dosis de humor.  

El joven enólogo de Concepción, Roberto Henríquez lleva un par de semanas siendo portada de los medios locales. La razón, su último premio como “Enólogo Joven 2017” entregado por revista El Campo y Winken de El Mencurio, cuyos únicos jurados son los periodistas Patricio Tapia y Eduardo Moraga. El nombre de Henríquez viene dando vueltas hace rato en lo alto de la mirada de la industria del vino,  gracias a su espíritu innovador. Sus vinos sin embargo para mi gusto personal no estaban, hasta ahora, a la altura de tanto entusiasmo.

Había en Henríquez más allá de sus vinos, muy buenas intensiones, y un espíritu fantástico, humilde, apasionado; muy parecido al de su maestro francés Louis Antoine Luyt,  dispuesto a aprender y experimentar todo lo posible con los valiosos viñedos viejos de su zona, en  el  caso de Henríquez los el valle del Itata y Biobío. Pero sus vinos… sus vinos solían tener esos mismos defectos que un día tuvieron los primeros vinos de Luyt, volátil alta y notas animales por la culpa de la brett en exceso. Lo que tanto le gusta destacar con altos puntajes rupturistas a Tapia; como dice él mismo para llamar la atención sobre ellos.

 

Por suerte tanto Henríquez, como Luyt (ahora dedicado a ser intermediario), y también los hermanos Villalobos con su Carignan de Colchagua, aprovecharon el empuje de aquellos primeros altos puntajes  y dejaron atrás los “defectos del efectismo”. Y ayer en Pizzería  Omertá de Santiago fue justamente eso lo que nos mostró Roberto Henríquez, en bermuda y polera, sin complicaciones, entre amigos, periodistas, y cocineros (¡ejemplar!), y de la mano de la peculiar gastronomía de Felipe Macera (nos enteramos entonces, ex cocinero del 1550). Roberto, sirvió uno a uno cada una de sus nuevos vinos, en compañía de diferentes platos con sabor al mar y campo de su zona, tal como quería. Tal como sabe que se lucen.

No sólo hay calidad y carácter en ellos, también muy buena dosis de humor.

Ya habíamos intuido el cambio de Henríquez cuando conversamos con él para nuestra nota sobre su trabajo como asesor de pequeños productores de la zona Centro Sur de Chile para el proyecto US Davis, había entonces más equilibrio entre ciencia y tradición en sus palabras. Ahora lo probamos. Y no sólo hay calidad y carácter en ellos, también muy buena dosis de humor.

Rivera del Notro País 2017

Encantadora la partida de la cata de los vinos de Roberto Henríquez con un Moscatel de uno de los productores que asesora, y que de un día para otro, nos cuenta,  apareció  en su recipiente de guarda bajo el velo de flor. Hoy este vino se muestra amarillo brillante, con ricas notas a vinos blancos con botrytis noble, florales, complejo, y una boca semi-dulce envolvente, de acidez justa. “Quiero embotellarlo, nos dice, porque en unos meses un vino como éste comienza a irse en picada, hacia abajo. ¿Lo comprarían por unas 3 o 4 lucas?”, pregunta.  Junto con otros tantos me  anoto.

El primer vino suyo tampoco está aún en el mercado, pero no hay peligro de se vaya en picada, por el contrario. Se llama Molino del Ciego de Itata ($12.000), es cosecha 2017, de Coelemu. Es un vino naranjo, explica, con uvas  de la blanca  Semillón fermentadas con sus pieles. Su nariz recuerda notas a hierbas y manzanilla. El gran impacto está en su paso por la boca, “seco, seco”, dice mi compañera de mesa, la sommelier Rosario Onetto. Cierto seco, seco, ademas de sabroso, filoso, muy muy largo; con un tanino  que lima con enjundia la boca.  Es una ola de agua fría  que logra refrescar el sabor a mar profundo, incontenible, de ese róbalo de Macera con piures deshidratados,  algas, navajuelas, ulte y agraz;  para dejarnos  en su retirada de la boca una sensación suave, dulce, a tierra firme y segura.

El segundo vino es la humorada de la tarde, llamado País Verde del Biobío ($12.000), el que en realidad no es verde sino color rojo cobrizo, de capa muy delicada, y que como dice su etiqueta en realidad no es vino por ley, debido a su bajo grado de alcohol  (10.9ºA). Su etiqueta dice  jugo fermentado de uvas. Lo de verde, dice Henríquez, es un guiño a los vinos verdes Portugal, de aguja, como éste, con bajo grado. Su origen es un viñedo de la zona baja del río BioBío, con suelos húmedos, más arenosos, donde la uva no llega a madurar óptimamente, explica. En nariz es limpio, con notas muy suaves a frutillas frescas. En boca, una vez má,s está su gracia: es liviano, de textura licorosa, y acidez justa, firme en su paso por la boca y sin molestar por la fuerza de sus taninos algo rústicos. Un vino, dicen mis vecinos, para beber junto a la piscina, yo agregaría que para beber en verano, en otoño, en invierno y en primavera, a la temperatura que gusten para ajustarse el termostato. Compañía perfecta, como otra ola de mar bravo, que limpia la grasita sabrosa  de un pan brioche relleno de panceta ahumada y pickles.

País Verde 2017, con apenas 10.9 ºA

El siguiente vino es el Rivera del Notro Blanco 2017 ($12.000), elaborado 70% con Moscatel de Alejandría de Itata pero en diferentes versiones (35% con velo y 35% Pipeño), además de 20% de Corinto o Chasselas, y 10% de Semillón, también fermentado con pieles.  Es del estilo de vinos que no me gusta, rayando en el defecto, con notas a levadura además de un dejo floral y dejos de acidez volátil, que bien puede ser complejo para otros. Pero para mí en boca es amargo, de acidez media. Otra ola más, sin embargo, bien refrescante para borrar de las faz de la boca el intenso sabor del bisque de changai, un cangrejo negro o jaiba chica del sur.

Rivera del Notro Tinto 2017  ($11.000) es el segundo País de la noche, esta vez tinto tinto, y con más de 12ºA; es vino, lo puede decir en su etiqueta. Es un País País del Biobío (del viñedo por  sobre el viñedo del País Verde, de suelos más pobres, cosechado un mes antes) de color rubí claro, capa media a ligera, brillante,  con notas herbales que recuerdan a eucaliptos. Impacta al compararlo con el siguiente País, el Santa Cruz de Coya 2017, mismo año, mismo grado de alcohol, misma manera prácticamente de vinificarlos, pero provenientes de diferentes tipos de suelos.

Henríquez explica que el País Ribera del Notro  proviene de un viñedo plantado en un suelo aluvial, con gran mezcla de arena, granito y pizarras, a unos 800 metros del Río BíoBío, mientras el País Santa Cruz de Coya viene de las laderas de la cordillera de Nahuelbuta, sobre suelos de granito, a unos 350 msnm.

Santa Cruz de Coya País 2017

Santa Cruz de Coya 2017  del Biobío ($12.000) nos es necesariamente de color más intenso, pero sí mucho más intenso en sensaciones en su paso por la boca, no sólo en sabor sino en fuerza y en taninos, sin dejar de ser liviano. Un tinto complejo, de acidez justa, con notas frescas a hinojo, que acompañó de maravilla una sobrecostilla a la cacerola con morchella y puré de zanahorias al rescoldo. Su fuerza sutil, y fruta cristalina, limpió el paladar y dejó lucir el sabor de cada ingrediente como ningún otro gran tinto corpulento y con mucha madera, hubiera podido hacerlo. Santa Cruz de Coya 2017 es un  País que me deja pensando cuan poco conocemos los límites de esta cepa que ha estado entre nosotros desde antes que el mismo Cabernet Sauvignon se registrara por primera vez en los viñedos de Europa. Pero esa es otra historia, que más adelante les contaremos. Hoy la historia es otra, nos los recuerda  un País Rivera del Notro 2016  que se muestra turbio, con notas animales fuera de control, y que saca su enólogo al final de la cena en voz baja para acompañar con el postre. Bienvenido Roberto Henríquez, en alma y cosecha  2017, a mis ligas mayores del vino chileno.

Los vinos de Roberto Henríquez son vendidos y distribuidos por Jantoki ([email protected]) también están a la venta en La Cava del Pescador de San Pedro de la Paz, en Concepción, donde #suscriptoresWiP tienen 20% de descuento en sus compras de lunes a miércoles.

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4 comentarios

  1. Gracias Mariana.

  2. Jesica irribarra O. dijo:

    Felicidades Robert !!! Que se vengan más y más triunfos abrazos

  3. Christian Holvoet dijo:

    Grande crack!